• Goran Bregovic & La Banda De Bodas Y Funerales: Balcánico Y Volcánico – Maestro De La Fusión

    L´Auditori de Girona – Gerona, provincia de Cataluña – España
    Domingo 8 de abril de 2007 – 21:00 hs.
    Gira Mundial 2007-2008
    Duración: 2 horas y 27 minutos

    Goran BregovicSobre fusiones hay mucha oferta en este planeta siempre generoso y ahora temible.
    Dicen, por ejemplo, que el sexo y la gastronomía componen una yunta unida a fuego; también dicen que música y política articulan interesante vínculo. Una muestra de esto último lo ofrece el repertorio del músico serbio Goran Bregovic. Nacido en los Balcanes, más precisamente en la sufrida Sarajevo, Bosnia-Herzegovina (antigua Yugoslavia), Goran Bregovic parece hablar, a través de su música, de los padecimientos de su tierra natal y de la convivencia étnica. Está casado con una bosnia musulmana, su madre es ortodoxa serbia y su padre, croata católico; con semejante cóctel familiar, es lógico que su música sea heterodoxa, tolerante, desprejuiciada y ecuménica (o “esquizofrénica”, como suele decir el propio compositor).

    Tiene su estudio en Belgrado pero vive en París, ciudad desde la cual sale de gira por el mundo. Hace cuatro años estuvo en Buenos Aires, donde una función en el Luna Park no fue suficiente para albergar a miles de fans que lo aplaudieron hasta el soponcio. En la web oficial del músico, su biografía puntualiza: “En junio de 2003 se vivieron dos increíbles conciertos a sala llena en el legendario estadio LUNA PARK de Buenos Aires, ¡más el título honorario!” (las mayúsculas y los signos de exclamación pertenecen al texto original). En 2004 regresó a esa Argentina que lo había dejado boquiabierto; conciertos con localidades agotadas en Buenos Aires, Rosario y Córdoba revalidaron su título honorífico con un público que invadió los pasillos de los teatros desde la primera canción de un repertorio de más de veinte.

    GeronaEn su concierto 2007 en Gerona, España (parte de su actual gira mundial), el público europeo tardó dieciocho temas en ponerse de pie porque, se sabe, las modalidades de manifestación del deleite son culturales; el público argentino -describen los mismos artistas visitantes- es efusivo hasta el desparpajo. Sin embargo, una vez concluido el show, los fans del Viejo Continente aparcaron en el enorme hall del L´Auditori de Girona para ver de cerca a su ídolo balcánico. No se oía sólo catalán y español, también el francés se escuchaba en el recinto, señal contundente de que muchos habían cruzado la frontera para presenciar aquella fiesta. Y sólo una de las señales que contestó a la pregunta: ¿Por qué un músico de la envergadura de Bregovic elegiría tocar en ciudades como Gerona? A primera vista, esta metrópoli de menos de 90 mil habitantes parece “sólo” pintoresca, pero una mirada socioeconómica indica otra cosa: Gerona es la provincia de Cataluña con mayor renta per cápita; no sólo con mejor nivel de vida, sino también con un porcentaje de población joven notoriamente alto. Dentro del Estado español, a su vez, es la tercera con mayor PBI (Producto Bruto Interno). Mucha gente joven y con buen nivel adquisitivo podría ser una primera respuesta. Pero no la más acertada. Culturalmente hablando, de las cuatro provincias que componen la Comunidad Autónoma de Cataluña, Gerona destaca por ser la que más fondos destina a actividades culturales. Cynthia Riveiro, tour manager de Bregovic y otros artistas de igual calibre, acredita lo dicho cuando afirma que el artista balcánico -como muchos grandes- aprecia tocar en Gerona “porque tiene una movida cultural importante; además, la misma gente de allí lo pide”.

