• Wadada Leo Smith’s Organic: Heart’s Reflections

    Disco uno: Don Cherr’y Electic Sonic Garden, Heart’s Reflections – Splendors of Light and Purification (The Dhikr of Radiant Hearts Part 1, The Dhikr of Radiant Hearts Part 2, The Majestic Way, The Shaykh as far as Humaythira, Spiritual Wayfarers, Certainty, Ritual Purity and Love Part 1, Ritual Purity and Love Part 2)

    Disco dos: Heart’s Reflections – Splendors of Light and Purification (Silsila, The Well from Bitter to Fresh Sweet Water Part 1, The Well from Bitter to Fresh Sweet Water Part 2), Toni Morrison: The Black Hole (Sagitarius A*)  – Conscience and Epic Memory (for Toni Morrison), Leroy Jenkin’s Air Step (for Leroy Jenkins)

     

    Músicos:

    Wadada Leo Smith: trompeta, trompeta eléctrica

    Michael Gregroy, Brandon Ross, Josh Gerowitz, Lamar Smith: guitarra eléctrica

    Pheeroan akLaff: batería

    John Lindberg: contrabajo, contrabajo eléctrico

    Skuli Sverrisson: bajo eléctrico

    Angelica Sanchez: piano, piano eléctrico Wurlitzer

    Stephanie Smith: violín

    Casey Butle: saxo tenor

    Mark Tryle, Charlie Burgin: laptop

     

    Sello y año: Cuneiform, 2011

     

    Calificación: A la marosca

     

    Las personas con fortaleza de carácter crean sus acontecimientos, las débiles sufren lo que les impone el destino (Alfred Víctor de Vigny)

     

    En años recientes la psicología ha comenzado a estudiar los procesos que subyacen a las cualidades y emociones positivas del ser humano. El objeto de estas investigaciones científicas, desarrolladas en el contexto de la denominada “psicología positiva”, está centrado en aportar nuevos conocimientos acerca de la psique humana para que la labor terapéutica además de estar facultada en la resolución de los problemas que afectan la salud mental del individuo, puedan también facilitar su bienestar y mejorar su calidad de vida. Desde una perspectiva histórica podemos hallar antecedentes de la psicología positiva en los escritos de Aristóteles dedicados al eudemonismo (concepto basado en que “el bien es aquello que nos hace felices y la felicidad es el aumento de nuestras fuerzas para obrar”), en los principios de la felicidad relativa de Santo Tomás de Aquino y también en las teorías de algunos cultores de la psicología humanista como Carl Rogers y Abraham Maslow. La principal contribución de la psicología positiva se funda en la pretensión de revertir el paradigma establecido por las corrientes tradicionales circunscripto a tratar los aspectos negativos y patológicos del ser humano –tales como la ansiedad, el estrés o la depresión- para privilegiar en su lugar el análisis de áreas asociadas a la creatividad, la inteligencia emocional, el humor y la sabiduría.

     

    Debo confesar que en los últimos años he dedicado bastante tiempo al estudio, comprensión y posible aplicación de estos conceptos. De hecho, le sugerí a mi psicoanalista que dejáramos de trabajar por un tiempo en los aspectos más negativos de mi personalidad para dedicarnos con exclusividad a los positivos. Mi terapeuta, para sorpresa de propios y extraños, no sólo aceptó sino que además me propuso que de allí en más le enviara sus honorarios por correo y que no regresara hasta que encontrase algo positivo en mi personalidad. La verdad es que con este nuevo esquema no he mejorado mucho pero a él se lo ve bastante bien… incluso me animaría a decir que si sigo sin visitarlo, en unos meses estará completamente curado.

    Lo cierto es que el exhaustivo estudio de esos rasgos calificados como positivos fueron denominados y descriptos por los doctores Christopher Peterson y Martin Seligman, en su libro Character Strengths and Virtues, como “las fortalezas de carácter que permiten al individuo alcanzar una vida psicológica óptima”. Según sus autores, una de las virtudes principales contenidas en las fortalezas de carácter es la vitalidad, ya que esa cualidad implica “acercarse a la vida con entusiasmo y energía, no hacer las cosas a medias, vivir la vida como una aventura y tener una sensación de actividad plena.”

