• Paula Shocron

    Sabemos todos que diciembre es un mes bastante complicado. Lo es al menos a la hora de intentar concertar una entrevista con un músico. En pleno conocimiento de los posibles inconvenientes, decidimos hacer un listado con diferentes alternativas y opciones. Algunos de los que incluimos en la lista nos daban verdadera vergüenza, pero confiábamos en no tener que llegar al puesto número 215. Habíamos ideado incluso algunas excusas engatusadoras que incluían al año bisiesto, la penetración de la internet en nuestras vidas (dentro de poco será posible mandarle mensajes de texto a Graham Bell), la inminencia de un nuevo campeonato ganado por el Racing Club (señal inequívoca del advenimiento del Apocalipsis), que era el músico en cuestión o la forzada reivindicación de Caravelli, Santos Lipesker y Fausto Papetti, que la no aceptación implicaba el sometimiento a las nuevas siete plagas y la obligación de recitar en hebreo las cartas a los Corintios so pena de mancillar el buen nombre del posible entrevistado.

    Nada de ello hizo falta. Plan A: la pianista argentina Paula Shocron Instrucciones en mano, hicimos la propuesta. Ante la inmediata respuesta afirmativa, no me obliguen a contarles lo que hube de hacer con el machete en cuestión...

    Antes de hablar, ya tocaba el piano; realizó sus primeros estudios recibiendo una formación clásica; pero luego de ingresar a la Escuela de Música de la Universidad Nacional de Rosario en la carrera de Composición, se dio cuenta de que la historia no se escribiría por ahí. Completó la carrera pero no se recibió. Es que el piano había vuelto a gobernar su vida artística. El jazz fue ganando espacio y en el 2000 comenzó a tomar clases con Ernesto Jodos. Comenzó a repartir su tiempo entre Rosario y Buenos Aires; obtuvo una beca del Berklee College of Boston, pero debido a la profunda crisis económica existente en la Argentina (finales de 2001), la deshechó. En su ciudad natal participó de dos grupos: Fuga de cerebros (junto con Franco Fontanarrosa y Alexis Perepelycia) y La Revancha (con Julio Kobryn, Mariano Sayazo y Sebastián Mamet) con el cual grabara La intensidad del juego.

    RosarioEn el 2003, ya en Buenos Aires, conformó un trío con otras dos mujeres: Daniela Horovitz (voz) y Ada Rave (saxos). Paralelamente surge el Shocron – Gutfraind Cuarteto, con el que grabaran el álbum Percepciones. También participó en los proyectos del baterista Pepi Taveira (grabando Bs. As. Inferno) y Dialecto Oir, del guitarrista Juan Pablo “Colo” Arredondo. Con el armoniquista Franco Luciani formó un dúo con el que realizaran un homenaje al pianista y compositor argentino Gustavo “Cuchi” Leguizamón. En 2005 debutó discográficamente como solista con el solo piano La voz que te lleva, que fuera reseñado en este site y que nos sorprendió, encantó y subyugó. Fue premiada como artista revelación en los Premios Clarín de 2005 y acaba de editar su nuevo álbum, Urbes, editado por el sello Blue Art. Aquí la acompañan Carto Brandán en batería y Jerónimo Carmona en contrabajo, contando además con la presencia del saxofonista Rodrigo Domínguez como músico invitado.

    Una rara avis en el ambiente jazzístico argentino (porque exceptuando a las cantantes, pocas mujeres se dedican al género y, mucho menos, con el talento y las condiciones de quien nos ocupa), nos propone encontrarnos en un pequeño bar del barrio de Belgrano, por la noche. Simpático lugar, pero extraño; pues la charla se desarrolló de manera veloz, cordial, con chicanas y humor y un largo etcétera. Así y todo, cuando fuimos a desgrabar nos encontramos con un pequeño inconveniente. Pero antes, Saravia. En el formidable libro “El amor enfermo” de Gustavo Nielsen, Saravia, el protagonista, luego de que su novia terminara unilateralmente la relación por teléfono, cae en una profunda depresión. Con el agregado de un singular problema auditivo: escucha lo que ocurre a una distancia considerable; pero nada de lo que acontece en la cercanía. O sea: escucha de lejos, pero no de cerca. Pues bien, a la hora de intentar desgrabar, un servidor se encontró con las voces de otros parroquianos del lugar, ruidos de tazas, vasos y cafeteras, bocinazos de taxis y colectivos, pero poco y nada de lo que habíamos conversado. El pánico cundió pero sólo en parte: debimos ecualizar de manera insana para que, a un volumen rayano en la imposibilidad de la tolerancia, pudiéramos realizar nuestra faena. Y vaya si valió la pena...

    Porque cuando Shocron habla, habla. Con el mismo desenfado con el que toca, aceptando el golpe por golpe, sin poner reparos de ningún tipo y con ímpetu y entrega desbordantes. No sé cómo (esto no es atribuíble al barcito) surgió el nombre del pianista Gabriel Paiuk (¿para cuándo el regreso de la gran revista Techesko?)... ¡y el yoga!

