• Mary Halvorson Quintet: Saturn Sings

    Leak Over Six Five (No. 14), Sequential Tears in it (No. 20), Mile High Like (No. 16), Moon Traps in Seven (No. 17), Sea Seizure (No. 19), Crack in Sky (No. 11), Right Size to Little (No. 12), Crescent White Singe (No. 13), Cold Mirrors (No. 15) Saturn Sings (No. 18)

    Músicos: Mary Halvorson: guitarra Jonathan Finlayson: trompeta Jon Irabagon: saxo alto John Hebert: contrabajo Ches Smith: batería

    Firehouse 12, 2010

    Calificación: Dame dos

    Toda virtud se adquiere con trabajo, estudio y sacrificio. (Lucio Anneo Seneca)

    Mary Halvorson no sólo ha sido reconocida en forma unánime como una de las guitarristas más innovadoras y prodigiosas de su generación, sino que también se ha instituido en uno de los exponentes emblemáticos del avant-jazz y la música creativa del último lustro. A su personal estilo, autorizada técnica, imaginativo enfoque instrumental y riguroso compromiso artístico, debe sumarse una infrecuente vitalidad para desplazarse simultáneamente y con idéntica solvencia en diferentes territorios musicales. En lo que va del año Mary Halvorson, además del trabajo que nos ocupa, ha tenido participaciones cardinales en los álbumes debut de Ches Smith’s These Arches (“Finally Out of My Hands”), Tomas Fujiwara and the Hook Up (“Actionspeak”), Ingrid Laubrock’s Anti-House (“Anti-House”) y el Tom Rainey Trio (“Pool School”). En la inmensidad de su universo estético hallamos en plena vigencia a su trío junto a John Hebert y Ches Smith (ahora devenido en quinteto con Jon Irabagon y Jonathan Finlayson), el trío MAP con Tatsuya Nakatani y Reuben Radding (con quienes acaba de editar en vinilo Fever Dream), su consumado dúo con Jessica Pavone, la sociedad que integra con Kevin Shea en People (cuyo nuevo trabajo 3XaWoman está próximo a editarse), el grupo Crackleknob con Nate Wooley y Reuben Radding y el inminente lanzamiento de Electric Fruit en compañía de Weasel Walter y Peter Evans. A todo lo mencionado deben agregarse los estrechos enlaces musicales que mantiene con Taylor Ho Bynum tanto en su sexteto como en el Thirteenth Assembly y con Anthony Braxton en Diamond Curtain Wall Trio, Sonic Genome Project y en los Anthony Braxton Septet y 12+1tet.

    En meses recientes Mary Halvorson también ha participado en escena junto a la banda de Jenny Scheinman, en el Matthew Welch’s Blarvuster, el Curtis Hasselbring’s Decoupage y se encuentra próxima a incorporarse a la gira europea de Marc Ribot’s Sunship, entre otros. No obstante, el centro de su testimonio compositivo está expresado en su segunda producción discográfica como líder: Saturn Sings. Este nuevo compacto continúa la línea exploratoria y amplía ciertos conceptos e ideas ya articulados en su álbum debut de 2008 Dragon’s Head. La expansión en la alineación tímbrica del trío original al formato de quinteto es utilizada aquí como una manera de legitimar apropiadamente sus actuales intereses y consecuente evolución en el campo de la armonía. En Saturn Sings se entrelazan de manera sublimada un sinnúmero de influencias que abarcan desde la intensidad del soul y el gospel provenientes de Sam Cooke y The Soul Stirrers a la amplitud idiomática desplegada por Clifford Brown en el campo del be-bop y el hard-bop; incluyendo sutiles evocaciones al Sonido Motown representado en Marvin Gaye, referencias inequívocas al apasionamiento afro-céntrico hallado en Archie Shepp e ineludibles citas obtenidas de la icónica figura de Thelonious Monk. A estos nutrientes anclados en el acervo de la cultura estadounidense, también deben sumarse sugestivas referencias a la música clásica europea mediante la apropiación de elementos cromáticos y de atonalidad derivados de Dmitri Shostakovich y la adopción de complejas estructuras armónicas procedentes de Alexander Scriabin; sin omitir cierta correspondencia a intereses expuestos en el rock de la escena de Canterbury a través de Robert Wyatt. Sin embargo, lo más llamativo de este collage estético es que no va en desmedro de la identidad musical de Mary Halvorson sino que oficia como combustible para su voraz vocación exploratoria y definida personalidad creativa.

