• Dee Dee Bridgewater: Red Earth – A Malian Journey

    Afro Blue, Bad Spirits (Bani), Dee Dee, Mama Don't Ever Go Away, Long Time Ago, Children Go 'Round (Demissènw), Griots (Sakhodougou), On My Love (Djarabi), Four Women, No More (Bambo), Red Earth (Massane Cisse), Meanwhile, Compared To What

    Músicos:
    Dee Dee Bridgewater: voz
    Edsel Gómez: piano
    Ira Coleman: bajo
    Minino Garay: batería y percusión
    Baba Sissoko: voces, percusión
    Moriba Koita, Bassekou Kouyaté, Maré Sanogo, Moussa Sisokho, Adama Tounkara, Lansiné Kouyaté: percusión
    Aly Wagué: flauta
    Mamani Kèita, Oumou Sangare, Fatoumata “Mama” Kouyaté, Kabiné Kouyaté, Ami Sacko, Kassé Mady Diabaté, Lassy “King” Massassy: voces
    Modibo Kouyaté: Guitarra
    Toumani Diabaté: kora
    Cheik-Tidiane Seck: voces, percusión, teclados
    Y muchos más

    DDB Records, 2007

    Calificación: A la marosca

    La República de Malí existe.
    Pertenece al continente africano y limita: al norte, con Argelia; al oeste, con Mauritania y Senegal; al este con Niger y al sur con Costa de Marfil, Guinea y Burkina Faso.
    Para comprender algunas cosas, diremos otras. La superficie es de 1.240.000 m2; la población es, si contamos bien, de unos 14.000.000 de habitantes. La capital es Bamako. Si bien el idioma oficial es el francés, también se habla bambara, senufo, sarakole, dogon, peul, tamachaq y árabe. Es de esperar que, cuando se comunican entre ellos, lo hagan en la misma lengua. Su mortalidad infantil es altísima: 133,5/1000. La esperanza de vida es inferior a los 48 años. El analfabetismo llega al 74% en los hombres y al 88% en las mujeres. Sólo el 2% tiene un estudio terciario. En algunas zonas desérticas, la temperatura llega a los 60º. Tuvo su período de esplendor en los siglos XIII y XIV (trece y catorce). Pero en 1850 los franceses ocuparon el país y la cosa se complicó. Se independizó en 1960. Desde 1968 hasta 1991 se sucedieron golpes militares con sus debidas implicancias. En abril de 1992 se celebraron las primeras elecciones democráticas siendo elegido Alpha Oumar Konare, reelecto en 1997. En el 2002 fue sucedido por Amadou Toumani Touré, quien fue reelecto en mayo pasado con el 68% de los votos.
    Metiéndonos en el plano musical, Malí ha aportado no muchos pero sí muy interesantes artistas: Alí Farka Touré, Amadou et Mariam (quienes fueran producidos por Manu Chao), Toumani Diabaté, Salif Keita y muchos que, si bien son prácticamente desconocidos internacionalmente, tienen una interesante producción: Amy Koita, Boubacar Traoré, Fode Kouyaté, Lobi Traoré, Moussa Diallo, Nahawa Doumbia, Ramata Diakité, Oumou Sangaré, Baba Sissoko, Kassé Mady Diabaté, etc.

    La cantante Dee Dee Bridgewater nació en Memphis en 1950. Y, a priori Earth Red – A Malian Journey tiene la apariencia de ser un álbum dedicado a Malí, con las sospechas del caso, una suerte de rejunte de culturas o la necesidad de “enrarizar” la cuestión para llamar la atención o bien un gustito que la cantante quería darse y de paso conocer África, adoptar a algún parvulito y llevarles baratijas a los morochos o, como en el caso de Salif Keita, albinos.
    Pero conocemos a la Dee Dee desde hace rato.
    A la Bridgewater no la trataron muy bien que digamos en su país de origen donde sufrió todo tipo de marginaciones y ataques fundamentalmente racistas. Se mudó a Francia en 1974 y las circunstanciales visitas a los EEUU fueron igualmente shockeantes o más.
    Harta de intentar ser aceptada en, reiteramos, su país de origen, decidió ir a buscar sus raíces a África.

