• Gabriel Hernán Palatchi

    La idea de viajar estuvo presente en la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Los viajes han tenido una capital importancia en el desarrollo social, económico, intelectual y antropológico en casi todas las sociedades ya que a medida que el hombre se trasladaba a nuevos territorios o lugares desconocidos, también iba incorporando nuevos conocimientos y destrezas. Está debidamente documentado que, en el curso de la historia, los viajeros no sólo han generado un intercambio exponencial de los conocimientos entre distintos pueblos y culturas sino que además, en cumplimiento de ese destino, supieron conferirle al concepto de viaje el inequívoco valor de servir como una fuente inextinguible de creatividad e innovación.

    En la actualidad los viajes suelen asociarse –erróneamente- solamente con el turismo, el placer o el descanso; sin embargo, no debemos olvidar que el sentido medular que impulsa la necesidad humana de viajar sigue residiendo en la vocación natural por explorar y adquirir nuevos conocimientos. Por ello, en ese punto imaginario en donde se intercepta el viaje con el aprendizaje, el hombre ha sabido detectar tendencias, descubrir oportunidades e incorporar ideas que nunca hubiese obtenido sin salir de su lugar de origen; y eso lo fue dotando de una visión del mundo mucho más amplia, humanista e integradora en términos culturales, sociales y filosóficos.

     

    Viajar implica tomar decisiones y aceptar el desafío de enfrentar el incierto destino de esos “hogares provisorios” que nos aguardan en el camino; pero el viajero también debe estar preparado para saber transformarse sin perder identidad y para aprender a incorporar esos nuevos saberes en lugar de usarlos como un mero reemplazo de los ya existentes.

    Lo cierto es que ese complejo entramado que describe la estrategia del viajero –en donde se unen placer y aprendizaje, búsqueda y encuentro, exploración y perfeccionamiento- parece haber sido el norte en la brújula del trayecto artístico desplegado hasta aquí por el joven pianista, compositor y arreglista argentino Gabriel Hernán Palatchi.

     

    Tras una sólida formación académica que incluyó el ingreso al Conservatorio Manuel de Falla en Argentina, una graduación como Técnico en Producción Musical en la escuela secundaria ORT, clases con los experimentados Álvaro Torres, Ricardo Nolé y Ernesto Jodos y la obtención del título de músico profesional conferido por Berklee International Network, Gabriel Palatchi emigra a Cuba para ampliar sus conocimientos musicales. Durante la estancia en ese país toma clases, entre otros maestros, con su ídolo y mentor: el pianista Chucho Valdés. Más tarde continúa su viaje de perfeccionamiento musical en México, lugar en donde reside durante más de tres años, para finalmente recalar en Toronto, Canadá, ciudad en la que junto a su banda terminaría convirtiéndose en una de las revelaciones de la escena jazzística local.

    Las experiencias de vida y conocimientos musicales acumulados en sus viajes se materializarían –de manera explícita e implícita- en su elogiado debut discográfico con el álbum Diario de Viaje, trabajo en el que confluyen desde una perspectiva muy personal, el jazz afro-cubano y latinoamericano, tango, salsa, flamenco, funk, música electrónica y rock, entre otros géneros y estilos.

     

    El amplio ideario estético que distingue la música de Gabriel Palatchi hoy está representando en el ensamble multi-generacional y multicultural denominado Gabriel Palatchi Band, grupo que desde su constitución en 2010 a la fecha ha albergado a reconocidos músicos de Cuba, México, Canadá, Francia, Uruguay, Inglaterra, Rusia, Perú, España y Argentina, entre los que podemos mencionar a Alexis Baro, Paco Luviano, Duncan Hopkins, Alexander Brown, Mayte del Monte, Gabriel González, Max Senitt, Rojitas, Ahmed Mitchel, Rosa Ávila, Matt Maclean, Laura Fernández, Rich Da Silva, Enrique Loyola, Sergio Barrenechea, Luis Obregoso, Jessica Deustch, Vladimir Sitnicov, Valeria Matzner, Allistar Elliot, Rich Hardings, Chema González, Manuel González, Alfredo Pino, Rey David Alejandre, Daniel Zlotnik, Jorge Brauet, Alex Guardiola, el Boli, Beny Shwartz, el Roli, Gabriela Rivera, Adrian Challiou y Bulmaro Borja, entre otros.

