• Mariano Loiácono: Candidato al Título

    Notorious – Buenos Aires Domingo 24 de Junio de 2007 – 21:00 hs.

    LoiaconoLa mayoría sabe que el fútbol es un deporte en el que juegan 11 contra 11. Una variante que tal vez resulta más atractiva, es el “baby fútbol” o “papi fútbol”. Se juega en un espacio más reducido y generalmente son 5 los integrantes de cada equipo. Los que alguna vez hemos entrado a una cancha tenemos en claro que, a pesar de tratarse del mismo deporte, hay notorias diferencias que van más allá de la dimensión del campo de juego o de la cantidad de integrantes de cada team. Para jugar en espacios reducidos se requieren ciertas aptitudes que, si uno no las posee, en una cancha de 11 pueden disimularse por varios motivos. Porque en el “baby” no hay manera de cambiar el aire, de tomarse un descanso, de regular energías. En realidad puede hacerse, pero los compañeros y el DT se encargarán de que el sujeto en cuestión pase a ser un predicado de ahí en más. La superficie sobre la que se juega es distinta; la pelota también (es más pesada, en parte para evitar que por los piques la misma esté más tiempo afuera que adentro). No hay ley de ventaja ni offside. Se pueden hacer cambios en forma indiscriminada y no existen las posiciones fijas, salvo la del arquero.

    Baby FutbolEn general, cada equipo dibuja una suerte de rombo irregular con los jugadores de cancha. Los opuestos son un defensor y un atacante. Pero la realidad indica que todos juegan de todo. Todos suben, todos bajan, todos atacan, todos defienden. Para que un gol sea válido hay que realizarlo pasando la mitad de la cancha. Se patea mucho, se hacen muchos goles y no es que el arquero esté confinado a una suerte de pelotón, ya que las dimensiones de los arcos también son más chicas. Pero la idisioncrasia del juego hace que a ningún entrenador se le ocurra conformar un equipo con defensores, o que intente hacer tiempo, o que recurra sistemáticamente a las malas artes. Un jugador menos (por expulsión) puede ser determinante para el desarrollo del match. Pero hay una condición que es, para un servidor, la más importante. No todo futbolista se adapta fácilmente al “baby”. Se requiere, mínima y básicamente, un gran control del balón. En general se recurre a jugadores habilidosos, ésos que la tienen atada, que poseen recursos técnicos para moverse sin dificultad en espacios reducidos, pero que además tengan una buena reserva física, espíritu solidario con sus compañeros y una concentración permanente en el juego.

    Otero - LoiaconoEn nuestro número de mayo de 2006, en ocasión de la cobertura del concierto de la Mariano Otero Orquesta, también hicimos alusiones futboleras. Probablemente, influenciados por el gusto de la mayoría de los integrantes del combo, no solamente titulamos la nota “Hay equipo”, sino que por la duración y formato del concierto, lo dividimos en dos tiempos con el correspondiente período de descanso. Yendo aún más atrás (agosto de 2005), en uno de nuestros Brevarios apuntamos: “ojo con este pibe, el Loiácono, tiene un algo...” Y llegó el momento del debut del trompetista Mariano Loiácono con su quinteto. Y Loiácono es futbolero a rabiar. ¿Van captando?

    Tarzia - OteroA las 21:30 hs. ingresa el equipo, conformado por Loiácono en trompeta y flugelhorn, Oscar Giunta en batería, Mariano Otero en bajo eléctrico, Miguel Tarzia en guitarra eléctrica y Ramiro Flores en saxos tenor y soprano. Sin árbitro que efectúe el sorteo ni pose para la foto, Otero y Tarzia (ambos sentados durante todo el concierto) dan el puntapié inicial. Giunta se suma a los pocos segundos y en pleno groove se meten los caños. Estamos en Some Miles Away, una suerte de straight ahead que amenaza con hacerse añicos en instantes. Ramiro Flores es el encargado del primer tiro al arco; perdón... del primer solo. Muy bien, realmente, mientras los demás van pudriendo la base a indiscreción. Loiácono empieza con su maratón gesticular. La lógica indica que el segundo solo le corresponde al líder pero no... se mete Giunta con más sutileza que potencia. Loiácono sonríe cuando el baterista se transforma en John Bonham. Vuelven al tema de manera Coltraniana y de pronto... una balada con Loiácono sonando al Miles de los ‘50. No sólo por la trompeta asordinada sino porque hay citas a Kind of Blue, más específicamente a So What. La intervención del líder es conmovedora, eludiendo a la pirotecnia como si fuera un tosco defensor. Cambio de frente y la pareja TarziaOtero comienza a tirar paredes. Parecen ser dos melodías distintas que confluyen en algún punto invisible pero equidistante. El pasaje va languideciendo y pienso que es bueno que Otero ponga cara de enojado. Se suma Giunta y con los caños volvemos a la melodía inicial, aunque el bajista se empeña en ensuciar todo desde la defensa con un riff casi fuera de programa. Un momento bárbaro. Merece ser gol. Lo es.

