• Zambayonny: Tu palabra contra la mía

    Intro, La incogible, Averiguá si cojo mucho, El campeón de las boludas, Las tres cosas de la vida, No me hables de amor, Cuando vengas a casa, Yo los considero mis hermanos, Amoxapina por joder, A mí me tenés que parar la verga a tiros (no me vengan a mí), Lunática, Virgen de mí, ¿Qué mierda hago en Tokio?, Mi amor están hablando mal de mí, El pijaflor, El whisky de Dios

    Músicos:

    Zambayonny: guitarra acústica y voz

    Independiente, 2008

    Calificación: Está bien

    Antes que nada, algo que aparece en el booklet del CD: "Tu palabra contra la mía fue grabado en la casa de Andrés Duprat durante el transcurso de una tarde completa, con el cálido acompañamiento de amigos que batían sus palmas, coreaban y pedían a los gritos sus preferidos dentro del extenso, variado y (ya no tan) secreto repertorio de Zamba. El sonido retiene las condiciones de ese momento, con murmullos y teléfonos rebotando entre paredes majestuosas y copas de vino: elegimos la crudeza y la intimidad porque todo, todo, todo no se puede tener".

    Ahora sí. Si leyeron el listado de temas, verán que hay muchas de las denominadas "malas palabras". Y por supueto que en las letras hay un fuerte correlato. No voy a caer en la remanida idiotez de que "malas palabras son hambre, miseria, guerra…" Sabemos de lo que hablo. De esas inocentes víctimas que las más de las veces se ven reemplazadas por puntos suspensivos para que todos leamos, sin ver, lo que quiso escribirse sin censura. Pero no quiero adentrarme en un terreno por el que otros han transitado con mayores y mejores armas: la palabra.

    El querido Negro Fontanarrosa, en el Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española, llevado a cabo en noviembre de 2004 en Rosario, provincia de Santa Fe, hizo una defensa irrebatible, sin par, imponente, de la que extraemos algún que otro párrafo:
    "…Yo me pregunto por qué son malas las malas palabras, quién las define como tal. ¿Quién y por qué? ¿Quién dice qué tienen las malas palabras? ¿O es que acaso les pegan las malas palabras a las buenas? ¿Son malas porque son de mala calidad? ¿O sea que cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿O, cuando uno las utiliza, tienen actitudes reñidas con la moral? (…) Tal vez nosotros, al marginarlas, las hemos derivado en palabras malas. Lo que yo pienso es que brindan otros matices, muchas de ellas. (…) No es lo mismo decir que una persona es tonta o zonza que decir que es un pelotudo. Tonto puede incluso incluir un problema de disminución neurológica realmente agresivo. (…) Lo que yo pido es que atendamos a esta condición terapéutica de las malas palabras. Mi psicoanalista dice que es imprescindible para descargarse, para dejar de lado el estrés y todo ese tipo de cosas. (…) Pido una amnistía para la mayoría de ellas".

    Zambayonny nació en Suiza, dicen. Y se vino a Buenos Aires siendo muy pequeño; se recibió de Psicólogo, actividad que abandona siendo mayorcito para dedicarse a la música y a la literatura. Es hincha de Olimpo (Bahía Blanca) y, en dos años y medio, editó 5 discos en forma independiente con la particularidad de que cada uno contiene 20 temas. El que nos ocupa, es el primer CD "oficial" o conseguible en algunas disquerías. Actuó en la fiesta de la gloriosa revista Barcelona, en The Roxy, The Cavern y fue telonero del Dr. Tangalanga en La Trastienda. Tiene listo otro álbum en estudio con (sí, adivinaron) 20 temas. Se llamará Salita negra.
    Llegamos a Tu palabra contra la mía de manera casual. Y, rápidamente, hubo enganche a lo Riquelme. Y mucha curiosidad también.
    Para quienes no tienen la menor idea de quién se trata (aunque hoy por hoy hay data fácilmente conseguible en internet), Zambayonny vendría a ser algo así como, si se me permite, una suerte de Tangalanga más Leo Maslíah dividido 1,7. Y… siempre es bueno considerar cierto margen de error…