     

    Todas las cualidades contenidas en las fortalezas de carácter descriptas por Peterson y Seligman parecen representar, justamente, las virtudes que distinguen a la inconmensurable obra musical del compositor, improvisador y trompetista Wadada Leo Smith. En las últimas cuatro décadas su icónica figura abarcó casi todos los tópicos de la labor estética: ha liderado un sinnúmero de proyectos asociados a la vanguardia jazzística y la libre improvisación, se constituyó en uno de los popes de su instrumento y desarrolló una teoría musical basada en un sistema de notación grafica al que llamó Ankhrasmation. Además, supo adosarle a toda su obra un fuerte compromiso social y una profunda espiritualidad. Es uno de los miembros más prestigiosos de la AACM (Association for the Advancement of Creative Musicians) y de la ASCAP (American Society of Composer Authors and Publishers) y las investigaciones que desarrolló en el campo de la etnomusicología y sus tareas como profesor de música, miembro facultativo del Herb Alpert School of Music y el rol de Director del Programa de Improvisación Afroamericana que ocupa en el California of Arts, lo han llevado a erigirse en un auténtico arquetipo de la pedagogía musical contemporánea.

    Wadada Leo Smith, a sus setenta años, lejos de vivir de glorias pasadas sigue manifestando una envidiable vitalidad y un riguroso compromiso con su tiempo que se establece no sólo en términos extra-musicales sino también en el núcleo mismo de una obra que privilegia la disciplina artística, el orden espiritual y la claridad de conceptos.

    Es decir, todo lo contrario de un músico al que conocí hace unos años que se jactaba de estar tan comprometido con el tiempo que le tocó vivir, que –por fortuna para el arte- terminó abandonando la música para dedicarse a la meteorología. Evidentemente, estaba comprometido con el tiempo.

     

    En el actual ideario estético de Wadada Leo Smith conviven la unión sistémica de improvisación y composición estimulada mediante la simbología visual del ankharsmation que manifiesta el Wadada Leo Smith’s Golden Quartet con los principios orquestales de avanzada desplegados al conjuro de ideas democráticas y de expresión colectiva que encarna la Wadada Leo Smith’s Silver Orchestra. Ahora, en su proyecto más reciente, el Wadada Leo Smith’s Organic, recicla esos conceptos pero ubicándolos en un contexto en donde el núcleo de la energía creativa –sin perder un ápice de la espiritualidad que caracteriza a toda su obra- se aposenta en la electrónica.

    Aquí Wadada Leo Smith retoma algunos aspectos asociados al período eléctrico de Miles Davis pero utilizando una estrategia composicional que, en lugar de privilegiar la fusión de estilos, hace centro en el diseño sonoro mediante una alineación tímbrica sin precedentes que incluye -entre otros instrumentos- a dos bajos, cuatro guitarras eléctricas y dos laptops. No obstante, esa instrumentación de apariencia caprichosa será de capital importancia; no sólo por la amplia disponibilidad de opciones que provee a la paleta de sonidos sino también porque sirve para recordarnos que “instrumentar” es una simple asignación de timbres en tanto que “orquestar”  es –como definiera el compositor y pedagogo canadiense Alan Belkin – “componer con timbres”.

     

    Heart’s Reflections es una obra monumental tanto por su extensión y objetivos como por sus resultados estéticos. Una clara muestra de maestría compositiva que, con su acabado uso de las dinámicas, innovaciones armónicas, mantenimiento de la tensión y transformaciones sonoras, hace que nos aferremos a ella hasta su última nota.

    El análisis musical siempre debe contemplar lo intelectual y lo emocional de la manera más objetiva posible. Sin embargo, sumergirse en el mundo prodigioso de los sonidos que surcan este álbum es una invitación -al menos en mi caso- a atravesar la delgada línea fronteriza que separa a los críticos musicales y periodistas de… los seres humanos. Como crítico de música sé que la valoración estética de una obra es un proceso personal, subjetivo y abierto a múltiples lecturas… Ahora, como ser humano, le advierto que si a usted este álbum no le resulta fascinante no me dejará otro camino que desearle infortunios, alimañas ponzoñosas y llagas pestilentes, obligándome a escuchar con indiferencia sus desgarradores aullidos mientras se hunde en la lava hirviente del sufrimiento eterno. Eso sí, sin ensañarme y sólo con fines pedagógicos.

