• Mostly Other People Do the Killing: Red Hot

     

    Red HotThe Shickshinny Shimmy, Zelienople, Red Hot, King Of Prussia, Turkey Foot Corner, Seabrook Power Plank, Orange Is the Name Of the Town, Gum Stump, Bird-In-Hand

     

    Músicos:

    Moppa Elliott: contrabajo

    Peter Evans: trompeta

    Jon Irabagon: saxo soprano, saxo C melody

    Kevin Shea: batería, percusión

    David Taylor: trombón bajo

    Brandon Seabrook: banjo, electrónicos

    Ron Stabinsky: piano

     

    Sello y año: Hot Cup Records, 2013

    Calificación: Dame dos

     

    El cambio es inevitable en la música, las cosas cambian (John Coltrane)

     

    Mostly Other People Do the Killing, a fuerza de talento, originalidad y una irrevocable vocación por subvertir el orden musical establecido, se fue transformando paulatinamente en una de las bandas más relevantes de la escena jazzista de la última década. El cuarteto liderado por el contrabajista y compositor Moppa Elliott y que completan Jon Irabagon en saxos, Peter Evans en trompeta y Kevin Shea en batería, supo pergeñar un elaborado alegato estético que conjuga su vasto conocimiento del jazz arcaico, una manifiesta intencionalidad por incorporar influencias musicales que no pertenecen a la tradición de ese género (que van del rock al boogaloo, de la música clásica al folk y del pop al funk, entre otros), un virtuosismo irresistible –especialmente magnificado en sus avasallantes conciertos- y una irreverencia indomable no exenta de un humor cáustico y cierta dosis de sarcasmo.

    Además de las cualidades implícitas en su música, la banda ha sabido adosarle a su imagen una ingeniosa cantidad de elementos accesorios que incluyen al inusual nombre que los identifica (“Mostly other people do the killing” extracta una peculiar frase referida a Stalin, acuñada por Leon Theramin), un logo de gran impacto visual, la costumbre de titular a la mayoría de las piezas que integran su repertorio con nombres de ciudades pertenecientes al estado de Pennsylvania (tierra natal de Moppa Elliott), las irónicas referencias a álbumes históricos de jazz incluidas en el arte de cubierta de algunas de sus producciones discográficas y las desopilantes e imperdibles notas que los acompañan pertenecientes a un crítico de música apócrifo llamado Leonardo Featherweight.

     

    La discografía de Mostly Other People Do the Killing comprendió hasta aquí al álbum homónimo con el que debutaran en 2004, el consagratorio Shamokin!!! de 2007,This is Our Moosic en 2008, Forty Fort de 2010, el demoledor doble en vivo The Coimbra Concert en 2011 y su personal referencia al “smooth jazz” contenida en el cautivante (a decir verdad, todos sus álbumes lo son) Slippery Rock de 2013.

    Desde su constitución a la fecha, el grupo se atuvo a la búsqueda de enhebrar una narrativa musical que engloba melodías simples y bien trazadas sobre estructuras complejas e irregulares lo suficientemente flexibles para permitir el imaginativo vuelo improvisador de los solistas pero –como decía Coltrane- “el cambio es inevitable en la música, las cosas cambian”.

    Ahora, Mostly Other People Do the Killing nos sorprende en Red Hot con una oferta artística que se aposenta exclusivamente en los cánones del hot-jazz y en donde el cuarteto original adopta el formato de septeto con las incorporaciones estelares del legendario David Taylor (The Charles Mingus Big Band, Chambers Music Society of Lincoln Center, etc.) en trombón bajo y los jóvenes talentos de Brandon Seabrook (Seabrook Power Plant, Ben Allison Quartet, Jeremy Udden’s Plainsville) en banjo y electrónicos y Ron Stabinsky (Peter Evans Octet, Rhonda Taylor, Charles Evans’ Subliminal Leaps) en piano.

    El hot jazz es una denominación genérica que han utilizado los musicólogos para abrazar a todos los estilos desarrollados en el jazz (ragtime, dixieland, etc.) con anterioridad a la llamada era del swing nacida hacia finales de 1930.

