• Harris Eisenstadt

    En el campo del arte existen dos conceptos esenciales cuyos códigos secretos, a pesar de haber sido analizados minuciosamente, no han podido ser develados con exactitud: la creatividad y la inspiración. Desde la ciencia en general y la filosofía y la psicología en particular, se ha intentado ubicar al comportamiento creativo dentro de un contexto teórico que permita su cabal explicación y entendimiento. El interacionismo lo hizo adjudicándole una importancia capital a la relación intersubjetiva que el hombre establece con su entorno cultural; en cambio la teoría de la creatividad incremental establece que es un proceso de mejoramiento constante cuyo punto de partida es la experiencia. Las diferentes doctrinas cognitivistas, por su parte, explican que la creatividad deviene de una conjunción de procesos derivados de la búsqueda natural por encontrar soluciones a determinados retos del intelecto; mientras que los partidarios de las teorías humanistas afirman que la creatividad se sustenta en la tendencia del hombre a la autorrealización; en tanto que el psicoanálisis fundamenta la creatividad en la sublimación y el impulso del inconsciente.

    Más allá de las diferencias descriptivas existentes, todas las teorías coinciden en dos puntos centrales: el primero es que la creatividad es una cualidad de la condición humana que nos permite trascender, innovar y descubrir nuevos mundos posibles. La segunda característica común a todas las teorías es que la creatividad no aparece sin que la preceda un trabajo, un conocimiento previo y una preparación adecuada. La inspiración, al igual que la creatividad, ha sido interpretada de formas divergentes. Algunos la definen, al menos en la composición artística, como el efecto de sentir un estímulo eficaz que lleva a una persona a producir espontáneamente una obra; mientras que otros asocian la inspiración a un brote de creatividad irracional e inconsciente. Los antiguos griegos decían que durante la inspiración el artista alcanzaba un estado de éxtasis al que llamaron furor poeticus, en cambio los profetas hebreos afirmaban que la inspiración provenía de un acto de revelación divina. En la era industrial se identificó a la inspiración como un proceso azaroso pero completamente natural de asociación de ideas y pensamiento repentino, mientras que desde el romanticismo se habló del “dios interno” del hombre y en la psicología freudiana se ubicó a la inspiración en la psiquis interna del artista. En definitiva, sea el modelo empirista o místico, todas las teorías coinciden en que la inspiración se encuentra por su propia naturaleza fuera de nuestro control. Tal vez por ello no resultaría descabellado suscribir en este tópico a aquella famosa frase de Pablo Picasso que decía: “Cuando me llegue la inspiración me encontrará trabajando”. Ergo, tanto la creatividad como la inspiración encuentran campo fértil para su desarrollo en la preparación, la experiencia y el trabajo.

    En relación a todo lo mencionado y si observáramos con detenimiento la trayectoria del formidable compositor y baterista canadiense Harris Eisenstadt, estaríamos en condiciones de afirmar que cuando la creatividad y la inspiración le lleguen (y a decir verdad lo hacen con inusitada frecuencia) siempre lo encontrarán trabajando. Sus múltiples intereses estéticos y culturales lo han llevado a expresarse, simultáneamente y con similar autoridad, en un amplio rango de actividades que abarcan las labores realizadas como líder de banda, improvisador, sesionista, artista interdisciplinario y educador. En el epicentro de su actual ideario creativo conviven el quinteto Canada Day (Harris Eisenstadt en batería, Nate Wooley en trompeta, Matt Bauder en saxo tenor, Chris Dingman en vibráfono y Eivind Opsvik en bajo), el noneto Woodblock Prints (que además de su líder incluye a Michael McGinnis en clarinete, Jason Mears en saxo alto, Sara Schoenbeck en fagot, Mark Taylor en cuerno francés, Brian Drye en trombón, Jay Rozen en tuba, Jonathan Goldberger en guitarra y Garth Stevenson en contrabajo) y el September Trio (con Angelica Sánchez en piano y Ellery Eskelin en saxo). Con la primera de esas agrupaciones editó en 2009 el elogiado Canada Day y se espera un segundo trabajo para principios del año próximo; con el noneto acaba de presentar el exquisito Woodblock Prints; en tanto que con el trío se encuentra en proceso de grabación de lo que será el álbum debut de este nuevo proyecto.

    La producción discográfica de Eisenstadt incluye además a los álbumes Last Minute of Play in this Period de 2000, Flight or Flight de 2003, Jalolu de 2004, Ahimsa Orchestra y The Soul Game ambos en 2005, The All Seeing Eye + Octets de 2007 y Guewel en 2008. Lo cierto es que, a través de su obra, Eisenstadt ha sabido construir un universo sonoro de encomiable claridad e innegable prestancia que se nutre de influencias, manifestadas con distintos grados de intensidad, que van desde el jazz a la música clásica y desde la libre improvisación a la música africana. Harris Eisenstadt también integra en la actualidad el Convergence Quartet en compañía de Alexander Hawkins, Taylor Ho Bynum y Dominic Lash; la Jessica Pavone’s Army Strangers (Jessica Pavone, Pete Fitzpatrick y Jonti Siman), el Nate Wooley Quintet y la Wadada LeoSmith’s Silver Orchestra, entre otros proyectos. Sus innegables virtudes como baterista lo han llevado a constituirse en uno de los sesionistas más requeridos de nuestro tiempo. En ese aspecto de su labor artística ha colaborado, entre muchos otros, con Conrad Bauer, John Butcher, Nels Cline, Elton Dean, Mark Helias, Peter Kowald, el Rova Saxophone Quartet, Les Claypool, Wayne Horvitz, Mark Dresser, Butch Morris, Vinny Golia, Marty Ehrlich, Adam Rudolph, Tony Malaby, Barry Guy, Sam Rivers, Yusef Lateef y su mentor y maestro Wadada Leo Smith. Sin dejar de mencionar su participación en diferentes ensambles con músicos de Gambia, Bali, Ghana, Marruecos, Irán y Senegal o en las bandas sonoras de los filmes The Wedding Crasher, The Hebrew Hammer y Dahmer; así también como sus tareas interdisciplinarias junto a los miembros del grupo de danza Urban Bushwomen y el ícono de la danza butoh Oguri y los aportes musicales realizados en la adaptación de Macbeth de William Shakespeare dirigida por Travis Preston y protagonizada por Stephen Dillane o en la ópera Wet de Anne Lebaron.

    La formación académica de Harris Eisenstadt incluye una graduación con honores en Literatura y Música en el Colby College y una maestría en Música Improvisada Afroamericana obtenida en el California Institute of the Arts. En tanto que su prolífica labor como docente incluye clínicas y clases en la Universidad del Estado de Arizona, el Mills College, la Universidad de San Diego, College of Santa Fe y el Henry Mancini Institute, entre otros. Por supuesto hay mucho más para contar pero con lo mencionado basta para comprobar que estamos ante un músico creativo, inspirado y muy trabajador. Con ustedes, Harris Eisenstadt

    Notas Relacionadas o de Interés: