• La Distritofónica

    A principios de 2010 recibimos en Buenos Aires la visita de Alejandro Forero, venido directamente desde Bogotá, Colombia, con la intención de entregarnos material discográfico que, por supuesto, no cuentan con edición en la Argentina.
    En El Intruso solemos ser curiosos, por lo que antes de escuchar los CD’s, decidimos hacer una composición de lugar para enterarnos de dónde provienen estas grabaciones de músicos que, en su mayoría, desconocíamos totalmente.
    Bogotá es la capital de Colombia, por si no estaba enterado. Es la ciudad más poblada del país, con aproximadamente 8.000.000 de habitantes en sus 1837 kilómetros cuadrados de superficie; es también el centro cultural, industrial, económico y turístico más importante de Colombia. Fundada en 1538, originalmente se la llamó Nuestra Señora de la Esperanza. Los primeros pobladores datan del 10.500 a.C., pero se nos ha hecho harto dificultoso encontrar sobrevivientes o testigos presenciales. Hay en Bogotá 248.000 empresas, 58 museos, unas 70 galerías de arte, 45 salas de teatro y varias salas y complejos cinematográficos.
    Si usted quiere degustar alguno de los platos típicos bogotanos, puede intentar con el ajiaco santafereño, tamal con chocolate, changua, pan de yuca, brevas con arequipe, etc. También puede beber un canelazo, bebida caliente preparada con panela, aguardiente y canela.

    El deporte símbolo de Bogotá es el fútbol de salón; con respecto al fútbol de 11, hay tres clubes profesionales: Millonarios (que obtuvo 13 títulos), Santa Fe (apenas 6) y La Equidad (todavía virgen). De paso, se aclara que no hay la menor animosidad de esta parte con respecto al formidable baile que nos pegó la selección colombiana en septiembre de 1993 cuando Valderrama, Rincón, Asprilla y Valencia protagonizaron una verdadera exhibición futbolística en el estadio de River Plate.

    Musicalmente hablando, el material recibido poco tiene que ver con los colombianos Erick Morillo, Sonia Bazanta Vides (Totó la Momposina), La Sonora Dinamita, Carlos Vives, Shakira, Juanes, Aterciopelados, Niche y José Barros…
    O tal vez…

    Lo cierto es que, volviendo al punto inicial, Alejandro Forero es el director de La Distritofónica, un colectivo bogotano que reúne el trabajo musical de varios artistas de la capital, entre los que podemos mencionar a Jorge Sepúlveda, Juan David Castaño, María A. Valencia, Javier Morales, Ricardo Gallo, Eblis Álvarez y el mencionado Alejandro Forero. Algunos (no pocos, según hemos averiguado), lo consideran como el movimiento de vanguardia musical más importante de Colombia. Este sello discográfico independiente se fundó en 2004 “con el fin de generar una plataforma de apoyo a la música independiente de algunos jóvenes músicos en Bogotá” y cuenta a la fecha con una veintena de ediciones.

    Como no vivimos en Bogotá, recurriremos al periodista especializado Daniel Vega (nexo fundamental en esta historia), con amplia experiencia en medios gráficos y radiales difundiendo desde John Zorn hasta Chavela Vargas y con algunas escalas (varias) en el denominado “jazz argentino”. Actualmente se lo puede escuchar en UN Radio (emisora de la Universidad Nacional de Colombia) en un espacio denominado “Disco parlante” (www.discoparlante2010.blogspot.com).
    Con respecto a La Distritofónica, Vega sostiene que nuclea a “músicos jóvenes que decidieron dejar las taras de la academia colombiana e iniciar una exploración estética donde han confluido, con mucho ingenio, el punk, la electroacústica, el minimalismo, el free y las músicas tradicionales colombianas, vistas éstas desde una perspectiva alejada de nacionalismos y patriotismos impostados”. Y agrega: “Desafortunadamente, acá en Colombia su repercusión ha sido invisible pues, básicamente, se han atrevido a romper con varios esquemas trasnochados que una generación más adulta de músicos locales dejó marcada como una mácula

    Contundente y lo suficiente atractivo como para entusiasmarnos.

    Pero mal haríamos con quedarnos con el tañido de una sola campana; así es que recurrimos a los dichos del músico y productor Iván Benavides: “En medio de la pobreza de la mayoría de nuestras músicas masivas donde muchos artistas parecen clones y todas las canciones una, y lejos, también, de los discursos identitarios de los puristas de la música colombiana y de los cánones de la música “culta”, los artistas de La Distritofónica se atreven a hacer propuestas sonoras arriesgadas y radicales, a romper las barreras entre géneros, a caminar por la cuerda floja y transitar caminos poco seguros, a crear nuevos lenguajes, a habitar los cruces de camino y a proponer mestizajes sonoros inéditos, a provocarnos, a propiciar una escucha atenta para sentir y entender el mundo de otra manera, como lo hacen los artistas verdaderos de todas las épocas”, para concluir con un contundente “ La Distritofónica es una disidencia sonora necesaria”.

    Ante este panorama, nos hemos puesto a investigar y a escuchar. No sólo el material que nos han alcanzado, sino también otras cosas. Y hay que decirlo de una buena vez: están pasando cosas interesantes en Bogotá…
    El primero de los álbumes editado por La Distritofónica fue La Revuelta, del quinteto Asdrúbal, integrado por Alejandro Forero, María Angélica Valencia, Jorge Sepúlveda, Daniel Restrepo y Carlos Tabares. Grabado en 2004, contó con un sucesor, Habichuela, de 2006. Y autodefinidos como un grupo de “free punk jazz pelayero de Bogotá” que resulta en un “homenaje a la euforia y la espontaneidad”. Escuchándolos, más que certera afirmación.
    Y a no confundir con el grupo La Revuelta, numeroso grupo de música urbana de marimba de chonta, que sabe mixturar en sus dos CD’s, Agua (2007) y Marimba urbana (2009), la música tradicional del litoral pacífico colombiano con sonidos urbanos y contemporáneos provenientes del rock y el hip-hop.