    En los días previos a reiniciar un viaje que lo llevará primeramente a México, luego Argentina y finalmente de regreso a Canadá para un extenso tour a desarrollarse en el segundo semestre de 2012 y en plena etapa de elaboración de su nueva producción discográfica, tuvimos el placer de conversar con Gabriel Palatchi y acompañarlo –al menos simbólicamente- en su incansable viaje musical…

     

    Los viajes, tanto en la acción de trasladarse de un lugar a otro como en términos conceptuales vinculados a tu música; parecen ocupar un espacio central en tu vida. Sabido es que hay gente que viaja –como decía el novelista escocés Robert Stevenson- “no para ir a alguna parte sino por el hecho de viajar”; e incluso otros, al ser consultados sobre las razones de sus viajes, han afirmado -como lo hiciera el filósofo renacentista Michel De Montaigne-:“sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco”. En las motivaciones de tus periódicos viajes, ¿hay una huida, una búsqueda, una conjunción de ambas cosas o el motivo principal es el viaje en sí mismo?

     

    Bueno… desde que tenía dieciocho años siempre tuve el sueño de vivir en Cuba, en el Caribe, y viajar por el mundo. Cada vez que viajaba por dos semanas, adonde fuera, me preguntaba: ¿por qué no puedo viajar sin límite de tiempo? Obviamente, en aquel momento mi estilo de vida no lo permitía. La motivación primera fue la huida del sistema, llámese ciudad y todo lo que eso representa, pero siempre totalmente ligado con mi sed de búsqueda. Y cuando hablo de búsqueda me refiero a lo espiritual, musical y físico. Descubrirme a mí mismo, explorar, vivir en la naturaleza y desarrollarme como músico buscando mi propio sonido -lo cual, según creo, es lo que todo músico quiere-; y ese viaje fue, sin dudas, determinante para mi carrera musical. Fue un antes y un después en todo sentido. Así que, respondiendo a tu pregunta, sí, este viaje fue una conjunción de huida, búsqueda y por el arte de viajar en sí mismo.

     

    Has estado algún tiempo en Cuba, también en México y ahora resides en Canadá. Me gustaría saber un poco más sobre tu estadía en esos lugares y, sobre todo, si encontraste allí lo que ibas buscando, personal y musicalmente hablando.

     

    Cada lugar en donde estuve y cada persona que conocí me fue llevando a mi siguiente destino; todo se fue dando muy naturalmente como nunca lo hubiera imaginado. Mi viaje empezó en Cuba y no tenía ningún destino predeterminado después de la isla. Nunca imaginé que viviría casi por tres años en México y mucho menos un año y medio en Canadá. Fue en Cuba donde me concentré en el estudio, en mejorar mi técnica y aprender y absorber toda la rica información y la cultura que esa hermosa isla tiene para brindar. Tuve la suerte de estudiar con Chucho Valdés y varios otros profesores de Timba, Salsa y Latin Jazz. Al mismo tiempo pude explorar casi todo ese país y, para mí, eso fue como un sueño hecho realidad. Luego, por la invitación de un amigo polaco que conocí en Cuba, me fui al Caribe de México; y una vez que conocí Tulum (ciudad del estado mexicano de Quintana Roo situada en el extremo sur de la llamada Riviera Maya) fue lo más parecido a un paraíso que mis ojos hayan visto y me atrapó por más de dos años. Fue en este lugar tan mágico donde muchas de mis composiciones fueron inspiradas como, por ejemplo, Inspiración Tulumeña. También viví en la ciudad de México por seis meses cuando grabé Diario de Viaje y ahí termine de componer varias piezas, especialmente el tango que me inspiró esa ciudad llamado Chilangotango (“chilango” es el gentilicio de uso coloquial que se usa para designar a los nacidos en México D.F.). Cada lugar en donde estuve me dejó una enseñanza y ayudó a descubrirme a mí mismo y a mi música. De todas estas experiencias fue que nació Diario de Viaje. Por su parte, vivir en Canadá ha sido una gran experiencia también; llegué a este país para tocar en un Festival de Jazz (el Kaslo Jazz Etc Festival) y fue una mujer la razón por la que me quedé; ya sabes lo que dicen, siempre hay una mujer… Aquí hice el primer tour con la Gabriel Palatchi Band por el país y fue una experiencia motivadora e inolvidable. También puedo decir que fue un sueño hecho realidad, ya que tocar para un público que respeta y aprecia el arte original y lo que uno tenga para decir, no tiene precio. Canadá me brindó muchas oportunidades y le estoy muy agradecido.

     

    ¿Consideras a tu álbum Diario de Viaje como una viva representación de tu actual ideario musical o es una cabal consecuencia de tus viajes? Dicho de otra manera: ¿la estética del álbum fue un objetivo deliberado o la causa natural devenida de tu propia experiencia?

     

    Mira… exactamente como tú dices, Sergio, mi álbum Diario de Viaje fue una cabal consecuencia de mis viajes y experiencias. Nunca imaginé que grabaría un disco solista cuando dejé mi país; y cada canción que está incluida en el álbum fue compuesta en diferentes momentos de mi viaje. Este disco fue el resultado y el clímax de mi aventura en donde volqué todo lo vivido en diez tracks y donde cada canción cuenta una historia diferente. Y ya estoy preparando mi segundo disco basado en el mismo concepto: dejar que cada experiencia, junto con todas mis influencias, me inspire a contar una historia a través de una canción.

     

    En Diario de Viaje podemos encontrar una amplia gama de influencias y un montón de voces musicales de distintas regiones combinadas de manera orgánica. Supongo que el proceso creativo y la producción del álbum no deben haber sido una tarea sencilla, ¿no? ¿Estás conforme con los resultados?

     

    No, no fue sencillo para nada. Este disco fue como un parto y, de hecho, tardó casi un año en nacer. Aún más si tienes en cuenta que yo lo produje todo sin ningún tipo de sponsor. La verdad… ha sido un gran esfuerzo y sacrificio y no lo hubiera logrado jamás si no hubiera sido por el apoyo de mi familia y mis amigos. En cuanto al proceso creativo, una vez que tuve todas las canciones ideadas me tomó cuatro meses en una habitación de México D.F. (Distrito Federal) hacer todos los arreglos… a la manera antigua: papel , lápiz y, lo más importante… la goma de borrar (risas). Como tú dices, se pueden escuchar muchas de mis influencias -tango, salsa, jazz, funk, árabe, electrónico entre otros- y por eso creo que la música fluye de manera orgánica, ya que se pueden oír varios estilos conviviendo en una pieza musical. Siempre trato de ser lo más perfeccionista posible con mi música y, obviamente, cuando escucho el álbum una y otra vez hay ciertos detalles que pienso podrían haber estado un poco mejor; pero observando el producto final estoy más que satisfecho. Di todo de mí para que quedara lo mejor posible y estoy muy conforme y feliz con los resultados. Ciertamente siempre se aprende de la experiencia, así que estoy seguro de que eso me servirá de mucho a la hora de grabar el segundo disco.

     

    Uno de los elementos sobresalientes de tu banda es su carácter multicultural y multi-generacional. Me imagino que afrontar un debut discográfico y liderando un grupo con gente proveniente de culturas, estilos y edades tan diferentes entre sí debe requerir de… bueno… ¿de qué requiere? (risas)

     

    La verdad es que todo el proceso del disco fluyó muy bien. Es muy interesante y me siento muy afortunado de haber conocido tanta gente de diferentes culturas, estilos y edades; pero lo que nos une a todos es el idioma universal de la música y siempre habrá esa “hermandad” entre músicos. Me gusta el hecho de poder invitar a dejar su marca a los excelentes músicos que, en ese momento de mi vida, crucé en el camino. Creo que al final sólo se requiere estar en el momento y el lugar adecuados y mucha perseverancia.

     

    Los géneros musicales en la actualidad parecen haberse diluido –o, mejor dicho, se han unificado- como nunca antes en la historia y, tal vez por ello, la aplicación de rótulos y etiquetas se torna cada vez más difícil, tanto para el público como para los medios. A pesar de ello me gustaría saber cómo describes a tu música y si la ubicas más cerca de lo popular o de la vanguardia.

     

    Siempre que me preguntan qué estilo de música hago, dudo en qué responder. A veces, lo primero que viene a mi mente es “latín jazz”; pero en seguida me corrijo a mí mismo porque en realidad, definitivamente, no lo es. Si bien es cierto que hay una gran raíz de este género en mi música, también las hay de árabe, tango y funk, entre otros. Son tantas las influencias musicales que vengo absorbiendo de pequeño que hoy en día veo la música como una gran fusión; como tú dices, en la actualidad los géneros están cada vez más diluidos. Además, hoy estamos en una etapa de globalización y está claro que la música no ha escapado a este fenómeno. Considero que mi música tiene mucha influencia popular pero me consideraría más en la vanguardia… en descubrir un nuevo camino, abrir una nueva puerta, en donde muchos estilos populares y folclóricos del mundo se unan. Ése es el concepto de la música que quiero hacer, eso es lo que descubrí durante mis viajes.

     

    Hablemos de la escena jazzística canadiense: ¿cuál es su estado actual, qué diferencias encuentras con otras escenas y cómo ha respondido a tu propuesta musical?

     

    La calidad de músicos es tremenda; el jazz es algo muy absorbido por la sociedad canadiense. De hecho, el que para mí es uno de los más grandes pianistas de la historia -Oscar Peterson- es canadiense y creo que eso ya dice bastante. Él dejó un legado muy importante aquí pero también noto que muchos de los grandes músicos de Toronto (la ciudad más grande de Canadá, capital de la provincia de Ontario y centro financiero del país) están en constante movimiento debido a que, con el tiempo, los clubes de jazz han ido desapareciendo -no quedan muchos ahora-  y, obviamente, al tratar de ganar un público con una banda de música original que no es “pop, indie o rock” estamos hablando de un porcentaje más pequeño en comparación a ellos. Sin embargo, adonde mostré mi propuesta musical en este país siempre he obtenido un gran feedback; y en los festivales que he tocado es ahí, en ese preciso momento, en donde todo el esfuerzo que pude haber hecho valió la pena, ya que estar ante cientos o miles de personas viajando contigo en la historia musical que uno tiene para contar, no tiene precio. En ese sentido, lo que posee y me encanta de este país es que es enorme, con cientos de pueblos y ciudades. Además, durante el verano hay un festival de música cada fin de semana y de a poco, por suerte, fui entrando en ese circuito y ya tengo un tour organizado para agosto de 2012 en Canadá.

     

    Pablo Coelho dijo alguna vez “el que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día”. En ese sentido, ¿consideras que Canadá es tu destino final o piensas que será “necesario partir algún día”?

     

    ¡Qué oportuna es tu pregunta! (risas) Fíjate que al momento en el que te respondo estoy a un día de partir de Canadá. De hecho, mañana parto hacia el Caribe en Tulum, México, en donde estaré cuatro meses y luego -después de cuatro años- me voy a Argentina por unos meses y luego volveré a Canadá para el tour y luego… bueno, no me animo a decir más porque cualquier cosa puede pasar… pero también Europa está en mi lista. Digamos que la idea con respecto a mi carrera es entrar en el circuito de festivales en el mundo de world music, jazz, folk, etc.; y ésa será una de las cosas que guiarán mi dirección.  Ése es mi objetivo y, desde que me fui de mi país, siempre viví con la filosofía de “voy adonde la música me lleve” y así será, por eso la música es el motor de mi vida.