     

    El álbum atrapa desde su apertura con el poderoso groove de Don Cherr’y Electic Sonic Garden, tema que rinde pleitesía al legendario trompetista Don Cherry (1936-1995). En su núcleo estético hallamos un fluido intercambio entre modernas y antiguas sonoridades que van construyendo un clima de manifiesta organicidad. Incluso a pesar de los abundantes intercambios solistas entre la trompeta de Wadada Leo Smith, la guitarra de Michael Gregory y el piano eléctrico de Angelica Sanchez y los vitales aportes de la batería de Pheeroan akLaff y el contrabajo eléctrico de John Lindberg, siempre se mantiene un perfil de unidad sonora y homogeneidad de estilo.

     

    Heart’s Reflections, además de ser el título del álbum, es el nombre de una imponente suite en once movimientos y con más de una hora de duración que, en definitiva, se constituye en la pieza central de la obra. En esta composición dedicada a Shaykh Abu-al Hasan al-Shadhili (fundador en el siglo XIII del Shadhili Tariqa, orden espiritual ubicada dentro del camino místico del Islam denominado sufismo), conjuga un ánimo de profunda espiritualidad, innovadores conceptos de lógica composicional y una definición estética siempre conectada a la música urbana del nuevo milenio. El primer tramo de la suite está integrado por The Dhikr of Radiant Hearts Part 1 y Part 2 (el “Dhikr” o “Zhikr” es un acto devocionario islámico sobre textos sagrados); el primer tramo representado por un luminoso dueto de trompeta y batería de exquisita definición y el segundo mediante una exploración colectiva de carácter abstracto en donde sobresalen el piano eléctrico de Angelica Sanchez y el contrabajo de John Lindberg.

    En The Majestic Way se concentran un adictivo groove que sigue la impronta del funk, estratégicas ornamentaciones, líneas melódicas sorprendentemente diáfanas, notables soliloquios de las guitarras de Josh Gerowitz y Michael Gregory, un breve interregno de improvisación colectiva y todo rematado en una sutil coda a dúo entre la trompeta de Wadada Leo Smith y la batería de Pheeroan akLaff. The Shaykh as far as Humaythira (el “shaykh”, en una cofradía sufí, es un maestro espiritual) se sustenta en los impulsos rítmicos del bajo de Skuli Sverrisson; resoluciones en contrapunto de controlada asimetría, la inserción de electrónicos simulando a una sección de vientos y un clímax dinámico deliberadamente inconcluso.

    La suite se prolonga en la espaciosa atmósfera de Spiritual Wayfarers (título de la célebre monografía de Daphne Ephrat que describe la trayectoria social del sufismo en la Palestina medieval); los impactantes vaivenes rítmicos que propulsa Certainty –con estupendos aportes de Brandon Ross en guitarra y Angelica Sanchez en piano eléctrico y una descomunal intervención solista de Wadada Leo Smith en trompeta- y los cambiantes humores expresados en Ritual Purity and Love Part 1 y Part 2. El primer segmento, mediante una construcción sonora etérea y monástica de cuyo centro emergen las laptops de Mark Tryle y Charlie Burgin y el violín de Stephanie Smith; y la segunda parte, orbitando sobre el endiablado groove que construyen la batería de Pheeroah akLaff y los bajos de John Lindberg y Skuli Sverrisson.

    En el último tramo de la suite se suceden Silsila – aquí con Pheeroah akLaff como protagonista excluyente-, las agitadas cadencias de The Well from Bitter to Fresh Sweet Water Part 1 y la aletargada espiritualidad -con otra fenomenal exposición de Wadada Leo Smith- de The Well from Bitter to Fresh Sweet Water Part 2.

     

    Toni Morrison: The Black Hole (Sagitarius A*)  – Conscience and Epic Memory (for Toni Morrison) es una composición inspirada en la escritora, defensora de los derechos civiles y primera mujer de raza negra en recibir el premio Nobel de literatura: Toni Morrison. Una pieza tan oblicua y enigmática como atrapante en la que sobresalen las laptops de Mark Tryle y Charles Burgin, el solo en violín de Stephanie Smith y los etéreos fraseos del piano acústico de Angelica Sanchez. El álbum concluye con la fiereza volcánica, el paroxismo gestual y la desbordada expresividad de Leroy Jenkin’s Air Step (for Leroy Jenkins). Una pieza cuyo carácter épico es acentuado por sucesivos solos en guitarra a cargo de Brandon Ross, Josh Gerowitz y Michael Gregory.

     

    En síntesis: Wadada Leo Smith, con el majestuoso Heart’s Reflections, agrega otra página de excepción a su ya legendaria vida.

     

    La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada (Lucio Anneo Seneca)

     

    Sergio Piccirilli

     

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