    Dee Dee Bridgewater fue alumna de Ella Fitzgerald (dicen que una de las favoritas de ella, o sea, de Ella) y en sus inicios cantó en álbumes de Dizzy Gillespie, Sonny Rollins, Dexter Gordon y otros bebés de pecho. En sus discos, la Bridgewater tiene una sana y saludable costumbre: busca la conceptualidad. Ya sea tributando a la Fitzgerald, a Horace Silver (tal vez Love and Peace sea su mejor entrega; aunque puede reemplazarse el “tal vez” con “para mí”), a Kurt Weill, a la música francesa en su entrega anterior.
    Posee un registro extraordinario, quienes la han visto sobre un escenario dicen que su presencia es arrolladora y es una de las mejores cantantes de jazz (y otras yerbas) de la actualidad. Y además es inquieta. Y arriesga. Y, en general, saca plenos.
    En el booklet del CD, la cantante comenta: “Este proyecto es mi oda a Malí y a Africa. Es la historia de una chica perdida en el camino a su hogar. Es mi renacimiento (…) África me estaba llamando, pero no estaba segura qué región me reclamaba. No lo supe hasta que escuché una música particular, de una tierra particular, donde la llamada fue decididamente clara”.
    Ese lugar fue Malí. Y la “tierra roja” del título del álbum alude justamente al color de esa tierra.

    Dee Dee Bridgewater se fue con su grupo y, además, se involucró con verdaderos representantes de la música del lugar. Logró una conjunción que, por momentos, asombra. Porque no se trata de un ¿simple? disco de world music. En todo momento tenemos la certeza de que se trata de un disco de la Bridgewater. Que más de una vez resigna protagonismo en función del proyecto artístico. Que lo hay y sobradamente.
    No comete la idiotez de cantar en una lengua que le es ajena; porque varias de las composiciones incluidas en Red Earth son tradicionales de la región. Para ello, convocó a notables cantantes del lugar; ella, en los mismos temas, canta su propia (libre) versión en inglés.
    El mejor ejemplo de conjunción ideal (sí, ideal) es Demissènw o Children Go ‘Round donde Ami Sacko y Dee Dee se sacan chispas mientras la complementación con los músicos lugareños es decididamente increíble Y el único aporte “occidental”, el del guitarrista (e hijo de Dee Dee) Gabriel Durand es superlativo. Todo, pero absolutamente todo, suena creíble aquí y justifica no solamente la adquisición del compacto sino la audición de los otros 12 temas y, por qué no, empezar a explorar qué es lo que está pasando con esos músicos que, aquí, la rompen.

    Como verán, me entusiasmé.

    Pero, la verdad sea dicha, el disco no me ha conformado del todo. Tal vez porque… porque… no sé muy bien por qué… si se trata de una cuestión de estilos, o las composiciones o la vida misma.
    Tampoco puedo afirmar que no me ha gustado.
    Lo diré de otra forma: me hubiese encantado que me gustara más.
    Porque no me cierra el arreglo en el Long Time Ago, composición de Wayne Shorter a la que Dee Dee aporta una letra propia. Tampoco Oh My Love ni la rendición al Four Women de Nina Simone a la que le sobra instrumentación y le faltan ideas. Otro tanto ocurre con la intrascendencia de No More, The Griots o Meanwhile.
    Pero, por otro lado, tenemos el comienzo del disco, con Afro Blue (de Mongo Santamaría) que tiene un muy buen arreglo de Edsel Gómez y donde la Bridgewater se encuentra a sus anchas. Bad Spirits sobresale por el aporte en guitarra de Djelimady Tounkara, el de Toumani Diabaté en kora y la voz de Kassé Mady Diabaté (a quien en un principio confundí con Salif Keita). Red Earth (el tema) es un bluesazo malinés donde Fatoumata “Mama” Kouyaté y Dee Dee arman un extraordinario contraste con sus voces. O el cierre del compacto, Compared to What,  de potencia demoledora y con rap incluido a cargo de Lassy “King” Massassy.
    Y, por supuesto, el extraordinario e imbatible Children Go ‘Round.

    Red Earth es un álbum que, en lo personal, no me ha conformado del todo.
    Creo que se trata, simplemente, de una cuestión de gustos.
    Y prefiero priorizar la intención, el proyecto, la propuesta.
    La búsqueda.
    Por eso la calificación, desmedida en cuanto a mis necesidades.
    Pero soberanamente justa con alguien que se rompe el lomo en cada entrega.
    Y que tiene una dignidad envidiable.

    Marcelo Morales

    Notas Relacionadas o de Interés:
  • Anterior: