• Juan Pablo Navarro: Contratangos

    Contratango, A Cecilia, El día que nos quieran, Tanguito para Néstor, Reflexiones, A la Alta Escuela, Incompatible, Líquido, Nana Granovskaia, Para volverse loco, Candombass, Contra todos los que rayen, Canción para Betty

     

    Músicos:

     

    Juan Pablo Navarro: contrabajo

    Néstor Marconi: bandoneón

    Juan Carlos Cirigliano, Nicolás Guerschberg, Abel Rogantini, Diego Schissi, Cristian Zárate, Juan Esteban Cuacci: piano

    Esteban Falabella: guitarra

     

    Sello y año: Epsa, 2011

    Calificación: Dame dos

     

    Como con tantas otras cosas (y ya aburren) no existe unanimidad acerca del origen de un instrumento musical, de cuerda, que se toca con dedos o arco, de sonido grave, perteneciente a la familia de los cordófonos, de importante peso y tamaño y al que se ha dado en llamar (al menos en castellano) contrabajo. No obstante parece haber coincidencia con respecto a su aparición, acaecida en algún momento del siglo XVI y, aparentemente, un derivado del violone. Su forma actual no ha sufrido grandes modificaciones desde el siglo XVIII. Investigando (aunque no mucho, para qué le voy a mentir) se dice que su primera aparición como parte de una orquesta sucedió ayer nomás: en 1663.

    Pero no fue sino hasta la aparición de Domenico Dragonetti que el contrabajo comenzó a tener otra presencia en el ambiente musical de entonces. Dragonetti, nacido en Venecia en 1763, también tocaba guitarra y violín. Con apenas 13 años se convirtió en el primer contrabajista de la Ópera Bufa de Venecia; y a los 14 ingresó en la Gran Ópera de Vicenza. Se mudó a Londres en 1794 (ciudad en la que falleció en 1846), conoció a Haydn y Beethoven y colaboró con (atenti) Paganini, Rossini, Liszt y Mendelssohn, entre otros.

     

    Dragonetti falleció (insólita costumbre de todo mortal que se precie), pero el contrabajo no. Es más… comenzó, de a poco, a subir peldaños en la escalera del protagonismo musical. Por supuesto que nos referimos a la música clásica. Otros instrumentistas han sabido aportar lo suyo: Achile Gouffe (quien escribió el primer método para el instrumento), Giovanni Bottesini, Ludwig Streicher, Gary Karr, Franco Petracchi, Esko Laine y siguen las firmas.

     

    A partir del siglo XX el contrabajo pasó a inmiscuirse en otros estilos, dejando de ser exclusiva propiedad de la música académica. Por supuesto que en el jazz ha obtenido las mayores regalías, gracias al aporte de Pops Foster, Jimmy Blanton, Oscar Pettiford, Paul Chambers, Eddie Gómez, Charlie Haden, Ray Brown, Ron Carter, Nils-Henning Orsted Pedersen, Miroslav Vitous y, por supuesto, Charles Mingus.

    Es en la segunda década del siglo XX que el contrabajo comienza a tornarse en un elemento fundamental dentro del tango, de la mano de Aniceto Rossi (responsable del primer solo, grabado junto a la Orquesta de Osvaldo Pugliese), Enrique Marchetto, Fernando Cabarcos, Enrique Amadeo Guerra, Mario Monteleone… y más acá en el tiempo Héctor Console, Horacio Cabarcos, Enrique “Kicho” Díaz, Domingo Diani, Rafael Ferro, Oscar Giunta y, nuevamente, siguen las firmas.

     

    Juan Pablo Navarro nació en Buenos Aires en 1971 y es uno de los contrabajistas más solicitados en la escena musical contemporánea argentina. Es uno de los fundadores del proyecto Tangocontempo junto con Falabella, Prusak, Greco, Ruggero, Guerschberg y Schissi. Ha grabado y/o actuado junto a notables artistas del tango, folclore y jazz, a saber: Pablo Agri, Amelita Baltar, Gustavo Beytelmann, Ubaldo De Lío, Leopoldo Federico, Guillermo Fernández, Quique Greco, Raúl Lavié, Joe Lovano, Quinteto Real, Susana Rinaldi, Walter Ríos, Horacio Salgán, Chango Spasiuk, José Ángel Trelles y en numerosas orquestas.

    Ineludible referente contemporáneo de su instrumento, finalmente Navarro se decidió a debutar discográficamente como líder. Contratangos cuenta con un concepto claro desde el inicio y desde el subtítulo del CD: “New Duos for Tango Bass”, que se cumple a rajatabla (con la excepción de una pieza en contrabajo solo) y en el que Navarro, además, no cayó en la tentación de los clásicos, de las reversiones. Contratangos está conformado por 13 composiciones originales (6 del contrabajista, 7 de los invitados) donde el líder es acompañado básicamente por pianistas aunque también hay espacio para guitarra y bandoneón.

     

    El álbum está impregnado, por supuesto y cómo no, por el tango. No obstante aparecen (y de manera no tan solapada) elementos de, básicamente, jazz, folclore y clásica contemporánea. Un tema en contrabajo solo, un dueto con guitarra, otro con bandoneón y los demás con piano conforman una geografía singular, balanceada, homogénea, arriesgada y que sorprende por su creatividad.

    Juan Pablo Navarro ha decidido rodearse de músicos poco complacientes y la apuesta, que desde el concepto primario no puede menos que seducir, cumple y con creces con todo aquello que algunos (ante toda propuesta nueva) esperamos: lo inesperado. Por supuesto que, a lo largo de todo el álbum, el contrabajo mantiene un protagonismo indisimulable; pero Navarro ha demostrado la suficiente pericia,  idoneidad y carencia e egocentrismo como para saber descansar en sus compañeros elegidos; esto, ayudado por la buena conjunción existente entre composición, autoría e intérpretes. Que dicho así, parece una simpleza… hasta una obviedad si usted quiere. Aunque… piense un poquito… ¿cuántos han sabido amalgamar en buena forma los elementos citados? Coincido con usted: poquísimos.

     

    Un gran acierto es la elección de Contratango, tema de Nicolás Guerschberg, como apertura del álbum. El pianista, pieza vital tanto de Escalandrum (sexteto de jazz) como de La Camorra (quinteto de tango), le cede el protagonismo a un Navarro inspiradísimo quien, durante poco más de dos minutos, demuestra en soledad varias de las bondades que lo han llevado a posicionarse como uno de los mejores contrabajistas de la actualidad género por género, estilo por estilo. La composición de Guerschberg, de indudable corte piazzolliano, es interpretada por el dúo con singular fluidez e inusual variedad de recursos, sin que éstos resulten meros recursos efectistas.

    A Cecilia, de y con Abel Rogantini, más reflexiva, con cierto aire impresionista (y, por momentos, de tinte folclórico) por parte del pianista y con Navarro haciendo uso del pizzicato y el arco con similar sapiencia. En El día que nos quieran, Cristian Zárate parece alejarse de su frondoso pasado tanguero y adentrarse, en cambio, en terrenos lindantes con el jazz contemporáneo (y en muy buena forma, créame). Esteban Falabella en guitarra es el acompañante elegido por Navarro para su Tanguito para Néstor. Actual integrante (entre otros) del Quinteto Real y de las agrupaciones de Nicolás Guerschberg y Néstor Marconi, el guitarrista aporta timbres disonantes, atractivos y, felizmente, inesperados.

     

    Reflexiones, de y con Juan Carlos Cirigliano (un histórico que osciló entre el Octeto Electrónico de Ástor Piazzolla y Ray Conniff), aporta calma, una buena entrega de Navarro con arco y remembranzas de Erik Satie. A la Alta Escuela es un tango hecho y derecho compuesto e interpretado por el bandoneonista Néstor Marconi (junto con Navarro, claro está). Aunque lo de “derecho” es un decir, habida cuenta de las marchas y contramarchas no sólo propuestas sino también concretadas. Sigue Incompatible, otra composición de Nicolás Guerschberg quien luego del protagonismo inicial de Navarro se sumerge, solo al principio, acompañado luego, en terrenos lindantes con el impresionismo, la clásica contemporánea, el minimalismo y (cómo no…) el tango, para luego ofrendar un solo jazzístico sobre el fuerte y marcado pulso del contrabajista. Líquido 5 deja en claro que Diego Schissi está pasando por un momento de esplendor compositivo e interpretativo con una fuerte presencia lúdica y Navarro aportando elementos percusivos desde su instrumento.

     

    Juan Esteban Cuacci, en concordancia con el contrabajista aporta, en su Nana Granovskaia, un rico e indisimulable espacio camerístico que Navarro fortalece con el atinado uso del arco. Para volverse loco prolonga, en su inicio, el clima de la pieza anterior hasta que Rogantini propone adentrarse en el jazz y no encuentra oposición.

    Candombass es un “dejadme solo” del contrabajista que se muestra lúcido, enérgico, percusivo y creativo. Contra todos los que rayen ofrece un liderazgo compartido (algo así como una charla devenida, a veces, en discusión) en el que Cristian Zárate se acomoda, propone y responde. Navarro, no se esconde.

    El cierre es con Canción para Betty, una balada intimista compuesta por Navarro donde es acompañado por Diego Schissi. Sin sobresaltos ratifica una vez más las bondades del contrabajista en el uso del arco.

     

    Juan Pablo Navarro debutó como líder con un álbum de duetos, mayormente con pianistas, donde ha sabido ubicar a cada composición e intérprete en el lugar adecuado, en tiempo y en forma. El disco presenta composiciones del contrabajista y de los invitados; pero la diversidad de estilos (donde incluso asoman por momentos ciertas raíces emparentadas con el rock) no lo sumerge en los desniveles de la heterogeneidad.

    Y con un nivel de ejecución por momentos superlativo, hay que decir que Contratangos, mire usted, no tiene contra.

     

    Marcelo Morales

     

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