• Björk: The Music From Matthew Barney's Drawing Restraint 9

    Gratitude, Pearl, Ambergris March, Bath, Hunter Vessel, Shimenawa, Vessel Shimenawa, Storm, Holographic Entrypoint,  Cetacea, Antarctic Return.

    Bjork
    Músicos
    :
    Björk (voz, arpa, electronics, arreglos, producción y composición).
    Zeena Parkins (arpa).
    Will Didham, Shiro Nomura, Tagaq (voces).
    Samuel Solomon (percusión).
    Valgeir Sigurôsson (programación).
    Jonas Sen (celeste).
    Y muchísimos más.
    Universal, 2005

    Calificación: Está muy bien (con reservas).

    El director Matthew Barney, cuyo film The Cremaster Cycle (secuencia de 5 películas realizadas a lo largo de 10 años) fuera motivo de una reciente retrospectiva Guggenheim, convocó a la cantante islandesa Björk para que musicalizara su última y reciente entrega, Drawing Restraint 9.
    Filmada en Nagasaki, de dos horas y 15 minutos de duración, narra las aventuras y desventuras acerca de la construcción y transformación de una escultura denominada "The Field", a bordo del pesquero japonés Nisshin Maru.
    Tanto Björk como Barney aparecen en el film como "The Guests", dos visitantes occidentales que ofician a la vez de narradores.
    Listo, esto es lo que podemos informar de la película que en estos días se ofrece en el Festival de Venecia.

    Björk Gudmundsdottir
    (21-11-1965), quien supiera trabajar por tres meses en una embotelladora de Coca Cola (!), ha tenido una experiencia traumática en el cine cuando protagonizó, dirigida por el Maestro (sí señor, ¡Maestro!) danés Lars Von Trier, la excepcional Dancer In the Dark, para la cual también compuso la banda de sonido (notable) bajo el nombre de Selma Songs.
    No sabemos aún cómo la habrá llevado aquí, pero sí debemos celebrar la edición en la Argentina de este disco, en particular porque está muy bien editado y además porque no es una obra fácil ni accesible (¿no es lo mismo Morales?).
    Está bien que no hayamos visto la película; de esta manera no habrá condicionamientos y podemos opinar entonces del álbum basándonos sólo en lo que escuchamos y no en el recuerdo de lo que vimos (¿o acaso a usted no le pasa cuando escucha, por ejemplo, The Wall o -más acá- la soberbia Les Triplettes de Belleville?).

    La islandesa aquí canta poco; apenas en tres temas. Se dedica más a la composición, a los arreglos (interesantes) y a tocar un poquito de arpa y muchas perillas.
    El comienzo no podía ser mejor: el arpa de Zeena Parkins (diosa, divina) para que luego acometa un gastado, cansino Will Didham cantando una carta al General MacArthur: "Con su permiso, le deseo buena salud durante este calor que algo incendia; las palabras que junto lentamente, no fluyen fácilmente; ellas sólo llenan mi corazón".
    Bueno… no es poca cosa para empezar, con un coro de niños (angelical) que inquieta un poco… y estamos en Pearl, con Tagaq haciendo (se va a entender mejor en inglés) "throat singing", acompañada por Mayumi Miyata en un instrumento símil Farfisa denominado Sho. Hay lamentos, quejidos, susurros, chillidos… hipnosis.
    En Ambergris March, la percusión inicial de Samuel Solomon nos transporta a Vespertine. El disco sigue en buena forma; arriesgado pero intensamente atractivo, a diferencia de Medulla que pareció más un ejercicio onanista de la islandesa, encaprichada en hacer con voces lo que (sin dudas, al menos para un servidor) pagaba mucho mejor con los pobres instrumentitos.
    Aclaración: no me parece que Medulla sea un mal disco ni mucho menos, simplemente que no pasará a la historia por "exceso de pretensión". Stop.
    El instrumental Ambergris… da paso a Bath, donde por vez primera aparece la voz de la niña, acompañada por el piano preparado de Akira Rabelais. Más hipnosis aún, con las voces que entran, salen, aparecen, desaparecen, se enciman, se disfrutan.
    Hunter Vessel tiene sonido y apariencia cinematográficos y entonces parece que algo nos falta. Y nos falta, nomás. Nuevamente aparece el Sho (un instrumento que te puede inducir a la demencia o al asesinato), con la Parkins y Björk en arpa para Shimenawa.

    El disco entró en un bache profundo, de esos bravos; recuerdo uno (todavía está, compruébenlo) sito en el Partido de San Martín, a una cuadra de la Ruta Nacional 8, costeando el Policlínico Castex o Eva Perón (depende del gobierno de turno). De chico tenía la esperanza y la sensación de que en cualquier momento se aparecería Jacques Cousteau, pero creo que me lo perdí. A todo esto Vessel Shimenawa sigue en la misma tónica (¿será el intervalo del disco?).
    La islandesa nos está leyendo y se dio cuenta, entonces aparece canturreando en Storm y se levanta (mucho) el sport y ni qué hablar cuando (¿pasaba por ahí?) el cantante japonés Shiro Nomura, con la compañía de Shonosuke Okura en percusión (repetitivos golpes casi minimalistas) y lamentos, nos meten en algo que tranquilamente… digo… ¿vieron RAN del troesma Akira Kurosawa? Bueno, eso. Alguien debe estar sufriendo (y mucho) en este momento en la película; veamos, que el booklet trae la letra en inglés: "Piel cortada, cuchillo consensual, ella corta su figura (…) la resistencia externa se libera, la relación interna, emerge". Son unos 10 minutos terribles, tremendos, de lo mejor del disco.
    En Cetacea aparece nuevamente la islandesa en gran, pero gran estilo, en algo que pareciera extraído de una cajita de música (ahora que me viene a la memoria una en la cual aparecía una danzarina dando vueltas sin marearse, surge sola la pregunta: ¿por qué se viste tan horrible?).

    Para el final (¿los títulos?) un solo de Sho a cargo de Mayumi Miyata; ahora que se lo escucha solito y solo, sí… sigue pareciendo un Farfisa, pero atravesado por una gaita.
    El disco tiene sus desniveles, como ya apuntamos; no obstante, el resultado final es ampliamente satisfactorio; hay elementos de Vespertine, de Medulla y, por supuesto, de Selma Songs.
    No hay hits; hay un trabajo hecho a conciencia y absolutamente serio.
    Se recomienda largamente, en especial para días de lluvia, ésos que invitan a la introspección.
    Después de todo, nadie anticipó que sería fácil.

    Marcelo Morales

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