    Para ubicarnos en contexto, podemos decir que el apogeo del hot jazz en Estados Unidos coincidió con el período popularmente denominado “los años locos”; período que estuvo signado por una serie de acontecimientos contrastantes que marcaron a fuego toda una época. En esa etapa entró en vigor la Ley Seca que prohibía el consumo de alcohol, se puso de moda bailar el charlestón, nacía el cine sonoro, aparecieron los primeros ídolos boxísticos, se popularizó el béisbol, los gánsteres azotaban a las grandes ciudades, cayó la Bolsa de New York y dio lugar a la Gran Depresión, las transmisiones radiales irrumpían masivamente en los hogares, empezaron a construirse los primeros grandes rascacielos, la vida urbana adquirió un ritmo alocado y ciertos valores morales de la sociedad se subvirtieron radicalmente.

     

    Un buen ejemplo de que aquellos tiempos eran muy distintos a los actuales es que por aquel entonces se vivían noches de desenfreno y lujuria, había mujeres de vida fácil y licenciosa, proliferaban los políticos corruptos y los empresarios inescrupulosos y el poder real estaba en manos de unos pocos mafiosos. En cambio ahora… ¡ay! Creo que ese no fue un buen ejemplo de los cambios experimentados. Lo que sí se ha modificado drásticamente en relación a nuestro tiempo es que, en esa época, cuando el jefe de la mafia iba a cenar a la Casa de Gobierno siempre ocupaba la cabecera de la mesa mientras que al Presidente le tocaba cocinar, servir la comida y lavar los platos. Al presente, por fortuna, eso no sucede con tanta frecuencia ya que ahora el jefe de la mafia y el Presidente… suelen ser la misma persona. En fin, “las cosas cambian”.

    Red Hot abre con el lúdicoThe Shickshinny Shimmy, pieza que hurga más allá de los confines del Dixieland estereotipado para dar cabida a un ideario musical en donde se funden tradición e innovación. Los amplios espacios adjudicados a la improvisación permiten los destaques del soliloquio en saxo de Jon Irabagon, las autorizadas frases que imparte el trombón bajo del experimentado David Taylor y los hilarantes adornos aportados por el banjo de Brandon Seabrook.

    Un inclasificable e imaginativo solo de batería a cargo de Kevin Shea precede a los nostálgicos y vivaces aires “a la creole jazz” de Zelienople, en cuya parte central aflora una magnífica intervención solista de Peter Evans en trompeta.

    El tema que sirve de título a Red Hot da inicio con un inesperado preludio en banjo y electrónicos a cargo de Brandon Seabrook para luego seguir su ingenioso tránsito por una senda que yuxtapone elementos sonoros derivados de la legendaria Jelly Roll Morton’s Red Hot Pepper con retazos de un popurrí de canciones pertenecientes a la banda de funk-rock Red Hot Chili Peppers.

    La notabilísima King of Prussia presenta en su faz introductoria un memorable collage en solitario del piano de Ron Stabinsky, donde se enlazan frases que van desde The Entertainer de Scott Joplin a Let ‘em in de Paul McCartney and Wings pasando por Steppin’ Out de Joe Jackson. Luego la composición adopta el romántico temperamento de una balada jazz en la que resaltan su exquisita definición melódica, una súbita e inesperada intercepción de música klezmer, los ornamentos del banjo ejecutado con arco, una abrasiva aparición solista de Peter Evans en trompeta y la re-exposición del tema coronada, finalmente, en un sincrónico remate colectivo.

    A continuación se suceden la caricaturesca alusión al ragtime –que incluye un audaz e irreprochable preludio en contrabajo de Moppa Elliott- contenida en Turkey Foot Corner; el jubiloso e hilarante Seabrook Power Plank, con protagonismos excluyentes del banjo de Brandon Seabrook y el inusual registro del saxo C melody de Jon Irabagon (el C melody o C tenor es un saxo afinado en Do con un registro a medio camino entre el alto y el tenor), los atisbos de vals implícitos en el encantador Orange Is the Name Of the Town y la explicita referencia al blues tradicional –subrayada por un inigualable dueto entre la trompeta de Peter Evans y el saxo soprano de Jon Irabagon– que rodea al brillante alegato interpretativo de Gum Stump.

    El cierre llega con el económico y conciso encanto -al mejor estilo “vintage”- de las añosas y adorables sonoridades que imparte Bird-In-Hand.

     

    Mostly Other People Do the Killing, en Red Hot, ratifica su vigencia, vitalidad e importancia pero también demuestra –con su habitual calidad e inteligencia- que los cambios no siempre representan perder lo que se ha dejado atrás ni implican olvidar al pasado.

     

    No hace falta renunciar al pasado al entrar en el porvenir. Al cambiar las cosas no es necesario perderlas (John Cage)

     

    Sergio Piccirilli

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