• Sicomoro: Sicomoro

    Balvina, Rosa, Sicomoro, Opus 11 Nº 2, Canción para Ema, Indiecitos, I Will Love You Some Day (May Be), Canción para Pepi, Bajo el influjo del sol y la luna.

    Músicos:
    Sergio Verdinelli: batería
    Patricio Carpossi: guitarra
    Ernesto Jodos: wurlitzer, piano, órgano Hammond, minimoog

    Buri, 2009

    Calificación: Dame dos

    Según se aclara en el booklet del CD, el "Sicomoro (del lat. sycomŏrus, y este del gr. σῦκον, higo, y μόρος, moral), es una planta de la familia de las Moráceas, que es una higuera propia de Egipto, con hojas algo parecidas a las del moral, fruto pequeño, de color blanco amarillento y madera incorruptible, que usaban los antiguos egipcios para las cajas donde encerraban las momias".
    Y metidos en un baile que nos gusta, aclaramos que también se lo denomina "plátano falso". Todo esto, según la señora R.A.E. (la Real Academia Española, aunque se sabe desde hace un rato largo que la Real Academia es de Avellaneda).

    Su tronco (el del árbol, no el de la Academia… que tenemos varios…) se divide muy cerca del suelo y esta división no sube en altura, lo que ahora hace que entendamos cómo fue que el petiso Zaqueo (vaya nombre para un recaudador de impuestos) pudiera subir a uno para poder divisar a Jesús.
    Al respecto (por si no me cree), en el Evangelio según San Lucas se narran las peripecias de este chichón del suelo, leñador de bonsái, acquaman de pecera, mascota de pitufo y otredades comunes de la época entre la gente envidiosa y de baja condición (y que no pagaba impuestos… ¡porque no estaba Macri!): "…Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos y rico, procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura. Y corriendo adelante, subió a un árbol sicomoro para verle; porque había de pasar por allí…" La historia de este pecador, que para ver al Mesías osó subirse a un árbol que se lo consideraba "sucio" ya que con sus frutos se alimentaba a los cerdos, tiene un final feliz. Al divisarlo, Jesús le dice que va a hospedarse en su casa. Zaqueo, incrédulo, se redime prometiendo que dará a los pobres la mitad de lo que tiene y que, si había defraudado a alguien previamente, le daría el cuádruple.

    El Ficus Sycomorus no debe ser confundido con el Acer Pseudoplatanus (que se lo encuentra por Europa) ni con el Platanus Occidentalis (originario de Norteamérica). El habitat natural de nuestro Ficus Sycomorus podemos ubicarlo en Siria, Egipto, Sudán y parte del África Tropical; su tronco es amarillento, su altura ronda los 20 metros, su fruto es comestible y su madera es apreciada por su resistencia. Justamente, su relevancia mayor pasa por el uso que se le da como material de construcción y la elaboración de muebles; incluso ha sido utilizado para escultura. En la antigüedad, los egipcios lo veneraban al punto de que en algunos monumentos el Fycus Sycomorus ha sido representado con campesinos rodeándolo fervorosamente, entregando su devoción y ofrendándole frutas, verduras y jarras de agua.
    Hay mucho más, por supuesto, pero sabemos ponerle coto a nuestra erudición.
    De nada.

    Antes de que me interrumpiera poniéndonos a prueba (y así le fue…), estaba por comentarle que Sicomoro es el título del CD que el trío homónimo acaba de editar por intermedio del sello Buri. El grupo está integrado por Sergio Verdinelli (batería y liderazgo), Ernesto Jodos (piano y teclados) y Patricio Carpossi (guitarra eléctrica). El baterista, que al igual que en su debut (Primo) no firma los discos con su apellido sino con el nombre de la banda, presenta su segundo opus que se diferencia claramente de su antecesor ya desde su integración: trío en lugar de cuarteto, no hay saxos (Rodrigo Domínguez) ni bajo (Mariano Otero) y Carpossi ocupa el lugar que en Primo ocupara Juan Pablo Arredondo.
    Debo decir de antemano que, a priori, toda aventura sonora en la que esté inmerso Sergio Verdinelli me interesa. No solamente por los proyectos en los que se involucra sino por su manera de encararlos. Hay muy buenos bateristas en el jazz argentino; pero este "koala que la rompe" según Spinetta, ha marcado un camino a seguir basado en su técnica, compromiso, humildad, profesionalismo e inventiva. Así es que podemos encontrarlo en grabaciones de los músicos más importantes del jazz local de los últimos años, pero también ha incursionado en el folclore con Mariana Baraj y, en el rock, siendo miembro estable de Illia Kuryaki and the Valderramas, acompañando durante tres años a Fito Páez y formando parte del actual grupo de Luis Alberto Spinetta desde 2004. Como docente, forma parte de la Escuela de Música Contemporánea Buenos Aires Berklee y se desempeña como Jefe de Cátedra en la Carrera de Tecnicatura de Jazz en el Conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires Manuel de Falla desde el año 2006.
    Su proyecto solista comenzó a delinearse en 2002, siempre bien acompañado. En 2005 debutó como líder con el mencionado Primo; y debimos esperar cuatro años hasta la aparición de Sicomoro. Por supuesto que, entre ambos discos, se cansó de tocar, ensayar y grabar con infinidad de colegas.

