• Roxana Amed: Inocencia

    Doña Ubenza, La sombra, Piedra y camino, La nostalgiosa, Abandonada, El arriero, Hijos de nadie, Inocencia, La volvedora, Cartas de amor que se queman, La oncena, La nochera

     

    Músicos:

     

    Roxana Amed: voz, guitarra acústica

    Facundo Guevara: percusión

    Claudio Iuliano, Sebastián Espósito: guitarras

    Guillermo Klein, Adrián Iaies, Manolo Juárez: piano

    Ricardo Cavalli: clarinete, saxo

    Richard Nant: flugelhorn, percusión

    Fernando Galimany: contrabajo

    Carto Brandán: batería

    Pedro Aznar: voz, guitarra nylon

    Matías Méndez: bajo eléctrico

    Damián Bolotín, Walter Prusak: violín

    Elizabeth Ridolfi: viola

    Jorge Bercero: violoncello

     

    Sello y año: Acqua, 2011

    Calificación: Está muy bien

     

    Cuando una persona carece de capacidad mental para comprender la naturaleza de sus actos, sin importar su conocimiento, se dice que se encuentra en estado de Inocencia. Aunque más acertado sería catalogar a la Inocencia como un estado del alma limpia de culpa, relacionándola al candor y a la sencillez. Esto en tiempos pretéritos. En la actualidad, gracias (¿gracias?) a los ¿buenos? oficios de los medios de comunicación (fundamentalmente), la Inocencia refiere, más que a otra cosa, a la mucha menos poética exención de culpa en un delito.

    Inocencia es el título del último registro discográfico de la cantante Roxana Amed, quien lejos está de carecer de capacidad mental para comprender la naturaleza de sus actos (más bien todo lo contrario); tampoco en su búsqueda intenta internarse en terrenos delictivos o criminales. Amed apela a buscar inocencias perdidas, soñándolas, en un canto esperanzador en el cual la vida corre más lejos que la muerte.

     

    Tanto en Limbo como en Entremundos (y, en parte, también en Cinemateca Finlandesa, a dúo con Adrián Iaies), Amed se sentía a gusto en terrenos lúgubres, oscuros, arduos, densos, sin que esto signifique ausencia de atractivos ni de luminosos destellos.

    En cambio aquí, Roxana Amed ha apostado por un fuerte, notorio, riesgoso, necesario cambio.

     

    En el álbum conviven algunas (cuatro) composiciones propias con un puñado de clásicos del repertorio folclórico argentino en delicado balance, con interesantes arreglos, músicos de notable valía y comprometidos con la causa, provocando que Inocencia se presente como un disco homogéneo en contraposición a las diferentes propuestas sonoras ofrecidas con ese magnífico hilo conductor que es la inmaculada voz de Amed.

     

    La apertura con Doña Ubenza, de Néstor “Chacho” Echenique, en cuarteto de cuerdas, percusión y voz, marca la pauta de que “estas” versiones poco tendrán que ver con las “otras”, las conocidas, las escuchadas, las remanidas, las reiteradas, las previsibles. Con arreglo original de Amed y Facundo Guevara y arreglo de cuerdas de Gustavo “Popi” Spatocco, la resultante es una atractiva mixtura de huayno con música de cámara, diferenciándose así notoriamente de la versión que en 1984 registrara el célebre Dúo Salteño. La sombra, primer original de Amed, cuenta con el aporte de Facundo Guevara en percusión y los guitarristas Sebastián Espósito y Claudio Iuliano. Profunda, intimista y esperanzadora. La económica percusión se funde con un bello entramado guitarrístico sobre el que asoma el prístino registro de la cantante escapándole a recetas conocidas.

     

    Piedra y camino, de Yupanqui con arreglos de Guillermo Klein, es otra vuelta de tuerca. Aquí la cantante es acompañada por un sexteto de notables: Carto Brandán (batería), Fernando Galimany (contrabajo), Claudio Iuliano (guitarra eléctrica), Richard Nant (flugelhorn), Ricardo Cavalli (clarinete) y el mencionado Klein en piano, quien ratifica sus bondades como arreglista al que la música folclórica local no le resulta esquiva (recordar su homenaje a Gustavo “Cuchi” Leguizamón, sin ir más lejos). Amed calza a la perfección en el entramado sonoro propuesto, no muy alejado de lo que podría denominarse como (disculpen el cocoliche) baguala-slow-tempo.

    Otro giro: La nostalgiosa, de Falú y Dávalos, con la exclusiva compañía de Adrián Iaies. El pianista (me) ha demostrado ser uno de los mejores acompañantes (si no el mejor) independientemente del repertorio abordado. Una nostalgiosa exquisitamente abordada, ascética, cálida, envolvente y sin estridencias. Indudable punto sobresaliente del álbum. El clima intimista continúa en Abandonada (bella composición de la cantante donde la Inocenciacrece en la piedra de la nada”), junto con los guitarristas Iuliano y Espósito. Para El arriero, Amed vuelve a recurrir a las bondades de Guillermo Klein. Y lo bien que ha hecho.

     

    Dos nuevos aportes composicionales de Amed se suceden. En primer lugar Hijos de nadie, profunda, no exenta de gravedad, con una destacada intervención de Claudio Iuliano en guitarra nylon y lap steel, muy bien sostenido por Galimany en contrabajo y el tándem percusivo que conforman Brandán y Guevara. En tanto que para Inocencia la compañía se limita nuevamente a las guitarras de Iuliano y Espósito, en un tratamiento menos atractivo que en Abandonada.

     

    En La volvedora siguen las buenas. Pedro Aznar no sólo aporta la autoría, los arreglos y su guitarra nylon, sino que también suma su voz a la de Amed. Si a esto le sumamos el aporte de Facundo Guevara en percusión, Fernando Galimany en contrabajo y Adrián Iaies en piano… saque usted sus conclusiones; pero permítame decirle que… que… qué pena que no haya más…

    La imbatible Cartas de amor que se queman (Leguizamón y Castilla) lo es todavía más aquí gracias a la excelsa comunión entre Iaies y la cantante. Para La oncena (de Lagos y Goñi) retorna Klein, junto a Brandán y Nant en percusión, Matías Méndez en bajo eléctrico, Claudio Iuliano en guitarra y Cavalli en saxo tenor. Vigorosa y sutil, con el protagonismo del saxofonista y de Amed, que se permite ciertas libertades que se agradecen.

    El cierre es con La nochera (Ernesto Cabeza / Jaime Dávalos), donde la cantante apela nuevamente a la compañía exclusiva de un piano, en este caso del gran Manolo Juárez. Belleza.

     

    No tengo la más mínima intención de ser reiterativo.

    Por ello es que (haciendo la salvedad de que hay discos que llegan en “esos” momentos o no llegan) simplemente me permito sugerirle que se dé una chance con esta Inocencia, responsabilidad de Roxana Amed, una artista que de inocente, mucho que digamos, no tiene.

     

    Marcelo Morales

     

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