    Es verdad eso de que Goran va donde lo llamen. El lema “Gira Mundial” encabeza sus gacetillas porque si bien básicamente está viajando por Europa, también se desviará a Australia e incluso a México. Empezó en marzo de 2007 y OKAPI, su productora, tiene shows agendados hasta 2008. Para ser más exactos, entonces, el tour debería llamarse “Gira Mundial e Infinita”, porque Bregovic no puede quedarse quieto, “es ese tipo de músico que gira todo el año y si estando en algún sitio se le demanda en otro, simplemente va”, puntualiza Riveiro. No gira sólo por estrenar nuevo material o para lucir algún galardón de ostentosa procedencia. No hay más leitmotiv en sus giras que el placer por tocar en vivo. Y si no, para muestra vale un recital.

    No fue el primero en entrar a escena, sino el último, pero no en plan estrella sino como un invitado más de la fiesta. La gente aún se acomodaba en los asientos cuando, sorpresivamente, tres músicos, soplando sus vientos, emergieron de los laterales de la sala y sorteando butacas se encaminaron hacia el proscenio; allí ya se encontraban otros tres vientos; un instante después, un percusionista y dos cantantes, vestidas con sus atuendos típicos, ocuparon sus puestos. La gala ya había empezado y muchos espectadores miraban hacia el techo: ¿desde la parrilla de luces aparecería el ídolo? (Goran creó esa expectativa, pero resultó ser terráqueo). Finalmente, con la banda a pleno y desde una bambalina, entró Bregovic: silencioso, sonriente y de impecable blanco. Un aplauso módico se convirtió en batahola cuando terminó la primera canción. El artista pidió disculpas por no hablar castellano y anunció que comenzaría tocando temas que compuso para el cine. Casi no habló más; y a partir de allí, se vivió el Fenómeno Goran: durante todo el concierto, el músico, siempre sentado y ¡de espaldas! a su banda, la dirigió con su brazo derecho. Un brazo que ejerció de uña de guitarra, batuta, timón, periscopio y mouse, porque también operaba una PC. Toda la función tuvo el mismo tono: músicos y público pasando, en un soplo, del júbilo regocijante a la más absoluta melancolía, tal como es el alma balcánica o la vida misma… o los extremos de Goran; la Boda y el Funeral, como él mismo dice, “los acontecimientos socialmente más importantes entre los humanos”. Todo el show fue bipolar, una mixtura emocional difícil de transferir y sobre todo, difícil de abandonar: cuatro bises y un cuarto de hora adicional de show parecieron insuficientes.
    Como si fuera poco, Bregovic se despidió con un toque de ese género que (como él) sabe fusionar risa y llanto: el humor negro. “No mueran, los funerales son caros” dijo sonriente, y desapareció del escenario.

    Goran En Imágenes

    Goran BregovicSu música es, probablemente por ese contraste & fusión que la identifica, proyector de imágenes; escucharla es ver postales de su cultura que, a su vez (y ése es su sello), son varias culturas. Quizá por eso el Séptimo Arte, una vez que lo descubrió, no lo soltó; con merecido éxito, Bregovic experimentó, además de la dupla político-musical, la muy jugosa yunta Música-Cine. Entre 1990 y 2002 compuso la melodía de más de quince películas, tres de ellas para el prestigioso director serbio Emir Kusturica. Tiempo de gitanos (1989), Sueños de Arizona (1993) y Underground (1995), convirtieron a Bregovic en referente irrefutable del soundtrack balcánico. Pero no sólo el trabajo unió a estos dos genios, sino también una abierta amistad que terminó en hermética enemistad. Actualmente, cuando a Kusturica se le pregunta por Bregovic, elude responder y solicita siguiente pregunta so pena de interrumpir la entrevista; en el otro lado del ring, Bregovic confiesa su indemne admiración por el director y asegura que eran amigos la última vez que se vieron y que de lo demás se enteró por los periódicos. Aparentemente, el origen del altercado fue que Bregovic tocó en sus recitales melodías que había compuesto para Kusturica; otras versiones aseguran que el acaloramiento del malestar comenzó con Kusturica acusando a Bregovic de registrar como propias algunas piezas populares balcánicas.
    No es que esta hostilidad sea importante como material de chismorreo; es, en primer lugar, triste para el propio cine, que se pierde una dupla magnífica; y también significativa en tanto ejemplifica, según Goran, el cambio que ha experimentado a lo largo del tiempo la relación Música-Cine o, mejor dicho, Compositor-Director. “Ya no corren los tiempos románticos de Rota-Fellini, hoy es raro que se trabaje juntos diez años. Nosotros lo hicimos, pero porque en aquel entonces las películas eran de mentalidad a la antigua…”.

