• Aureliano Tango Club: Cerrás los ojos

    Inmune, Pavura, Milonga para una niña, Cada vez que me recuerdes, Lo llamaban Serafín, Cerrás los ojos, Oro y plata, El milagro, Calle Rincón, Milonga en la 31, Miedo


    Músicos:

    Aureliano Marín: voz, guitarra criolla, guitarra eléctrica, contrabajo

    Esteban Ochoa: piano, teclados, programación, acordeón, coros

    Martín Rovaretti: batería, cajón, percusión, coros

    Invitados:

    Pablo Jaurena: bandoneón en Inmune

    Mirko Dellacasagrande: voz en off en Cada vez que me recuerdes

    Coro de M.U. de Neuchátel: voces y ambiente en Milonga en la 31

    Epsa, 2010

    Calificación: Dame dos

    Hay una frase que ya no sé si la inventé, la copié, la robé, la soñé o vayaunoasabé(r).
    Lo cierto es que me gusta y mucho, en particular porque dicha de sopetón, de un saque, sin decir “agua va”, deja al otro (u otra) momentáneamente silenciado, lo justo como para uno levantar los brazos, dar las hurras y retirarse victorioso de alguna disputa lingüística. La frase en cuestión: “no hace falta ir al cielo para saber que es celeste”.
    Ya sé, no me lo diga porque ya lo sé: la frase hace agua por todos lados; no obstante créame que impacta, que al menos deja pensando o intentando encontrar el sentido o buscando el yerro en el enunciado, pero la reacción llegará tarde.
    Por supuesto que no hay manera de saber de qué color es el cielo. Además… de acuerdo al día, bien puede no ser celeste lo que uno ve. Y… ¿quién se va a sacar un pasaje al cielo para verificarlo? Se sabe de las crisis de las aerolíneas…
    Esto viene a cuento de que si usted hace una encuesta entre la gente que no conoce al Aureliano Tango Club, le aseguro que por amplia mayoría obtendrá usted la respuesta de que el trío se dedica a hacer tango electrónico. Tal vez, seguramente, en una de ésas, quizás, por la rápida asociación al Bajofondo Tango Club, el combo ideado y liderado por Gustavo Santaolalla y que sí, es tango electrónico. Pero el trío que nos ocupa tiene mucho, pero mucho de tango. De tango, dije. El tango electrónico, en general, es otra cosa…

    Aureliano Tango Club es un trío liderado por el (básicamente) contrabajista y cantante Aureliano Marín, a quien acompañan Esteban Ochoa en piano y Martín Rovaretti en batería y percusión. Y es un caso realmente particular que, para comprenderlo mejor, hace que nos remitamos a algunos datos de su líder.
    Aureliano Marín nació en Córdoba en 1974. Siendo adolescente, comenzó a estudiar guitarra; ayudó que la primaria la realizó en una escuela con orientación musical. Comenzó a escuchar rock y jazz, como todo joven bien nacido. Tenía sus guitar-heroes: Scott Henderson, Mike Stern, John Scofield. Luego apareció el bajo y de pronto… una radio, la voz de Cafrune y un reverendísimo click. Pero la vida tiene esas cosas… y otras. No todo pintaba tan sencillo. Había que trabajar y mantenerse. Y Aureliano Marín se hizo cuartetero, tocando el bajo y saliendo de gira con grupos como Chévere o Trulalá. Y no la pasaba bien Marín. Su refugio era componer en los resquicios que le dejaban las giras, probablemente imaginando este formato actual, componiendo lo que canta en sus discos y conciertos, soñando vaya uno a saber qué…

    Fue grabando sus temas y, casi casualmente, los mostró en Buenos Aires y fue contratado para tocar. Se fue a buscar su contrabajo y a un par de músicos y nació entonces Aureliano Tango Club. Esto fue por el año 2004. Más adelante llegó el turno de su álbum debut, Cool tango, al que le siguió L’Inmune. El tercero, Cerrás los ojos, acaba de ser editado por el sello Epsa.
    La propuesta comandada por Aureliano Marín tiene ribetes interesantes. Es un trío de tango, de eso no hay dudas. Pero con una formación típica de jazz: piano, contrabajo y batería. Con un cantante notable (el propio Marín) y que no teme incorporar elementos que están en su ADN musical, como el rock y el folclore, y otros que no, pero que ha sumado para su causa sin que la misma se desvirtúe o pierda su identidad. Al igual que en sus álbumes anteriores, Cerrás los ojos ofrece clásicos del tango, nuevas composiciones de del líder y algunas sorpresas.

