• Sebastián Volco

    La potencialidad creadora es una cualidad inherente a todos los seres humanos que puede manifestarse (o no) en diferentes disciplinas y en distintos órdenes dela vida. Enel acto creativo existe una pulsión –aquello que en psicoanálisis se describe como la energía psíquica profunda que orienta el comportamiento hacia un fin y se descarga al conseguirlo- y también un impulso vital que lleva a la persona a un estado en el que se ve impelido a comprender y canalizar una necesidad latente que espera ser cubierta mediante su respectiva concreción.

    A los fines de la consecución del impulso creador, poco importa si el descubrimiento de esa condición es buscado o encontrado o si se arriba a él mediante una minuciosa investigación o por casualidad; y esto es así porque, en el ejercicio de la creatividad, siempre hay algo mucho más relevante que es hallar ese elemento eterno al que algunos llaman lo divino y lo sagrado y que otros describen como un estadío de la condición humana en donde abandonamos el ego para permitirnos distinguir lo verdadero y esencial de lo falaz e intrascendente.

    En los senderos del arte, estos principios no sólo están presentes sino que además se acrecientan exponencialmente, ya que la creatividad artística obliga a descubrir un conjunto de valores recíprocamente vinculados mediante una cosmogonía que debe servirle a su autor para representarse frente a los demás y también frente a sí mismo.

    La misión del artista no es sencilla ni está exenta de sacrificios debido a que requiere el dominio de un lenguaje específico, el pleno conocimiento de las técnicas que lo hacen viable y la cabal comprensión de que todo acto creador es el final de un progreso espiritual que aspira a la trascendencia del ser humano.

     

    Buena parte de lo expuesto parece aunarse con un alto grado de veracidad –y por motivos que usted descubrirá durante la lectura de esta entrevista– en la trayectoria del magnífico pianista, guitarrista y compositor argentino Sebastián Volco.

    Su etapa formativa incluye estudios musicales en la UCA y en el CEAMC, clases de piano con Violeta de Gainza y una participación en el seminario Guitar Craft junto al icónico guitarrista británico Robert Fripp.

    La discografía de Sebastián Volco –en épocas tempranas musicalmente orientada a formas asociadas al rock- incluye cuatro producciones solistas: La Trova de fin de Siglo en 1996 (álbum en donde también dio inicio la consolidada sociedad musical que aún hoy conserva con el compositor, bajista y stickista Sebastián Rosenfeldt), Liquidándome en el Agua de 1999, Pájaros sin Patas de 2003 y Fiebre de Rock and Roll en 2007.

    En su vasto derrotero artístico, Volco hizo música para instalaciones (Corte 7 presentada en el Museo de Bellas Artes), música para cine (Buena Vista Delivery, film que fuera galardonado con el premio Ástor en el Festival de Cine de Mar del Plata), música para danza –compartiendo créditos con Sebastián Rosenfeldt- en Otras Partes de Brenda Angiel e incluso trabajó como actor en las obras Trieste de Mariano Pensoli y en A dónde van los muertos de Krapp.

    No obstante, la trayectoria de Sebastián Volco parece haber alcanzado su plenitud –artística y personal- con el advenimiento de Orquesta Metafísica, proyecto grupal en cuyo alegato estético convergen de manera muy personal –y exitosa- elementos folclóricos argentinos, una referencia sublimada del tango y otras sonoridades provenientes de la ciudad de Buenos Aires, la improvisación jazzística, las complejidades de la música erudita y el lirismo del rock progresivo. Esta banda, bajo el liderazgo de Volco, tuvo su debut discográfico en 2011 con el elogiado 7 Movimientos, trabajo en el que además de su líder en piano, teclados y composición, participaron Sebastián Rosenfeldt en bajo, stick y producción artística, Fabian Araya en saxo, flauta y trompeta, Pablo Gignoli en bandoneón y Mariano Malamud en viola.

    Sebastián Volco nos concedió recientemente el privilegio de entrevistarlo, así que no quisimos desaprovechar la oportunidad para hablar en profundidad de su pasado, de los sinuosos caminos recorridos para llegar a este magnífico presente y de los proyectos que –a juzgar por lo escuchado- nos permiten augurarle un futuro mucho más que prometedor.

     

    En tu trayectoria has recorrido caminos divergentes tanto en lo que se refiere a estilos y géneros musicales como en relación a la práctica de diferentes disciplinas artísticas. Esa diversidad, ¿representa con fidelidad cada uno de tus objetivos circunstanciales o fueron caminos que ibas eligiendo para alcanzar una meta más lejana y trascendente?

