• Rivorecords x 3: Shocron, Lastra, Loiácono

    Podemos comenzar esta introducción refiriéndonos a la tozudez; o a la inquietud; o a la necesidad; o a la convicción; o a la naturaleza; o a la iniciativa. Porque(me) surge una pregunta (larga, disculpen ustedes): “¿qué lleva a una persona a fundar y poner en marcha un sello discográfico de jazz en un país como la Argentina donde el mercado es pequeño?” Porque no se habrá creído usted aquello del “boom del jazz”, más allá de la concreción, por cuarto año consecutivo, de un festival que (en el presente año) ha brindado la posibilidad de acercarse a más de 200 músicos locales y 40 extranjeros. Y si se lo creyó… bueno… será necesario que descrea de semejante postulado. Pero estábamos en la (larga) pregunta (reléala, tómese su tiempo, lo esperamos), a la que tranquilamente podría respondérsele: “a la persona en cuestión lo llevaría la tozudez, la inquietud, la necesidad, la convicción, la naturaleza, la iniciativa”. Y seguramente lo mencionado (más/menos un porcentaje de tolerancia no demasiado significativo) fue lo que ha llevado a Justo Lo Prete a fundar el sello Rivorecords.

    Y la apuesta, más allá de estar de acuerdo o no con los lineamientos del sello, es para celebrar.

     

    A Lo Prete le encantan los standards. Y la primera trilogía de Rivorecords se basa en ellos. De los tres líderes convocados, a saber: Paula Shocron, Carlos Lastra y Mariano Loiácono, sólo este último incluye un original. Lo demás, standards (o clásicos, para que no erupten los puristas). Es decir: las condiciones están claras desde un principio y nadie podría sentirse traicionado por ello. La presentación y el sonido de los CD’s son impecables. Y la elección de los músicos no admite discusiones (o sí, pero durarían poco).

     

    Luego, comienzan a tallar otras cuestiones, más subjetivas, opinables, discutibles. Una de ellas es la decisión acerca del repertorio. Al respecto, están los que sostienen que tocar standards representa un desafío para el músico y un ejercicio interesante para el oyente, que ante melodías reconocibles (aunque convengamos que en esta parte del planeta no lo son tanto) puede evaluar qué tipo de lectura (o, mejor, re-lectura) realiza el artista.

    Pero debo reconocer que no es un argumento con el que, a esta altura, puedan seducirme fácilmente. Puesto a escoger, sin dudas que prefiero las composiciones originales, incluso aunque parezcan clones de composiciones pre-existentes. Me inclino por la búsqueda, el riesgo, la creatividad, por más que sea en cuentagotas. Salvo que las relecturas se escapen de los cánones pre-establecidos, de aquello que dictan los libros, como si se tratara de una materia que, incluso tratándose de músicos profesionales de dilatada y comprobada trayectoria, hay que rendir y aprobar de manera indefectible. Ejemplos hay a montones. Porque si las variaciones pasan casi exclusivamente por los solos o algún arreglo imperceptible, pues entonces déjeme con el original.

    Y esto no me ocurre exclusivamente con el jazz. Para escuchar un tema de Piazzolla al estilo Piazzolla, versiones de clásicos del rock o el pop o lo que fuere, sin más diferencias que las voces, no me llame. No quiere decir que no pueda reconocer si está bien interpretado o no; simplemente me refiero a cuestiones más (si se me permite) filosóficas, con una pregunta que me brota espontáneamente: ¿cuál es el sentido?

     

    Me permito mencionar algunos ejemplos locales donde la “fórmula” sí ha funcionado: Fernando Tarrés haciendo Piazzolla o sus tempranas versiones de clásicos del folclore argentino, Liliana Herrero, al igual que Guilermo Klein, de o re-construyendo clásicos del Cuchi Leguizamón, Adrián Iaies y los tangos (¿su versión de Round Midnight no lo es, además?) o Rodrigo Domínguez transformando el universo de un tal Spinetta.

    No obstante, insisto en que se trata de algo personal, subjetivo, opinable y discutible. Y que me refiero a una preferencia, no a una negación.

