• John Abercrombie: Un Plácido Domingo

    Jazz Bakery – Culver City (USA)
    Domingo 22 de Abril de 2007 – 22:00 hs.

    Jazz BakeryEntre los días 20 y 22 de abril actuó en el Jazz Bakery el cuarteto del guitarrista John Abercrombie, integrado por Joey Baron en batería, Mark Feldman en violín y Marc Johnson en contrabajo.
    La razón, motivo, causa o excusa era presentar, exponer y/o/u dar a conocer su nuevo álbum Third Quartet. O tal vez no.
    Este veterano guitarrista nacido en New York en 1944 ha alcanzado un amplio y merecido reconocimiento entre…
    Además, en su larga… tocó con…
    Disculpe, pero últimamente estoy teniendo algunos problemas para redondear las ideas a causa de… (le dije que tenía problemas para…).
    La evolución del vocabulario estilístico de Abercrombie comprende una fase inicial vinculada a la música de Coltrane en combinación con influencias de guitarristas provenientes del rock como Jimi Hendrix.
    Con el paso de los años retornó a las fuentes del jazz, ofreciendo una relectura de la obra de Bill Evans y Wes Montgomery, entre otros.
    En su actual cuarteto, a ese principio de reflexión histórica le añadió la profundidad melódica de la música clásica.

    John AbercrombieAdemás, John Abercrombie ha sido uno de los artífices en la construcción del “sonido” ECM, sello con el que mantiene una fidelidad discográfica de más de tres décadas. Esa relación con la compañía fundada y dirigida por Manfred Eicher se ha visto materializada, al día de la fecha, en la edición de 25 álbumes como solista.
    Sin lugar a dudas, la música de Abercrombie inspira un indudable respeto, aunque debo confesar que en la actualidad me seduce tanto como si estuviese obligado a bailar con mi hermana.
    No quiero que usted interprete este juicio de valor como una insolencia. En todo caso, es puro desconocimiento.
    Soy hijo único.
    Sin embargo, la presencia en su banda del mago de la batería Joey Baron y su colega, el violinista Mark Feldman, nos provocaban cierto cosquilleo incestuoso.
    Así fue que concurrimos con nuestra mejor predisposición a la segunda función del domingo 22. Jornada en la que parte de la magia desapareció por arte de ídem.

    ErskineSin que mediaran mayores explicaciones, Baron fue reemplazado por otro baterista igualmente varón, llamado Peter Erskine.
    No nos dejamos gobernar por el desánimo y aceptamos la situación con hidalguía… después de llorar desconsoladamente abrazado a un redoblante con las iniciales J.B.
    En el arranque, Abercrombie despliega un delicado pasaje en solitario.
    Hace tiempo que en la búsqueda de un sonido más suave e intimista ha dejado de tocar con púa utilizando en su lugar el pulgar y el resto de los dedos (por ahora de la mano).
    Habida cuenta de la técnica de ejecución desplegada y la dimensión del impacto causado por el tema, he decidido titular esta bonita página musical con el nombre de Pulgarcito.
    La gente aplaude con admirable economía.
    Un mismo aplauso sirve como reconocimiento al solo de Abercrombie y para recibir al resto de la banda.

    PulgarcitoEl ultimo acorde de… Pulgarcito empalma con Dansir del álbum Class Trip de 2004. Los rastros melódicos provenientes de Ravel y Rachmaninoff y el tránsito por las escalas a partir de una nota en lugar de desarrollar una secuencia de acordes, lo aproximan al jazz modal y permiten intuir un homenaje encubierto a Bill Evans.
    En realidad, no tan oculto; de hecho, Dansir es un anagrama de Nardis, tema que en 1961 Evans incluyera en su álbum Explorations.
    Una climática apertura desemboca en el núcleo melódico de la composición. Desde allí, y a manera de introducción de cada uno de los miembros de la banda, surgen los solos. Feldman, con su intervención, rompe el molde de lo previsible haciéndose acreedor a la primera ovación de la noche. Paulatinamente se alejan de la versión original hasta adoptar una estructura de doce compases que alterna tres acordes…(en mi barrio le dicen blues).

