• Ted Reichman: My Ears Are Bent

    Every Man To His Own Taste, Peace Father, I Know Nothing About It, Nun, It Is Almost Sacred, Come To Jesus, My Ears Are Bent.

    Músicos:
    Ted Reichman: piano, electrónicos, bajo, percusión, órgano
    Mary Halvorson: guitarra eléctrica
    John Hollenbeck: batería y percusión

    Skirl Records, 2006

    Calificación: Dame dos

    My Ears Are Bent es el nuevo trabajo del acordeonista y compositor Ted Reichman.
    Reichman es miembro fundador del Claudia Quintet, ha liderado su propia banda la Ted Reichman’s Émigré, integró el Septeto Rodríguez y es un prolífico compositor de música para películas, además de haber aportado su acordeón como sesionista en diversos proyectos encabezados por músicos como David Krakauer, Anthony Braxton, Marc Ribot, Elliot Sharp, Chris Speed y Anthony Coleman, entre otros.
    Recuerdo que de niño no me gustaba el acordeón. Tenía un amigo que lo ejecutaba (en realidad era él quien merecía ser ejecutado) Todos los años me torturaba tocando el Feliz Cumpleaños. Y eso lo hacía en mi cumpleaños pero también en Navidad, el día del estudiante, en Pascuas, el día de la escarapela… siempre el Feliz Cumpleaños. Con el tiempo, sesión psicoanalítica mediante, descubrí que debía controlar mi odio hacia el instrumento y canalizarlo en una forma mas positiva… hacia mi amigo, que en paz descanse. Lo despedimos emocionadamente entonando una versión con aires de réquiem del… Feliz Cumpleaños, por supuesto.
    Ese trágico desenlace me creó un cargo de conciencia tan grande (trate usted de poner en su conciencia un acordeón y después me cuenta) que me llevó a escuchar con atención obras clásicas en las que el acordeón ocupaba un rol protagónico.
    Así fue que accedí a obras en como Wozzeck de Berg, The Trial of Lucullus de Paul Dessau, Cantata en el 20º aniversario de la Revolución de Octubre Op. 74 de Prokoiev. O Tchaikowsky, quien introdujo una parte de acordeón en su Suite No. 2 en do mayor o Shostakovich, en su ballet La Edad de Oro y también Hindemith, quien escribiera su Kabernus Sik Nº 1 para acordeón solista y orquesta de cámara. Escuché a brillantes concertistas como Bugdad Preez, Matti Rantanen, Jacques Mornet, Friederich Lips, José Antonio Honturia…
    Más tarde disfrutaría de los acordeonistas contemporáneos como Richard Galliano, Guy Klucevsek y Ted Reichman.

    A este último nos referiremos ahora. En su nuevo disco, Reichman, quizás por una necesidad creativa, deja de lado el acordeón utilizando principalmente piano… bueno, tal vez fue advertido sobre el triste final de mi amigo… es una posibilidad.
    Reichman en My Ears Are Bent (mis orejas están dobladas) contó con la participación en algunos temas de Mary Halvorson en guitarra y la sustancial asistencia del líder de The Claudia Quintet, John Hollenbeck en percusión y batería.
    Para este trabajo, Reichman tomó prestado el título del libro del mismo nombre y cuyo autor es Joseph Mitchell. En 1929, un joven llamado Joseph Mitchell llegó a New York proveniente de su Carolina del Norte natal. No parecía ser un muchacho muy afortunado. Había dejado su ciudad luego de fracasar en su graduación a causa de una manifiesta ineptitud para las matemáticas. Y no tuvo mejor idea que trasladarse a New York poco antes de que estallara la gran depresión del ’30. Trabajó como periodista cubriendo algunos casos policiales en The World primero y en The Herald Tribune después. Pero al tiempo descubrió su pasión por los desconocidos personajes de la calle y comenzó a escribir artículos sobre ellos. Notas extrañas y bizarras, que sin embargo despertaron gran interés en los lectores. En enero de 1938 se publicó My Ears Are Bent, libro que reunía los escritos de Mitchell. Este libro estuvo inconseguible por décadas hasta que recientemente se reeditó.
    Como el mismo Reichman nos aclarara en el reportaje que le realizáramos recientemente, no fue su pretensión rendir tributo a la obra de Joseph Mitchell sino, en su lugar, nutrirse de su lenguaje austero y sarcástico para describir a New York y sus personajes transformando ese concepto en términos de creatividad musical.