     

    Creo que fue Descartes quien señalaba que el que emplea demasiado tiempo en viajar acaba siendo extranjero en su propio país. Habiendo desarrollado el cuerpo principal de tu carrera fuera de Argentina, ¿no te hace sentir hoy, en cierta medida, un extranjero en tu propio país?

     

    Bueno… ya conocerás la frase que dice “nadie es profeta en su tierra“… pero nunca hubiera conseguido lo que logré si no me hubiera ido… Así suele ocurrir, pero siempre será mi sueño poder establecerme en mi país como punto de partida; y no creo que vaya a perder jamás el sentido de pertenencia porque tengo toda una vida ahí, una gran familia, muchos hermanos (de los que uno elige) y es el día de hoy que me tomo un mate escuchando a Piazzolla y se me “pianta el lagrimón” pensando en que “las callecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?” (risas) ¡y eso me hace sentir bien argentino! (exclamando) Me intriga mucho saber cómo me sentiré luego de cuatro años de no ir allá y de qué manera la gente responderá a mi propuesta musical; pero una cosa es segura: estoy muy ansioso por volver a esa ciudad tan mágica y redescubrirla.

     

    Todo viaje tiene un punto de partida, así que sería interesante regresar a tus inicios –justamente- en Argentina. ¿Cómo, cuándo y por qué empezaste a interesarte en la música?

     

    Me acuerdo que cuando tenía ocho años mis papás me compraron uno de esos tecladitos pequeños de juguete y no lo solté más. A partir de ahí mis tan benditos padres -Rafael y Matilde- me mandaron a estudiar con muchos diferentes profesores de piano de música clásica, blues y jazz; así, hasta que cumplí los dieciocho años y los pude empezar a pagar de mi propio bolsillo. Aunque soy el único músico en toda mi familia, mis padres son los primeros a los que les tengo que agradecer por su incentivo y perseverancia conmigo hacia la música y, gracias a ellos, es que soy lo que soy. En cuanto al desarrollo de mis gustos musicales, la verdad es que pasé por varias etapas; toda mi adolescencia era fan del rock progresivo de los ’70, especialmente de Deep Purple. Fue en esta época que descubrí el (órgano) Hammond, los sintetizadores moog y el mundo del sonido análogo. Luego, gracias a un mi buen amigo y excelente baterista Cristian Canatelli, llegué al disco Briyumba Palo Congo del Chucho Valdés Cuarteto y a partir de ahí enloquecí con el latin jazz. Paralelamente escuchaba (y lo sigo haciendo)  jazz, tango, electrónica, funk, klezmer y por eso cuando escuchas Diario de Viaje todas estas influencias están muy presentes. Mi idea es incorporar -no reemplazar- a cada nuevo estilo que me gusta y generar un nuevo sonido con ellos.

     

    En tu etapa formativa conviven estudios de música clásica en el conservatorio Manuel de Falla, también en géneros de raigambre popular como el tango, el blues y el jazz con gente tan prestigiosa como Álvaro Torres, Ricardo Nolé y Ernesto Jodos y tu graduación en Berklee International Network. Me gustaría saber qué te legó cada una de esas experiencias y si encontraste algún factor de aprendizaje que sea común a todas ellas.

