• Tony Levin

    Tony Levin

     

    En la historia y presente de la música, e independientemente de los estilos, nos encontramos siempre con referentes ineludibles; de ésos indiscutibles, que han creado escuela, marcado caminos, que son reverenciados tanto por sus colegas como por el público y la prensa, que han descubierto una huella nueva (y, por ende, inexplorada) que con el tiempo pasará a ser una autopista más dentro del carrusel sonoro. Dentro de lo que podríamos denominar música popular, ejemplos hay a montones… en piano Bill Evans, Thelonious Monk, Keith Jarrett… en guitarra Django Reinhardt, Pat Metheny, Jimi Hendrix… en batería Gene Krupa, Joey Baron, Bill Bruford… en bajo Jaco Pastorius, Charles Mingus, Chris Squire… en trompeta Louis Armstrong, Miles Davis, Chet Baker… en saxo Ornette Coleman, John Coltrane, Anthony Braxton…

    Pero lo que difícilmente ocurra (ocurre) es que a la sola mención de un instrumento usted pueda asociarlo (usted y los como usted) con un nombre. Y que resulte irrebatible… y aceptado por todos… porque si usted menciona como instrumento al stick, ¿no se le viene a la cabeza, inmediatamente, el nombre de Tony Levin?

    Pues sí… Tony lo hizo.

     

    Por supuesto que esa asociación se hace en relación a las bondades aportadas por Levin, desde hace ya unas cuantas décadas, en un instrumento nuevo, inexplorado, revolucionario, del que el músico nacido en Boston el 6 de junio de 1946 sacó (y saca) un provecho mayúsculo debido a su talento, esfuerzo, dedicación, pasión, estudio, interés, sapiencia y una interesante dosis de prepotencia artística.

    Con todas las licencias del caso, podemos animarnos a afirmar que entre el stick y un tal Tony Levin se ha producido una simbiosis; y por si no le queda claro, la simbiosis es la asociación de individuos animales o vegetales (de ahí las licencias, sepa entender) de diferentes especies, sobre todo si ambas partes sacan provecho de la vida en común. Je… más clarito…

     

    Obviamente que hubo vida antes del stick (y seguirá habiéndola). En el pasado iniciático del bajista, compositor, arreglador, productor, stickista y fotógrafo Tony Levin, asomaron instrumentos como el piano y la tuba (que supo tocar como solista en la banda del colegio y en algunas de las primeras giras con Peter Gabriel pero que contó con un enemigo imbatible: el bigote). No obstante, la elección recayó en el bajo. En ese momento Tony Levin tenía 10 años y bastante pelo (bigote todavía no, bah… eso es lo que dicen…). Ya en la secundaria creó un cuarteto vocal, Barbershop Quartet; luego conoció al baterista Steve Gadd que lo sacó un poco (bastante) de la música clásica y lo introdujo en otros territorios como el jazz y el rock. Levin no opuso demasiada resistencia. Instalado en New York, se unió a Aha, the Attack of the Green Slime Beast, con Don Preston que provenía de The Mothers of Invention. Comenzaron los trabajos como sesionista y comenzó a ser requerido por varios músicos de renombre y prestigio: John Lennon, Alice Cooper, Lou Reed, Gary Burton, Herbie Mann, Judy Collins, Eumir Deodato, Chuck Mangione, Don McLean, Phoebe Snow… etc….

     

    En 1976 formó parte de L’Image, banda integrada por Steve Gadd en batería, Mike Mainieri en vibráfono, el pianista Warren Bernhardt y el guitarrista David Spinozza. Por supuesto que Levin se hizo cargo del bajo. La banda se disolvió un año después pero se ha reunido en 2010 y planean la edición de un segundo álbum. Luego, la irrupción de Peter Gabriel, Robert Fripp, King Crimson y un tal Emmett Chapman, creador del stick que, como quedó dicho, es sinónimo (o casi) del querido pelado nacido en Boston.

