• Eugène Ionesco: Contra los directores de teatro censores

    (De El hombre cuestionado, Editorial Emecé)

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    La primera vez que asistí al estreno de mi primera comedia, tuve un extraño sentimiento, mezcla de felicidad y de malestar. ¿Tenía el derecho de imitar al Creador? ¿Tenía el derecho de dar nacimiento a seres? El espectáculo del teatro termina en la noche. El espectáculo del mundo terminará también. Una nueva manifestación divina reemplazará la actual, así como un nuevo espectáculo vendrá a reemplazar al antiguo en el teatro. ¿Pero puede uno representar a Dios? Las Iglesias antes no lo permitían y excomulgaban a los comediantes, no al autor, sin embargo, mucho más culpable o responsable. Entre el autor y sus intérpretes hay un parentesco espiritual que se establece íntimamente, los unen vínculos espirituales muy profundos.

    ¿Qué viene a ser el director de teatro que se interpone entre el autor y los actores? ¿No es un intruso? Antes, era el autor quien con el capocómico, es decir con el más antiguo de los actores, dirigía la pieza.

    Las herejías modernas quieren hoy colocar al director de teatro por encima del autor. Se intenta considerarlo como al autor verdadero de la obra. Es como si se dijera que el empresario o el albañil son los verdaderos constructores del edificio. La invención del director data, creo, de Antoine a fines del siglo pasado. En realidad, Antoine era un director de actores, les enseñaba a representar, un profesor. En realidad, el director de teatro puede ser considerado como un director de orquesta. Eso no le impide en modo alguno tener genio. Pero ese genio es otro. Hay grandes directores de orquesta que nunca han pretendido ser los autores de la obra. Infunden a la orquesta su movimiento, su ritmo, su respiración, pero el alma de la obra permanece intacta.

    El director de teatro moderno tiene otras pretensiones. Existió Piscator. Existe hoy Peter Brook, el principal malhechor de nuestros espectáculos. Hay directores de teatro que truncan una obra o la alargan, por el contrario, agregándole otros fragmentos de otra u otras piezas del autor. Un joven director de teatro francés censuraba a Moliére declarando que tal o cual escena célebre estabamal escrita. Está hoy de moda ir a ver El Misántropo… no de Moliére, sino de Planchon, El Rey Lear, no de Shakespeare, sino del mismo Peter Brook, que nombramos antes. Sí, de tal modo se titulan a menudo las crónicas de teatro en los periódicos.

    Otros directores de teatro empiezan por el fin de la pieza y terminan por su comienzo. Corno si el autor no hubiera sabido lo que hacía. Debemos decir que nunca se ha visto a un director de orquesta intercalar en una sinfonía de Beethoven pasajes de otra sinfonía de Beethoven. Eso ocurriría si el director de orquesta se convirtiera en un director de teatro musical.

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