     

    Debo decir que cada experiencia me dejó listo para la siguiente. Álvaro Torres fue el primero que me introdujo en el jazz, latín jazz y la salsa. Con Ricardo Nolé mejoré mucho mi técnica y aprendí a tocar diferentes ritmos como candombe, samba y salsa junto con la improvisación. Finalmente estudié con Ernesto Jodos concentrado específicamente en el jazz, bebop y la improvisación. Definitivamente tuve muchos profesores en mi vida pero fueron estos tres los que definieron mi camino. En la Berklee también fue grandioso estudiar con grandes profesores y aprendí de todo. Gracias a las clases de arreglos que recibí allí, fue que pude hacer todos los arreglos de mi álbum; allí conocí a los que hoy son grandes amigos y músicos y definitivamente mi oído evolucionó en el transcurso de mi carrera. Nunca es suficiente, toda la vida se sigue aprendiendo, evolucionando y siempre hay mucho más por descubrir; por eso seguiré estudiando por el resto de mi vida.

     

    ¿De qué manera impactó en tu estilo haber estudiado con Chucho Valdés?

     

    Sólo el hecho de haber estado ante su presencia y en su casa -repetidas veces- fue para mí una gran bendición y me siento muy afortunado por ello. Él es uno de mis grandes ídolos y fue una experiencia mágica, mística e inolvidable. Mejoré mucho mi técnica e improvisación con Chucho (Valdés); pero lo que más rescato es la energía que me transmitió, sus experiencias y, definitivamente, ése fue el gran incentivo que necesitaba para no bajar los brazos y seguir adelante tratando de superarme a mí  mismo cada día. Dicho de otra manera, fue un sueño hecho realidad y me dio la fuerza para llegar adonde estoy hoy.

     

    ¿A qué otros pianistas sueles recurrir tanto como fuente de inspiración, como para perfeccionar tú técnica o por el simple placer de escucharlos?

     

    Tengo muchos pianistas favoritos; pero para nombrar a los que más escucho como fuente de inspiración, mejorar mi técnica y sólo por el placer de escucharlos mencionaría a Oscar Peterson, Chucho Valdés, Gonzalo Rubalcaba, Michel Camilo, Bill Evans, Keith Jarrett, Danilo Pérez, Michel Petrucciani y Herbie Hancock, entre otros.

     

    Antes de concluir esta entrevista, ¿m puedes contar cuáles son tus planes futuros?

     

    Bueno… vale la pena aclarar que aunque tenga determinados planes siempre estoy abierto a todas las oportunidades repentinas que la vida me va dando, ya que eso me puede llevar a lugares que nunca imaginé. No obstante, a grandes rasgos mis planes son ir a México a tocar y promocionar mi álbum por varios meses, luego viajar a Argentina para visitar a mi gente y hacer un tour; luego, en Agosto, se viene la “Gabriel Palatchi Band Canada Tour 2012″; luego estoy con la idea de irme a Europa y Asia pero no me animo a dar fechas estimadas porque la vida está llena de sorpresas y, como dije antes, “voy adonde la música me lleve”.

     

    Para concluir: John Lennon decía que “la vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”. En ese sentido y sobre todo teniendo en cuenta que a veces uno hace planes pero la vida nos va llevando en otra dirección, te pregunto: ¿puedes imaginar hoy en dónde estarás dentro de diez, veinte o treinta años más?

     

    Con este viaje aprendí que uno a veces puede hacer muchos planes pero la vida te va brindando nuevas y diferentes oportunidades, puertas y experiencias a las que  también hay que estar abierto. La verdad, físicamente no me puedo imaginar donde estaré establecido en diez o veinte años; el mundo es tan grande y vasto y aún me falta mucho por recorrer… Sin embargo, sí tengo muy en claro adónde quiero llegar con mi carrera y eso es poder tocar en festivales internacionales de música de todo el mundo y, al mismo tiempo, poder recorrer y descubrir nuevos lugares y países. Me veo grabando varios discos (ya estoy trabajando en el segundo) y quiero siempre seguir estudiando y perfeccionándome, tratando de superarme a mí mismo y dejar una marca en este mundo.

     

    www.gabrielpalatchi.com

     

    Sergio Piccirilli

     

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