    Y sí… Zambayonny es lo que en el barrio se catalogaría como un "mal hablado". Y si bien no es nuestra intención realizar una disertación al respecto, hay que reconocer, al menos, que el Zamba dice las cosas sin eufemismos, sin ridículos dobles sentidos, respetando métricas y rimas tanto asonantes como consonantes, que es buen guitarrista y cantante y que, además de ser gracioso, dice unas cuantas verdades.
    Pero la cuestión puteadoril es la más conocida y alabada del suizo/argentino donde hay mucho más de autocrítica que de "mirá qué guacho que soy"; No me hables de amor, con su única línea en 15 segundos, es una realidad incontrastable a la que me cuesta encontrar una mejor manera de decir. O Lunática, dedicada al "inútil barrilete de la Tierra, por qué ya no dejás las aguas quietas, rompés las bolas de los pescadores, sos el blanco de las pajas, de los que manotearon las rebajas, sos la eterna compañera, que no coge, ni calienta ni la prueba". A veces, Zambayonny es directo desde la primera línea; otras veces, como en Mi amor están hablando mal de mí, amaga con poética de alto vuelo y sensibilidad hasta que te ataca por la espalda. Porque la sensación que queda es la de un tipo cantando como si estuviera hablando en confianza con alguien, y con la certeza de que nadie más está escuchando. Zambayonny larga todo con un vocabulario realista y no apto para narices respingadas de gente que (en el mejor de los casos) ni transpira.

    La verdad es que prefiero detenerme en otro aspecto del hincha de Olimpo. Al más pulcro, el menos hilarante (aunque quién sabe) y más profundo (ídem anterior). Así llegamos a Cuando vengas a casa: "Cuando vengas a casa tengo para convidarte: sobras malas de buenos planes, empanadas de nada en la heladera, botellas casi nunca llenas, mujeres que estuvieron buenas, fotos con la lengua afuera, tu regalo sin abrir de nochebuena (…) Te estoy esperando de hace tanto tiempo que hay veces que me arrepiento y me vuelvo un hombre malo, resentido y solitario, pesimista y arbitrario, convencido y equivocado, depresivo y acabado. Cuando vengas a casa tengo para convidarte un aprendiz de violinista que me da una mano, o un compacto del pajero de Ismael Serrano, una noche entera de reloj parado, y otro compacto del boludo de Ismael Serrano, no sé por qué mierda es que tengo tantos, cuando me vaya al baño si querés robalos, creo que falta alguno que tengo prestado, hay un tema lindo, pero es del hermano."

    O bien, en Amoxapina por joder: "Podés sacarte una muela con tenazas, podés vaciarte sin saber tu vocación, podés pelear con los fantasmas de tu casa, podés chuparle la piedad al ganador; lo que no podés es saber de qué lado caerá la moneda".
    Las verdades de ¿Qué mierda hago en Tokio?: "¿Qué mierda hago en Tokio? Perdido y sin Yoko, rodeado de chinitos. Soy el muerto de un Nintendo, que ha perdido ya su orgullo (…) ¿Qué mierda hago en Tokio? ¿Dónde está la flor de Loto? ¿Donde está China Zorrilla? Es el Sushi de Palermo lo que acá comen los perros que no son naturalistas".

    Y el final del CD con El whisky de Dios: " No se sabe cuándo te están sacando la foto con la que mañana van a buscarte, cabeza blanca y negra de la manifestación, pide justicia a viva voz por todas partes. Y ese día, cuando partía el flash del adiós eternizando tu rostro insalvable, quién sabe en qué pensabas, digan whisky, dice Dios que ya comienza la función, que acaba tarde. Qué tragedia qué mala suerte, qué maldición, qué diría este renglón si estuvieras, quién sabe si la cuenta regresiva empezó al gatillarte en esa foto cualquiera".

    Como ven, no sólo de putedas vive el hombre.
    Que tiene lo suyo, sin dudas.
    Que me ha caído más que bien.
    Porque si bien el resultado del CD es desparejo, Zambayonny suena creíble, no forzado, ingenioso y (aunque para algunos resulte una contradición) bien hablado.
    Y en los tiempos que corren (vuelan) no es poco…

    Marcelo Morales

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