    Un componente distintivo de su producción discográfica es el carácter autorreferencial contenido en los títulos de sus álbumes. Mientras en Dragon’s Head (término referido al nodo norte de La Luna y que en astrología se asocia al karma futuro) utilizó sus conocimientos en astrología para intentar describir el sinuoso sendero y duro trabajo que involucraría alcanzar sus próximas metas musicales, en Saturn Sings parece reunir principios astrológicos con algunos de los conceptos embrionarios de armonía, materia a la que Mary Halvorson reconoce haber estado abocada en tiempos recientes. Las influencias histórico-musicales halladas en Saturn Sings parecen discurrir al conjuro de que en astrología el planeta Saturno representa a nuestros antepasados, simboliza las vidas anteriores y tiene conexión con la disciplina y el aprendizaje.

    Debo reconocer que soy algo escéptico en relación a la astrología, descreo de muchos de sus principios e incluso he llegado a ignorarla como ciencia. Por supuesto entiendo que usted no esté de acuerdo con esta posición pero le sugiero que no intente entablar un debate conmigo ya que soy terco, metódico, tenaz, estoy dotado de gran resistencia física y psíquica y nunca dejo de luchar por mis ideales hasta el fin… como buen taurino del primer decanato que soy. Encima con ascendente en Aries y, según mi eje nodal, tengo mi nodo norte en Virgo y mi nodo sur en Piscis. ¡Así que imagínese! El otro factor invocado en el título es la concordancia entre el sonido proveniente del movimiento de los cuerpos celestes y su correspondencia con las consonancias musicales; concomitancia que la Escuela Pitagórica, entendiendo que a cada movimiento planetario le correspondía una armonía, denominó música de las esferas. Esa teoría ancestral del sonido planetario tuvo reciente comprobación cuando la NASA dio a conocer los sonidos captados por la sonda Cassini mientras orbitaba Saturno. Esos sonidos, algunos de primera mano y otros como resultado de la traducción de campos magnéticos, fueron denominados (¡oh, coincidencia!) como Saturn Sings.

    De regreso al álbum, debemos mencionar que algunas de sus piezas son en formato de trío y otras con el quinteto a pleno y que todas sin excepción llevan un número que corresponde al orden en que fueron compuestas por su autora. El Mary Halvorson Quintet tiene, a lo largo de toda la placa, una performance que deslumbra no sólo por su solidez técnica, portentoso virtuosismo y absoluta compenetración entre sus miembros, sino también por su recurrencia a parámetros interpretativos nada acomodaticios y que en todo momento se manifiestan proclives a la exploración sonora. Así lo demuestran desde el inicio con los inquietantes movimientos armónicos de Leak Over Six Five (No. 14). Sobre una sólida estructura rítmica los vientos se deslizan con naturalidad para confluir en una secuencia de cíclicos unísonos luego interceptados por una aquilatada intervención del saxo alto de Jon Irabagon y las angulosas frases que dispara la guitarra de Mary Halvorson. En Sequential Tears in it (No. 20) se entrelaza una nostálgica y sugestiva melodía con un sutil juego de armonías que posibilitan matizaciones expresivas y coloristas del contrabajo de John Hebert y la batería de Ches Smith, ensalzadas estratégicamente por las infinitas sonoridades que emergen de la guitarra de Mary Halvorson.

    Los agitados aires caribeños de Mile High Like (No. 16) evolucionan en términos de dinámica hasta consagrarse en un perspicaz soliloquio de la trompeta de Jonathan Finlayson; en tanto que Moon Traps in Seven (No. 17) parece discurrir al amparo del jazz tradicional pero alternándose con impactantes inserciones armónicas en guitarra y segmentadas mutaciones al blues que le otorgan un delicioso carácter experimental. La adictiva potencia de Sea Seizure (No. 19), en alineación de trío, recorre la impronta del avant-rock pero dando acceso a espaciosos fragmentos asignados a la improvisación; mientras que en formato de quinteto transitan a través de Crack in Sky (No. 11)la senda del jazz arcaico pero subrayado por un eficaz diseño en las modulaciones y un inteligente uso de las cualidades armónicas adoptadas. Right Size to Little (No. 12), nuevamente en trío, despliega una secuencia de fracturas rítmicas y quiebres de armonía que parecen aposentarse en un imaginario punto intermedio entre el post-rock y la libre improvisación.

    La riqueza temática y soltura expositiva hallada en este álbum permite la avenencia entre el quinteto de jazz moderno de Crescent White Singe (No. 13) y una pieza en trío como Cold Mirrors (No. 15) que encapsula, en forma de balada, innegables alusiones al post-romanticismo clásico. El cierre con el tema que da título al álbum tiene, en sus lúdicas armonizaciones, vibrantes improvisaciones, notables ejercicios contrapuntísticos e infrecuente definición melódica; un carácter de síntesis estética. Mary Halvorson en Saturn Sings, además de ratificar las cualidades expuestas en su álbum debut, manifiesta la intención por seguir evolucionando a través de su arte.

    En el arte no evolucionar equivale a retroceder (Igor Stravinski)

    Sergio Piccirilli

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