• Ned Rothenberg

    Ned RothenbergEl arte procura, a la persona que lo transmite y a los posibles receptores, una experiencia de rango estético, emocional, intelectual o (lo más probable) una combinación de todas esas cualidades. Sin embargo, el concepto de arte tiene un significado distinto de acuerdo a la época y al ámbito en que se produce. Incluso en un mismo tiempo y lugar, su valoración dependerá de una suma infinita de criterios de belleza contrapuestos y de respuestas estéticas ante el hecho artístico en sí. Pero detrás de toda obra de arte o pretensión de tal, hay un acto del pensamiento y una expresión abstracta unificada por el artista y que se expresa mostrando (o al menos desocultando) un mensaje que surge de su interior. En el ámbito de la música improvisada y la nueva escena creativa, al igual que en otros tiempos y con otras corrientes de vanguardia, hallamos relativamente pocos músicos con la valentía suficiente para desocultar ese mensaje interior. No resultaría una sorpresa si incluyéramos en ese selecto grupo al compositor, saxofonista, clarinetista y ejecutante de shakuhachi, Ned Rothenberg.

    SyncEste músico nacido en Boston en 1956 y que lleva más de tres décadas residiendo en New York, es reconocido internacionalmente tanto por su obra solista como por liderar diferentes ensambles de vanguardia y también por su tarea como sesionista. Sus intereses musicales son numerosos y por eso su obra ha transitado diversos perfiles emotivos y estilísticos. Como ejecutante, su variado lenguaje se multiplica con el uso de técnicas extendidas aplicadas al instrumento tales como polifonías, organización microtonal, manipulación de multifónicos y respiración circular. El dominio de esas técnicas actúan en perfecta simetría con sus composiciones, en las que podemos apreciar intensidad, melancolía y emotividad expresadas desde una perspectiva cubista. Rothenberg ha encabezado diversos proyectos: Double Band (Parting, Overlays y Real & Imagened Time), Power Lines (junto a Dave Douglas, Mark Dresser, Erik Friedlander, Glen Velez, Josh Roseman y Mike Sarin) y Sync (su proyecto grupal más reciente integrado por el bajista y guitarrista Jerome Harris y Samir Chatarjee en tabla con el que ha editado tres álbumes: Harbinger, Port of Entry e Inner Diaspora, este último con Mark Feldman y Erik Friedlander como músicos invitados). También fue miembro del proyecto cooperativo New Winds junto al flautista Robert Dick y el trompetista Herb Robertson (expresado en cuatro discos: Potion, Digging it Harder from Afar, The Cliff y Traction). En su extensa trayectoria, ha tocado con Yuki Takahashi, Elliott Sharp, John Zorn, Evan Parker, Marc Ribot, Kenman Maroney, Katsuya Yokoyama, Samm Bennett, Tom Cora, Steve Nieve, Marisa Monte y Bobby Previte, entre otros.

    Oberlin CollegeRothenberg se graduó en el Oberlin College y estudió en el Berklee School of Music. Ha recibido becas de la Fundación para las artes de New York, Meet the Composer, el New York State Arts Council, la Japan Society y ASCAP, por sólo mencionar algunas. Por si fuese poco, recientemente creó su propio sello discográfico: Animul Records. Con Ned Rothenberg tuvimos el privilegio de mantener un extenso (y profundo) diálogo. Un tipo amable pero de fuerte temperamento. Humilde pero con firmes convicciones. Cortés pero valiente (y viceversa). Hizo confesiones, manifestó dudas, hubo momentos de tensión y hasta leyó para nosotros. ¡Cuidado! Es peligroso, piensa y anda suelto.

    Un buen inicio para esta charla es referirnos a tu último disco, Inner Diaspora. El complejo entramado de influencias y la colisión de diversos géneros musicales que podemos encontrar en él, ¿fue deliberado o integró su génesis conceptual?

    Inner DiasporaDespués de cuarenta años de practica y estudio, mi “voz” musical es una mezcla de la música que amo tocar y escuchar. Entonces, como compositor tanto como intérprete estoy intentando trabajar a través de ese concepto para que al juntarse tengan sentido. De hecho, si el oyente sólo escucha una colisión de fuerzas, entonces quizás haya fallado. Deliberadamente busco afrontar la dificultad de hacer una declaración unificada que exceda esa multiplicidad en contraposición con las facilidades que uno puede hallar para construir un caos. No soy un músico conceptual. Compongo o toco algo porque quiero escuchar el resultado de ese proceso. La música de este disco fue compuesta mientras imaginaba simultáneamente cómo sonaría el trío (se refiere a Sync) junto a dos asombrosos ejecutantes de cuerdas como Mark Feldman y Erik Friedlander, intentando hacer los ajustes necesarios para el desarrollo de las habilidades improvisatorias de los músicos involucrados y no sólo una simple elaboración de pasajes musicales. Por regla general, me gusta ir directamente a la música que compuse y recién entonces ver si surgen algunas ideas unificadoras. En esta ocasión, el concepto de la “diáspora interior” fue lo que se hizo visible.

    Vamos a invertir esos factores. ¿Podés explicarnos cómo fue que “ese” concepto de diáspora interior, al hacerse “visible”, termino siendo la idea unificadora del álbum?

    Es algo complicado. Invertí un montón de tiempo en el texto que acompaña al disco, tratando de explicarlo. Si vos querés, quizás puedas traducir parte de eso a tus lectores aunque, si mal no recuerdo, lo mencionás en el comentario que hiciste del disco. Aquí apenas diré que tiene que ver con extraer fuerzas a partir de un dilema extremo… el dilema que representa la alienación y el orgullo que la herencia judía engendró en mí. Eso creó y produjo una serie de interrogantes internos a los que comparo con una diáspora interior.

    ¿Hasta qué punto esa asociación con tu pasado se compara con otro tipo de experiencias de alcance sociológico que se dan en la música?

    ¿A qué te referís en particular?

    A retornar a nuestras raíces. Es habitual encontrar gente a la que le gusta escuchar viejos temas porque están intentando capturar el impacto social que tuvieron o porque les recuerdan ciertas vivencias o momentos de sus vidas. ¿No pensás que la experiencia del arte, aunque también conserva ese aspecto, es mucho más que eso?

    Bueno…(reflexiona) Hago muchas asociaciones sociológicas con la música pero tenés razón… música es arte. Y si el arte es nada más que una asociación social o no es transformador, entonces está incompleto.

    RothenbergEl arte puede cambiar la manera en que percibimos la realidad. Pero... ¿qué pasa con quienes no quieren ese cambio?

    Aquellos que encuentran en la música un aspecto funcional, algo para bailar o que los acompañe mientras limpian su casa, nunca se convertirán en fans de la música auténticamente creativa. Para ello tenés que estar abierto a un rango mucho más profundo de la apreciación sonora.

    ¿Y cómo funciona esa operatoria mental?

    Es muy difícil explicar con palabras cómo funciona esa compleja experiencia estética. Así que disculpame… ya que para responder a tu pregunta tendría que dejar de componer y dedicarme a escribir un libro que quizás jamás terminaría (exclamando).

    Siento curiosidad por saber cuál es tu impresión sobre el actual estado de la música improvisada y la nueva música creativa. ¿Pensás que el funcionamiento de esas escenas ayuda a desarrollar la “compleja experiencia artística” a la que te referías?

    Tu pregunta es demasiado amplia como para responder a ella con precisión. Es una entrevista entera en sí misma. Ciertamente hay diferencias en esas escenas… Sería terriblemente aburrido si así no ocurriera. Pienso que una de las claves dominantes que caracterizan a la escena de New York es que una gran parte de los improvisadores son versados en varios estilos y vocabularios y eso hace que incluyamos toda clase de música en nuestra forma de tocar. Nada está fuera de los límites. También observo que en muchos lugares parece haber un apasionamiento por el ruido, gente que se esfuerza por excluir la armonía, la melodía y el pulso. Eso está bien y alguna gente es fantástica haciéndolo. Pero en mi caso, cuando improviso, sólo pretendo dibujar aquello que me haga sentir un músico.

    Stockhausen dijo que el artista debe ser apreciado como un individuo que refleja su tiempo. Sin embargo, además de encontrar artistas que son un espejo de la realidad, hallamos otros que tienen un poder visionario y se adelantan a su tiempo. En tal sentido, ¿considerás que el desarrollo de un pensamiento de avanzada aplicado al acto creativo hace que cierta música resulte demasiado compleja para la mayoría de la gente?

    StockhousenPara algunos resulta compleja y por eso a menudo prefieren algo más mundano. La mayoría de la gente está, simplemente, demasiado ocupada y distraída como para comprometerse con lo que escuchan. Incluso muchos músicos tienen ese problema. La música creativa pide algo de sus audiencias a lo que simplemente no pueden responder con su tiempo y concentración.  Yendo a uno de mis shows, lo único que vas a lograr hacer es escuchar música, no estás yendo a una fiesta, probablemente no encuentres una nueva amante, ni te divertirás bailando o desarrolles una actividad social. Es sólo música y la recompensa de escuchar no te hará más rico o sexy. En esto sólo se involucra la profundidad del acto de escuchar; y para acceder, tenés que comprometerte activamente. Por eso el cine es inmensamente más popular, debido a que ofrece experiencias multisensoriales que pueden disfrutarse en un estado de mayor pasividad. No ocurre así con la música.

    Si la expresión artística es un reflejo de nuestra sociedad y medio ambiente, ¿es posible que un nuevo tipo de música creativa surja de todo eso y logre englobar nuestra realidad de manera que las audiencias se multipliquen?

    No importa cuántas dificultades haya en el mercado, la música siempre continuará su curso para cambiar y crecer en respuesta al ámbito de desarrollo humano. Sería durísimo si así no sucediera.

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