• Esteban Sehinkman

    ¿Y el encare para Búfalo cómo fue, qué querías concretar?

    (Piensa) No había tanto a priori… Empezaron a aparecer unos temas que en ese momento me gustaban y luego encontré que había seis o siete que tenían cierta ilación. Luego empecé a pensar en el sonido y se armó el septeto; fue concretándose sobre la marcha, un lindo proceso. Al esqueleto inicial se le fueron agregando los órganos, los músculos, la piel, se vistió y salió. Fue un buen trabajo de equipo, con Mariano Sívori, Pablo Ben Dov, Ramiro Flores, Carlos Michelini, Mario Cerra y Guillermo Calliero. Y Juanfa Suarez. Después hicimos una buena producción. Yo tengo la sensación de que los proyectos no siempre se concretan de la misma manera. Es interesante, porque si uno tuviera un método ya adquirido para encarar proyectos siempre igual, resultaría bastante más aburrido. Por ejemplo ahora, con el próximo disco, tengo una idea de lo que puede llegar a ser, pero igualmente espero que me sorprenda. Aunque es cierto que ya hay una base.

    La sensación es que, al menos, la defensa está…

    Sí… a partir de El sapo… me siento más sólido, más estable, me gusta mucho la energía que encontré en el trío.

    En tu caso es como volver a las fuentes…

    Exacto, la vuelta a principios de los 90... Desde que llegó este teclado nuevo a mi vida, me cambió la dirección de la búsqueda. Porque me había alejado mucho de los sintetizadores, pasaron más de 15 años desde aquel Korg a este Nord Stage, que es increíble, que tiene una librería de sonidos bárbaros y una serie de perillas para procesar en tiempo real que es muy cómoda; y parte de la alegría de este proyecto es esa recapitulación de los 20 años, una vuelta al origen. Por eso no quiero cuestionarme demasiado en estos momentos... si volvió a aparecer lo que se había manifestado en esa época, tendrá algo de genuino... y claro que en el medio también estuvo el Rhodes...

    ¿Por qué el Pipi Piazzolla y Matías Méndez?

    Estoy muy agradecido de haberme encontrado con ellos. Con el Pipi tocamos antes de este proyecto en una big band que se llamaba Inmigrantes. Musicalmente, es uno de los tipos más versátiles, comprometidos y talentosos que conozco; y energéticamente es transparente. Y a Matías lo había escuchado en otras formaciones y sabía que tenía una veta groovera formidable. Soy un afortunado...

    ¿Fueron las primeras elecciones?

    Hubo un intermedio con Hernán Merlo en contrabajo, que fue una parte de la búsqueda antes de grabar El sapo… que estuvo bárbaro, porque Hernán es un gran músico. Pero en ese momento él estaba muy ocupado y se hacía difícil encontrar momentos para ensayar, así que tomamos nuevos rumbos. Apareció Matías, un capo (de paso, él está terminando su disco ahora, que va a ser tremendo) Y la grabación de El sapo… fue muy feliz; la mayoría de los temas que quedaron fueron primeras tomas y casi no hubo edición, era uno de esos días felices en los que todo andaba bien. Había una química especial que, por suerte, terminó plasmándose al estudio. Algo muy importante y que no siempre ocurre. Porque, a diferencia de un ensayo o un concierto, un disco es algo que queda...

    Una foto…

    Exacto…

    En el álbum de fotos, ¿qué te representa y por qué Berklee?

    Para mí fue una gran época. La sensación, cuando llegué a Berklee, era que se trataba de matar o morir. Sabía que tenía que darle con todo, más aún por el hecho e haber empezado tarde en esto… No tenía timpo que perder. O sea que la información que  recibí ahí, traté de asimilarla toda. En mi estadía en Berklee no me permití prácticamente tiempos ociosos, entre el estudio, los practice rooms y los distintos proyectos. Ése fue mi caso personal… Tenía unos 24 años, por lo que…

    ¿Eras medio viejo en la escuela?

    Para estudiante internacional, más o menos...

    ¿Y por qué creés que esos conocimientos no se pueden adquirir acá?

    Bueno… acá la cosa se va poniendo picante… (risas) Básicamente porque creo que ellos tienen un sistema educativo, en todas las disciplinas, que es mucho más maduro, organizado, subvencionado y serio que en el resto del mundo. Tal vez haya algo comparable en algunos países de Europa... pero los norteamericanos son brillantes para organizar este tipo de cosas. Son serios. Y si de jazz se trata, más aún, siendo la cuna del género. Es mi punto de vista y es independiente de lo artístico. Si vos vas a buscar información, allá te la van a presentar de manera metódica y sistemática. Tal vez ahora las cosas hayan cambiado acá, pero en año ‘94 o ‘95, yo estudiaba en la EMPA -que la llevo en el corazón y tiene grandísimos docentes- pero entre paros, problemas políticos, condiciones de infraestructura precarias y la falta de un plan de enseñanza unificado a nivel institución, era muy difícil para mí, que ademas era medio barrilete... Mi sensación es que uno acá puede estudiar, pero si no tenés mucho criterio, podés quedar desperdigado; porque te llega un poco de información por un lado, por el otro, pero a veces no hay un plan para que vos te armes un pantallazo general del asunto, cosa que los norteamericanos sí saben hacer. Allá trabajan con un plan de enseñanza que, por más que estén separados los departamentos de armonía, performance, entrenamiento auditivo, etc. dentro una escuela, todos los docentes conocen cuál es el plan general de la institución. Ésas son políticas serias de educación. Vos me podrás decir que tiene sus bemoles… sí, tiene sus bemoles. Yo fui a estudiar música allá, pero tengo amigos que fueron a estudiar economía y que después trabajaron para los grandes bancos norteamericanos y aprendieron un sistema que es el que les funciona a ellos y no a la economía argentina. Eso es discutible. Si gente de todo el mundo va a estudiar jazz a Estados Unidos y después vuelven a sus países a transmitir la cultura de los norteamericanos, hay un mérito de la política estadounidense y también una falencia en las políticas educativas de los demás países. O sea… después queda en la persona qué va a hacer con la experiencia, el tener un grado de discernimiento acerca de lo que estudió, de lo que está haciendo. Algunos se salvan, otros no; a algunos les interesa, a otros no. Algunos se hacen preguntas y a otros no les importa...

