• Sofía Rei: De tierra y oro

    La gallera, De tierra y oro, El sauce, Risa, El llorón, La llorona, Todo lo perdido reaparece, Mundo piedra, Noche, Poesía ilegal, Arriba

     

    Músicos:

     

    Sofía Rei: voces, loops

    Eric Kurimski: guitarras acústica y semi-acústica

    Jean-Cristophe Mallard: guitarras eléctrica y española

    Jorge Roeder: contrabajo, bajo eléctrico

    Yayo Serka: batería, percusión

     

    Músicos invitados:

     

    Facundo Guevara: percusión

    Samuel Torres: congas, alegre drum, guache

    Diego Obregón: marimba de chonta, cununo, guasa

    Morris Cañate: tambora

    Néstor Gómez: maracas

    Fernando Martínez: snare drum

    Malika Zarra: coros en De tierra y oro

    Celso Duarte: charango, arpa

    Josh Deutsch: flugelhorn, trompeta

    Ryan Keberfe: trombón

     

    Sello y año: Lilihouse Music, 2012

    Calificación: Dame dos

     

    Cuando una persona emigra a otro país lo hace (si nos atenemos a la definición del diccionario dela Real AcademiaEspañola) con la finalidad de trabajar de manera estable o temporal. Por supuesto que luego entran a tallar muchas variables, causas, consecuencias, méritos, desméritos, desganos, énfasis, necesidades y muchísimos, pero muchísimos etcéteras.

    Argentina ha sido un país, en la historia reciente, que sufrió un éxodo importante de gentes que –básicamente por la fuerte crisis económica que alcanzó su cenit al inicio del presente siglo- fueron a buscar mejor suerte a otros países, especialmente Estados Unidos, España e Italia. Pero si uno se pone a investigar o es curioso (lo que es más o menos lo mismo), llega a algunas conclusiones no muy alentadoras que digamos. Tal vez los problemas comiencen cuando no se encuentren preguntas a cuestionamientos… nunca hechos. La gran mayoría no emigra con un objetivo claro, sino que más bien parecería estar escapando de algo. Sin que esto implique un juicio de valor, no suele haber un plan. Se idealiza algo que de por sí se desconoce. Ante la necesidad, se “huye” a cualquier precio que, después -y tal vez con toda lógica-, no se paga. Entonces la migración comienza a parecerse y mucho a un desarraigo. Más aún cuando la resistencia a insertarse a una sociedad nueva, distinta y con sus propios códigos, es más que manifiesta.

    Por otro lado están los que se adaptan, los que antes de decidir, evalúan, los que son previsores, los que tienen un plan, los que no se resignan, los convencidos, los convincentes, los tesoneros, los permeables, los que se integran, los que no flaquean, los que construyen.

     

    La cantante y compositora argentina Sofía Rei viajó a Boston (U.S.A.) en 2001 a estudiar canto, composición e improvisación. En 2005 se radicó en New York y no ha sabido, desde entonces, lo que es el descanso, un paréntesis, un instante sabático (bueno, tal vez exageremos un poco pero… sólo tal vez). En 2006 editó Ojalá; en 2009, Sube azul; al año siguiente –como integrante del cuarteto de voces femeninas Mycale- Book of Angels – Volume 13. Y ahora le llegó el turno a De tierra y oro, que cumple con ciertas premisas instaladas y certificables en sus discos solistas anteriores. Porque Sofía Rei, en los Estados Unidos, no se ha entregado mansamente sino que, haciendo uso de sus convicciones, se ha integrado a la escena musical norteamericana (y europea y asiática) con sus propias composiciones, cantando en castellano y echando mano al acervo cultural / musical latinoamericano. Y lo hizo de perlas.

    Por supuesto que para que ello fuere posible, Sofía Rei cuenta con dotes vocales poco habituales, un enorme talento a la hora de componer, arreglar, producir e interpretar y una potente personalidad. Así se entiende entonces que haya tocado, colaborado o grabado en infinidad de proyectos y de muy diversas extracciones. Para muestra, más de 4 botones: John Zorn, Bobby McFerrin, Maria Schneider, Frank London, Eva Ayllon, Guillermo Klein, Pablo Aslán, Lionel Loueke, Steve Lacy, Bob Moses, Leo Genovese…

     

    En su largo y extenso trajinar, Sofía Rei recaló en Cartagena. Allí la llevaron a presenciar una riña de gallos. El rechazo y estupor inicial se transformó en mágica composición, La gallera, que abre De tierra y oro a pura energía, como entendiendo o aceptando el hecho más como un ritual que como una celebración: “Son los gallos los que traen la esperanza entre la gente”. Ya se percibe un elemento distintivo del álbum: la plácida convivencia entre instrumentos más relacionados con el jazz y el rock, con otros más bien típicos de la cultura musical latimoamericana y elementos relacionados con la electrónica. En La gallera el protagonismo pasa por la guitarra eléctrica de Jean-Christophe Maillard, el contrabajo de Jorge Roeder y la percusión. Por encima, no sólo cantando sino –además y afortunadamente- interpretando, la potente voz de Sofía Rei. Luego de este inicio tan prometedor como energizante, De tierra y oro (el tema) ofrenda un sutil y complejo entramado rítmico con cierto aire flamenco y una muy buena intervención de John Deutsch en flugelhorn. La cantante da muestras una vez más de su versatilidad y comprensión de cada estilo que interpreta. Mejor dicho: que decide interpretar.

