• Allison Miller – Boom Tic Boom

    Royal T – Culver City, California (USA)
    Viernes 10 de diciembre de 2010 – 20:00 hs.

    La magia o ilusionismo es una de las artes escénicas más antiguas de la humanidad. En esencia, la idea de la magia es provocar emociones y entretener apelando a la curiosidad, la inocencia y el asombro que siempre provoca en el ser humano la producción artificial de efectos, en apariencia inexplicables, desarrollados mediante actos de ingenio o habilidad. El mago, con sus trucos de escapismo, desapariciones, lecturas de la mente, levitación, transformaciones o prestidigitación; desafía la lógica y las leyes de la física, hace parecer realidad lo imposible y establece una implícita complicidad con el público a través de una combinación de habilidades y profundo conocimiento de las emociones humanas.
    La magia ha estado presente en la sociedad desde tiempos inmemoriales; incluso algunos historiadores afirman que existen probados testimonios sobre incipientes actos de magia que se remontan al año 1700 antes de Cristo. También encontramos abundantes referencias al ilusionismo en los textos bíblicos; de hecho, muchos afirman que cuando Moisés convirtió su báculo en una serpiente delante del rey de Egipto estaba haciendo magia. La verdad es que ese truco, sin menoscabar las destrezas de Moisés, no me parece nada del otro mundo… Después de todo, ¿quien no ha convertido alguna vez su báculo en una serpiente delante de un rey de Egipto, no?
    Mucho más espectacular, en cambio, era el truco que hacía un conocido mago utilizando algo tan simple como una galera y un conejo. Claro, usted dirá: ¿qué tiene eso de espectacular y novedoso? Bueno, lo que pasa es que él no sacaba conejos de una galera sino… galeras de un conejo. El acto le valió un amplio reconocimiento del público, la admiración unánime de sus colegas y… la encolerizada reprobación de los conejos. No quiero justificar a nadie, pero si alguien quisiera sacarme una galera del mismo lugar del que ese mago lo hacía con sus conejos… yo también reaccionaría violentamente. La dignidad no se negocia, tenga uno orejas largas y peludas o no.

    En la antigüedad, los magos solían ser reconocidos como seres de carácter divino o venidos del más allá; y su destreza era generalmente atribuida a poderes sobrenaturales. No obstante, ese concepto comenzó a cambiar a principios del siglo XIX con la aparición del mago francés Jean Eugene Robert-Houdin quien, al desbaratar a los magos fraudulentos que decían tener poderes sobrenaturales, terminaría dando inicio a los fundamentos en los que se aposenta la magia moderna.

     

    La magia, a través de la sorpresa y el asombro, busca provocar un cambio anímico y emocional en las personas sin que éstas conozcan a fondo los mecanismos que los producen. Sin embargo, esa búsqueda no sólo no es atributo excluyente de la magia sino que, además, ha sido una pretensión constante en el ser humano desde la antigüedad. La idea de inducir cambios conductuales estaba presente en los hechizos para los místicos, en los milagros de algunas creencias religiosas y son, en la actualidad, la base experimental en que se fundan muchas psicoterapias; incluyendo el psicoanálisis, las técnicas de sugestión, la hipnosis, la programación neurolingüística y la utilización de placebos como elementos terapéuticos.
    En lo personal no tengo experiencias de relevancia en cambios conductuales provocados por la magia, el misticismo o las psicoterapias…

    Aunque cierta vez logré hipnotizar a mi psicoanalista y lo induje a creer que yo era una persona completamente normal y que el psicópata con tendencias obsesivo-compulsivas, bipolar afectivo, neurótico agudo y con trastornos delirantes… era él. Lo único de lo que no logré convencerlo es que ya le había pagado la sesión (en ese aspecto mi terapeuta siempre ha sido muy profesional).

     

    En este contexto autorreferencial, debo reconocer que la representación escénica de la música siempre ha tenido en mí la facultad para propiciar cambios de humor o de ánimo; muy especialmente en aquellos casos donde intervienen el asombro y la sorpresa que resulta de encontrarme ante algo muy diferente a lo esperado.
    Un ejemplo vivencial de sorpresas, asombro, experiencias mágicas y cambios emocionales tendría lugar con la impecable, vibrante y arrolladora presentación en el Royal T de la ciudad de Culver City de Allison Miller’s Boom Tic Boom; banda comandada por la baterista Allison Miller y que también integran Todd Sickafoose en contrabajo, Myra Melford en piano y Jenny Scheinman en violín.

