• Darcy James Argue

    La creatividad es un potencial que se puede desarrollar, entrenar y hacer evolucionar. La creatividad no puede enseñarse, al menos no a través de mecanismos pedagógicos tradicionales, pero sí es posible desbloquearla generando un entorno que la estimule, aliente o motive. La creatividad no aparece de manera súbita ni por generación espontánea. No es accidental ni casual sino un proceso continuo en el que se van agregando pequeñas ideas nuevas a ideas previamente existentes. Los actos creativos, sobre todo en el campo del arte musical, se consuman en la obra una vez concluida; pero su jerarquización estética no siempre involucra (e incluso tal vez no deba hacerlo) la valoración de los esfuerzos y sacrificios que permitieron al artista transformar una idea en un “objeto” de arte. Cuando hablamos de los sacrificios que enfrenta un artista no sólo nos referimos a cuestiones, en apariencia banales, como sufrir penurias económicas o eludir la tentación de abandonar la independencia artística para obtener beneficios pasajeros, sino también a los rigores de la capacitación, la constancia en la incorporación de conocimientos técnicos, la percepción multidireccional para procesar diversas informaciones en forma simultánea y la adopción de métodos organizativos que permitan que las ideas se conecten, asocien y expandan de manera creativa.

    Aquellos que hemos escuchado Infernal Machines, álbum debut de la Darcy James Argue’s Secret Society, seguramente coincidiremos en que se trata de un símbolo actualizado de la creatividad aplicado al arte musical ya que explora innovadores territorios sonoros partiendo del supuesto anacronismo instrumental de una big band. Haciendo que converjan de manera imaginativa, con solvencia, claridad y exuberante elegancia, conceptos enraizados en la tradición del jazz fusionados de manera natural con un amplio abanico de géneros musicales asociados al nuevo milenio. No obstante no faltará quien, al considerar que se trata de un álbum debut, piense que Infernal Machines fue producto de la casualidad o un rapto de inspiración circunstancial. Aunque está claro que sólo el tiempo será el factor que determine la perdurabilidad de la obra, sería ingenuo de nuestra parte pensar que la naturalidad, fluidez y claridad de conceptos musicales manifestadas por Darcy James Argue sean producto de un simple arrebato de imaginación o que en ese ejercicio imaginativo estén ausentes el trabajo, incontables sacrificios y un riguroso compromiso por capacitarse para el desarrollo de una disciplina artística.

    Darcy James Argue nació en Vancouver, Canadá y fue un activo miembro de la escena de jazz de Montreal. Después de estudiar con el legendario trombonista y compositor Bob Brookmayer, Argue se mudó a New York, ciudad en la que reside en la actualidad. Desde 2005 ha liderado el ensamble de 18 piezas denominado Darcy James Argue’s Secret Society, proyecto que se ha convertido en un constante animador de la escena de jazz neoyorquina. El elogiado debut discográfico del ensamble tuvo lugar a comienzos de 2009 con el ya mencionado Infernal Machines, trabajo en el que confluyen la tradición del jazz orquestal representado por Thad Jones, Gil Evans y Charles Mingus, el post-modernismo aplicado a formatos extendidos que se manifiesta en la Maria Schneider’s Orchestra, el Django Bates’ Delightful Precipice y el John Hollenbeck’s Large Ensemble, aspectos heredados del post-rock a la manera de Tortoise y Explosion in the Sky y una refrescante relectura del minimalismo de Steve Reich.

    Darcy James Argue tiene además una rigurosa formación académica. Ha estudiado con Bob Brookmayer, Maria Schneider y John Hollenbeck. Es egresado del New England Conservatory, en donde tomó clases con el renombrado compositor y multi-instrumentista George Russell. Estudió orquestación con Lee Hyla y Randy Woolf y participó, bajo la dirección de Jim McNeely y Michael Abense, en el BMI Jazz Composer Workshop. Ha trabajado con ensambles europeos como la Frankfurt Radio Big Band y la Colonia Contemporary Jazz Orchestra, colaboró con la cantante Joy Askew, el guitarrista John Abercrombie y el trompetista John McNeil; ha sido arreglista de la Atlanta Symphony Orchestra en la serie de conciertos que ofrecieran junto a Lizz Wright, Shelby Lyne y la Klezmer Conservatory Band y fue comisionado por la Symphony Jazz Orchestra de Los Angeles para componer la obra The Golden Age. También ha recibido becas del American Music Center, Meet the Composer, la Aaron Copland Fund for Music y el Canada Council for the Arts, entre otros. Darcy James Argue compartió con nosotros sus opiniones, ideas, conceptos e historias y lo hizo con la misma claridad, fluidez y luminosidad que se manifiesta a través de su música. Disfrútelo…

    Los críticos han elogiado tu originalidad para fusionar estilos: tradiciones y géneros modernos, sonidos electrónicos y acústicos, mainstream y avant-garde. Cuando uno escucha Infernal Machines parece que esa innovadora fusión surge de forma natural; ¿cómo creés que encaja tu música en la tradición del jazz?

    Por supuesto, el jazz comenzó siendo una música híbrida desde el principio. Los músicos de jazz que más admiro siempre han estado trayendo y adaptando nuevos sonidos e ideas, sin importar si proceden del jazz o de algún otro lugar fuera de él. Por ejemplo, cuando bandas de Seattle como Nirvana y Soundgarden fueron un éxito, yo era un adolescente viviendo cerca de Vancouver, de modo que ese sonido está en mi sangre y aparece en mi música de maneras impredecibles, sea consciente de eso o no.

