• Moonchild en concierto: Infrecuente y necesario

     

    a-MoonchildTeatro Coliseo – Buenos Aires (Argentina)

    Viernes 14 de junio de 2013 – 21:30 hs.

     

    A fines del siglo XI existió un grupo de caballeros que hacían las veces de protectores y guías de los cristianos que peregrinaban a través de las denominadas tierras santas. Su base de operaciones era una hostería cercana al Templo de Solomón, en Jerusalén. Dos de esos caballeros, Godofredo de Saint Omer y, especialmente, Hughes de Payns fueron los creadores, en 1119, de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, más conocidos popularmente como Los Caballeros del Templo de Solomón o Los Caballeros Templarios.

    b-templarioEs que, por esa época, era costumbre entre los cristianos peregrinar hacia Tierra Santa desde el puerto de Baifa hasta Jerusalén. Y el camino parece que muy seguro que digamos no era. Muchos eran privados de su libertad. Otros tantos eran, sencillamente, asesinados. El Rey Balduino II recibió a una comitiva “templaria” que manifestó su deseo de cuidar a los peregrinos defendiéndolos contra ladrones y malhechores, proteger los caminos y, también, a servir de caballería al mismísimo soberano. A Balduino II la idea le resultó encantadora, al punto de cederles –para vivir- un sector de su palacio. Esta caballería militar que “siempre deberá aceptar el combate contra los herejes aunque se esté en proporción de tres a uno”, realizó los votos de “pobreza, castidad y obediencia” y adoptó la consigna “Nada para nosotros, Señor, nada para nosotros, sino por la gloria de tu nombre”.

     

    Los Templarios eran el ejército del Papa y poseedores de un importante centro de poder gracias a su fuerza militar, su dominio estratégico en Europa y sus enormes riquezas (poseían en ese entonces el sistema bancario más importante del mundo). Esto último (más que cuestiones ideológicas o de cualquier otra índole) fue lo que los empujó a su caída. La codicia (y la necesidad) de Felipe el Hermoso (Rey de Francia) con la anuencia del Papa Clemente V, provocó en 1307 la detención de los templarios y (fundamental) la requisa de sus bienes. A posteriori (para ir resumiendo), fueron torturados e incinerados.

     

    c-John ZornAproximadamente nueve siglos después (minuto más, minuto menos), el saxofonista, compositor y productor John Zorn concibió Moonchild, uno de sus numerosos proyectos. Luego de 3 años de gestación, en 2006 aparece el álbum Moonchild, interpretado por Joey Baron (batería), Trevor Dunn (bajo) y Mike Patton (voz). Fue por entonces cuando el responsable de bandas señeras de la actual música creativa como Masada y Naked City declaró que, en términos de inspiración, Moonchild se basó en una trilogía conformada por  Edgar Varese (músico), Antonin Artaud (escritor) y Aleister Crowley (ocultista, novelista, poeta y ensayista).

    A lo largo de los sucesivos discos de la banda, quedan de manifiesto (claramente para unos, no tanto para otros, hay quienes aceptan sin miramientos y otros que no le ven la pata a la sota) elementos que permiten (permitirían) vislumbrar determinadas características de cada uno de los tres pilares previamente mencionados. Así es como en la propuesta aparecen –en compleja yuxtaposición- nuevos sonidos, polifonías rítmicamente complejas, acordes disonantes (Varese), confusión, el (re)encuentro con significados religiosos y místicos, teatro (Artaud), ocultismo, magia(s), esoterismo (Crowley).

    Esta combinación –explosiva- de los elementos mencionados es (o sería) la base sobre la cual John Zorn ha edificado una propuesta que cuenta con seis álbumes en su haber y en la que al trío original se han ido sumando –en carácter de invitados- otros músicos de excepción como Jamie Saft, Ikue Mori, Marc Ribot e, incluso, el padre de la criatura.

     

    d-John MedeskiPara el último de los registros, editado en 2012, el convocado fue el –en este caso- organista John Medeski. Así, el cuarteto conformado por Joey Baron, Trevor Dunn, Mike Patton y John Medeski, grabó Templars in Sacred Blood (algo así como Templarios en sangre sagrada). Y si al principio de este comentario nos abocamos a tirar pistas sobre los templarios es porque en la única actuación que Moonchild realizara en Buenos Aires, no sólo se interpretó exclusivamente este último álbum, sino que –además- se lo hizo en el mismo estricto orden al del CD.

    Pero no vaya a creer que el concierto se limitó simplemente a repasar Templars in Sacred Blood de manera literal (¿pentagramal?). Las versiones han sido menos pulcras pero mucho más viscerales, en gran parte por la fuerte presencia escénica de Mike Patton; algo que sumado a sus notables dotes vocales, decoró a la actuación de Moonchild de un fuerte componente visual, comparable por momentos a un evento teatral.

    La propuesta pergeñada por John Zorn no es de fácil asimilación aunque se base en patrones rítmicos y melódicos exentos (o menos presentes) en otros proyectos del saxofonista. Hay indisimulables puntos de contacto con Naked City, pero teniendo en cuenta que una cosa es el Naked City instrumental y otra con la presencia del vocalista nipón Yamatsuka Eye. Patton no llega al desenfreno ilimitado de Eye, pero goza de una rienda mucho más larga que en la mayoría de los demás proyectos en los que ha estado o está involucrado. Al menos de los más populares. Bastan pocos segundos para dudar si se está realmente en presencia del vocalista de Faith No More. Y eso habla muy bien de él y del ojo clínico de Zorn.

     

    e-Mike PattonNo obstante (no me salte al cuello, tenga paciencia), Patton –que además es compositor, multi-instrumentista, productor y actor- es curioso y aparentemente le gusta serlo. Porque si bien su principal reconocimiento le ha llegado por ser la voz cantante de Faith No More, también ha incursionado en aventuras más arriesgadas, experimentales, permitiéndose coquetear con estilos que de populares tienen poco. O muy poco. Circunscribiéndonos a la Argentina, ninguna de las bandas siguientes y de las que el vocalista ha formado parte, ha sido editada en nuestro país: Mr. Bungle, Fantomas, Loveage, Tomahawk, Peeping Tom, The Dillinger Escape Plan

    La historia musical de los demás integrantes de Moonchild ha sido tratada ya reiteradamente en este sitio; en mayor o menor medida, tanto Joey Baron como Trevor Dunn y John Medeski son reconocidos protagonistas en diversos proyectos relacionados con la música creativa contemporánea. Aunque sus capacidades y versatilidades les han permitido ampliar sus horizontes musicales hacia propuestas menos complejas (algunos dicen “elitistas”) o, si prefiere, más populares.

     

    f-Trevor DunnPero lo cierto es que Moonchild aterrizó en Buenos Aires para brindar un concierto de aproximadamente una hora en el cual, como mencionamos previamente, el cuarteto recorrió su último trabajo, Templars in Sacred Blood, en el mismo orden en el que fuera registrado. Así, el concierto se asemejó bastante a una suerte de suite en 8 movimientos o, si lo prefiere, a un espectáculo conceptual. Y con ciertos visos de ceremonía sacrosanta. Templi Secretum es el puntapié inicial, con Trevor Dunn marcando el camino a seguir, aunque las bifurcaciones y/o atajos terminen desviando al cuarteto hacia otras carreteras. Con algunos esporádicos aportes de John Medeski, el protagonismo se lo llevan el mencionado Dunn, un todoterreno Joey Baron y la voz gutural y fuerte presencia escénica de Mike Patton. La agresividad imperante y el potente final contrastan con el inicio de Evocation of Baphomet, que remite al Masada Quartet, con escasa participación de Medeski, un clima hipnótico y Mike Patton que más que cantar, recita, interpreta, actúa.

    El espíritu litúrgico se acentúa en Murder of the Magicians. Medeski oficia de organista de iglesia y Patton parece sacar la voz desde las profundidades de un sarcófago.  Pero todo cambia a partir de una base rítmica sólida, compacta y compleja a cargo de Joey Baron en batería y Trevor Dunn en bajo eléctrico. Luego de un pasaje de aparente simplicidad, se viene el ataque en estéreo protagonizado por Patton y el (en este caso) terrorista John Medeski. Estruendoso y magnífico final.

     

    g-Joey BaronProphetic Souls o la mutación de humores permanente. La intro a cargo de John Medeski y el plan “narrador” de Patton se ven abruptamente sacudidos ante la irrupción de Baron y Dunn haciendo estallar la calma; a los pocos segundos se regresa al espíritu melódico inicial. Que dura poco ante un nuevo estallido sonoro. Y la secuencia que se repite con asombrosas precisión y potencia. Un momento extraordinario que se prolonga en Libera Me, con Medeski como espectador de lujo, asistiendo a los embates de un monolítico Trevor Dunn, un admirable Joey Baron y Mike Patton que recuerda aquí (y mucho) al vocalista Yamatsuka Eye.

    La tensa calma con la que se inicia Second Sanctuary se quiebra con los alaridos guturales marca ACME de Mike Patton. A su vez, Medeski extrae sonidos que parecen imitados por la voz del cantante. Se desencadena un furioso rock con un Baron inclasificable y Patton en estado lumínico. Abrupto final. Momento estremecedor. Recordatio y su complejidad rítmica desembocan en un blues, que vira al trash, que precede a un efímero relax que da paso a un inesperado straight ahead comandado velozmente por John Medeski. El cierre oficial del concierto es con Secret Ceremony y su aparente sosiego inicial, un caos controlado con Trevor Dunn en buena forma, protagonizando un gran momento a dúo con Mike Patton, que se pone mejor aún con la inserción de Joey Baron. Final hipnótico y a esperar…

     

    h-MoonchildPara los bises se suma John Zorn en carácter de director. Los inéditos Tombeau de Jacques Molay y Resurrection, no sólo ratifican lo actuado sino que Zorn impone, a partir de su presencia, su vigor escénico y su liderazgo no convencional pero claramente palpable, un plus indisimulable que parece potenciar -y lo hace- las bondades (muchas) del cuarteto (quinteto). 

    Fue una hora de un concierto brutal, inquietante, litúrgico, molesto, inquisidor, visceral, infrecuente, explosivo, desgarrador, necesario y por momentos aparentemente anárquico. Fue como estar inmersos en una hoguera de la que músicos y audiencia, a diferencia de los Templarios homenajeados, hemos salido ilesos y airosos.

     

    Marcelo Morales

    Nota: Las fotos del concierto fueron gentilmente cedidas por Laura Tenenbaum

     

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