• Theo Bleckmann: De Berlín a Las Vegas en Primera Clase

    The Broad Stage – Santa Monica, California (USA)

    Sábado 12 de febrero de 2011 – 19:30 hs.

     

    El fértil ideario musical que distingue al vocalista y compositor Theo Bleckmann está tachonado de cualidades sin parangón. Su innegable versatilidad para abordar diferentes repertorios, las garantías para acometer sobre disímiles contextos creativos con similar idoneidad, su amplia gama de recursos e indiscutible pericia técnica –siempre al servicio de la obra y jamás del lucimiento personal– , sumado a su generoso rango vocal, elegancia expresiva e infrecuente intuición dramática, lo erigen con justicia como uno de los intérpretes más sobresalientes de nuestro tiempo.

    La vigencia de este genial artista nacido en Dortmund, Alemania y radicado desde 1989 en New York, Estados Unidos, se manifiesta en la actualidad en varios proyectos simultáneos que incluyen a sus álbumes en solitario (el más reciente es I Dwell in Possibility de 2010), la consolidada sociedad musical que integra con el baterista y compositor John Hollenbeck (expresada tanto en el dúo que los reúne como en Refuge Trio, Hello Earth! y el John Hollenbeck’s Large Ensemble), el grupo vocal MOSS, su dúo con el guitarrista Ben Monder, Audiopool en colaboración con la cantante noruega Sissel Vera Pettersen y sus tres álbumes junto al pianista japonés Fumio Yasuda (Las Vegas Rhapsody: The Night They Invented Champagne de 2006, Berlin: Songs of Love and War, Peace and Exile de 2007 y Schumann’s Favored Bar Song de 2009). Justamente, dos de esos trabajos en los que estuvo asociado a Yasuda fueron el epicentro del espectáculo Berlin to Las Vegas con el que Theo Bleckmann se presentaría en The Broad Stage de Santa Monica en compañía del experimentado pianista Paul Anthony Romero y el Bauhaus String Quartet, integrado por Elizabeth Hedman y Daphne Chen en violines, Michael Lieberman en viola y Paula Fehrenbach en cello.

     

    La representación escénica de estos dos álbumes, en lugar de ser un mero repaso de las canciones contenidas en los mismos, sirvió aquí para contextualizar la respuesta de la Alemania creativa ante los horrores del nazismo y la guerra, el posterior exilio de muchos de esos artistas y sus sueños por dejar atrás el pasado y empezar una nueva vida en otro lugar. De hecho, todas las composiciones y textos incluidos en Berlin: Songs of Love and War, Peace and Exile pertenecen a artistas que emigraron en aquellos años de Alemania a Estados Unidos tales como Bertolt Brecht, Hanns Eisler, Kurt Weill, Friedrich Hollaender, Marcellus Schiffer, Michael Jary, Norbert Schultze; en tanto que las piezas contenidas en el álbum Las Vegas Rhapsody: The Night They Invented Champagne integran algunos de los clásicos más importantes del cancionero popular estadounidense. Esa ilación transformaría al concierto ofrecido por Theo Bleckmann en un viaje simbólico con punto de partida en Berlín, ciudad que fue el centro de poder de la Alemania nazi pero también el lugar en donde se desarrolló la batalla final que desembocó en su ocaso definitivo, y con punto de llegada en la glamorosa Las Vegas de los años cuarenta y cincuenta como máxima representación de las ilusiones por alejarse del sufrimiento para alimentar el sueño de convertirse en una estrella de la música. Ese viaje imaginario entre Berlín y Las Vegas propuesto por Bleckmann, estuvo representado en esta ocasión mediante canciones enquistadas en el inconsciente colectivo que nos cuentan historias de supervivencia, de amores frustrados, de sueños inconclusos, de viajes y regresos, del dolor ante el exilio, de búsqueda de la propia identidad en la diáspora y, en definitiva, de nuevas utopías que sustenten la ilusión innata del ser humano por alcanzar una vida mejor.

     

    Está claro que es mucho más placentero viajar de Berlín a Las Vegas a través de canciones que por otros medios. Ambas ciudades están a 8967 kilómetros de distancia entre sí y, según mis averiguaciones turísticas, transportarnos de un lugar a otro nos llevaría mucho tiempo y dinero. No es un tema demasiado relevante pero, ya que lo pregunta, le informo que un vuelo con escala en Londres tarda 13 horas quince minutos y su costo estimado es de 953 dólares (sin impuestos). También se consiguen pasajes más económicos con escalas en Zurich y New York pero con un tiempo de vuelo de 21 horas y cincuenta minutos. Todo esto sin dejar de mencionar la posibilidad de viajar en barco con traslados terrestres en ómnibus que unen Berlín y Las Vegas en quince días. Otra opción es transportarse en auto. En este caso, viajando a una velocidad promedio de 80 kilómetros por hora, uno llegaría en 112 horas; claro que habría que considerar los eventuales retrasos que podrían producirse si el automóvil utilizado se hunde en las profundidades del Océano Atlántico. Incluso, no habría que descartar otras opciones algo más descabelladas… Por ejemplo, recientemente se conoció un estudio que indica que, durante la eyaculación, los espermatozoides -debido a las contracciones musculares- viajan a una velocidad de 18 kilómetros por hora; o sea que, yendo de Berlín a Las Vegas en espermatozoide, tardaríamos unos veintidós días. De todas maneras este sistema de transporte no parece ser el más recomendable, no solo porque de cada 100 millones de espermatozoides que inician su alocada travesía apenas uno logra llegar a destino (en el mejor de los casos), sino también porque el final del viaje no siempre es el esperado (al respecto se cuentan horribles historias).

