• Peter Evans Quintet: Ghosts

    …One to Ninety Two, 323, Ghost, The Big Crunch, Chorales, Articulation, Stardust

     

    Músicos:

    Peter Evans: trompeta, trompeta piccolo

    Carlos Homs: piano

    Tom Blancarte: bajo

    Jim Black: batería

    Sam Pluta: electrónicos

     

    Sello y Año: More is More, 2011

    Calificación: A la marosca

     

    Toda dificultad eludida se convierte más tarde en un fantasma que perturbará nuestro reposo (Frederic Chopin)

     

    El trompetista y compositor Peter Evans es uno de los miembros más conspicuos de la vanguardia musical neoyorquina de la última década. A las ya consagradas y reconocidas virtudes que lo distinguen como instrumentista, deben adosarse su infrecuente idoneidad para abordar un amplio rango de géneros y estilos que abarcan desde jazz moderno y libre improvisación a música clásica contemporánea y su innegable pericia para desenvolverse en una variada gama de formatos que incluyen desde presentaciones en solo de trompeta hasta ensambles de dimensión orquestal.

     

    La intensa agenda desplegada en la actualidad por Peter Evans se ha plasmado en las ediciones simultáneas de material proveniente de diversos proyectos que, además de tenerlos como protagonista, confirman la pluralidad de los intereses artísticos que impulsan su carrera. A modo de ejemplo basta con mencionar su participación en 2011 en el álbum The Coimbra Concert junto a Mostly Other People do The Killing (banda de la que es miembro fundador), sendos álbumes en trío con Mary Halvorson y Weasel Walter -materializado en el álbum Electric Fruit - y con Sam Pluta y Jim Altieri a través de Sum and Difference; el inminente lanzamiento de Kopros Lithos del EFG Trio (en donde comparte créditos con Mats Gustafsson y Agusti Fernández) y todo esto sin dejar de mencionar sus recientes contribuciones en las nuevas producciones discográficas de John Zorn (Satyr’s Play/Cerberus) y Okkyung Lee (Noisy Love Songs), entre otros.

     

    Todo acto creativo obliga a enfrentar una serie de obstáculos y desafíos que -como afirma la sentencia de Chopin- una vez eludidos se transforman en fantasmas que no sólo impiden el reposo del artista sino que también lo impulsan a seguir creando. No podemos asegurar cuántas de esas dificultades superadas por Peter Evans se convirtieron en fantasmas; pero estamos en condiciones de afirmar que al menos una de ellas se transformó –justamente- en Ghosts (en inglés, “fantasmas”). Este álbum, además de ser la exposición más acabada del actual imaginario estético de su autor, sirve para presentar en sociedad al rutilante combo electro-acústico denominado Peter Evans Quintet.

    Este emprendimiento colectivo profundiza la invocación al bebop desde una perspectiva vanguardista expuesta a través de sus álbumes en cuarteto -The Peter Evans Quartet de 2007 (con Tom Blancarte en bajo, Kevin Shea en batería y Brandon Seabrook en guitarra y banjo) y Live in Coimbra de 2010 (con el pianista colombiano Ricardo Gallo en lugar de Seabrook)- pero con los cambios lógicos que representa tener una nueva formación y, en especial, por la distintiva incorporación de electrónicos y procesamiento de sonidos en tiempo real que le confieren a este trabajo un subyugante aura de carácter “fantasmal”.

     

    Antes de seguir adelante con el disco, corresponde decir que en muchas culturas los fantasmas son entendidos como supuestos espíritus o almas desencarnadas que se manifiestan ante los vivos de manera perceptible -ya sea tomando una apariencia visible, produciendo sonidos o desplazando objetos- y que suelen presentarse en los lugares que frecuentaban en vida.

    A mi modesto entender todo eso siempre me pareció pura superchería, aunque debo reconocer que el caso de un vecino al que se le apareció su mujer ya fallecida me causó un gran impacto debido al alto grado de veracidad de su relato. Según él, su esposa regresó el día en que ella debía cumplir 60 años pero lo hizo corporizada en tres voluptuosas fantasmitas de 20 añitos cada una. No creo que esta experiencia alcance ribetes de explicación racional o comprobación científica sobre la existencia de los fantasmas, pero es innegable que a mi vecino se lo veía bastante satisfecho con lo sucedido, aunque algo fatigado.