    LoiaconoUna melodía naif inunda el campo de juego; perdón... el escenario. Flores recurre al soprano y Loiácono al flugelhorn. Anoto algo en los apuntes que debió ser rectificado. Porque no es Flor, el tema de Otero, pero tiene un aire. Indudable. Tarzia (anoto esto sin tener que efectuar corrección alguna) no sólo encanta como terrorista. El solo de Flores es para tirar ídem. Se pega el fluegelhornista (¡?) que nuevamente apuesta a decir con autoridad más que a tirar petardos húmedos. Sabe adónde quiere ir. Y va. Con tutti. La intervención de Loiácono permite que la base de tres (Giunta, Otero y Tarzia) pruebe, juegue y acierte. Y luego se viene el guitarrista, tocando bajito porque es lo que exige el tema. Giunta y Otero tratan de arrastrarlo contra el banderín del corner pero Tarzia mete una gambeta y un centro de gol. La jugada sorprende a Loiácono, que sigue mirándolo embelesado, y a la gente de la tribuna que no atina a aplaudir el solo. Como para no molestar. El final de Juju es anecdótico. Y bueno.

    Loiacono - FloresLoiácono recurre a la composición de otro trompetista, Juan Cruz de Urquiza. Se trata de Cueros urbanos, del segundo álbum del Quinteto Urbano. Giunta tamborilea en los parches. Otero y Tarzia amagan con una bossa. Al “jogo bonito” se suman Flores y Loiácono, nuevamente en flugelhorn. El bajista se manda al ataque aprovechando que Giunta y Tarzia hacen bien los relevos. Gran triangulación y habilitación para Loiácono. Giunta empuja y hay rock. Y bienvenido sea y bienvenido es. No sé cómo llegamos al funk. No importa. Pasaje a un toque donde Otero y Tarzia juegan a ver a quién se le nota menos el ego. Empatan. Y si antes hubo rock, ahora hay casi heavy metal. No bajan. Gran final. A descansar.

    GiuntaLuego de un breve descanso, el quinteto sale a atacar de entrada con First Impression. Pequeña y veloz intro y el trompetista que se hace dueño del solo, de su instrumento y de la noche. Tarzia le hace sombra con sus toques de primera. Me fijo pero no... ni Motian ni Swallow están en la cancha. Los que juegan son Giunta y Otero. Y esta vez el trompetista encaró directamente al arco. El jugadón deja a Tarzia solo quien, con un sonido cercano a Pass / Hall, se hace notar como Page o Blackmore. Increíble noche del guitarrista. Una más. Termina su solo y mi alarido es tapado por una sólida intervención de Flores en soprano. O yo estoy bebido o estos muchachos están encendidos. ¿Serán ambas cosas? Brindo por ello. ¿Les dije que el solo de Flores es irreprochable?

    Otero - TarziaLa balada I Knew It (aunque fuera anunciada como Aníbal, andá a saber por qué...) da comienzo con otro pasaje a cargo de Tarzia y Otero. La vamos de balada. Perdón... estamos tocando hacia los costados y el arco queda lejos. Las baladas no son lo mío. No termino de entrar. Ya sé que no se puede atacar siempre. Lo dicho: una balada un tanto previsible aunque bien tocada. Ya está, ya pasó, sigamos. Real Blues es un blues pero con ciertas deformidades que empiezan a hacerlo querible. Tarzia realiza una intervención no aceptable por los blueseros, no sé si me explico... Mejor lo digo en términos académicos: Tarzia la rompió, la descosió, la gastó, la dejó chiquita. Y además contagió a los demás. El escenario se inundó de mugre y tanto Flores en soprano como Loiácono en trompeta meten una gambeta tras otra. Se acerca el final del partido y el equipo se florea. Pero hay bis (alargue). En tiempo de descuento, Loiácono hace jueguito con el flugelhorn. Sobrevuela un aire cuasi místico en Espíritu, aportada por Otero y segundo tema ajeno al dueño de la pelota. Un gospel que bien podría haber cantado Mahalia Jackson. Ahora sí, final.

    Loiacono - FloresMariano Loiácono debutó de manera inmejorable. Fue apenas la primera fecha de un torneo que se avizora largo. Pero manteniendo al plantel y realizando algunos ajustes, no tengo dudas de que hay chances de campeonato. Porque como en el “baby”, los players tienen talento, habilidad, espíritu de equipo, concentración y control del juego. Y con esta gente, siempre hay peligro de gol.

    Marcelo Morales Nota: Fotos del concierto cedidas gentilmente por Horacio Sbaraglia

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