    El sauce ratifica esa infrecuente capacidad interpretativa que posee una de las mejores cantantes argentinas (y más allá) de la actualidad, jugando (playing) con los distintos humores propuestos desde la instrumentación, yendo –en elaborado in crescendo- desde el minimalismo hasta la extroversión. Sofía Rei acomoda su amplio registro de manera tan natural como llamativa.

    Risa es un claro ejemplo de lo que parece ser una característica que sorprende y atrae en su estilo compositivo, donde distintos estilos van entrelazándose de manera rapsódica. Porque podría decirse que estamos frente a un carnavalito (y es así) pero sería obtuso e injusto quedarse con esa simplista definición, habida cuenta de los distintos atajos y caminos paralelos que atraviesan la, digamos, ruta principal.

    El llorón es un breve y sentido solo de contrabajo a cargo de Jorge Roeder que oficia de introducción al único cover del álbum: La llorona, versionado hasta el hartazgo pero muy pocas veces de manera original como la ofrecida aquí.

     

    Sandra Cornejo es una escritora y poetisa argentina con varios libros editados y poemas traducidos al húngaro, inglés y alemán. Sofía Rei, leyendo una antología, encontró un poema que la subyugó: Todo lo perdido reaparece, de la mencionada Cornejo. La cantante lo musicalizó. El bellísimo y breve texto tiene ahora su versión hecha música, en un clima intimista y acorde, con buenas intervenciones de Roeder en contrabajo y Josh Deutsch en trompeta.

    Mundo piedra, otro comprometido alegato dedicado a quienes “pelean contra la indiferencia y el silencio”; tan claro desde su mensaje como difícil de encasillar en estilo musical alguno. La instrumentación simplemente (¿simplemente?) fluye para el lucimiento (una constante a lo largo de todo el álbum, la verdad sea dicha) de la cantante. Noche, dedicado a la Argentina con su pizca de nostalgia entrañable, con guitarras eléctricas y acústicas en concordancia (a cargo de Jean-Christoph Maillard y Eric Kurimski respectivamente), el sostén desde la base con el cajón peruano de Yayo Serka y el contrabajo de Joirge Roeder y los sutiles toques en flugelhorn de Josh Deutsch.

    El bogotano Nicolás Linares es un poeta nacido en 1962; hoy reside en New York, se autodefine como activista político y cultural, es Co-Director del Colectivo “Poetas en Nueva York” y no tiene empacho en asumirse como “poeta, filósofo independiente y mesero de banquetes de la ciudad de Nueva York” (sic). A él (y a todos los poetas del mundo), Sofía Rei dedica Poesía ilegal, tal vez la mejor ofrenda desde lo literario en De tierra y oro. Intimista, potente, cálida, combativa, sutil, implosiva, interpretada maravillosamente y con una nueva ubicua participación de Deutsch en flugelhorn.

    El cierre del álbum es con Arriba, dedicada “a la idea de Dios”, con su aire litúrgico, como un spiritual latino, un final con mucho de magia para un disco fascinante.

     

    Sofía Rei, con De tierra y oro, se consolida como una de las voces más expresivas de los últimos tiempos. Esto no sólo remite a su país de origen ni tampoco anula otras dotes de, al menos, similar valía: sus textos, composiciones, arreglos, personalidad y liderazgo no son cualidades fáciles de encontrar (todas) en una artista.

    Que en De tierra y oro conjuga elementos de diferentes estilos (como el jazz, la libre improvisación y los distintos ritmos latinoamericanos –chacareras, landós, tamboras, carnavalitos-) logrando, como resultante, un sonido singular en el que cohabitan en perfecta armonía bombos legüeros, guitarras eléctricas y acústicas, trombones, arpas, trompetas, maracas, marimbas, charangos, loops, cajones, congas, contrabajos, etc. Y por encima, y como elemento absolutamente distintivo, lo mencionado: su notable registro vocal y sus grandes dotes como compositora, arregladora e intérprete.

    Sofía Rei, además, no reniega de sus raíces ni le escapa a los permanentes desafíos en los que se ha (y la han) involucrado, aportando sus capacidades y nutriéndose, con un espíritu inquieto infrecuente, de elementos que sabe absorber para luego ponerlos al servicio de su arte.

     

    Marcelo Morales

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