    Ahora sí, los intérpretes:

     

     

    Paula Shocron: Our Delight

     

    The End of a Love Affaire, There’s No You, Our Delight, So Tired, There’s a Small Hotel, One Morning in May, Lover Come Back to Me, Change Partners, Melancholia

     

    Músicos:

     

    Paula Shocron: piano

    Jerónimo Carmona: contrabajo

    Eloy Michelini: batería

     

    Sello y año: Rivorecords, 2011

    Calificación: Está bien

     

    La pianista rosarina Paula Shocron, nacida en 1980, sorprendió más que gratamente en 2005 con su álbum debut, el solo piano La voz que te lleva, reseñado en este site con motivo de su edición. Luego le sucedieron, en formato de trío, Urbes y Homenaje (dedicado al pianista Andrew Hill). En las tres entregas, Shocron incluyó un par de standards (o clásicos) de jazz, de compositores como Strayhorn, Shearing, Monk y el mencionado Hill. Algo similar ocurrió en El enigma, a dúo con el saxofonista Pablo Puntoriero, donde el compositor “invitado” fue Abdullah ibrahim (o Dollar Brand, como prefiera usted). En cambio Percepciones, co-liderado con el guitarrista Marcelo Gutfraind, ofrecía originales de los líderes.

    Our Delight es, entonces, el primer álbum en el cual Paula Shocron no incluye obras de su autoría. Son 10 temas, nueve de ellos interpretados en trío. La acompañan los sapientes Jerónimo Carmona en contrabajo y Eloy Michelini en batería. El restante, un solo piano.

    De antemano se agradece que la duración de cada relectura no resulte kilométrica: se encuentran en un rango que va de los 3 minutos a los 6:30. Está magníficamente interpretado, pero no se encuentran en el álbum demasiadas sorpresas. La pericia de los músicos es innegable; no obstante, como se ha sugerido ya, las sorpresas no abundan.

    Hay buenos momentos, incluso muy buenos, como en Our Delight (de Tadd Dameron), So Tired (Bobby Timmons), Lover Come Back to Me (Romberg y Hammerstein) y el reflexivo solo piano que cierra el álbum, Melancholia, de Duke Ellington. Pero (muy) lejos de las deconstrucciones que la propia Shocron ha sabido ofrendar en entregas anteriores.

     

    Carlos Lastra: A Child is Born

     

    Softly as in a Morning Sunrise, Soul Eyes, Blues Backstage, Will You Still Be Mine?, A Child is Born, I’ll Be Seeing You

     

    Músicos:

     

    Carlos Lastra: saxo tenor y soprano

    Francisco Lo Vuolo: piano

    Cristian Bortoli: contrabajo

    Sebastián Gorshaus: batería

     

    Sello y año: Rivorecords, 2011

    Calificación: Está bien

     

    El saxofonista Carlos Lastra no lleva reflejado en álbumes propios la extensa trayectoria que ha llevado a cabo, particularmente, luego de egresar del Berklee College of Music en 1985. Dueño de un estilo personal y potente, goza de un respeto singular entre sus colegas y desde hace varios años lleva a cabo una significativa y reconocida labor como docente. Ha formado parte de una buena cantidad de formaciones y proyectos culturales y, entre otros, tocó con David Kikoski, Hernán Merlo, Ernesto Jodos, Pepi Taveira, Osvaldo Fattoruso, Enrique Norris, Lito Epumer,Pedro Aznar, Erling Kroner, Sergio Verdinelli, etc.

     

    A Child is Born fue registrado en cuarteto. Acompañan al líder (que interpreta saxo tenor y, en un tema, saxo soprano), Francisco Lo Vuolo en piano, Cristian Bortoli en contrabajo y Sebastián Groshaus en batería. La diferencia con el debut del saxofonista, Siete matices de gris (2004), es notoria. No en la formación (la misma instrumentación con el agregado en tres temas de Norris) pero sí en el material, ya que en el mencionado Lastra era el encargado de todas las composiciones salvo Just Squeeze Me, de Duke Ellington; mientras que, como quedó dicho, A Child is Born está integrado por (seis) standards/clásicos .

     

    En gran parte podríamos reiterar algunos de los conceptos emitidos en ocasión del álbum de Shocron. La diferencia principal es que la presencia del saxo (perteneciendo además al líder) posibilita una paleta más amplia de sonoridades. Y además Lastra es uno de los saxofonistas aptos para jugar en cualquier equipo.

     

    Pero también hay que decir que el atractivo del CD pasa por la pericia de los músicos (fundamentalmente del saxofonista y de Lo Vuolo) y no por la sorpresa o el riesgo. De todas maneras no puede decirse, ni de cerca, que las interpretaciones sean inexpresivas ni mucho menos. Un buen registro de hard bop que cuenta con un sólido sonido grupal, destacadas intervenciones solistas y, también, con momentos destacables, como ocurre en Will You Still Be Mine? (de Dennis y Adair) y la reflexiva I’ll Be Seeing You (de Fain y Kahal), interpretada en dueto de saxo tenor y contrabajo.

     

     

    Mariano Loiácono: What’s New?

     

    It’s You or No One, johnny Come Lately, What’s New?, Connecting, I Fall in Love Too Easily, Blue monk, Work Song, My Foolish Heart

     

    Músicos:

     

    Mariano Loiácono: trompeta y flugelhorn

    Francisco Lo Vuolo: piano

    Gustavo Musso: saxo tenor

    Jerónimo Carmona: contrabajo

    Pepi Taveira: batería

     

    Músicos invitados:

     

    Sebastián Loiácono, Ramiro Flores: saxo alto

     

    Sello y año: Rivorecords, 2011

    Calificación: Está (más que) bien

     

    El trompetista Mariano Loiácono debutó discográficamente como líder en 2008 con el muy recomendable I Knew It; dicho álbum contenía composiciones originales de Loiácono, salvo una, correspondiente a Juan Cruz de Urquiza.

    En esta ocasión, y en concordancia con la propuesta del sello Rivorecords, el trompetista echó mano a siete clásicos del jazz y –suponemos que una bien ganada excepción- una composición propia: Connecting.

    Desde que lo vimos por vez primera en un escenario (de esto hace ya más de seis años), preanunciamos que Mariano Loiácono tenía “un algo…” El tiempo ratificó con creces esta suerte de… ¿vaticinio? Lo que fuere. El cordobés nacido en Cruz Alta ha conformado desde entonces varias agrupaciones (propias y no) que lo han asentado como un claro referente y no solamente de su instrumento.

    Para la grabación de What’s New? conformó un quinteto que, a diferencia de su disco debut, contiene en su formación a un pianista y prescinde de la guitarra. Pasando en limpio: Pepi Taveira en batería, Jerónimo Carmona en contrabajo, Francisco Lo Vuolo en piano, Gustavo Musso en saxo tenor y el líder en trompeta y flugelhorn. Como invitados, Sebastián Loiácono y Ramiro Flores en saxo alto.

     

    Por supuesto que –como ya quedó dicho- preferimos (prefiero, perdón) otro tipo de repertorio. No obstante, Loiácono sale a quemar las naves en It’s You or No One con enérgicas intervenciones, donde sólo el contrabajo se queda sin su momento protagónico. La energía se prolonga en Johnny Come Lately, sostenida en una potente base rítmica a cargo del tándem Taveira / Carmona. La balada What’s New? pudo tener una relectura un poco menos previsible (y, de paso, un par de minutos menos). El original Connecting (y créanme que esto va despojado de mis preferencias) brinda, en su inicio, los momentos más subyugantes del álbum. Luego sí, el –en este caso- sexteto (aporta Ramiro Flores) se introduce en carreteras transitadas pero con pericia, contundencia y atractivas entregas de Mariano Loiácono, Francisco Lo Vuolo y Pepi Taveira. Otra balada, I Fall in Love Too Easily sirve para apreciar cuán bueno puede resultar el líder en flugelhorn. Es buena la propuesta en Blue Monk, sin estridencias y sin demasiadas sorpresas… pero un blues hecho y derecho. Con Work Song, de Nat Adderley, vuelve la potencia del -en esta ocasión- septeto, con buenas intervenciones de Lo Vuolo en piano y Carmona en contrabajo. El final es con la reflexiva My Foolish Heart en una entrega a dúo, gentileza del líder y el pianista.

     

    Para finalizar, en una entrevista que le realizáramos en 2009, Loiácono decía algunas cosas:

    “La idea era armar un grupo con música enfocada en el jazz de los ’50 ó ’60 y que no suenen standards, por algo que comentabas antes, que es difícil hacerlo mejor que aquellos monstruos. Uno de los puntos a trabajar…”

     

    O sea…

     

    Marcelo Morales

    Notas Relacionadas o de Interés: