• U.K. en Concierto: El Reino Re-Unido

    The Regency Ballroom – San Francisco, California (USA)

    Sábado 23 de Abril de 2011 – 20:00 hs.

     

    El mítico grupo británico de rock progresivo U.K., a más de tres décadas de haberse separado, retornó a los escenarios para una breve gira mundial que abarcó las ciudades de Boston, New York, Tokio y San Francisco.

    En esta serie de presentaciones la banda alineó a dos de sus miembros originales, el cantante y bajista John Wetton y el tecladista y violinista Eddie Jobson e incorporó para la ocasión al baterista alemán Marco Minnemann (UZ-Project, Minnemann & Brinkmann, KMB, Adrian Belew Power Trio) y al guitarrista austríaco Alex Machacek (The Out Trio, UKZ).

     

    El rock progresivo fue una corriente surgida en las postrimerías de la década del sesenta cuya estética fue una combinación derivada del rock psicodélico y de elementos provenientes de la música clásica y el jazz; que además se caracterizó por la rigurosa formación académica de sus cultores, su apego al virtuosismo técnico y una irreductible tendencia a desarrollar obras conceptuales inspiradas en temas fantásticos o que ahondaban en reflexiones de alcance filosófico.

    Antes de sufrir los embates del punk, la música disco y la new wave, el rock progresivo alcanzó su época de máximo esplendor durante la primera mitad de los setenta a través de bandas, en su mayoría, provenientes del Reino Unido; tales como King Crimson, Yes, ELP, Genesis, Van der Graaf Generator, Gentle Giant, Pink Floyd, Jethro Tull, entre otras. A pesar de que la constitución de U.K. tuvo lugar cuando las luces del rock progresivo comenzaban a apagarse y que en su corta existencia (desde finales de 1977 a principios de 1980) sólo produjo dos álbumes en estudio (U.K. de 1978 y Danger Money en 1979) y un registro en vivo (Night After Night de 1979), el grupo logró convertirse en un objeto de culto para una legión de seguidores cuya fidelidad ha continuado, para sorpresa de propios y extraños, hasta nuestros días.

     

    La historia cuenta que en 1976 John Wetton y el baterista Bill Bruford (ambos ex–integrantes de King Crimson), tras un fallido intento de conformar un trío con el tecladista Rick Wakeman, decidieron convocar al guitarrista Allan Holdsworth (Gong, Soft Machine) y a Eddie Jobson (Curved Air, Roxy Music, Frank Zappa) para dar forma definitiva al cuarteto que finalmente conoceríamos como U.K. (sigla de “United Kingdom”, en inglés “Reino Unido”). El grupo, luego de su rutilante debut discográfico y una gira por Estados Unidos e Inglaterra, sufriría el alejamiento de dos de sus miembros fundadores (Bruford y Holdsworth) para continuar en formato de trío junto al baterista estadounidense Terry Bozzio; integración con la que lanzarían los ya mencionados Danger Money y Night After Night. Sin embargo, poco antes de ingresar al estudio de grabación para registrar su cuarto trabajo, la banda terminó separándose por “irreconciliables diferencias musicales” entre Eddie Jobson y John Wetton que –según parece y en el mejor de los casos- tardaron treinta años en superar.

     

    En el ámbito del rock abundan este tipo de regresos históricos; en parte motivados por la nostalgia, en ocasiones para ocultar la falta de ideas novedosas, muchas veces por razones económicas y casi siempre con resultados funestos. Está claro que observar el pasado y recordar puede ser un sano ejercicio terapéutico, pero sólo si se tiene en cuenta que ya no estamos en el mismo momento en el que ocurrieron los hechos y que la sensación de seguridad devenida del conocimiento de lo ya acontecido no sólo es ficticia sino que, además, puede denotar un oculto temor a enfrentar los desafíos del presente y las incertidumbres que conlleva el tránsito hacia el futuro.

     

    No es objeto de este comentario determinar las causas y motivaciones individuales de las personas que agotaron las entradas en cada uno de los conciertos ofrecidos por U.K. en esta gira; pero sería injusto de mi parte si no confesara que su regreso –casi como si se tratara de un ejercicio actoral impulsado por Constantin Stanislavski- activó mi memoria afectiva trasladándome emocionalmente al pasado, estimuló la conexión con algunos de mis recuerdos más gratos y, en consecuencia, posibilitó la recreación de sentimientos que ya creía perdidos u olvidados.

    Antes de que alguno haga cálculos erróneos sobre mi edad y piense que soy contemporáneo a Matusalén o que participé en la construcción del Arca de Noé, debo dejar constancia que cuando escuché el primer disco de U.K. acababa de cumplir… bueno, tenía treinta y tres años menos que ahora (¡y apenas días de nacido!).

    No me parece desproporcionado afirmar que la discografía de la banda –especialmente su primer álbum- ha resistido con hidalguía el paso del tiempo ni tampoco me avergüenza reconocer que muchas de sus canciones suelen venir a mi memoria con sugestiva frecuencia. Incluso recientemente hice una apasionada versión en la ducha de Mental Medication (que hizo honor al título) en la que combiné silbidos, tarareo y chapoteo en la tina de la que –a decir verdad- estoy bastante orgulloso. No sé si da como para salir de gira pero… con un poco de ensayo y una buena amplificación podría animar bodas, fiestas familiares y despedidas de solteras.

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    Lo concreto es que U.K. se presentó en el afamado The Regency Ballroom de la ciudad de San Francisco para ofrecer lo que sería el último de los conciertos programados de la denominada “U.K. Reunion Tour” y allí fuimos cargando recuerdos, expectativas, incertidumbres, dudas y nuestro habitual escepticismo.

    Todos los reparos y temores se disipan desde la apertura del concierto con una arrolladora y vibrante lectura de In the Dead of Night del álbum U.K. de 1978, aquí en versión completa con sus tres movimientos: In the Dead of Night, By the Light of Day y Presto Vivace and Reprise. El andamiaje estructural se sostiene con firmeza mediante la confluencia de la voz líder y los opulentos vaivenes instrumentales en un torrente sonoro cuya exuberancia parece ser la lógica consecuencia de un discurso musical asertivo, coherente y ensayado hasta el más mínimo detalle. La voz de John Wetton se muestra amplia, bien timbrada y con conciencia de estilo; el habitual virtuosismo de Eddie Jobson ocupa el centro de la escena alternando teclados y violín, la guitarra de Alex Machacek replica a la perfección los fraseos proporcionados por Holdsworth en el original mientras la batería de Marco Minnemann –de brillante desempeño durante toda la noche-, además de potencia y precisión, transmite un contagioso entusiasmo. Un inicio vigoroso que el público retribuye con una conmovedora ovación.

     

    A continuación atacan con una bombástica versión de Danger Money, tema que en 1979 dio título al segundo álbum de la banda. Una pieza pirotécnica de innegable bravura rítmica y con enormes bloques orquestales que, sin renegar de los parámetros del rock progresivo, parece suscribir en planteamiento, desarrollo y desenlace a los modos imperantes en la música clásica. No obstante, ese supuesto anacronismo estético contrasta con una letra de sorprendente vigencia sobre un personaje sombrío que dice “soy un mercenario, tengo la voluntad de sobrevivir pero esencialmente la suerte de estar vivo” mientras reconoce que su “obsesión por el peligro” es el impulso instintivo que lo lleva a “tomar el dinero y correr”. El paso siguiente es una consumada y minuciosa reinterpretación de Thirty Years perteneciente al álbum debut de U.K., aquí rematada por un magnifico duelo entre los sintetizadores y la guitarra de Alex Machacek.

    Luego empalman el espectral solo en teclados de Alaska con una despiadada versión de Time to Kill que incluye un feroz soliloquio de Eddie Jobson en violín.

     

    Uno de los momentos culminantes del concierto llega con la sublime recreación del clásico de King Crimson perteneciente al álbum Red de 1974: Starless. La visión de la pieza ofrecida por el cuarteto hace honor a las cualidades que emergen de la partitura original, pero permitiéndose la incorporación de novedosas texturas y ornamentos que le otorgan una modernizada sonoridad. En un contexto de interpretación superlativo sobresale aquí el experimentado John Wetton mediante una impecable entrega vocal y un festejado solo en bajo eléctrico. Otro de los mejores pasajes de la noche toma cuerpo en la impactante versión a trío –sin guitarra- de Carrying No Cross del álbum Danger Money de 1979; magnificada por el desbordante virtuosismo que emana de los teclados de Eddie Jobson, la rotunda y precisa labor de Marco Minnemann en batería y la consabida autoridad de John Wetton para darle carnadura a un personaje que se cuestiona “¿cuál es el precio de la paz mental?” y que a pesar de estar rodeado “de espacios vacíos sin nada que mostrar, sin puntos de referencia ni lugar adonde ir” encuentra “emociones sin control que iluminan mi corazón y mi alma”.

     

    A continuación sobreviene un extenso segmento dedicado a los solos, primero a cargo de Marco Minnemann con Zero 1 -ofreciendo unos de los solos más entretenidos, convincentes y creativos que le haya visto dar en mucho tiempo a un baterista de rock-; luego con una efectista performance de Eddie Jobson en violín eléctrico en Zero 2 y finalmente con una cálida interpretación en solitario de John Wetton de Book of Saturday del álbum de King Crimson: Larks’ Tongues in Aspic de 1973.

    La parte final del concierto abordará una notable recreación de Nevermore de U.K., la exultante revisión de One More Red Nightmare (tema de King Crimson incluido en Red de 1974) y un medley que enlazó una versión al galope de Caesar’s Palace Blues con una inesperada entrega de la composición de Jobson y Bruford perteneciente al disco solista de este último One of a Kind de 1979: Sahara of Snow Part II.

     

    Ante el reclamo de un auditorio extasiado regresan para ofrecer una salvaje interpretación de The Only Thing She Needs del álbum Danger Money y una delicada versión a dúo entre el piano de Jobson y la voz de Wetton de Rendezvous 6:02.

    El retorno de UK, al menos en la noche de San Francisco, ofreció mucho más de lo que vinimos a buscar y nos demostró que a veces la re-unión también hace la fuerza.

     

    Sergio Piccirilli

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