• Tomasz Stanko New York Quartet: Wislawa

    tomasz stankoDisco 1: Wislawa, Assassins, Metafizyka, Dernier Cri, Mikrokosmos, Song for H

    Disco 2: Oni, Apri Story, Tutaj Here, Faces, A Shaggy Vandal, Wislawa Var

     

    Músicos:

    Tomasz Stanko: trompeta

    David Virelles: piano,

    Thomas Morgan: contrabajo

    Gerald Cleaver: batería

     

    Sello y año: ECM, 2013

    Calificación: Está muy bien

     

    La idea parte de un encuentro que invita al diálogo. Por un lado, Stanko mantiene estancias cada vez más largas y frecuentes en la que es su ciudad preferida, Nueva York, en donde –según afirmara- “pretendía pasar por espectador”. Por otra parte, su Polonia natal y una cita en Cracovia con la poesía de la escritora ya fallecida Wislawa Symborska (1923-2012, poetisa y ensayista polaca, premio Nobel de Literatura en 1996) en forma de lecturas e improvisaciones que espontáneamente le dedicó a sus poemas. Estimulante y tumultuosa, la vida en Nueva York deja espacio a las palabras, a la soledad y también al encuentro cómplice con otras tres voces (Morgan, Virelles y Cleaver). De todo ello surge esta música… La pregunta es inevitable: ¿qué ha podido cambiar con la experiencia, se ha americanizado? El hecho artístico “americano” está tan instalado en la memoria de un creador que se empapó en los años cincuenta de cultura cinematográfica, literaria (William Burroughs) y jazz (Miles Davis), además de la propia. En el cineasta Roman Polanski y el pianista Krzysztof Komeda también se da esa asimilación. La respuesta es: no. Las cualidades de su música se mantienen tan intactas como en el cuarteto con Wasilewski (Lontano de 2006 fue su último disco), aunque los matices operen sobre el equilibrio en la distribución y la economía de la expresión. Persiste aquí el juego cromático tornasolado que gira alrededor de una respiración lírica vaporosa, la posición y exposición respecto al silencio y el espacio, ese gesto melódico optimista y animado en las baladas o esas incisiones de luz de su trompeta que rasgan, recordando su pasado free, la cortina envolvente que desprende su música.

    La clave sigue estando en el espacio de libertad que ofrece Stanko. Señala el camino desde el principio, lo deja apuntado en las partituras y luego lo empuja, como si se tratase de una rampa. Y la creación crece siguiendo pautas que uno percibe desde la libertad organizada y el mensaje sensitivo. Una corriente en la que los rasgos característicos de su música y la de sus acompañantes se funden.

     

    Este hecho marca la diferencia de enfoque que hay entre este disco de Stanko y el publicado simultáneamente también en ECM por Chris Potter (The Sirens de 2013). La coincidencia que invita a la comparación es que en ambos participa el pianista David Virelles, mucho más visible -y reconocible- aquí. Refinado y atrevido, ajustado e imaginativo, lírico y percusivo. Los acordes en bloque y las sutilezas de Virelles subrayan los márgenes no escritos desde una creatividad menos exuberante y figurativa que la de Wasilewski. En ese desperezar que desde el silencio Stanko regala al trío, aparece un Gerald Cleaver (de más está por reconocer que es el baterista más decisivo del momento) que sirve de sujeción en cada rincón siendo más aéreo que matérico, mientras que Thomas Morgan destaca por su atrevimiento y musicalidad en el juego entre líneas. Los tres nos ofrecen momentos de belleza esclarecedora.

    Los poemas de Wislawa, de los que no se incluyen ni una pequeña muestra en el libreto, se reparten en los dos discos, aunque de manera más concentrada en el primero de ellos. Su nombre sirve de título al álbum y de apertura y cierre en un círculo con variaciones y con la reexposición habitual en los trabajos del músico polaco. Mikrokosmos y Song For H vinculan el sonido interiorizado con la estructura abierta -enfoque que encontraremos bien entrado el segundo disco-, donde Stanko, salvo  en Tutaj-Here (título de la última colección de poemas de la escritora), prefiere evocarlos antes que tomarlos como guión musicalizado, cuestión que impulsa los hermosos Faces y A Shaggy Vandal.

    Es ese diálogo entre vida y lectura, tráfico de palabras y silencios, en el que Tomasz Stanko concita memoria y sueños de una ciudad como Nueva York.

    No hay contradicción sino rejuvenecimiento.  

     

    Jesús Gonzalo

    (Columnista de El Intruso y blogger en Noiself)

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