    Marc JohnsonSobre esos cimientos, Abercrombie despliega un solo que lo aproxima en términos de estilo a Jim Hall, tanto por la manifiesta sensibilidad de su oído como por un marcado desinterés en cualquier forma de exhibicionismo técnico. Luego sigue un festejado solo de Marc Johnson en contrabajo. El cierre será con una contenida y muy profesional intervención de Erskine que nos hace recordar… la ausencia de Baron.

    Abercrombie toma el micrófono y nos sorprende a todos, tanto por su voz de locutor como por su entretenida oratoria.
    Casi podríamos asegurar que es más divertido hablando que componiendo… ¡Uy! Se me escapó.
    A continuación, proveniente de otro disco del cuarteto, llega la balada A Nice Idea del álbum Cat’n’Mouse de 2002.
    En sus principios, el término balada se usaba para denominar a ciertas canciones de baile. A partir del siglo XVI, perdió esa connotación de origen y comenzó a utilizarse para designar diversas formas estilizadas de la canción solista. En los tiempos modernos, el género balada designa a un tipo de canción popular que generalmente combina elementos narrativos y románticos o que incluso puede recurrir a la tragedia.
    Lo malo es que a veces esto último se obtiene cuando se intenta lo anterior, haciendo que el género merezca llamarse “baleada”.

    Mark FeldmanLa intro de A Nice Idea es protagonizada por un sutil duelo de violín y guitarra. El impecable solo de Abercrombie basado en octavas paralelas pulsando las cuerdas con suavidad, nos remite al estilo de Wes Montgomery. Mientras tanto, Feldman nos ofrece otra demostración de intensidad y derroche técnico. Desde el trabalenguas sonoro que obtiene con un inicial pizzicato, surge un apasionado fraseo de inocultable procedencia camarística. Johnson y Erskine se suman para ofrecer un compacto mosaico de texturas y colores que ofician de base para un contrapunto final entre Abercrombie y Feldman, más cercano a la camaradería que propicia la experiencia que al desborde pirotécnico en el que suele derivar la lucha de egos. Bien.
    Ahora presentan Vingt Six, único tema de The Third Quartet que incluirán en el show. Abercrombie, al titular esta canción de amor en francés, tuvo el tino de disimular su auténtico significado. No creo que haya mujer en el mundo a la que le guste que le dediquen un tema llamado “La número 26”. Además, la etapa más intensa del enamoramiento provoca una súbita pasión que invita a expresarnos con la lengua… francesa.
    De repente nos brotan frases como Mon’ Cherie, Je T’aime, Mon’ petit bouchee, Zinedine Zidane y pite… Parisiennes o Gitanes?
    El inicio de Vingt Six reúne en el centro de la escena a Feldman y Abercrombie en lo que parece ser un cálido homenaje a Stephan Grapelli y Django Reinhardt, conjugando lírico romanticismo y una oscura tensión. Sale Feldman y la banda queda reducida a un trío… como tantos otros (¡uy! se me escapó, segunda parte). Esto desemboca en un pasaje que admite influencias mitológicas. Me recuerda a Morfeo.

    GulliverEn el preciso instante en que empezaba a contar ovejitas en griego, los aplausos me regresan a un estado más próximo a la conciencia.
    El cierre será con On the Loose, de Cat’n’Mouse. Una épica variación que combina virtuosismo con todos (todos) los clichés del funk y algunos (algunos) juegos característicos del rock. Tras una impecable intervención de Abercrombie, el tema se va desvaneciendo hasta confluir en un apasionado set en solitario de Feldman. Si el solo de Abercrombie al inicio del show era efectivamente Pulgarcito, este otro debería llamarse Gulliver. Regresa John Abercrombieel resto de la banda y, por inercia, incursionan en el campo exploratorio de la improvisación para luego alcanzar una especie de recapitulación posmodernista con un nivel de interacción casi telepático. Demasiado tarde para entusiasmarse, ya todo terminó.

    Final para un show sosegado, apacible, grato.
    Mañana es lunes y hay que trabajar.
    Antes, nada mejor que relajarse disfrutando de… Un Plácido Domingo.

    Sergio Piccirilli

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