    Si usted está pensando en el típico disco de un baterista en el que los tambores lo apabullan y los platillos lo ensordecen, es porque no conoce usted a Verdinelli. Que cuando hay que energizar, energiza; pero su búsqueda personal es más intimista, reflexiva, profunda.
    Adivinó: Sicomoro (el grupo) no te la hace fácil.
    Afortunadamente.

    Porque Sicomoro (el CD) no es fácil de comentar; esto, dicho luego de varias escuchadas donde cada una brindó mayor placer que la anterior. Le comento algo: cuando uno está realizando un review como el que me/le/nos ocupa y sin que uno lo note el álbum termina y vuelve a comenzar y vuelve a terminar y a comenzar y el interés no decae y en principio (abstraído en las letritas) uno cree que el CD es larguísimo, algo está funcionando realmente bien. Máxime en estos tiempos sin tiempos donde todo es veloz y la tentación del picadito, el fast forward y etcéteras están, más que a la mano, al dedo.

    Balvina deja claro, desde el inicio nomás, que si algo estará presente en el disco es el espacio, el aire, el oxígeno. Luego de una intro en percusión y teclado y un breve dueto entre Jodos y Carpossi, el tema despega hasta emparentarse levemente con el rock; Carpossi realiza un solo de jazz mientras Verdinelli parece practicar una base apta para el folclore alternativo (¡horror!). La combinación, que cuenta además con un ubicuo aporte de Jodos, funciona de perlas. El baterista impulsa a sus compañeros hacia adelante hasta que Carpossi toma el rol de bajista propiciando otra atinada intervención de Jodos.
    El propio tecladista marca el inicio de la balada Rosa; el Hammond domina la escena de manera no invasiva permitiendo apreciar las sutilezas de Carpossi y el soberbio trabajo de Verdinelli con escobillas. Sicomoro (el tema), en cambio, asoma en sus dos minutos de duración como un reggae espacial (si se me permite), gracias a las bondades del tecladista y a los efectos emanados desde la guitarra.

    El trío se sumerge, de pronto, en una aventura atípica y riesgosa: el Opus 11 Nº 2 del austríaco Arnold Schoenberg, que forma parte de Tres piezas para piano Opus 11, una de las primeras obras de su época atonal. Sus más de diez minutos de duración dejarían, a no dudarlo, conforme al fundador de la música dodecafónica. Jodos (responsable del arreglo) se mueve aquí como pez en el agua, como un pez astuto, resbaladizo, apetecible. Notable relectura.
    Canción para Ema es otra balada apuntalada desde el comienzo por el sonido prístino de Carpossi. La soberbia grabación permite apreciar las sutilezas de Verdinelli, que parecen no tener fin. Hay correlato en Jodos, cuyo aporte no abandona el carácter introspectivo hasta que el trío, atinadamente, se adentra en territorios más complejos e intrincados hasta dar paso nuevamente al sendero reflexivo de origen. Distinta es la historia en Indiecitos, composición del tecladista con fuerte influencia del período que Miles Davis explorara en los '70. Verdinelli no muestra indecisión sino una gran variedad de recursos y Carpossi sabe cuándo hay que apretar pedales y cuándo no. Luego de un pasaje falsamente épico, Indiecitos vira hacia un ¿blues? arrastrado con el guitarrista reiterándose en su intervención hasta la coda final. Justamente al guitarrista pertenece I Will Love You Some Day (May Be), una composición relajada que aparece como poco atractiva hasta que Carpossi (lo dijimos) se decide a ensuciar la cuestión. Notable dueto junto con Verdinelli que sirve de puente a un pasaje en el que el trío se relame. El no exceso de instrumentación permite apreciar que todo está en su lugar. Tal vez sobren un par de minutos. Tal vez estemos tan acelerados…

    Canción para Pepi (obviamente, Taveira, profesor de Verdinelli cuando éste tenía 10 años) no es un alegato portentoso ni con inserciones de música africana. Verdinelli compuso desde el afecto y hacia la persona… y se nota. No sorprende tanto pero permite apreciar la cohesión el grupo y las (sutiles) bondades instrumentales de los integrantes.
    El final es con Bajo el influjo del sol y la luna. Jodos en piano demuestra una vez más ser un todo terreno. Verdinelli lo apoya con maestría. Carpossi espera su turno y aparece de a poco; pero sus efectos cobran relevancia cuando la composición se somete a una meseta casi minimalista del que despegan en plan terrorista contenido al principio y desatado a posteriori, proporcionándole al álbum un final potente y liberador.
    El disco vuelve a comenzar con Balvina, que… perdón… ¿no les dije?
    Ah… antes de olvidarme… el arte, a cargo de Federico Colletta, es una maravilla…

    Sergio Verdinelli, a cuatro años de su álbum debut, tiene en Sicomoro un registro que lo enaltece como compositor, instrumentista y líder. Ha contado con el aporte y la complicidad de dos músicos involucrados de lleno en el proyecto y se nota. Grabado en julio de 2008, su música suena y sonará fresca, pero requiriendo (nunca exigiendo) un fuerte compromiso auditivo por parte del oyente.
    Sergio Verdinelli es, como el Sicomoro, de madera dura y maleable.
    Y, al igual que la historia referida a Zaqueo, nos facilita el ascenso a este Sicomoro para, así, poder ver más allá.

    Marcelo Morales

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