    Es cierto que las innegables cualidades técnicas de los integrantes del ensamble y el material expuesto en el álbum que dio origen a esta gira (nos referimos a Boom Tic Boom de 2010), ofrecían sobradas garantías de disfrute; pero la contundencia, vivacidad y elocuencia expresiva manifestadas por el cuarteto durante sus más de dos horas de actuación, alcanzaría ribetes propios de un acto de ilusionismo.
    Allison Miller, a pesar de su juventud, es una baterista de dilatada trayectoria y reconocidas cualidades instrumentales, virtudes que le han permitido abarcar un amplio rango de géneros y estilos que van desde frecuentes colaboraciones con cantautoras del calibre de Ani DiFranco, Brandi Carlile y Natalie Merchant a incursiones en el avant-jazz junto a Marty Ehrlich, Jessica Lurie y Steven Bernstein e innumerables contribuciones como sesionista en las bandas de Dr. Lonnie Smith, Mike Stern, Kenny Barron, Todd Sickafoose, Rachel Z, Sheila Jordan y Mark Helias, entre otros.
    Su debut como solista tuvo lugar en 2004 con el convincente alegato de jazz moderno que revelaba el álbum 5 AM Stroll (Ray Drummond en contrabajo, Steve Wilson en saxo alto y flauta, Virginia Mayhew en saxo tenor y Bruce Barth en piano). Ahora Allison Miller, en Boom Tic Boom, aun conservando el enfoque jazzístico y un evidente apego al enunciado melódico, expande sus horizontes musicales incorporando, con encomiable equilibrio y balance, elementos provenientes del groove y la libre improvisación o matices lejanos del indie-rock y la música country alternativa.
    Además del proyecto con el que se presentaría en la noche de Culver City, Allison Miller también lidera el grupo EMMA en sociedad con el cantante Erin McKeown, encabeza TILT en compañía del pianista Taylor Eigsti y el bajista Jon Evans y capitanea Agrazing Maze escoltada por la trompetista Ingrid Jensen, el pianista Enrique Haneine y Carlo DeRosa en bajo. Todo esto sin dejar de mencionar su labor filantrópica al frente de la Walter Salb Memorial Scholarship Fundation, entidad sin fines de lucro que ofrece apoyo monetario a jóvenes estudiantes de música para que puedan continuar su desarrollo y perfeccionamiento académico.
    Hay mucho más para decir sobre su trayectoria, sobre el arte en general, sobre la música en particular, sobre la historia de la magia y sobre los conejos pero… la banda ya se encuentra en el escenario así que tendremos que dejarlo para otra ocasión.

    El concierto abre con Cheyenne, tema que da inicio al álbum Boom Tic Boom. Un admirable y portentoso solo en batería a cargo de Allison Miller sirve de introducción a un pieza que, orbitando los contornos del jazz moderno, se distingue por su poder de síntesis y natural facultad para captar y combinar la mayor suma de ornamentos sin perder espontaneidad. El carrusel de emociones ofrecido por la banda incluiría una cimbreante intervención solista de Jenny Scheinman en violín, una arrolladora exposición pianística de Myra Melford completamente alejada de la superficialidad del mero virtuosismo y, como colofón de pompa, un diálogo monumental entre la batería y el contrabajo de Todd Sickafoose. La deslumbrante variedad de formas, la sutil administración de recursos tímbricos y la sincronía dinámica evidenciadas aquí por el cuarteto, serian una característica constante durante toda la noche.

    Feed germina a partir del animado preludio en blues que construyen el contrabajo y la batería con escobillas, para luego evolucionar con el cuarteto a pleno mediante un vertiginoso ascenso a puro swing. La pieza, tras rubricar su clímax en el apasionado solo de Myra Melford, inicia un controlado descenso que incluye un lúdico y sutil contrapunto entre Todd Sickafoose y el violín de Jenny Scheinman y la sorprendente variedad de recursos y acentos percusivos que despliega Allison Miller.
    Luego reiteran virtudes a través de una esplendida e impar versión del clásico de Mary Lou Wiliiams Intermission, aquí subrayado por el finísimo soliloquio en violín de Jenny Scheinman y una (otra) abrumadora y descomunal performance de Allison Miller.

    El necesario respiro auditivo llega de la mano de una deliciosa relectura en formato de trío (sin violín) de Rockin Chair, composición de Hoagy Carmichael que inmortalizara Louis Armstrong. Nuevamente en cuarteto atacan con CFS (Candy Flavored Sidewalks), una inquietante visión de la música country adornada con cadencias percusivas de origen arábigo. A continuación entregan una feroz versión de Big Lovely, tema que parece trazar una bisectriz imaginaria entre la libre improvisación y el funk en donde se destaca especialmente el imaginativo contrabajo de Todd Sickafoose.

    Sobre el final llegarán las versiones de las dos composiciones pertenecientes a Myra Melford incluidas en Boom Tic Boom: Be Melting Snow, en origen incluida en su álbum de 1999 Above Blue y Night del recientemente editado The Whole Tree Gone. En ambos casos la banda logra resaltar el bellísimo universo sonoro, de total ingravidez y sentimiento, que emana de las partituras originales. Un cierre sutil, delicado, mágico.

    Cuando la milagrosa magia de la música se traslada con claridad al escenario, como ocurrió durante el concierto de Allison Miller’s Boom Tic Boom, no hace falta explicar demasiado las cosas… De la misma forma en que un ilusionista no necesita explicar qué significa Abracadabra para que todos sepamos que la magia está cerca.

     

     

     

    Sergio Piccirilli

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