    Los dos primeros temas del compacto son originales; en Inmune el trío cuenta con el buen aporte en bandoneón de Pablo Jaurena. La voz, grave, de Marín suena potente e inmaculada. El contrabajo con arco brinda cierto momento camarístico, la potencia de Rovaretti en batería le imprime vigor a esta historia de desamor y el tímido teclado de Ochoa asoma como un valioso aporte. Pavura, en tanto, aporta elementos del candombe gracias al buen trabajo percusivo de Rovaretti. Marín sigue cantando con autoridad y, es hora de decirlo, compone bien de verdad; Ochoa, en piano, suena dúctil y a gusto.
    Milonga para una niña, de Alfredo Zitarrosa, cuenta aquí con una notable relectura. Con una instrumentación ascética (cajón, guitarra acústica y acordeón), hace recordar a la extraordinaria versión que realizara en su álbum debut de Los ejes de mi carreta, de Atahualpa Yupanqui (una de las mejores que este escriba ha escuchado).
    El clásico de Mores y Contursi, Cada vez que me recuerdes, sobresale por la potencia de Rovaretti, el claro fraseo de Marín y se cuela cierto espíritu rocker sin dejar de respetar el espíritu original del tema, adosándole incluso cierto oscuro aire parisino con el aporte de la voz, en francés (¡of course!) de Mirko Dellacasagrande. Lo llamaban Serafín, de Acuña y Amor, es otro hallazgo con cierto aire litoraleño que sorprende gratamente y un Aureliano Marín que recuerda aquí al gran Edmundo Rivero. El tema que da título al álbum, Cerrás los ojos, es también pura potencia. Contrastantes la batería, potente, y el piano en actitud minimalista pero a la vez arrabalera.

    Vuelve el aire candombero para otra versión que anima a subir el volumen: Oro y plata, de Charlo y Homero Manzi, incorpora nuevamente elementos ajenos al tango pero de los que el trío se apropia con autoridad, con espacios y libertades típicos del jazz… que también está. Y si antes hablamos de rock… El milagro, de Pontier y Expósito, es un claro ejemplo con su guitarra eléctrica distorsionada, una batería machacante y precisa y Marín que suena convincente en cada frase. Calle Rincón, hermoso vals de Javier Sánchez, es interpretado en guitarra acústica y acordeón, donde “los pibes chorros del barrio” parece que andan por la Montparnasse
    Otro original del líder, Milonga en la 31, sigue mostrando a Marín “con el corazón caliente”. Aires de milonga (en realidad… ventarrones) con los espíritus de Rivero y Zitarrosa (juntos) sobrevolando felizmente. El final del compacto es con Miedo, de Pansera, Porter y Cortese; un cierre reflexivo en piano y voz. Una letra notable y una interpretación a la altura de un álbum de notable factura.

    Aureliano Tango Club ha logrado una identidad propia basada en una figura atípica para el tango como Aureliano Marín que parece estar en plena madurez artística y que, convencido de su propuesta, no duda en incorporar al tango elementos contemporáneos (y algunos no tanto) para su causa.
    Q
    ue, es de esperar, sea la de unos cuantos.
    Que las propuestas nuevas y serias en el tango no abundan.
    Y Aureliano Tango Club, despacito y por las piedras, está realizando un aporte infrecuente por su calidad, honestidad, respeto, renovación y compromiso.

    Marcelo Morales

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