    Según la tradición, los llamados clarividentes, chamanes o médiums tienen la facultad de ver y comunicarse con los fantasmas e incluso aseguran que, mediante algunas prácticas como la necromancia y la “canalización mediúmnica”, pueden hacer que los muertos se encarnen durante un breve período de tiempo.

    En ese campo está claro que la ignorancia favorece la estafa y el fraude, de allí que el escepticismo y el método científico sean requisitos poco menos que indispensables para abordar con seriedad este fenómeno. Por ejemplo: si un médium le ofrece por una módica suma establecer contacto con un familiar ya fallecido, mantenga el rigor científico y desconfíe. Ahora, si por un valor accesible le aseguran que el fantasma se encarnará al menos una vez a la semana y que se encargará de pagar las expensas y los impuestos, lavar, planchar, hacer las compras, sacar a pasear al perro y cocinar… no sé… ¡piénselo bien! Al fin y al cabo… ¿a quién le interesa si las tareas domésticas de su casa las hace un fantasma o un muerto? Lo realmente importante es que el dinero alcance hasta fin de mes.

     

    La apertura del álbum con …One to Ninety Two sienta las bases del fascinante universo sonoro diseñado por Peter Evans y su quinteto. Este pieza es, en esencia, una reformulación del clásico navideño de Bob Wells y Mel Tormé The Christmas Song (tema de 1946 también conocido como Chestnuts Roasting on an Open Fire) a la que Evans le adosa elementos provenientes del bebop en equidistancia con los innovadores e imaginativos aportes que proveen los sonidos procesados de Sam Pluta. Todo realzado por la inmejorable sección rítmica que integran la batería de Jim Black y Tom Blancarte en contrabajo, las sutiles ornamentaciones que construye el piano de Carlos Homs y los feroces arrestos solistas de la trompeta de Peter Evans. 323 es un permanente intercambio entre modernas y antiguas sonoridades -vanguardia y tradición, jazz y clásica contemporánea, música acústica y electrónica- que, a pesar de sus implícitas complejidades, mediante un pulido lenguaje interpretativo va creando un clima de comunicación cálido y directo. Ghost es una espaciosa y embriagante balada de carácter onírico cuya partitura recoge –con estratégica precisión- trazos melódicos del clásico de 1932 perteneciente a Victor Young: I Don’t Stand a Ghost of a Chance with You. En el breve y agitado The Big Crunch la banda, por ausencia de su líder, se reduce a cuarteto para ofrecer un huracán sonoro en cuyo vórtice se destacan la fantasía electrónica que construye Sam Pluta, los impiadosos fraseos del piano de Carlos Homs y el vendaval percusivo que desata la batería de Jim Black. El impactante Chorales nace de una luminosa secuencia en swing que se oscurece lentamente hasta desembocar en un motif de impronta minimalista entre el piano y la trompeta para, finalmente, concluir en un clímax de dimensión orquestal en donde sobresalen los sonidos procesados y un magnífico trabajo de Tom Blancarte ejecutando el contrabajo con arco. La extensa Articulation, además de ser una de las piezas centrales del álbum, está inspirada en la obra de uno de los íconos de la trompeta jazzística: Woody Shaw. El resultado es una yuxtaposición de bebop, libre improvisación y electrónica de vanguardia, luego coronada en un descollante solo a cargo de Peter Evans. En un simpático guiño de complicidad con la tradición, el álbum cierra con una notable versión del clásico de Hoggy Carmichael de 1927: Stardust.

     

    Peter Evans, en Ghosts, asume el riesgo de aventurarse en el futuro del jazz pero con el talento, la convicción y el conocimiento para hacerlo exitosamente.

     

    La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo (Gilbert Keith Chesterton)

     

    Sergio Piccirilli

     

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