• Esteban Sehinkman: Pájaro de fuego

    Fly Your Dream, Pájaro de fuego, Universo paralelo, Vulcano, Centro tonal, Asteroide, Uranio, Organ Symphony Poco Adagio (fragmento)

     

    Músicos:

    Esteban Sehinkman: Nord Stage, Rhodes, sintetizadores

    Daniel “Pipi” Piazzolla: batería

    Matías Méndez: bajo eléctrico

     

    Invitados:

    Lulo Isod: percusión en Fly Your Dream

    Mariana Bianchini: voz en Fly Your Dream

    Sergio Álvarez: guitarra en Uranio

    Nicolás Sorín: voz y IPad en Vulcano y Centro tonal

     

    Sello y año: Independiente, 2012

    Calificación: Dame dos

     

    El Pájaro de fuego puede hacer referencia al poema del español Abelardo Linares (aquél que en su inicio reza: “¿Desde qué paraíso o raro sueño desciendes hasta mí para mirarme?”); o bien a la revista cultural que existió en la Argentina en plena dictadura, o al nombre dela Hospedería Benedictina sita en México o (espere, no sea tan ansioso/a) al título del ballet compuesto en 1910 por Igor Stravinski, basado en historias folclóricas. Sí…la del Príncipe Iván, Kastchei el Inmortal… y el pajarito.

    Pero si uno presta atención a los títulos de los álbumes del pianista, tecladista, compositor, arreglador y productor Esteban Sehinkman, con excepción del primero (La espuma de los días), todos llevan nombres de animales: Búfalo, El sapo argentino de boca ancha y el que nos ocupa en este caso, Pájaro de fuego.

     

    Entonces permítame arriesgar… tal vez deba desdecirme pero algo me dice que Sehinkman va a necesitar de un cuarto disco para completar el círculo (en realidad, el cuadrado, no logrará usted que me explaye acerca de la cuadratura del círculo del que soy, modestamente, un experto, ejem). Tal vez resulte azaroso; pero si tenemos en cuenta que el búfalo es un animal que realiza sus trapisondas por la tierra (le hablo del syncerus caffer, no del bubalus bubalis, también conocido como búfalo de agua), que el sapo se la pasa de charco en charco (y en los charcos, generalmente, hay agua) y que al menos este pájaro es de fuego, nos estaría faltando un cuarto animalito relacionado con el aire (salvo que con el pájaro, el tecladista haya hecho la Doble Bragado y metido un dos en uno: fuego y aire).

     

    Sí, parece nomás (recuerde que estoy arriesgando) que Sehinkman ha tomado como referencia a los que se ha dado en denominar “cuatro elementos”. Y al fuego se lo relaciona directamente, entre otras cosas, con la energía.

    Y si hay algo que distingue a este Pájaro de fuego es (de nuevo, entre otras cosas) la energía.

     

    Esteban Sehinkman nació en 1973; debutó discográficamente como líder con La espuma de los días, registrado a finales de 2002 con un quinteto conformado por jóvenes y promisorios músicos de la escena de Chicago (USA). El sucesor, Búfalo, se grabó en 2005 pero se editó dos años después. En 2008 conforma un trío con el órgano y los sintetizadores como protagonistas y en el que es acompañado por Daniel “Pipi” Piazzolla en batería y Matías Méndez en bajo eléctrico. Con esta formación registra El sapo argentino de boca ancha en 2009, antecesor inmediato de Pájaro de fuego, que profundiza el camino allí iniciado y en el cual se cristaliza de manera llamativa el crecimiento de la propuesta y su solidificación. Pero si usted cree que estamos en presencia de una suerte de “El sapo…” parte dos, se equivoca. Y bastante.

     

    Antes de sumergirnos en el álbum propiamente dicho, permítame contarle que Sehinkman es un músico estudioso, serio, responsable, tenaz, solidario y poseedor de convicciones irreductibles. Ha integrado la banda de Guillermo Klein e Inmigrantes Big Band. Es invitado permanente en las presentaciones de La Bomba de Tiempo y Sorín Octeto. Recientemente ha compartido actuaciones o grabaciones con Liliana Herrero, Juan Cruz de Urquiza, Hernán Merlo, Oscar Giunta, Sergio Verdinelli, Mariana Bianchini, Litto Nebbia, Jerónimo Carmona, Guillermo Delgado, Eloy Michelini, Sergio Álvarez, Lulo Isod, Eleonora Eubel, Mariano Sívori y un larguísimo etcétera.

    Pero lo que no debemos dejar de mencionar es que Esteban Sehinkman ha sido el ideólogo y principal propulsor del Real Book Argentina, un proyecto sin precedentes dentro del movimiento jazzístico argentino, sin fines de lucro, que recopila y difunde música escrita por unos 200 compositores argentinos –y también uruguayos, de reconocida trayectoria en la Argentina-. A partir de la creación de RBA, se conformó el Real Book Ensamble, con dos álbumes en su haber.