    Inamovible ladero de Gabriel desde el álbum debut del británico (1977), participó de King Crimson desde la reunión acaecida a principios de los ’80 con la trilogía Discipline, Beat y Three of a Perfect Pair. Y se vino el estallido: Liquid Tension Experiment, Bruford – Levin Upper Extremities, Bozzio / Holdsworth / Levin, Bozzio / Levin / Stevens, Levin / Marotta / Gorn, ProjecKt One, ProjecKt Four, Liquid Trio Experiment… esto, sin contar la cantidad de grabaciones y giras realizadas con músicos  de extracciones “perpendiculares”, a saber: Paul Simon, Rachel Z, Carly Simon, Yes, Pink Floyd, Warren Zevon, Fernando Samalea, California Guitar Trio, Yoko Ono, Ute Lemper, Mark Knopfler, Chris Botti, David Bowie…

     

    No obstante y a pesar de lo mencionado, su debut como líder se produjo en 1995, cercano a los 50 años de edad, con World Diary, al que le sucedió Waters of Eden (2000); un año después aparecería Pieces of the Sun; en 2002, el doble en vivo Double Espresso; Resonator en 2006 y, ya con el trío Stick Men, Stick Man en 2007 y Soup en 2010.

     

    Y también su discografía incluye material con las bandas previamente citadas; pero como no queremos que esto se le transforme en una suerte de “Biblia con explicaciones –y bonus tracks!!!-“ (no pierda su tiempo, no insista…), le contamos que el sábado 12 y el domingo 13 de marzo Tony Levin actuará con su trío Stick Men, integrado además por Markus Reuter (en touch guitar) y Pat Mastelotto (batería), en el Teatro ND/Ateneo donde ofrecerá material de los dos álbumes del trío, clásicos de King Crimson, The Firebird Suite, de Igor Stravinski, más algunas sorpresas.

    En la extensa entrevista que le realizáramos, Tony Levin habló de todo lo que ustedes pueden imaginar… y de algunas otras cosas también. Lo ha hecho con dedicación, humildad, sencillez, minuciosidad, paciencia y gran predisposición. Habló de sus inicios, sus proyectos pasados, actuales y futuros, los “funk fingers”, la fotografía, su incursión en el jazz y, por supuesto y entre muchas otras cosas, el stick.

    Disfrútenlo; sus respuestas son tan atrapantes como sus aventuras sonoras.

    Un lujo.

     

    Si nos remontamos bien a tus inciios… comenzaste a tocar el bajo a los 10 años; ¿por qué elegiste ese instrumento y qué sentís hoy, más de 50 años después, al recordar aquel momento?

     

    Cincuenta años después… lo que me resulta increíble es que… ¡aún me gusta tocar el bajo! No sé por qué, más que lo que hice a los 10 años –aunque ahora pienso que fue más que una muy buena elección- sorprende el hecho de hacer algo durante 50 años y disfrutarlo (bueno, ¡ni siquiera el sexo!). Por supuesto, la música es así -te pega bien adentro y eso también penetra en nuestras mentes, por lo que podemos crecer como instrumentistas y como compositores- por lo que nunca se torna en algo aburrido o repetitivo, salvo que lo permitas.

     

    El bajo parece haber sido una decisión tuya, porque no fue el único instrumento que tocaste. Probaste con otros como el piano y la tuba, ¿qué podés decirnos con respecto a esas experiencias?

     

    Me gustaba la tuba y encontré una manera de tocarla en gira con Peter Gabriel en los primeros años –pero este bigote mío…  provocaba una fuga de aire en los costados de la boquilla, provocando un sonido anémico. Así que adiós al instrumento-. Afortunadamente aún tengo el bajo. ¡Y el Chapman Stick también me mantuvo muy ocupado practicando! Aún toco un poco el piano y lo uso para resolver algunas cuestiones en mi música.

     

    Y finalmente, el stick; me gustaría saber cuál fue tu impresión cuando lo tocaste por primera vez y si en ese momento pensaste que en tu vida musical sería un punto de inflexión…

     

    El año en que fue lanzado (por Emmett Chapman), el stick tuvo cierta publicidad; y mucha gente me dijo que debería probarlo. La razón es que yo estaba tocando el bajo con una técnica “percusiva”… y lo hacía seguido, por lo que gente con la que estaba trabajando sabía que este nuevo instrumento estaba diseñado como para ser interpretado de una manera similar. Cuando debí viajar a Los Angeles, visité a Emmett y probé el instrumento. Me gustó de inmediato; y sus inusuales propiedades (la manera percusiva de tocarlo, la inusual afinación de las cuerdas de bajo) me atrajeron como una posibilidad de seguir expandiéndome como músico. Ni bien tuve el instrumento lo llevé a sesiones de grabación y comencé a usarlo en los discos.