    Tu música suena muy fluida, casi como si una idea fluyera en otra de manera casual. No suena forzada sino muy natural. ¿Considerás que eso proviene del hecho de ser disciplinado en la escritura de la música?

    El sentido de la fluidez, el flujo casual, es muy importante para mi música; pero en realidad es una ilusión extremadamente difícil de conseguir. Si observás a Roger Federer moviéndose en la cancha de tenis, te das cuenta que él hace que todo parezca fluido, elegante y fácil. Uno no está viendo en ese momento los, literalmente, incontables años de ejercicios, entrenamientos con pesas, acondicionamiento y experiencias acumuladas que permiten alcanzar ese nivel de maestría. Es lo mismo en la música.

    Una de las metas de un auténtico artista es encontrar su propia voz. En ese sentido me gustaría preguntarte si estás haciendo algún esfuerzo especial para que tu música suene diferente. ¿Es ésa una de tus prioridades?

    No he hecho ningún tipo de esfuerzo especial en pos de “la búsqueda de mi voz personal” (enfatiza), más allá del hecho de haber decidido desde un principio que no me preocuparía porque mi música encajara bien en categorías pre-existentes como el mainstream, el avant-garde, etc. Escucho un montón de música diferente y trato de mantenerme abierto a ser influido por todas ellas, sin ninguna clase de autocensura. No pienso conscientemente en desarrollar un estilo en particular o en establecer una identidad artística determinada. No creo que eso pueda forzarse ya que pienso que la identidad es algo que simplemente proviene de ser honesto con uno mismo. De otra manera el resultado será artificial, afectado.

    En algún momento has descripto tu música utilizando un concepto del movimiento literario llamado steampunk*. ¿Podrías explicarme cómo ese concepto se aplica a tu música?

    (*) El steampunk es un subgénero de fantasía y ciencia ficción usualmente ambientado en la era victoriana en el que aparecen inventos tecnológicos ficticios u otros que serían realidad muchos años después.

    Steampunk consiste esencialmente en re-imaginar un pasado no muy lejano, a menudo ubicado en el período de la revolución industrial que actúa como una manera de comentar sobre la actualidad. Probablemente el más famoso ejemplo de esto podría ser The League of Extraordinary Gentleman, la novela grafica de Alan Moore y Kevin O’Neill ("La Liga de los Caballeros extraordinarios" es una serie de comics creada por Alan Moore e ilustrada por Kevin O’Neill que reúne varios personajes míticos ambientados en la Era Victoriana, en una trama de misterio y aventuras), aunque también se podría argumentar que Against the Day (novela de Thomas Pynchon) tiene un fuerte elemento de steampunk. Si lo pensás bien, el jazz de big band es un ejemplo de una anticuada y anacrónica tecnología musical. Surgió para atender una necesidad especifica: la de tener una orquesta que pudiera llenar un gran salón de baile con su sonido durante los tiempos de la pre-amplificación. Sin embargo, se ha conservado más allá de su fecha de vencimiento por la resistencia de un puñado de leales entusiastas. Es algo así como los coleccionistas de autos antiguos, los radioaficionados o la fotografía con viejas cámaras estenopeicas, etc. En lo que se refiere al público en general, el término big band evoca inmediatamente al sonido y la cultura estadounidense de 1930, cuando las grandes bandas dominaban completamente la música popular de aquellos días. Así que lo que estoy tratando de hacer con Secret Society es, básicamente, tomar esa anticuada instrumentación, con todas esas asociaciones pasadas de moda y recrearla a través de un ensamble de música de avanzada.

    Durante el siglo pasado se ha debatido extensamente si la música era un arte mimético o no. ¿Sentís que tu música “re-presenta” algo más que sonidos? Me refiero a sentimientos, visiones, ideas, estados de las cosas, etc. Si no es así, ¿cuál es el rol que cumplen las referencias exteriores a la música reflejadas en algunos de los títulos de tus composiciones?

    No estoy literalmente tratando de imitar o representar sentimientos específicos o algo como eso. Pero me parece que la música es siempre una comunicación emocional, sea ésa la intención de sus creadores o no. No creo que exista una cosa tal como “música absoluta”, que no represente nada fuera de sí misma. Los títulos y las historias dentro de mis piezas son, al menos eso espero, atisbos de una mentalidad creativa y tienen la intención de darle al oyente una idea de lo que la obra significa para mí, otorgándole un marco de referencia para acercarse a la música.

    ¿Encontrás en la música un factor político? ¿Puede la música cambiar una sociedad o un sistema de gobierno?

    Cada acción tiene consecuencias políticas. Hacer deliberadamente “música no política” es una elección política en sí. Como artista, siento mi trabajo como una forma de comprometerme con el mundo en que vivo. Por lo tanto mis sentimientos sobre el mundo, necesariamente, van a surgir en mi música. Obviamente, no soy tan ingenuo como para pensar que la música por sí sola tiene el poder para generar los cambios. Es por eso que me mantengo activo en otras formas más directas, escribiendo cartas, golpeando puertas y esa clase de cosas. No obstante, la música puede ser ciertamente una fuerza unificadora importante. Basta pensar en canciones como We Shall Overcome (en español "Venceremos", es una canción de protesta que se convirtió en un himno del Movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos) o El Pueblo Unido jamás será Vencido (una de las canciones de protesta más famosas de la historia, compuesta por Sergio Ortega y el conjunto chileno Quilapayún)

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