• Industrial Jazz Group: Leef

    Ladies and Gentlemen, And Go, Don't Let 'Em Getcha, PDX LIX LAX, My Guitar, Bongo Non Troppo, What's Industrial Jazz?, What's in Anne's Icebox?, The Job Song, The Hotdog Hat, Howl, Big Ass Preview, Richardson's Road Poem, Big Ass Truck, Fuck the Muck (part one), Fuck the Muck (part two), Big Ass Truck (radio edit), The Job Song (radio edit)

    Músicos:
    Andrew Durkin: dirección, piano
    Beth Schenck, Cory Wright, Evan Francis, Brian Walsh, Katarina Thomsen, Josh Sinton, Damon Zick, Dan Boissy, Ben Wendel: saxofón
    Phil Rodriguez, Dan Rosenboom, Andre Canniere, Kris Tiner: trompeta
    Wolter Wierbos, James Hirschfeld, Mike Richardson: trombón
    Oliver Newell: bajo
    Dan Schnelle: batería
    Jill Knapp: voz

    Evander Music, 2008

    Calificación: A la marosca

    Si no chocamos contra la razón, nunca llegaremos a nada (Albert Einstein)

    El Industrial Jazz Group es un ensamble extendido que lidera el compositor Andrew Durkin cuyos postulados artísticos y filosóficos permiten la confluencia del funk, el pensamiento crítico, el rock, la estética dada, el jazz, el humor absurdo, el pop, la sátira, el doo wop y unas cuantas cosas más. Esos elementos no han sido tontamente amontonados ni están apilados anárquicamente sino que dibujan un escenario conceptual al que ellos mismos denominan avant garde party music. En ese inexplorado territorio proyectan una enmarañada trama en la que abundan pistas falsas, trampas, acertijos, caminos cruzados, paradojas y salidas aparentes. A similitud de un juego de ingenio, la propuesta del Industrial Jazz Group requiere, para su debida comprensión, de lucidez, concentración y la implícita aceptación de un código basado en un sinfín de complicidades y supuestos, sin por ello apartarse de los solazados principios que distinguen a todo pasatiempo.
    En esencia, las palabras que componen el nombre de esta banda también son parte de esas paradójicas sensaciones e ingeniosos contrasentidos que subyacen en su ideario musical. El término “industrial”, como algo perteneciente o relativo a la industria, parece describir una posición exactamente contraria a la que ocupan, ya que su propuesta se manifiesta en forma independiente y a los márgenes de los preceptos tradicionales de la industria del entretenimiento. Tampoco la palabra “jazz”, al menos en conceptos de purismo musical, explica adecuadamente el alegato estético de la banda e incluso el término “grupo” que, aplicado a la música, es “un conjunto reducido de personas que interpreta piezas musicales”, no parece ser una sólida descripción para una banda que tuvo (y tiene) permanentes cambios en su formación y que suele tener una inestable cantidad miembros. El debut discográfico del Industrial Jazz Group se produjo en el 2001 con el álbum Hardcore. Un año más tarde editaron Industrial Jazz a Go Go!, en el 2004 hicieron lo propio con The Star Chamber y en el 2006 lanzaron City of Angles. Ahora nos llega su última producción: Leef.

    No quiero ser un aguafiestas pero le adelanto, aun a riesgo de develar el misterio antes de tiempo, que el álbum es admirable. Pero una vez más, y en lo que ya resulta marca registrada, el ensamble colectivo que conduce Andrew Durkin nos somete a un sagaz juego de simulaciones en donde las cosas no siempre son lo que parecen.
    En la cubierta del álbum, acompañando al título (Leef) aparece dibujada una hoja. Hoja en ingles se escribe leaf y no Leef y aunque su fonética sea similar, podemos intuir claramente que no se trata de un error ortográfico o de imprenta. En su mayor parte Leef (el álbum) fue grabado en vivo en el Bimhuis de Amsterdan, Holanda. Siguiendo las pistas y en un esfuerzo deductivo que empalidecería a Sherlock Holmes, llegamos a descubrir que Leef en holandés es “live” o sea, “vivo”. ¡Excelente! Asunto resuelto. ¡Ah! Me olvidaba decir que también la palabra “leaf”, en el diccionario urbano estadounidense, es sinónimo de excelente. Para completar el rompecabezas digamos que Leef es un álbum “casi” en vivo, ya que en realidad es un híbrido de la actuación de la banda en el Bimhuis ya mencionada, más otros pasajes grabados por Michael Kramer en el Woftone Studios de la ciudad de Sherman Oaks y registros diversos producidos por el grupo durante el período 2004-2007. En síntesis: un concepto de álbum en vivo muy cercano al formulado por Frank Zappa en Sheik Yerbouty de 1979.