    En conclusión, y como afirmara al comienzo de este párrafo, la mejor de las opciones de traslado parece ser unir ambos destinos mediante las canciones contenidas en el espectáculo Berlín to Las Vegas ofrecido por Theo Bleckmann

     

    El concierto, dividido en dos segmentos –el primero de ellos dedicado al álbum Berlin: Songs of Love and War, Peace and Exile de 2007 y el segundo a Las Vegas Rhapsody: The Night They Invented Champagne de 2006- da inicio con An den Kleinen Radioapparat.  Esta composición de 1942 con música de Hanns Eisler y letra del incomparable Bertolt Bretch, yuxtapone la pena y los temores de un exiliado alemán con la propaganda nazi que emerge de un noticiero radial. Ese diálogo imaginario -aquí con aparato de radio incluido-  es reproducido por Theo Bleckmann a través de una sentida interpretación, con coloratura y tonalidades al servicio del texto y en donde ninguna frase o recurso parece ser gratuito o artificial. Ese magnífico desempeño vocal se entrelaza en realce con el atinado aporte pianístico desplegado por Paul Anthony Romero y los delicados adornos ornamentales que dibujan las cuerdas del Bauhaus String Quartet.

    Luego llega el nostálgico relato del imaginario cabaret aludido en Der Bilbao-Song, pieza de Kurt Weill y Bertolt Bretch que integrara el primer acto de la comedia musical Happy End. La versión ofrecida aquí por Bleckmann supera largamente las formalidades de la versificación textual al permitirse impactantes saltos de registro que alternen agudos brillantes, una media voz de orfebrería y un incomparable legato.

    A continuación brindan una sutil relectura de dos canciones con música de Hanns Eisler y letra de Bertolt Bretch compuestas durante sus respectivos exilios en Hollywood: Ich Hab Dich Ausgetragen y Mein Sohn. En ambos casos, con la voz ocupando el centro de la escena y un acompañamiento instrumental de innegable corrección en lo puramente técnico, pero que luce demasiado apegado a la literalidad.

    El clásico de Frederick Hollander Ich Bin Von Kopf Bis Fuss Auf Liebe Eingestellt, -canción más conocida por su título en inglés Falling in Love Again (Can’t Help It)- que la inolvidable Marlene Dietrich inmortalizara en el filme de 1930 El Ángel Azul, es recreada por Theo Bleckmann de manera insuperable. Su nítido fraseo e impecable dicción le permiten superar las dificultades lingüísticas que presupone alternar líneas en inglés y alemán sin sobresaltos y con naturalidad. Otra de las gemas del concierto llegaría a través de la exquisita relectura de Moon of Alabama, tema de Kurt Weill y Bertolt Bretch perteneciente a la ópera de 1930 Rise and Fall of the City of Mahagonny. En esta ocasión con un Bleckmann simplemente sublime, exhibiendo una apabullante gama de recursos expresivos e interpretativos y con sobradas cualidades para apropiarse del texto y otorgarle vida propia. Tras una intachable visión de la pieza de Paul Dessau An Das Deuusche Misere y la deliciosa interpretación del tema de Mischa Spiliansky Maskulinum-Femeninum -que contuvo abruptos cambios de registro e imposibles saltos de octava a cargo de Bleckmann-, llegará el cierre del segmento dedicado a Berlín con el clásico de Weill y Brecht Das Lied Subaraya-Johnny.

     

    Luego de un breve intermedio el concierto se reinicia empalmando el tema de Bleckmann y Yasuda Las Vegas Rhapsody-Prologue con una versión -que incluyó una impresionante intro a capella a cargo de Bleckmann- de la pieza de Richard Rodgers Out of my Dreams perteneciente a la banda sonora del filme Oklahoma! de 1955.

    Más tarde pasarán Luck Be a Lady (canción que compusiera Frank Loesser para el musical de 1930 Guys and Dolls), la chispeante Chim Chim Cheree (tema central de la película Mary Poppins por la cual Richard y Robert Sherman obtuvieran en 1964 el Oscar a la Mejor Canción) y una conmovedora reinterpretación del clásico de Jerome Kern de 1933 Smoke Gets in Your Eyes. La conclusión del concierto se producirá con una fosforescente versión del imperecedero My Favorite Things de Rodgers y Hammerstein, tema que en origen integró el soundtrack del filme The Sound of Music.

    Ante los reclamos de un auditorio extasiado, los músicos regresan para ofrecer una jocosa recreación del adictivo The Model, hit-single que el grupo de música electrónica Kraftwerk incluyera en su álbum de 1978 The Man Machine. Versión que Bleckmann acompañó con un teclado de juguete y desopilantes movimientos robóticos. Final.

     

    Theo Bleckmann, con su talento sin par, fue impregnando la noche de ensoñación e irrealidad hasta hacernos creer que viajamos de Berlín a Las Vegas en Primera Clase.

     

    Sergio Piccirilli

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