• B’shnorkestra: Go to Orange

     

    go to orangeGo to Orange, La Noche Negra, Skarkiselk, Zim, Move, Symposium, B’shnultimate, Pangkur

     

    Músicos:

    Samantha Boshnack: trompeta, fiscorno

    Joshua Kohl: conductor

    Alex Guy, Alina To: violín

    Brianna Atwell: viola

    Maria Scherer Wilson, Daniel Mullikin: cello

    Jherek Bischoff, Tim Carey: bajo

    Chris Credit: saxo alto, saxo tenor

    Tobi Stone: saxo tenor, flauta

    Greg Campbell: trompa, percusión, batería

    Adam Kozie: percusión, xilófono, batería

    Lalo Bello: percusión en Go to Orange, La Noche Negra y B’shnultimate

    Paris Hurley: violín en Go to Orange

    Megan O’Donoghue-Williams: voz en Pangkur

    Sri Joko Raharjo: gender (metalófono), rebab (instrumento de cuerda frotada) en Pangkur

     

    Sello y año: Present Sounds Recordings, 2013

    Calificación: Está muy bien

     

    La joven trompetista y compositora Samantha Boshnack es una de las representantes más aventajadas de la escena musical de la ciudad de Seattle. Hasta aquí su labor artística estuvo canalizada casi con exclusividad en el sexteto de indie-jazz Reptet, banda a cuya discografía (integrada por los álbumes Reptet de 2003, Do This! de 2006, Chicken or Beef? de 2008 y At the Cabin de 2011 y el single en vinilo Agendice de 2010) nos hemos referido detalladamente en este magazine online.

    Boshnack, en Go To Orange, ofrece el primer registro bajo su nombre a través de un ensamble extendido de catorce piezas y que comprende ocho composiciones originales –cuyas autorías le pertenecen- especialmente escritas para este proyecto al que ha dado en llamar B’shnorkestra.

    La grabación de este álbum, registrado en vivo en los estudios de Bear Creeken en junio de 2012, fue posible gracias al apoyo económico canalizado a través de la plataforma de fondos y financiación en masa Kickstarter.

    Ese respaldo le permitió a Boshnack reunir a una especie de seleccionado de músicos provenientes de las diferentes escenas que conforman la comunidad artística de Seattle. Esa diversidad está representada mediante una alineación que incluye a su conductor Joshua Kohl (fundador del colectivo experimental The Degenerate Art Ensemble), a Paris Hurley (violinista de la banda de gypsy-punk Kultur Shock), a Jherek Bischoff (quien ha colaborado con The Dead Science, David Byrne, Caetano Veloso, etc.), a la violinista del Degenerate Art Ensemble Alex Guy, al baterista Greg Campbell (integrante del grupo de percusión ghanesa Anokye Agofomma), a la vocalista Megan O’Donoghue-Williams (partícipe en varios ensambles de música tradicional de Indonesia) y al bajista Tim Carey, quien colabora en el trío de Jovino Santos Neto e integra Reptet. La amplitud de estilos y géneros abordados por los miembros de la B’shnorkestra también abarca al resto de la sección de cuerdas, ya que varios de sus intérpretes acreditan participaciones junto a artistas tan diversos como Cat Power, DJ Spooky, Eyvind Kang, Trans-Siberian Orchestra o Passanger String Quartet; en tanto que en la sección de vientos aparecen miembros de la Seattle Repertory Jazz Orchestra.

    La música de B’shnorkestra se nutre, combina y empalma la variedad de personalidades musicales que la integran para dar pie a la elaboración de un lenguaje propio y de carácter orquestal que mezcla el jazz, la tradición cultural de distintas etnias, el rock y la experimentación vanguardista.

    Aunque el espectro estilístico que abarca el álbum Go to Orange es muy amplio, sus composiciones no ceden en rigor ni abandonan el placer de la meticulosidad; pero, además, logran asumir una narrativa que nunca resulta convencional o predecible y que en todo momento parece buscar distanciarse de los relatos hegemónicos y las ataduras dogmáticas a las que pretenden someternos los centros dominantes de la industria musical.

    Desde el vamos, con el tema que da título al álbum, salta a la vista el interés de Boshnack por inyectarle al ensamble influencias poco habituales en el jazz y que en este caso se nutren de la música tradicional malí (el tema fue escrito e inspirado poco después de un viaje de su autora al país africano) en comunión con algunos principios del third stream. En el marco de una adecuada entrega de conjunto, resaltan aquí las performances solistas de Tobi Stone en saxo tenor y Adam Kozie en batería.

    La Noche Negra deja aflorar sentidos contrastes entre el clasicismo de la cuerdas, con especial protagonismo de Paris Hurley en violín, y los impulsos afro-caribeños a partir de los cuales asoman las congas de Lalo Bello.

    Skarkiselk opone el contrapuntismo clásico de su apertura con una sección de improvisación colectiva en la que sobresale la trompa de Greg Campbell para, finalmente, concluir en un apasionado segmento rockero que rubrican el dueto de Alex Guy en violín y Jhrerek Bischoff en contrabajo y una feroz exposición solista de Chris Credit en saxo tenor.

    Las asimetrías de estilo que caracterizan al proyecto permiten recorrer una sinuosa ruta que lleva al oyente a transitar del reposado Zim (con notables aportes de la cellista Maria Scherer Wilson y Samantha Boshnack en fiscorno) al cruce entre la fanfarria y el tributo a la música de Coltrane implícitos en Move y, de allí, a los aires de americana contenidos en la balada Symposium de donde aflora una secuencia de solos a cargo de Tim Carey en bajo, Daniel Mullikin en cello, Alina To en violín, Brianna Atwell en viola y Samantha Boshnack en trompeta.

    Los dos últimos temas del álbum enfrentan al avant-jazz; primero, con música antillana en B’shnultimate y, después, con música tradicional indonesia en Pangkur subrayada por la participación vocal de Megan O’Donoghue-Williams (sobre textos de un poema en javanés) y de instrumentos tradicionales de Indonesia ejecutados por Sri Joko Raharjo.

    La B’shnorkestra, en el ecléctico Go to Orange, acerca mundos musicales distantes que sólo pueden ser vinculados con la ayuda de un amplio contexto y reiteradas escuchas. A pesar de ello, su resultado es siempre atrayente y alcanza a representar un soplo de aire fresco entre tanta música que se limita a repetir fórmulas del pasado.

    Y esas cualidades, a los ojos (y oídos) de quien esto escribe, lo convierten en un trabajo tan disfrutable como digno de ser recomendado.

     

    Esteban Arizpe Castañeda

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