    Todo esto termina configurando un laberinto intencionadamente complejo para confundir a quien se adentre en él, pero que en lugar de tener un único camino correcto y varias vías sin salida como en un laberinto tradicional, permite a cada oyente desarrollar su propia estratagema para encontrar la salida.
    El laberinto debe su nombre a la legendaria construcción que diseñara Dédalo a pedido del Rey Minos de Creta para mantener preso a su hijo Minotauro, monstruo mitad hombre y mitad toro. O sea: hombre por parte de padre y monstruo por parte de madre. Pese a la complejidad del diseño pergeñado por Dédalo, Teseo logró llegar al centro del laberinto y dio muerte a Minotauro. El heroico acto de Teseo contó con la invalorable ayuda de Ariadna, la hermana de Minotauro. Aclaremos que Ariadna no era un monstruo pero, según dicen, tampoco era gran cosa. Además… ¿a quién le puede gustar ser cuñado de un minotauro? Es terrible, se lo digo por experiencia…
    Los laberintos se dividen en varias categorías de acuerdo a la forma en que han sido construidos. Por ejemplo, el laberinto clásico tiene un diseño muy sencillo y forma ovoide. Es tan simple, que salir de él no cuesta un ovo. Después esta el laberinto romano que es cuadrado, como todos los romanos. También están el complejo laberinto ruso en el que uno se vuelve Putin tratando de salir o el laberinto griego, que al final tiene una salida en forma de Y. De Y griega, por supuesto. Sin dejar de mencionar al laberinto argentino del cual sólo se puede salir por el aeropuerto.
    Creo que me perdí… Bueno… es lógico… ya que básicamente los laberintos son para eso.

    Andrew Durkin, quien pese a tener un doctorado en literatura inglesa se autoproclama pseudo-intelectual, no diseñó este laberinto llamado Industrial Jazz Group para ridiculizarnos o dejarnos colgados de una rama como un chimpancé o para que nos comamos los mocos en posición fetal mientras admiramos su chispa y perspicacia. Por el contrario, nos invita a sumergirnos en ese mar de complicaciones con el ánimo de que agudicemos el ingenio desde una perspectiva lúdica. Y no lo veo mal.
    Ladies and Gentlemen es una presentación de la banda en tono operístico que, recurriendo al absurdo, nos advierte: “espero que ellos les gusten pero dudo que lo hagan”. El falso inicio se prolonga en los escasos 15 segundos que dura And Go, así que en términos musicales la apertura del álbum recién se produce con Don't Let 'Em Getcha. Un desopilante dibujo armónico que incluye la atrapante rítmica del soul, el concepto más refinado del pop y transitorios fragmentos de free jazz que, inesperadamente, desembocan en un terreno próximo a la estética utilizada en los soundtracks de animación infantil. PDX LIX LAX ofrece una despiadada métrica a contratiempo de extraña precisión y bombástico despliegue armónico.

    El álbum Leef, además, incluye una serie de breves inserciones que hacen las veces de separadores entre tema y tema. En My Guitar hallamos un nene canturreando, en What’s Industrial Jazz? un interrogante sin resolver, en The Hotdog Hat un cantico de agradecimiento y en Big Ass Preview murmullos y ruidos callejeros.
    A partir de un interludio vinculado con los principios fundantes de la ópera emerge Bongo Non Troppo, cuyo agitado derrotero describe una parábola que pasa por el jazz, incluye un pasaje en piano deliberadamente empalagoso y termina diluyéndose en una melodía de pueril estructura. What's in Anne's Icebox? es un collage de fracturas armónicas que con abrumadora naturalidad les permiten incorporar desde elementos provenientes de la música de Los Balcanes hasta frases de La Cucaracha. The Job Song es una parodia sobre el trabajo en la que brilla la cantante Jill Knapp quien, con su frescura y expresividad, ofrece una adecuada aproximación a las cáusticas letras de Durkin. El controlado caos de Howl tiene, en su primera parte, un carácter cinemático con reminiscencias de las composiciones que aportara Michael Nyman en algunos filmes de Peter Greenaway, para luego adquirir el sórdido vocabulario de la música de cabaret. Richardson's Road Poem es un contacto poco feliz con la poesía, pero esto se compensa rápidamente con el poderoso Big Ass Truck y sus merecidas pretensiones de hit single. Fuck the Muck (part one y part two) proponen un viaje lleno de humor y sorpresas que, desde la estética del jazz, reúne con idéntico desprejuicio y convicción un sinnúmero de melodías reconocibles. El último chiste es la inclusión de versiones de Big Ass Track y The Job Song especialmente editadas para su promoción radial.
    Leef, como en el laberinto soñado por Borges en La Casa de Asterion, genera más preguntas que respuestas y nos lleva a pensar, que en la vida, debemos tener confianza en nosotros mismos para hallar la salida, ya que siempre hay puertas abiertas.

    La confianza, como el arte, nunca proviene de tener todas las respuestas, sino de estar abierto a todas las preguntas (Wallace Stevens)

    Sergio Piccirilli

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