     

    Vos estás asociado al rock; pero también te gusta improvisar. ¿Nunca pensaste en ser músico de jazz?

     

    He tocado jazz varias veces en mi carrera. Un poquito antes de tocar rock y luego algo más cuando fui a New York por primera vez (yo entonces quería ser un músico de rock, pero sólo conseguí algunas actuaciones –con Gary Burton y Herbie Mann-. Luego realicé sesiones en estudio… aún no era lo que yo quería hacer, pero significó una muy buena experiencia para mí. Sólo después me dediqué a tocar rock en conciertos y grabaciones.). De hecho, una banda en la que estuve hace mucho tiempo, recientemente se reunió e hicimos algunos shows el año pasado. Tocaremos más en el verano (invierno en Sudamérica) y editaremos nuestro segundo álbum. Es un grupo de jazz y se llama L’Image, con Steve Gadd en batería, el vibrafonista Mike Mainieri, el pianista Warren Bernhardt y el guitarrista David Spinozza. Es irónico el hecho de volver a hacer música con esta formación porque yo me mudé a Woodstock (donde aún vivo) en 1976 para unirme a este grupo. Nos separamos en 1977 y en ese momento fue cuando me dediqué a tocar rock y a las sesiones de estudio.

     

     

    Vos también sos fotógrafo; ¿cuándo comenzaste? ¿Fue por alguna razón en particular?

     

    Bueno… disfruto, como mucha gente, de la fotografía; y encontré, mientras estaba de gira, que tenía una perspectiva de los shows que la mayoría de la gente… no. Desde el escenario, el backstage y viajando con los otros músicos. Así que saqué muchas fotos (en blanco y negro) y las revelé en los tours. Luego publiqué un libro con ellas y más tarde un libro más grande dedicado al King Crimson de los ’80. ¡Con tantas fotos, lo difícil era elegir cuáles dejar afuera! Aún tengo pendiente el volumen dos de fotos de King Crimson –que incluiría el mes que pasamos en Argentina en 1996 (en realidad fue en 1994), reformando la banda, escribiendo y, en mi caso, visitando cementerios y bandas de tango para tomarles fotos-. Será un muy buen libro pero, francamente, no sé cuándo tendré tiempo para hacer todo el trabajo de compilar el material. Lo que más frenó a mi fotografía fue la web. Comencé bien temprano con un website y decidí incluir diarios y fotos de las giras. Aunque me llevó mucho tiempo y trabajo, lo encontré gratificante… y aún lo es. Pero las fotos debían ser pequeñas y de baja resolución (especialmente en los 90’s) y paré, gradualmente, de tomar las imágenes de alta calidad como lo venía haciendo. Dejé a un lado las grandes cámaras con múltiples lentes y sólo usé pequeñas que fueran fáciles de manipular en cada ocasión. Ahora, cuando veo esas imágenes, me encuentro con que no tienen la calidad que hubiese querido para hacer un álbum de fotos.

     

    Cuando alguien pronuncia la palabra “stick”, tu nombre aparece inmediatamente. ¿Cómo te sentís al respecto? ¿Es un orgullo, un problema, una presión, una alegría o ni pensás en ello?

     

    Realmente no pienso en ello. El instrumento ha sido muy bueno para mí, inspirándome para mantener creativa a mi música. Soy consciente de que muchos stickistas lo descubrieron en mis shows con Peter Gabriel y King Crimson; pero me hace feliz escucharlos y darme cuenta de que ellos están haciendo cosas que yo no podría hacer; y, además, trato de seguir creciendo y aprendiendo nuevas técnicas. Es un instrumento realmente versátil, que ofrece muchas variantes.

     

     

    ¿Qué tipo de stick preferís, el de 10 cuerdas o el de 12 y por qué? ¿Hay diferencias sustanciales entre uno y otro?

     

    No hay una gran diferencia. El espacio es más amplio en el de 10 y el de 12 tiene más cuerdas. Yo prefiero el de 12, sólo porque mucha de mi música actual la escribí en él y sería difícil cubrir todo el rango con el de 10. Últimamente estoy focalizado en tocar “heavy progressive rock”; y algunas de las técnicas que estoy usando son específicas para ese estilo. Por ejemplo, yo tengo las cuerdas más graves de bajo y guitarra afinadas en octavas (que no es la relación standard que tienen en el stick). Lo hago así para poder tocar “líneas” en ambas y así conseguir el sonido de bajo y guitarra distorsionada duplicando la energía.

     

     

    Pienso que no hay, todavía, muchos stickistas; si estás de acuerdo, ¿por qué pensás que es así y cuándo pensás que el stick puede “explotar”?

     

    No sé cuántos stickistas hay. Sí sé que se trata de una linda “comunidad” en muchos lugares del mundo. Ellos comparten música e ideas y ocasionalmente brindan seminarios y clases grupales.

     

    ¿Y por qué las mujeres no se acercan tanto al stick?

     

    Ah… hay mujeres tocando stick. Tres de los mejores instrumentistas son Virna Splendore (Italia), Irene Orleansky (Israel) y Linda Cushma (Estados Unidos.)

     

     

     

    Y un día apareciste con los “funk fingers” (¡lindo nombre!); ¿fue una idea tuya o una sugerencia de Peter Gabriel?

     

    En realidad fue una idea de Peter. Durante la grabación del tema “Big Time (So, 1986), le pedí a Jerry Marotta, el baterista, que tocara sobre las cuerdas del bajo mientras yo marcaba las notas con la mano izquierda. Luego, en vivo, yo estaba siempre practicando con un palillo y lo hacía realmente mal. Un día Peter me vio y me dijo “¿por qué no te atás palillos en los dedos?” Y así fue…

     

     

    Tocaste con mucha gente y en infinidad de bandas. En algunas de ellas, como Liquid Tension Experiment, Upper Extremities, los tríos con Marotta y Gorn, o con Bozzio y Stevens se trataba de nuevos proyectos con nueva música donde eras el líder o co-líder; pero también tocaste mucho como invitado o integrante de un grupo. ¿Son diferentes las maneras de encarar esas situaciones?

     

    Yo disfruto todo tipo de bandas. Para mí, hay 3 situaciones diferentes (que me gustan de la misma manera): un artista con un grupo detrás, una banda co-liderada por sus integrantes y un proyecto. Te diría que para mí la cuarta es cuando soy el líder. Stick Men es un buen ejemplo de co-liderazgo, como King Crimson, donde todos tomamos decisiones acerca de las giras y aportamos música a la banda. Cuando anduve de gira con Peter Gabriel o Paul Simon, lo hice como músico acompañante; esto brinda muchas alegrías y  resulta más fácil, ya que todas las decisiones y promociones son hechas por otros… ¡nosotros sólo llegamos y tocamos! En lo que yo denomino un proyecto, el hecho de juntarte con músicos que te gustan, hacer un álbum… es una gran alegría. Pero es siempre un problema continuar y salir de gira con esos grupos. Porque no hay manager, porque los músicos están todos involucrados en otras bandas… se hace difícil encontrar un momento para salir de gira e igualmente difícil hacer un segundo disco. Yo tuve suerte, con Liquid Tension Experiment y con Bruford – Levin Upper Extremities, de hacer giras con ambas y un segundo disco. Pero aunque amé Bozzio-Levin-Stevens, nunca pudimos salir de gira. En esta categoría también pondría un grupo que yo llamo HoBoLeMa (Allan Holdsworth, Terry Bozzio, Pat Mastelotto y yo). Tocamos música completamente improvisada; no hay ninguna pieza escrita y nos arreglamos para hacer tres giras (¡aún sin haber editado un álbum!) y probablemente hagamos otra, en unos meses.

     

    Debés estar cansado de contestar preguntas sobre King Crimson, así que intentaré ser breve; cuando el sexteto vino a Buenos Aires, Robert Fripp dijo que la banda no era un sexteto sino un “doble trío”. Cuando entrevistamos a Adrian Belew y a Bill Bruford, ellos dieron a entender que no encontraban diferencia alguna… ¿y vos?