    La mayor crítica que se le hace a Berklee es, básicamente y entre comillas, que todos salen cortados por la misma tijera. Si aceptamos que esto pueda ser posible, ¿qué es lo que tiene que poner el alumno para que eso no lo contamine del todo, para no perder su identidad?

    (Piensa… mucho) Yo te hablo de mi experiencia… si vos tenés un grado de curiosidad, de explorar siempre un poco por afuera de los elementos que te presentan en una escuela, si más allá de eso vos tenés un campo propio, lo vas a seguir teniendo. Y viceversa...

    Descartamos entonces que hay una intención de, digamos, “apropiarse” del alumnado foráneo…

    Mirá… Tuve como profesores a Joanne Brackeen, George Garzone, gente que hace sus cosas, que tienen sus carreras y que lo que transmiten es su propia excelencia. Lo bueno de tener una experiencia afuera es ver cómo sube la media, cómo se profesionaliza la cuestión y cómo se perfeccciona el nivel técnico en la música y en todo lo que la rodea, llámese industria del entretenimiento o arte. O sea… yo no creo que haya un plan premeditado ni mucho menos. A lo sumo, los enriquecidos seríamos nosotros...

    ¿No hay ahí una responsabilidad o culpa del alumno también? Digo… ¿acá no se produce una dispersión que en el exterior no? ¿Esa cosa de, independientemente de los niveles, darle más trascendencia a lo foráneo y que a la hora de estudiar en el ámbito local no lo toman con la misma seriedad?

    Puede ser… ése es un problema cultural,  un problema de la educación. La gente acá se dispersa porque no hay una intención de que se concentre. ¿Dónde hay un “campus” de algo? Tal vez se salvan algunos que estudian carreras tradicionales en la UBA… o islotes donde todavía hay algo más armado; pero la música, que sigue siendo algo reducido… realmente tenés que tener la lucidez como para no dispersarte y para ver cómo ir atando cabos. O sea que sí, es mucho más fácil concentrarse afuera que acá; vos me dirás que también hay que aprender a tener una conciencia del esfuerzo, pero si no tenés ejemplos sociales, ¿de dónde lo aprendés? Basta con prender la televisión y se cae todo. En el colegio, el vivo es el que se copia y el que estudia es el buchón... y te aseguro que no es así en todos los países.

    ¿No tiene que ver también con los egos? Porque vos mencionaste a Garzone y Brackeen que, con lo que representan, también se someten a un plan de estudios aunque después agreguen sus “toques”…

    Uno de los grandes problemas nuestros es que no podemos ponernos de acuerdo en nada. No hay una conciencia de trabajo en equipo, todo es individual y el otro es un enemigo...

    Te voy a dar una gran oportunidad (risas), que engarces todo lo que acabamos de hablar con la necesidad, el deseo, la idea de la creación de un Real Book local.

    Bueno… hay algo de lo que hablamos… Yo creo que el Real Book Argentina es un aporte, en un punto, al patrimonio cultural. Es dejar registrado el trabajo de mucha gente que lo hace seriamente, que está dispersa; y juntar todo ese trabajo, publicarlo para que se use y que, eventualmente, se pueda ir edificando sobre eso.

    Vayamos desde el principio, porque muchos saben lo que es el Real Book original, pero no tantos qué es el Real Book Argentina y qué contiene…

    Es una compilación de temas de compositores argentinos en su mayoría (hay también compositores uruguayos con trayectoria en la Argentina), enrolados dentro de lo que estilísticamente podría denominarse “jazz argentino”.

    No sé si me encomillaste con los dedos la palabra “jazz” o la denominación “jazz argentino” (risas).

    “Jazz argentino”.

    ¿Hay un “jazz argentino”?

    Claro que hay un “jazz argentino”…

    ¿Y en qué se diferencia del “jazz no argentino”?

    Yo creo que en todas las virtudes y defectos que tenemos... (risas) Hay mucha influencia de géneros como el tango y el folclore.

    Lo que serían impurezas…

    Impurezas del estilo tradicional, así como en el Real Book original hay bossa nova,  latin… Lo que tiene de meritorio el jazz es esa intención inclusiva, el ser receptivos con lo que se hace en otras latitudes.

    El Real Book local, ¿existe físicamente o sólo en forma virtual?

    Existe como libro virtual y hay una edición física limitada, que hoy está agotada (sonríe), de unos pocos libros que se hicieron para repartir entre los músicos que participaron y algunas escuelas de música. Pero, al ser un proyecto sin fines de lucro, no hicimos una tirada comercial ni tampoco es la idea. Yo lo que hice fue recopilar el material que me fueron dando los compositores y ponerlo en el libro, sin otro fin que el de difundir esta música y aportar material de estudio.

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