     

    Ahora sí. Pájaro de fuego, cuarto disco del tecladista, tiene algunos claros puntos en común con su antecesor, El sapo argentino de boca ancha. Tanto los músicos, como la instrumentación, es la misma. No obstante hay, más allá de algunos músicos invitados, diferencias indisimulables. Hay voces, guitarra eléctrica en un tema, pero este Pájaro de fuego se distancia de aquel Sapo desde las composiciones, los arreglos y, detalle no menor, desde el crecimiento y consolidación de un trío que funciona como un mecanismo de relojería (y de los buenos).

     

    El álbum es tan parejo que por momentos parece una larga suite dividida en movimientos; pero si usted está relacionando esta última frase con la monotonía, retírese, al rincón, tiene un uno. Apenas quince segundos se toma el trío para explotar en el tema de apertura, Fly Your Dream, donde aparecen varios de los elementos que resultarían una constante a lo largo del CD. A la solidez (monolítica y minimalista a la vez) de Matías Méndez en bajo, la pericia y variedad de recursos de Daniel “Pipi” Piazzolla y creatividad y exploración sonora de Esteban Sehinkman, se suman aquí, de manera más sugerida (y subyugante) que otra cosa, la voz de Mariana Bianchini y la creativa percusión de Lulo Isod. Son 4 minutos contagiosos, vivaces, contundentes. Que luego de una calma introducción, encuentran su correlato en Pájaro de fuego (el tema), donde los músicos se permiten jugar entre sí con variaciones, detalles y sutilezas varias. La composición va adquiriendo una velocidad gradual que de pronto desemboca en una suerte de remanso sonoro, algo así como una coda sutil. Al contundente espíritu lúdico de Universo Paralelo le sucede la pegadiza Vulcano, donde hace la primera de sus apariciones Nicolás Sorín en IPad y voces (procesadas). El grado de precisión y el nivel de ejecución del tándem Piazzolla / Méndez despierta asombro y –por qué no- alegría.

     

    Y si hasta aquí la estamos pasando bien (más que eso, créame), nos pareció lógico un relax. Pero el espíritu hipnótico que gobierna el inicio de Centro tonal es apenas una excusa para luego adentrarse en una melodía mucho más hipnótica aún, con todas las bondades del trío (más, nuevamente, Nicolás Sorín) potenciadas a la ene. Los quince minutos de duración son un fiel, exacto reflejo de la propuesta de este Pájaro de fuego. Además de que Sehinkman, Méndez y Piazzolla demuestran una vez más ser tres músicos preclaros y que saben lo que quieren y cómo conseguirlo, el volumen vamos aumentándolo casi sin darnos cuenta y los pies –y el cuerpo todo- no paran de moverse. Incluso cuando el Centro tonal desemboca en una planicie, se espera, se necesita y afortunadamente llega la explosión sucedida por otra coda final que se celebra.

    Luego de la contagiosa Asteroide, llega el final –digamos- “oficial” del álbum, con Uranio. Ya al comienzo, Daniel Piazzolla brinda motivos suficientes como para saber y entender por qué es uno de los mejores bateristas argentinos de las últimas décadas. Pero además está la guitarra de Sergio Álvarez, comprometido con la causa, solidario y generoso con la propuesta… y con los oyentes. El cuarteto brinda precisión, velocidad, creatividad, potencia, imaginación y un par más de buenas yerbas. Los últimos dos minutos llaman a la calma, a la reflexión, a la introspección.

    Y así llegamos al único tema no compuesto por Sehinkman: Organ Symphony Poco Adagio, de Camille Saint-Saens. Este extracto de la obra que el artista francés compusiera en 1886, es llevado al terreno del blues con respeto, inventiva y calidez.

     

    Esteban Sehinkman ha concebido y cristalizado un trabajo que podríamos tildar de conceptual, homogéneo, energizante, compacto, serio, liberador, donde la creatividad, la sincronización, la interrelación, la improvisación, no son ajenas. Todo, dentro de un álbum (¿de jazz?) que coquetea y algo más con la música disco, el rock progresivo y el soul setentistas, con el agregado de componentes electrónicos (por algo el subtítulo del CD reza “Trance”) y ciertos toques minimalistas que, más allá de irritar a algunos puristas jazzeros, terminan conformando un cóctel hipnótico, adictivo, en varios pasajes irresistible y con un sonido de altísimo nivel a cargo de Facundo Rodríguez.

    Todavía pueden decirse cosas nuevas dentro del jazz… y aledaños.

    Esteban Sehinkman, con este Pájaro de fuego, así lo demuestra.

    Y permítame cerrar este comentario citando una frase que, para el caso, viene como anillo al finger: “Jugar con fuego es malo para los que se queman. Para los que no, es un verdadero placer”.

    O sea…

     

    Marcelo Morales

     

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