     

    Yo pienso que Robert encontró una forma creativa de describir a la banda; y sus intenciones para el ensamble musical deben haber implicado un “doble trío”. En la práctica, en contadas ocasiones dividimos las partes en dos grupos de 3. Así que no puedo decirte qué ocurrió con esa idea teórica. Sé que hicimos música audaz, se encontraron nuevas maneras para que pudieran convivir dos bateristas, dos sticks y dos guitarras; y me siento bien con la música que hicimos.

     

    Y en agosto vas a estar involucrado en un proyecto llamado “Three of a Perfect Pair Music Camp”, con Pat Mastelotto y Adrian Belew; ¿qué podés contarnos al respecto?

     

    Ahh… estás enterado de eso. Es una nueva idea y estamos viendo adónde nos llevará. Hay varios “music camps” con músicos individuales o bandas interactuando con fans y músicos. A Adrian, Pat y a mí nos consultaron para hacer uno, en un complejo ubicado no muy lejos de donde vivo –consultamos mucho acerca de esa idea y decidimos que sería divertido explorar-. También estuvimos pensando la posibilidad de hacer algunos shows juntos, así que el momento fue el indicado. Daremos seminarios, clases, tendremos ensayos abiertos y jams entre nosotros y con los asistentes, de lunes a viernes y durante una semana, en el mes de agosto. Los seminarios dependerán de quiénes se anoten (yo me focalizaría en el stick o el bajo o actuaciones en vivo o la improvisación, dependiendo de lo que los asistentes quieran).

     

    Tu nuevo grupo es un trío: un baterista y dos stickistas; ¿cuáles son los beneficios y limitaciones, si existen?

     

    Primero, permitime que actualice la información acerca de los miembros de la banda. Este año reemplazamos al stickista Michael Bernier por Markus Reuter, ejecutante de touch guitar. La razón es que Michael no iba a estar disponible para las giras como lo hubiéramos necesitado –tiene obligaciones hogareñas que lo requieren-. No fue una decisión fácil, después de las últimas giras, pero necesitábamos continuar con la banda y es más un grupo para tocar en vivo que para grabar… así que debimos buscar un reemplazante. Markus estuvo tocando con Pat (Mastelotto) en dúo durante años, así que fue una decisión fácil incorporarlo. El instrumento que toca es similar al stick, pero diferente –él lo diseñó y lo construyó-; así que, técnicamente, Stick Men ya no tiene dos stickistas. Pero para mí es la música la que determina cómo seguiremos… y Markus es un gran músico. Tocaremos material viejo y también tenemos mucha música nueva (Markus es un fan de King Crimson y nos impulsó a reexaminar algunas piezas difíciles de Crimson… que también tocaremos).

     

    Con Stick Men, en concierto, tocás tus propias composiciones, algo de King Crimson y (también en el CD Soup), The Firebird Suite de Igor Stravinski; ¿cuáles son los puntos de contacto entre sí?

     

    Cuando contás con sólo tres músicos, tener “tu sonido” no es un problema… ¡es un hecho! Siento que aportamos nuestro sonido y propuesta a esta música. Para el público hay algo que observar en estos instrumentos inusuales y cuánta música pueden hacer; también está la interacción entre nosotros (somos muy dependientes uno de otro en el show y eso se nota) y, afortunadamente, la música en sí misma es poderosa y movilizante.

     

    Debés ser uno de los pocos músicos (si no el único) en haber tocado un bajo de tres cuerdas; ¿fue una buena experiencia, aporta algo distinto o simplemente es una manera de comprar menos cuerdas y así compensar lo que gastás en el stick?

     

    Sí… tuve ese bajo porque a veces, de hecho, toco pocas notas y mayoritariamente notas bajas. Fue en parte una broma; ya que algunas veces, por supuesto, yo toco más notas… pero la compañía, Music Man, gentilmente hizo uno para mí y me divertí tocándolo; primero, en las giras con Peter Gabriel y, desde entonces, en clubes (usualmente, en una sesión de grabación, necesito algo con cinco cuerdas, para estar preparado para cualquier tipo de música que aparezca).

     

    Como dijimos antes, tocaste con muchos músicos y en una innumerable cantidad de discos; pero tu primer álbum como líder, World Diary, lo grabaste en 1995 a los 49 años; ¿fue por alguna razón en especial?