     

    Si bien existen diversos géneros y estilos musicales y yo puedo tocar fielmente algunos de ellos, veo a la música como una única cosa. Una actividad humana cuya función primordial es acercar al ser humano con todo lo que lo rodea, con su espíritu, alma y conciencia y con todo lo que es, fue y será. En mi camino personal trabajando como músico, siempre intento que en cada experiencia pueda aprender algo de los demás y busco ser lo más auténtico posible. La respuesta corta seria que sí, que veo un objetivo más lejano que es poder “ser” la música.

     

    ¿Consideras entonces que siendo músico tienes una misión trascendente por cumplir?

     

    Sí, pero no una misión en donde yo salvo a los demás… Lo veo como un mandato celestial al que es imposible desoír, ya que el que desoye los mensajes profundos del alma muere y yo acepto ese mandato gustoso. El “por qué” o “para qué” se me encomendó esta misión, no lo discuto ni es mi intención averiguarlo; pero lo que está claro es que al componer o al improvisar –o sea componer a toda velocidad- yo estoy organizando con el sonido mensajes que no salen de mí, sino que vienen de un espacio superior y no es buena idea hacerse el sordo cuando uno escucha un mensaje superior…

     

    ¿En qué lugar podemos ubicar al emisor de ese “mensaje superior”? ¿Está en tu conciencia, en el alma, en aquello llamado Dios…?

     

    Los músicos tenemos una ventaja o desventaja muy clara: si un músico esta “desconectado”, se escucha con absoluta claridad. El sonido no es la música, el músico no es la música, la música es un espíritu que aparece ante nosotros, músicos y oyentes. Es cuando los chamanes modernos -hoy perdidos entre el negocio del entretenimiento y la religión- logran captar la atención de eso que no es humano y que nos regala con su presencia unos momentos de magia inexplicables… Es todo aquello que, cuando aparece, nadie tiene dudas de que está. ¿Qué es? ¿De dónde viene? Está ligado a lo que comenzó en la humanidad con la religión, es eso que nos habita, nos hace ser “buenos” y nos habla mostrándonos el camino correcto del compartir con los otros y del amor al prójimo. Respuesta corta: viene de Dios.

     

    Según tu opinión, ¿se puede ser músico sin tener conciencia de Dios?

     

    Según mi opinión, es imposible ser un ser humano de bien sin conciencia. En un punto dado, cualquier actividad humana o cualquier acción que uno pueda hacer… si no está hecha con conciencia será sólo un grano de arena más hacia la oscuridad. No es mi intención decir que hay que creer en Dios para ser una buena persona o para ser un buen músico: lo que digo es que sería positivo que podamos actuar siendo conscientes de lo que estamos haciendo. En el caso de los músicos, si yo decido que voy a dedicar mi vida a luchar por subirme a un escenario, grabar discos e intentar vendérselos a la gente y que las personas paguen una entrada para escucharme tocar un instrumento o dirigir un ensamble, debo tener muy claro qué significa esto para mí y qué sentido tiene hacerlo en las circunstancias en las que me propongo desarrollar esta actividad… Respuesta corta: ¡no! No se puede ser buen músico sin conciencia de uno mismo y uno mismo no existiría sin la conciencia universal a la que algunos llaman Dios.

     

    En relación a lo que decías con referencia a escuchar o saber escuchar el mensaje, me gustaría preguntarte: ¿a qué edad lo escuchaste por primera vez o cuándo te diste cuenta que se trataba de un mensaje en sí mismo?

     

    Yo nací y me puse a tocar el piano a upa de mis abuelas. Tocaba de oído cosas que escuchaba, que tocaba mi mamá, cosas de Chopin -ojo, ¡con un dedito!- y siempre supe que tenia lo que llaman oído… mucho oído. Los sonidos son para mí como colores para un pintor o palabras para las personas en general. Al escuchar música de muy niño, había pasajes de obras que me hacían sonrojar como si estuviera en presencia del amor de mi vida y en estado absoluto de enamoramiento. Tenía reacciones físicas y emocionales muy fuertes y puedo recordar a mis padres viéndome y riéndose (tiernamente) al ver cómo me ponía… Esta visión religiosa de entender eso como un mensaje divino, es una intelectualización que comenzó en la adolescencia cuando empecé a ver las responsabilidades que tenía al poseer cierto don para la música que otros, tal vez, no tienen. No propongo que los músicos dotados de mucho oído sean superhéroes… pero sí digo que cuando uno recibe un don, tiene que devolver algo de eso trabajando y compartiendo.

     

    ¿Piensas que ese don permanece allí por siempre o que se va perdiendo si no se ejercita?

     

    Pienso que uno puede olvidarse o incluso no saber que lo tiene, pero cada ser humano tiene un don en este universo y muy pocos saben cuál es… Es decir que cada ser humano tiene sólo una posibilidad para verdaderamente ser Él mismo (dicho con énfasis). En el mundo en que vivimos existe un puñado de actividades en donde nos pueden encasillar; y si uno no calza perfecto en alguno de esos marcos, quedará confundido y a medio camino de por vida. Los músicos en eso son absolutamente privilegiados. Hoy en día, si naciste músico, con suerte, muchísimo trabajo, fe y perseverancia, podés organizar tu existencia para trabajar de “ser” vos mismo. Pero si no tenés la suerte de ciertas circunstancias anecdóticas y trascendentales, podés emprender un camino en donde te vas a ir alejando más y más de tu verdadero ser. Respuesta corta: si uno no es consciente de lo que es y de lo que tiene, lo que uno es y tiene se transforman en otra cosa. Eso que llamamos don está adentro nuestro para ser desarrollado y hacerlo crecer… Si lo negamos o no luchamos por generar un entorno en donde pueda desarrollarse en plenitud, muere.

     

    Mario Benedetti afirmó cierta vez que todo sería muy diferente “si uno conociera lo que tiene con tanta claridad como conoce lo que le falta”. En esa relación entre escuchar el mensaje, la misión a cumplir y lo que fuiste encontrando en el camino, ¿tienes conciencia plena de lo que te falta tanto como de lo que conseguiste?

     

    Hoy en día tengo una idea bastante clara de quién soy y tengo claro también que no soy el gobernador absoluto de mi vida. Tengo claro que cuando la música me posee soy yo en estado puro; pero se también que cuando no estoy haciendo música, la lucha es cruel y es mucha. Soy consciente de mi mismo y soy consciente de que en muchísimos momentos del día el que controla mis acciones es Satanás… Satanás significa “el adversario” y es aquél que habita mi ego, es quien trata de que yo actúe de forma egoísta haciéndome creer que eso es bueno para mí… A través de la música puedo ver esto muy claro…

     

    En tu discografía o en tu trayectoria artística en general, ¿hay algo cuya autoría pertenezca en un alto porcentaje a… digamos… “el adversario”?

     

    Sin duda que sí. La mayoría de lo que se llama mi “discografía” está directamente influenciado por Satanás. No esperen encontrar sonidos de death metal o pasajes diabólicos… La gran mayoría de esos emprendimientos por un lado estaban influenciados en mi vocación, perseverancia y dedicación absoluta a lo que hago –es decir, componer y traducir en sonidos lo que llega a mi antena de la manera más fiel posible- pero por otra parte estaba influenciado por una distorsión proveniente de la fiebre de rock que se apoderó de mí desde muy chico y que en mi adolescencia hizo estragos en la dirección musical que emprendí. El rock y, sobre todo, el “pop” son armas que usa Satán para engañar a algunos músicos verdaderos para que no proyecten en el mundo toda su luz. Si uno escucha esos discos de canciones que yo hice antes de la Orquesta Metafísica, se puede percibir algo profundo y verdadero pero que al mismo tiempo está empaquetado como algo superficial, común y que esconde el verdadero ser del autor (yo). Antes de la OM (Orquesta Metafísica) no era todo así, pero no tenía claro eso de lo que hablamos antes sobre la responsabilidad ante un don. En otras palabras, una parte de mí ser quería hacer discos que encajen en cierta tradición del art rock, lo progresivo, el pop, etc. Hoy veo esos trabajos como el resultado de un ego dominante y un espíritu confundido… Y podría decir mucho más al respecto

     

    ¡Dígalo ahora o calle para siempre! (risas)

     

    Gracias al fracaso comercial de esos trabajos, el abuso de drogas legales y no tanto y la aparición de “Peter Capusotto y sus videos” (programa de la televisión argentina conducido por el humorista Diego Capusotto) burlándose de los rockeros poseídos por la estupidez, algo dentro mío hizo un clic -un clic moderno- y fue entonces que decidí dedicarme a la música de una manera religiosa. Ya no iba a permitir que Satán usara el talento que Dios me regaló para aportar más banalidad y ego a este mundo. Entonces llegaron a mí nuevas ideas musicales (que en realidad eran las primeras ideas musicales importantes que aparecieron ante mí alrededor de los 14 años) pero transformadas en algo más profundo. Una conexión con mi niño y con mi ser adulto al mismo tiempo.

     

    ¿En qué momento tu obra dejo de ser “el resultado de un ego dominante y un espíritu confundido”? ¿Cuándo se produjo ese “clic moderno” al que haces referencia?

