• Gunnelpumpers: Montana Fix

     

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    Músicos:

    Douglas Johnson: contrabajo, bajo Clevinger

    Doug Brush: percusión, tambor parlante, tabla, flauta

    Randy Farr: congas, shakers, percusión

    Matthew Golombisky: melódica, contrabajo, bajo eléctrico

    Michael Hovnanian: contrabajo

    John Meyer: guitarra eléctrica

    Quinlan Kirchner: batería, percusión

     

    Sello y año: Spiritlake, 2013

    Calificación: Está muy bien

     

    Gunnelpumpers es una banda originaria de Chicago, fundada en 2002 por el contrabajista Douglas Johnson y el percusionista Randy Farr, que persigue formas nuevas de contar la fusión de estilos mediante una exploración sonora nutrida en los lenguajes del rock progresivo, la libre improvisación, el krautrock, la world music, el free-jazz y la música clásica contemporánea.

    La música de Gunnelpumpers se asemeja a un viaje por distintos paisajes sonoros que buscan romper con formas composicionales preestablecidas para permitir que todo fluya al arbitrio de la improvisación colectiva. Esa búsqueda ya había sido enunciada en su discografía previa (The Nth Wave y Symphonie Improvise, ambos editados en 2010, y Tritonium de 2012); pero ahora, en Montana Fix, aparece acentuada por el natural crecimiento y evolución como banda y también debido a que fue registrado en vivo en un estudio de grabación y casi sin agregados de posproducción.

     

    El título del álbum alude directamente a Montana, estado natal de Douglas Johnson, pero también hace una elíptica referencia a la composición de John Cage de 1958 Fontana Fix.

    Los elementos que construyen la particular identidad sónica de la banda, además de lo mencionado anteriormente, se ven robustecidos por una alineación instrumental sin precedentes que comprende múltiples accesorios de percusión, guitarra eléctrica, batería, la sorprendente inclusión de tres bajos y esporádicas inserciones en flauta o melódica. A esto debe añadirse la flexibilidad para afrontar cada una de las diecinueve piezas que integran el disco, ya sea utilizando distintas combinaciones instrumentales o bien adoptando diferentes formatos que van desde interpretaciones a dúo hasta alineaciones con el septeto a pleno.

     

    En Bolander (título que rinde homenaje al fallecido bajista Scott Bolander Davis) se ofrece un ecléctico paisaje sonoro teñido por el tinte exótico que provee el tambor parlante de Doug Brush y la melódica de Matthew Golombisky. Naghera, en cambio, engloba una propuesta visiblemente asociada al rock progresivo que evoluciona en concordancia con una guitarra –a cargo de John Meyer– que recuerda en términos de enfoque y estilo a Robert Fripp.

    Luego del dúo en flauta y contrabajo de Floobah, esa alusión al rock progresivo –siempre presente en Gunnelpumpers- regresa con la tribal exploración de d’bass’d. Aquí con una exuberante intervención de Douglas Johnson en contrabajo eléctrico.

    Sin alejarse de su personalidad sonora, la banda acomete luego con una serie de hibridaciones instrumentales y estilísticas que incluyen al trio de contrabajos de Hip Hip Beret, el inocultable carácter zen que alumbra a Smokeblossom y el desconcertante quinteto en “botellas de cerveza” (sic) que da vida al extrañísimo Bottley Funcionts.

    El rock experimental y la improvisación cruzan caminos en Drunken Alley, en tanto que Buffalo Jump (nombre inspirado en Ulm Pishkun, parque del estado de Montana que los nativos americanos consideran sagrado) parece amalgamar el rock con la música espiritual de los mencionados nativos.

    A continuación se suceden la pieza a dúo entre la flauta de Doug Brush y el contrabajo de Matthew Golombisky, los aires de americana vistos desde una perspectiva “alla King Crimson” que desprende Aurelius The Cinderbiter; la inquietante oscuridad del tema que da título al álbum, el dueto camerístico de contrabajos en Bassacaglia (con Michael Hovnanian y Douglas Johnson), el sinuoso ensamblaje sonoro de Puzzle Dust y las inserciones clasicistas en contraste con los ondulantes arrestos percusivos de las congas de Randy Farr y la batería de Quinlan Kirchner que envuelven a  Zaftundzwanzig.

    Sobre el final llegan el trío en contrabajos de Stwing Feowy, el difuso ascetismo de Mundus y la mágica oscuridad del sobresaliente Earthing.

    En tiempos donde ya no es fácil recomendar algo que sea bueno, original y con una identidad definida, Gunnelpumpers y su álbum Montana Fix asoman como una excepción a la regla. Bienvenido sea.

     

    Esteban Arizpe Castañeda

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