    Meridian Brothers no es el grupo de los hermanos Meridian. Es responsabilidad exclusiva de Eblis Álvarez, quien ha grabado, compuesto y producido el material incluido en El advenimiento del castillo mujer (2007) y Éste es el cóctel heroico que nos salvará de la hambruna y corrupción (2009). Interesantísimo proyecto unipersonal donde confluyen ritmos latinos pero al que se le adosa una extraña conjunción de electrónica, rock, jazz, clásica contemporánea y una particular irreverencia tanto desde lo sonoro como desde las letras. Para las actuaciones en vivo cuenta con el aporte de María Angélica Valencia, Alejandro Forero, César Quevedo y Damián Ponce.

    Y justamente de Damián Ponce debemos decir que su álbum, Disímiles, contiene ocho composiciones originales que han sido interpretadas, entre otros, por Cuarteto Manolov, Trío Tisqususa, Enrique Ardila y Juan F. Velázquez. Ponce, nacido en 1980, ofrece aquí un trabajo de altísimo nivel en piezas escritas para violoncello, violín y piano; o flauta y marimba; o violines, viola y cello; o para clarinete, saxo alto, guitarra eléctrica, bajo y batería. Emparentado claramente con la clásica contemporánea pero con las libertades improvisatorias del jazz, la pureza de la música de cámara y la contundencia del rock (en La quinceañera).

    Uno de los proyectos que probablemente mejor refleje la mixtura entre ritmos latinoamericanos y otras músicas, principalmente el jazz, es el Ricardo Gallo Cuarteto, integrado por Juan David Castaño, Juan Manuel Toro, Jorge Sepúlveda y Ricardo Gallo. Los dos CD’s editados por La Distritofónica gozan de extraordinaria salud: Los cerros testigos (2005) y Urimbres y marañas (2007). Gallo es uno de los artistas que parece contar con más proyección fuera de Colombia. Y no afirmamos esto porque sí: Ricardo Gallo ha interpretado sus composiciones con, entre otros: Ray Anderson, Mark Helias, Pheeroan akLaff y Satoshi Takeishi. Además del cuarteto, lidera el quinteto Tierra de nadie, el grupo experimental Apama y co-lidera el dúo Gallo-Flórez junto con el guitarrista Alejandro Flórez. En el álbum debut del dúo (que se cuela aquí, ya que la edición corresponde en realidad al sello Festina Lente Discos, pero una cosa trae la otra…), Meleyólamente (2009), Flórez ejecuta mayormente el tiple, instrumento de 12 cuerdas considerado el instrumento nacional colombiano. Ah… Meleyólamente contiene tres composiciones de Gallo y cuatro de Flórez y el resultado final es extraordinario.

    El baterista del Ricardo Gallo Cuarteto y de Asdrúbal, Jorge Sepúlveda, también tiene su proyecto propio. Su currículum muestra su amplitud estilística, que lo llevó a integrar varias agrupaciones de la nueva música colombiana, orquestas filarmónicas y sinfónicas y también participó en proyectos de nuestros conocidos Antonio Arnedo y Lucía Pulido (Colombia) y los más cercanos Ernesto Jodos y Fernando Tarrés (Argentina). Su álbum debut, Caída libre, está conformado por 13 piezas originales del baterista, a quien acompañan Juan Manuel Toro, José David Giraldo, Adriana Vásquez, Boris Ríos y Marco Fajardo, más un interesante desfile de invitados como, por ejemplo, los mencionados Gallo y Arnedo. Vigoroso, arriesgado, por momentos caótico y con un importante espacio para la improvisación y experimentación, Caída libre incorpora también elementos de diferentes estilos contemporáneos como el rock, el hip-hop, el soul (y anote usted alguno más) y merece ser tenido muy en cuenta por sus valores musicales y estéticos.

    Hay más propuestas: la Comparsa Jipiyam y Rascapanilla, el escuadrón sonoro Palanca (combo de 9 músicos que abrevan en la cumbia, el porro, la salsa, el funk, el hip-hop, el rock y el afro-beat), Primero mi tía, sexteto con dos álbumes editados y que parecen decididos a llevar la música tradicional “a sus últimas consecuencias” o el Jaime Andrés Castillo Trío (Castillo en guitarra, Jorge Sepúlveda en batería y Juan Manuel Toro en contrabajo) cuyo álbum debut, La última canción, acaba de ser editado en Colombia.

    A la gente de La Distritofónica las cosas no deben resultarle fáciles; pero ante la adversidad y el ninguneo de los grandes medios periodísticos, los sellos discográficos y también de los propios colombianos, han decidido unirse en pos de un bien común maximizando las coincidencias y minimizando las diferencias.
    Para algunos, en los inicios, La Distritofónica no pasaba de ser una mera utopía.
    Pero ha quedado claro, a seis años del comienzo de la aventura, que se trata de una potente realidad, que tiene en claro hacia dónde apunta y para qué y que, además, cuenta con un nutrido grupo de artistas inquietos y talentosos que no parecen tener la menor intención de claudicar.
    Si no nos cree, péguese una vuelta por el sitio de La Distritofónica y escuche.
    No solamente no se sentirá defraudado sino que, seguramente, le ocurrirá lo mismo que a este escriba: una enorme y gratificante experiencia auditiva que por estas tierras, al menos por ahora, no se consiguen.
    Pero es de esperar que sólo por ahora…

    www.ladistritofonica.com

    Marcelo Morales

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