    KusturicaKusturica dice que “la música es el arte que más cerca está del cine”. Cierto es que su premisa no funcionó con su ex colaborador, pero también cierto que además de realizador cinematográfico él es músico; entonces Bregovic pudo haber sido esencial en su cinematografía… pero nunca insustituible.
    Más allá de las pasiones personales que hayan podido separar a estos Grandes del Cine Balcánico, su unión profesional dejó tres joyitas. Por orden de aparición…

    Tiempo De Gitanos (1989) – Rodada en Sarajevo, Roma y Londres.
    Tiempo De GitanosEl músico que hoy tiene sólidos grupos de fans en todo el mundo, debutó a los 16 años con su propia banda de rock, “El botón blanco”, con la cual tuvo enorme éxito. Sin embargo, su cuna y plataforma de despegue fue el cine. Si bien Bregovic participó en bandas sonoras desde 1978, su reconocimiento internacional como compositor se produjo a partir de los 90’s por los trabajos compuestos para el serbio Kusturica y el francés Patrick Chéreau. Sobre el filo de los 80’s, Bregovic compuso por primera vez para una película: “Tiempo de gitanos”.
    En forma unánime, toda la crítica no sólo afirmó que se trataba de una obra maestra de realismo mágico aplicado al cine, sino también que la música jugaba un rol clave a lo largo y ancho de la trama. El debut de Goran en el Séptimo Arte fue prometedor.

    Arizona DreamArizona Dream (1993) – Rodada en Alaska y Estados Unidos.
    De la mencionada trilogía, no fue este film precisamente representativo del cine del este europeo; incluso el mismo Kusturica siempre habló de la dificultad que tuvo para dirigir a actores “occidentales”, con códigos interpretativos distintos a los que él siempre había estado acostumbrado. El segundo trabajo de la dupla tuvo una mayoría de actores hollywoodenses en los roles principales, pero Goran persistió incólume con la identidad de sus soundtracks. Los contrastes bregovicianos permanecieron. Kusturica hizo que los peces vuelen y Goran logró que ese vuelo imposible no sólo se vea sino que se escuche.
    En las películas de Kusturica, la música siempre tuvo una importancia vital; en este caso, aunque las escenas se tiñeron de un inevitable tono norteamericano, la música no cambió de bandera y la genialidad de su compositor hizo que sus tonos propios y los forasteros, no desentonaran sino que, una vez más, crearan una asociación única. El megahollywoodense Johnny Depp musicalizado a lo Goran… es imperdible.

    Underground (1995) – Rodada enteramente en Belgrado.
    UndergroundEl tercer y último trabajo de Bregovic con Kusturica obtuvo la Palma de Oro del Festival de Cannes. “Había una vez una tierra que tenía como capital a Belgrado”, se lee en pantalla al comienzo del film. A Goran le duele su patria pero también le honra y ello se advierte en la música. El filme hace un recorrido metafórico por la historia política de la ex Yugoslavia desde 1941 a 1991 y Bregovic introdujo la metáfora en su música; todo lo que se escucha representa eso, más un añadido, como toda metáfora. El filme fue “… más bien una especie de ópera-rock que utilizó el soporte de la música gitana para relatar una pesadilla: la historia de un pueblo que ya no existe”, acertaron algunos críticos.
    “Estas historias nunca terminan” se lee en la escena final de la película. Nunca mejor dicho: una historia como la de Bregovic con el cine es, sin duda, sempiterna. Otra fusión extraordinaria de la que es capaz este hombre balcánico y… volcánico.

    Ana Valentina Benjamin

    Nota: Las fotos del concierto corresponden a Sergio Munguia

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