    Lo mío es más bien terapéutico; hago desde hace más de 5 años y la verdad que me sirve mucho.

    ¿Y a la música le sirve?

    Yo creo que le sirve a uno como músico.

    ¿Por qué?

    Porque (piensa) le sirve a uno como persona...

    ¿Uno refleja en la música lo que es?

    Y, sí...

    ¿Sí?

    En mi caso, sí. Si no, no habría concordancia entre lo que sos con lo que tocás.

    Según lo que decís, es difícil que un cretino haga una música “celestial”.

    Salvo que sepa mentir bien. Por lo general se nota cuando se es genuino o no.

    ¿Cómo se nota?

    Ehhhh... me mataste... (piensa) Yo creo que se debe notar. Ahora... el “cómo”... no sé...

    A ver... Shocron como oyente, se da cuenta o intuye...

    Intuye. Yo creo que cualquier persona lo intuye. Tal vez el oyente no sepa el por qué, pero siente que “algo” no está bien. Se siente cierto malestar o desconfianza aunque no se sepa con certeza a qué atribuirlo.

    ¿Es algo universal’

    Yo creo que hay cosas que sí y otras que no. Tiene que ver con la percepción.

    Se me ocurre Rod Stewart cantando standards.

    Si canta como canta Rod Stewart va a ser genuino. Si trata de imitarlo a Goyeneche... es muy probable que lo haga muy mal (acá me entró la duda; tal vez Shocron entendió que en lugar de “standards”, mencioné “tangos”. El ejemplo vale igual).

    Mirá cómo de la nada nos metimos en un lindo trote... ¿empezamos?

    Dale

    ¿Cómo estás?

    Bien, con disco nuevo, vida nueva, me voy a vivir a Brasil... (sonríe), es un chiste... empezamos otra etapa...

    ¿Un disco es comenzar una etapa nueva?

    O terminar con una anterior.

    ¿Y en este caso?

    Todavía no lo sé (sonríe). Se termina una etapa en el sentido de que se plasmó en un disco la música que veníamos tocando. Ya estamos pensando en lo próximo y que no es el disco grabado. Ya hay temas, cositas... No hay un CD entero como para grabarse, pero desde que se terminó “Urbes” todo lo que surge es nuevo.

    Ahora... ¿le damos bola al disco? Porque hay que presentarlo, tocarlo, defenderlo...

    Por supuesto. No sé si con las otras músicas ocurre lo mismo, pero en el jazz el proceso generalmente indica tocar mucho el material y después grabarlo. En el pop o en el rock primero se graba y después se hace la “presentación” del CD. Quizás juega también la realidad circundante. Es difícil que venga alguien y te proponga que compongas y grabes y después, con el disco, ver qué ocurre.

    ¿También complica el tema de los ensayos?

    No creo... tiene más que ver con cómo es la historia de sacar un disco en la Argentina. Uno graba, hay que ofrecerlo...

    No existe eso de “te contrato por tres discos”

    Y.. a mí nunca me pasó...

    O sea que Shocron...

    Decime Paula por favor... Schocron suena... (sonríe)

    O sea que la pianista (risas) se encuentra con un material determinado, lo banca...

    En parte...

    Perfecto, pero hay una erogación, mayor o menor, se busca quien lo edite y la manera de recuperar lo invertido...

    ¿Recuperar?

    Y...

    Eso casi no existe. No es la manera de recuperar sino encontrar la gente que se haga cargo del resto del trabajo. Porque si no, no te queda energía para tocar.

    Digamos que se recupera de manera indirecta

    Sí; tocando, dando clases... el disco aquí no es una manera de ganar dinero pero sí un canal de difusión importante. Y también es el registro de los momentos que vas pasando. Así por lo menos es como está seteada mi cabeza ahora... Que venga un sello y te proponga grabar y correr con todos los gastos y que el músico se tenga que ocupar solamente por la música, le pasa a algunos en otro lugar; y aquí a muy pero muy pocos. En el jazz, al menos.

    ¿Cómo empezamos, cómo apareció el piano?

    En mi familia hay muchos músicos no profesionales. En la familia de mi mamá todos tocaban algo. Mi abuela el piano, mi abuelo la batería,  mi mamá cantaba, había un cellista... Mi abuela paterna tenía instrumentos en la casa. Y yo crecí rodeada de música. Genes había. Yo no sabía ni hablar y ya me sentaba al piano. Mi mamá era maestra jardinera y daba clases de música y expresión corporal. Sabía además tocar el piano y la guitarra y, mínimamente, escribir música. Entonces yo me sentaba con ella y repetía lo que ella tocaba. Y me quedaba todo memorizado. Sinceramente no sé a qué edad comencé. Es más, escribía cosas incluso...

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