     

    Yo venía pensando en grabar un disco solista, pero estaba siempre muy ocupado tocando en vivo o en estudio… así que lo postergué. Lo que pasó ese año fue que un amigo me dio una muy buena idea. Él dijo “¿por qué no hacés un álbum mientras estás de gira? Podés llevarte un ADAT (en ese momento era un dispositivo nuevo y relativamente pequeño) y tocar con algunos de los grandes músicos con los que te encuentres”. Y es exactamente lo que hice. Fue tan fácil y divertido que luego continué haciéndolo. World Diary fue un disco de duetos (dos músicos en la mayoría de los temas); From The Caves of the Iron Mountain (Levin / Marotta / Gorn), en trío (flauta bansuri, batería y yo). Luego vino Bruford Levin Upper Extremities, un cuarteto (aunque no es realmente un álbum solista, fue mi idea y lo produje). Así que poco a poco fui involucrándome en la producción completa de mis proyectos.

     

     

    En la música, como en otras ramas del arte, aparecen diferentes elementos: virtuosismo, técnica, inspiración, pasión, talento, dedicación, emoción… ¿cuáles pensás que están más cerca tuyo cuando componés o tocás?

     

    Cuando escucho música, lo que me atrapa es la pasión y la originalidad. La música que se sale de lo habitual, pero que suena muy bien, frecuentemente me inspira; no para copiarla, sino para tomar el mismo camino, alejado de las últimas cosas que hice e incursionando en un territorio nuevo. Es lo que usualmente hago con mis proyectos y, si sale bien o no, no es lo importante. Si hago un esfuerzo honesto, digamos… agregar atonalidades a mis composiciones… tal vez el oyente no lo capte y tal vez hasta piense “el mismo Levin de siempre”… no me preocupa; porque desde mi interior, donde la música se origina, yo estoy haciendo cambios; así, puedo sentirme feliz con mi progreso.

     

    Vos grabaste y tocaste con leyendas como John Lennon, Peter Gabriel, Robert Fripp, Anderson/Wakeman/Bruford/Howe, Pink Floyd, Paul Simon, Alice Cooper, Lou Reed, Gary Burton, Peter Frampton, Herbie Mann… ¿tuviste que lidiar de alguna manera con personalidades tan fuertes o fue más sencillo de lo que uno puede imaginarse? ¿Alguna anécdota en particular?

     

    De hecho, fue muy fácil. Nada que comentar, salvo que toda esa gente es positiva, creativa y, generalmente, con quienes es fácil crear. Cada uno es diferente; con Paul Simon a veces trabajamos durante días en una canción, hasta conseguir lo que él consideraba correcto. Él me cantaba las líneas de bajo pero no deseando que yo toque aquello que él cantaba, sino para que yo encuentre en ello algo que influencie mis partes. Luego, cuando para él estaba bien… ¡bang!, se grababa y listo. Con Peter Gabriel el proceso es siempre diferente; probando muchas ideas, a veces mezclándolas y, luego, decidiendo qué usar en la grabación. Pink Floyd era muy organizado, con las canciones escritas y las partes de bajo en un demo, por lo que el proceso fue bastante rápido.

     

    Después de muchos años como músico profesional, ¿cuál es el secreto para mantener la inspiración, deseo y todas esas (buenas) cosas que un oyente puede encontrar, actualmente, en tus grabaciones o actuaciones?

     

    No hay secretos; y no creo hacer algo muy diferente a muchos, muchos buenos músicos que se entregan completamente a su música, sólo por el placer de tocar.

     

    ¿Pensaste alguna vez qué podrías haber sido en lugar de músico o fotógrafo?

     

    ¡Afortunadamente no tuve que pensar en ello! Me gusta escribir, así que probablemente me hubiera dedicado a eso.

     

    Y la última: ¿qué le diría o preguntaría el Tony Levin actual al Tony Levin adolescente?

     

    Es una buena pregunta; y deberías pensar que a esta edad debería saber un montón de cosas para aconsejarle a aquel joven músico. Pero, de hecho, no sé nada de música como para decirle; y lo que sé de la vida (por supuesto que a los 60 algunas cosas uno ha aprendido)… esas cosas no pueden ser dichas, deben ser aprendidas por cada uno, a su propio ritmo. Así que yo no le diría nada, ¡salvo que tal vez admire su pelo largo!

     

    www.tonylevin.com

    Marcelo Morales

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