• David Sylvian: Manafon

    Small Metal Gods, The Rabbit Skinner, Random Acts of Senseless Violence, The Greatest Living Englishman, 125 Spheres, Snow White in Appalachia, Emily Dickinson, The Department of Dead Letters, Manafon

    Músicos:
    David Sylvian: voz, teclados, guitarra acústica, electrónicos
    Burkhard Stangl, Keith Rowe, Tetuzi Akiyama: guitarras
    Werner Dafeldecker: contrabajo
    Michael Moser, Marcio Mattos. cello
    Christian Fennesz; guitarra, laptop
    Toshimaru Nakamura: no-input mixer
    Otomo Yoshihide: bandejas
    John Tilbury: pian
    Evan Parker: saxo
    Joel Ryan: signal processing
    Franz Hautzinger: trompeta
    Sachiko M: sine waves

    Samadhisound, 2009

    Calificación: Dame dos

    El escritor Ronald Stuart Thomas, más conocido como R. S. Thomas, nació en Gales el 29 de marzo de 1913 y falleció el 25 de septiembre de 2000. Se lo considera uno de los poetas más famosos de su país. También fue un clérigo anglicano pero de esos discutidores, inconformistas, removedor de avisperos, molestador profesional. Asistió al University College of North Wales; en 1936 completó sus estudios teológicos en el St. Michael's College, Llandaff y fue ordenado sacerdote en la Iglesia de Gales. Casado y con un hijo, la familia Thomas jamás se apartó de la austeridad, por propia decisión de R. S. Aunque el matrimonio rara vez se comunicaba entre sí, pudiendo decirse que sólo intercambiaban algunas palabras a la hora de la ingesta. Y probablemente en la alcoba, digo… algún que otro epíteto habrán vertido…

    Thomas se consideraba un pacifista, pero también supo apoyar causas violentas amparándose en justificativos atendibles. ¿Atendibles? Lo cierto es que Thomas era un tipo de convicciones nada endebles; en sus sermones no dudaba en condenar reiteradamente a los elementos modernos de entonces, sosteniendo que alejaban a los humanos de sus necesidades espirituales. Así las cosas, no dudó en catalogar a televisores, heladeras, lavarropas y alguna que otra laptop (¡?) como demoníacos.
    R. S. Thomas se preguntaba cosas esenciales como "¿para qué es la vida?"; "¿en qué transformarán estos aparatos a nuestras almas?" La respuesta no se encuentra aún en Google.

    Pero no es nuestra intención ahondar en la vida del galés ni mucho menos. Pues… ¿y entonces? Que Don Thomas fue, entre 1942 y 1954, rector en Manafon, lugar donde publicó sus primeros tres volúmenes de poesía: The Stones of the Field, An Acre of Land y The Minister.
    Y Manafon es el título del nuevo trabajo discográfico del cantante inglés David Sylvian.
    Y no ha sido por mera casualidad. Tampoco porque haya musicalizado textos de R. S. Thomas. Tampoco fue el escritor una "influencia directa" para el cantante. Simplemente… la palabra: Manafon. ¿Simplemente?

    David Sylvian nació en 1958 y fue el líder de Japan, banda de glam rock conformada por su hermano Steve Jansen (no se rompan el coco, el nombre real de Sylvian es David Alan Batt) y dos compañeros del colegio: Mick Karn y Richard Barbieri. Debutaron discográficamente en 1978 con Adolescent Sex y cinco años después el epitafio sería con el álbum en vivo Oil on Canvas. En la carrera del cantante, luego se sucederían varios trabajos junto con el tecladista japonés Ryuichi Sakamoto, la sociedad con el guitarrista Robert Fripp, con Holger Czukay y siempre estuvo involucrado en los proyectos de sus compañeros en Japan. Y viceversa.