    El disco abre con Every Man To His Own Taste. Una intro en piano deja traslucir una melodía con reminiscencias Hammillianas; una construcción ascética a la que se suma la precisión percusiva de Hollenbeck y el aporte de la guitarra de Halvorson. El tema parece adquirir un aparente optimismo hasta que desemboca en una atmósfera más perversa. Una invocación en la que el piano repite una frase melódica que se asemeja a una especie de mantra. Básicamente el tema (y el disco) es rock instrumental, pero que quede claro: no estoy diciendo que toque el acordeón con los dientes… de hecho en este disco no toca acordeón ni con los dientes ni con ninguna otra parte del cuerpo habilitada o no a tal fin… me refiero a climas, conceptos y a un curso introspectivo, es cierto, pero con esa orientación.
    Sigue Peace Father, primera de las varias alusiones religiosas incluidas en el disco. En el inicio es oscura y climática resultando fundamental la estructura percusiva. Encima de esos cimientos rítmicos sobrevuelan unos fraseos en piano a cargo de Reichman. El medio expresivo es simple, austero, claro y detallista… también atrapante; tanto, que cuando el tema concluye me niego… y sigo solo.
    En I Know Nothing About It, de un nucleo de efectos y electrónicos emerge el piano apelando a pocos recursos (no confundir con precarios). Es extraño pero no confuso… ¿rock ambient? Puede ser. Un piano disonante y ¿free? ¡Ajá! En realidad todo luce más cohesionado que lo que puede llegar a desprenderse de esta descripción…
    Nun (monja) es otra referencia a la religión, en este caso motivado tanto en la dedicación solitaria que requiere esa vocación, como inspirado en una historia incluida en el libro de Mitchell basada en una monja del Bowery. Una percusión afro es irrumpida por una melodía naïve en piano mientras Halvorson hace pucheritos con su guitarra y se queda sin postre. A estas alturas ya tenemos claro que nada importante e impactante sucederá… una suma de tonos grises y climas más próximos a la sugerencia que a lo explícito.
    El final de Num engancha con el breve It Is Almost Sacred (es casi sagrado). Un órgano persistente nos sumerge en una atmósfera de aparente religiosidad; pero algunos cuidadosos “soundscapes” le adosan un caracter onírico.
    Come To Jesus está dedicado a un amigo de Reichman y la lucha interna por sus creencias, tomando aquí elementos propios de la música religiosa conjugándola con armonías propias del jazz. Una construcción lenta y pausada. Una melodía densa y misteriosa que evita la utilización de movimientos ampulosos pero sin perder dramatismo. El tema se desvanece con en el tañido de campanas…

    El cierre sera con My Ears Are Bent, con un pulso rockero dominante en lo que parece constituir una especie de hit single pero al que se arriba como consecuencia natural y no como una causa de origen. Todo sostenido con un lenguaje de económica expresividad.
    Es posible que esta obra se inspire en las tradiciones musicales con las que Reichman asocia a New York: el piano, el lado más suave del free jazz, la sobregrabación, el hip hop, el rock… pero lo más sobresaliente es el medio expresivo utilizado. Un vocabulario musical cauto y discreto, de sutil mordacidad, de una claridad extrema y, por sobre todo, diferente y muy personal.
    Inspira respeto y, en los tiempos que vivimos, eso no es poca cosa.

    Sergio Piccirilli

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