     

    De una manera consciente, a fines de 2008.

     

    No sé si me equivoque pero intuyo que la Orquesta Metafísica es un proyecto en el cual te reconoces plenamente tanto como músico como persona; ¿es así?

     

    Es así. A mi mente vino el nombre Orquesta Metafísica junto con la claridad absoluta de que ese nombre iba a hacer muy fácil para recordar a cada momento el por qué estoy haciendo esto y… no me refiero al sonido sino a la experiencia emocional y espiritual que debemos transmitir en los conciertos y en las grabaciones.

     

    Actualmente te estás presentando aquí -en USA- con el grupo. Siendo un proyecto que suena “a Buenos Aires hoy” -esto me pertenece (risas)-, ¿Cómo reaccionó el público ante eso?

     

    El grupo logró tener un sonido claramente de Buenos Aires y a la vez universal… universal para occidente… y las presentaciones que hicimos fueron tomadas en Estados Unidos como un soplo de aire fresco. Me da la sensación de que estamos viviendo una época en donde la gente precisa nutrirse de cosas nuevas y verdaderas; y si hay algo bueno en esto de la globalización, es que a veces permite que las culturas se entrecrucen y se nutran unas con otras. Fue muy estimulante ver a morenos bluseros moviéndose naturalmente al ritmo de chacarera en “Plaza de Mayo (tema del álbum de la Orquesta Metafísica7 Movimientos”). Sí.

     

    Hay un segundo disco en camino, ¿no?

     

    Sí, estamos trabajando en eso. Tal vez antes del nuevo disco hagamos algunas grabaciones filmadas y las entreguemos al público a principio de 2013. La Orquesta Metafísica es un proyecto en el que trabajo junto al bajista y productor Sebastián Rosenfeldt y en el que también están Sebastián Ricciardi (Tout) en percusión, Pablo Gignoli en bandoneón y otros de ayer, hoy y mañana… A todos nosotros, además de grabar discos, nos entusiasma la idea de aprovechar los medios actuales y hacer obras en otros formatos de tamaño y presentación; pero no podemos pensar en ponernos a grabar algo si no está enmarcado en una situación artística que proponga un concepto, cuento o idea general. No grabamos temas sueltos para luego juntarlos y decir: esto es un disco. Por eso nos entusiasma hacer pequeñas historias antes de volcarnos al próximo “larga duración”… (risas)

     

    En lo inmediato también estás yendo a Francia para presentarte a dúo con Pablo Gignoli, ¿no es así?

     

    Sí, con Pablo Gignoli -bandoneonista cordobés, rockero, tanguero, experimentador y loco- armamos un dúo de piano y bandoneón en donde tocamos músicas de nuestros compositores predilectos y la transformamos en…. otra cosa. Una cosa con aires de tango y de jazz con un tratamiento totalmente libre. La idea es juntarnos como algunos de nuestros héroes del jazz de antaño y jugar sobre músicas maravillosas. Trataremos de mantener un balance entre lo “lindo” y la locura extrema. Estaremos en París a principios de noviembre.

     

    ¿Habrá disco a futuro o la “locura extrema” no lo contempla? (risas)

     

    Definitivamente habrá disco y tal vez lo grabemos en esta temporada en París, si es que logramos organizar las cuestiones técnicas como para poder hacerlo en vivo en alguno de los conciertos. Sí.

     

    Para concluir; ¿hay algo que debamos saber sobre Sebastián Volco que no esté expresado en tu música o en lo dicho hasta aquí?

     

    También podemos decir que soy admirador de Frank Zappa, (Igor) Stravinsky, Charly Garcia, el Flaco (Luis Alberto) Spinetta, Manal, (Ástor) Piazzolla, (Johann Sebastian) Bach, Steve Reich, (Karlheinz) Stockhausen, (Charles) Ives, (György) Ligeti, (Alberto) Ginastera, Macedonio Fernández, Stanley Kubrick, Olaf Stapledon, ¡Pink Floyd!, King Crimson, Thelonious Monk, (Carlos) Gardel, (Osvaldo) Pugliese, (Jimi) Hendrix, Aníbal Troilo, Miles Davis y muchos otros humanos que, con su talento y contundencia para vivir, me han inspirado y ayudado – y siguen haciéndolo a diario- para vivir la vida feliz y agradecido de ser parte de este milagro incomprensible que es existir. ¡¡¡Sí, señor!!!

     

    www.orquestametafisica.com

     

    Nota: Sebastián Volco se encuentra próximo a presentar un sitio web propio (www.sebastianvolco.com) en donde podrá accederse a material de su autoría en forma libre.

     

    Sergio Piccirilli

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