    Su carrera solista comenzó en 1984 con Brilliant Trees, un quiebre abrupto en relación a Japan; pero fueron Gone to Earth (1986) y (si se me permite, fundamentalmente) Secrets of the Beehive (1987), los discos que mostraron el real potencial vocal y artístico de un músico intimista, un compositor realmente interesante, profundo, comprometido con su arte.
    Luego vendrían otros álbumes, algunos más logrados que otros; y el detalle, en 1991, de Rain Tree Crow, disco en el que Japan se reuniría pero bajo la tutela indisimulable del Sylvian solista. Que tempranamente se interesó por las texturas sonoras, los efectos, los procesadores, los samplers y los electrónicos. Sylvian ha ido probando y, generalmente, acertando. Irreprochable su propuesta desde lo estético y desde la intención. No siempre bien plasmada. Pero se ha ganado un respeto mayúsculo entre sus pares. Y entre sus impares… también.

    Con el tiempo, el inglés ha sabido incorporar a su música elementos de distintos estilos: la new wave, el rock progresivo (o sinfónico), el jazz, el ambient, la psicodelia, el avant-garde, la música oriental-no-uruguaya… Todo modificado, procesado, arreglado, producido de tal manera que siempre estuvo presente su sello. Hablando de sello… en el año 2003, con la edición de Blemish, Sylvian inauguró su propio ídem discográfico: Samadhisound. El álbum, de neto corte intimista, parece ser el eslabón inmediatamente anterior a Manafon. Dicho de otra manera, Manafon viene a continuar el camino exploratorio iniciado en Blemish. Seis años después y con varios álbumes entre sí, como Snow Borne Sorrow y Money for All, por ejemplo.

    La diferencia principal entre los dos discos es que en Blemish, el inglés se encerró en su estudio durante seis semanas y los aportes instrumentales o sonoros, a cargo de Christian Fennesz y Derek Bailey, le llegaron vía internet. En cambio en Manafon, Sylvian parece haber regresado al concepto de "banda", lo que le brinda un toque más "humano", si bien los distintos efectos y sonidos surgidos desde las bandejas y los electrónicos aparecen por doquier.
    Donde sí hay una continuidad explícita es en el tratamiento global del CD. La calma, tensa (muy tensa por momentos) permite apreciar un sinnúmero de detalles sonoros surgidos a través de cada uno de los instrumentos. Que se van confundiendo, fundiendo, entrelazando, en algunos casos "invasivamente", al punto de no poder reconocer si lo que se escucha proviene de un cello, una guitarra, un pedal o un mueble arrastrado.

    David Sylvian es un gran letrista, además. No sólo por lo que dice sino por cómo lo dice. Y el léxico que utiliza supera con creces a la media. Manafon es un claro ejemplo de ello, pero también significa la ratificación (otra) de que estamos frente a un artista en permanente búsqueda, arriesgando a cada paso e intentando decir cosas nuevas de una manera diferente. Los 9 temas que componen el álbum bien podrían ser las partes de una suite en la que el minimalismo y el ascetismo ganan la batalla. Porque los aportes tanto del saxofonista Evan Parker, como de Christian Fennesz u Otomo Yoshihide, o de los cellistas Moser y Mattos, del pianista John Tilbury y de todos en general (músicos que provienen de distintos estilos y, en principio, de improbable amalgamación), están al servicio de la propuesta clara, compleja, insobornable del líder.

    Que además está cantando decididamente bien y que ha logrado un álbum que requiere de un compromiso y atención del oyente poco frecuentes. Lo ideal es la audición con auriculares. Porque olvídense de ponerlo de fondo en una reunión familiar. Manafon parece poseer un halo mágico que envuelve al oyente (al menos al interesado) hasta abstraerlo de todo aquello que lo circunda. Un mérito casi rayano en el anacronismo. Una apuesta fuerte de un músico que, al igual que R. S. Thomas, da la sensación de haber optado por su propio camino, independientemente de lo que las tendencias masificadoras intenten imponer como sea.
    David Sylvian reserva el track final, Manafon, para realizar una suerte de retrato del escritor. Y es un retrato parcial, arbitrario, comprensivo y para nada complaciente. Como si el espíritu del músico y el poeta se hubieran fundido. Logrando, para los tiempos que corren, un verdadero y necesario milagro artístico.

    Marcelo Morales

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