• Daniel Rosenboom Quintet: Fire Keeper

     

    fire keeperLeaving Moscow, Seven on Seventh, With Fire Eyes, Tadodaho, Hush Money, The Fifteenth Hour, Holiday Motel, Inspiration, Tendrils

     

    Músicos:

    Daniel Rosenboom: trompeta, trompeta piccolo, fiscorno

    Gavin Templeton: saxos, flauta, clarinete bajo

    Alexander Noice: guitarra eléctrica, electrónicos

    Kai Kurosawa: bear trax, ziggy, electrónicos

    Dan Schnelle: batería

     

    Sello y año: Orenda Records, 2014

    Calificación: Dame dos

     

    La voluntad es algo que el guerrero usa para ganar una batalla que, según todos los cálculos, debería perder (Carlos Castañeda)

     

    La voluntad es aquello que nos faculta para gobernar nuestros actos, decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado. La voluntad siempre está relacionada con el libre albedrio, la elección de consciencia y la capacidad de esfuerzo para alcanzar un objetivo elegido pero, además, es una propiedad de la personalidad que nunca actúa al conjuro de impulsos externos ni se ve afectada por tendencias o modas.

    Carlos Castañeda, en su libro The Second Ring Of Power de 1977, señalaba que para convertirse en un hombre de conocimiento hay que ser un guerrero dispuesto a luchar sin entregarse jamás y únicamente armado de la voluntad. Desde la perspectiva del autor, el guerrero no debe rivalizar con enemigos sino con sus propias debilidades y con la tendencia a dejarse arrastrar por los hábitos de una sociedad empeñada en que el hombre construya su destino a partir de la aprobación de los demás. En ese contexto podría colegirse que, mientras el hombre común busca la verdad a través de la mirada del otro, el guerrero sólo depende de sí mismo porque conoce el secreto de lo que – según el propio Castañeda- se denomina “el segundo anillo de poder”: es decir, la voluntad.

    Una idea equivalente asoma también en las nociones sobre enkrateia enunciadas por Michel Foucault. En ellas el icónico filósofo, psicólogo e historiador francés hace referencia al dominio de uno mismo por uno mismo y describe a ese combate “como el campo de batalla en el que el hombre se inaugura como guerrero” pero agregando que, además de conocer ese principio, debe tenerse voluntad para la lucha ya que “sin  luchar jamás se llegará a ser libre”.

    Todas estas ideas son aplicables al arte –de hecho, Foucault incluyó a la enkrateia como una de las cuatro nociones que explican la subjetividad inmanente a la obra artística- y expresan, en cierto modo, lo difícil que es para el artista sostener sus postulados estéticos a contracorriente de un orden institucional que no parece estar interesado en alentar una sociedad con hombres libres y creativos sino una fábrica de clones sin voluntad propia, exclusivamente diseñados para el consumo de lo efímero y la búsqueda de un supuesto éxito siempre asociado al poder económico.

    Mucho de lo mencionado en este prólogo aparece representado –explícita e implícitamente- en el excepcional Fire Keeper, el nuevo álbum del Daniel Rosenboom Quintet.

     

    En primer lugar cabe señalar que Fire Keeper es la traducción literal en inglés de Tadodaho, nombre en lengua iroquesa con el que se conoce al líder histórico de la confederación de naciones constituida en el siglo XII, que lograría mantener unidos a seis pueblos originarios de América del Norte: los Mohawk, Oneida, Seneca, Onondaga, Tuscarora y los Cayuga. No obstante, ese espíritu de unidad e independencia cultural simbolizado en la figura del jefe Tadodaho es utilizado en forma elíptica por Rosenboom para hacer referencia a un santuario de la música creativa de Los Angeles: el Blue Whale. Este club de jazz –en cuyas paredes aparece transcripta una frase pronunciada ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1995 por el líder de la confederación iroquesa Leon Shenadoah-, propiedad del infatigable Joon Lee, ha mantenido viva la llama del jazz angelino durante años a fuerza de voluntad, convicción, espíritu de lucha e integridad. De ese entorno creativo con epicentro en la ciudad de Los Angeles y en donde el Blue Whale –rivalizando con las modas impulsadas por la maquinaria de la industria del entretenimiento- aparece como uno de sus puntos cardinales, emerge la figura de Daniel Rosenboom.

    En el vasto territorio transitado por este joven y sobresaliente trompetista y compositor estadounidense, asoman una destacada discografía como líder (hasta aquí documentada en seis álbumes incluyendo a Fire Keeper), los tres discos junto Plotz! (grupo que amalgama jazz, rock, hardcore y música de los Balcanes), la fusión de composición espontánea y jazz-rock materializada en las cuatro producciones discográficas de Dr. Mint, su contribución a la música de cámara corporizada en The Modern Brass Quintet, las apreciadas colaboraciones en proyectos encabezados –entre otros- por Vinny Golia, Harris Eisenstadt, Trevor Anderies y Dorian Wood, los aportes a favor del exitoso cantante pop Josh Groban y sus variadas participaciones junto a orquestas y ensambles de cámara en algunos de los escenarios más prestigiosos del mundo. A todo esto debe sumarse el rol que ocupa como fundador del colectivo artístico interdisciplinario Creative Underground Los Angeles y la reciente creación de su propio sello discográfico, Orenda Records (voz en lengua iroquesa que significa “la fuerza”), del cual Fire Keeper es su álbum insignia.

     

    En este último trabajo, Rosenboom exhibe una vocación manifiesta por yuxtaponer géneros y estilos –del jazz progresivo al rock experimental y de la música clásica contemporánea al grunge- sin suscribir a ninguno de ellos en particular ni aceptando encasillamientos que puedan acotar la libertad creativa del proyecto o cercenar la amplitud de su ideario estético.

    Esa aptitud para la yuxtaposición se expresa desde la apertura del álbum con la briosa convergencia de rock progresivo y avant-jazz del arrollador Leaving Moscow, tema compuesto por Roseboom durante su estancia en Moscú acompañando en gira a Josh Groban e inspirado en los contrastes arquitectónicos de una ciudad que amalgama la austeridad espartana del comunismo con la opulencia de la época de los zares.

    La energía se prolonga en el demoledor groove de Seven on Seventh, aquí con sobresalientes aportes solistas a cargo de Gavin Templeton en saxo y del siempre imaginativo Alex Noice en guitarra.

    La impactante conjunción de blues de New Orleans, música cajún de Louisiana y heavy-metal, convierte al desbordante lirismo del adictivo With Fire Eyes en una apología de la originalidad y el buen gusto.

    A continuación se suceden el poderoso riff y las sincrónicas variaciones de Tadodaho, la fusión de rock pesado y música clásica contemporánea materializada en Hush Money y el aquilatado encuentro entre el rock moderno y la libre improvisación de The Fifteenth Hour, realzado por las infrecuentes sonoridades impartidas desde el bear trax (guitarra bajo de 24 cuerdas que se ejecuta con técnica de tapping) de Kai Kurosawa y los vibrantes impulsos percusivos que emergen de la batería de Dan Schnelle.

    Luego sobrevienen el espacioso lirismo de Holiday Motel –con protagonismo casi excluyente de la luminosa trompeta de Daniel Rosenboom- y el carácter festivo que se desprende de la infartante mixtura de free, rock y música gitana de los Balcanes en Inspiration.

    El álbum concluye en los sinuosos y estratégicos pliegues de jazz fusión que dan vida a Tendrils.

    Muchos músicos tienen talento, ideas claras, imaginación y fuerzas suficientes para trazarse un objetivo artístico; pero solo unos pocos elegidos poseen la voluntad que se requiere para llevarlo a cabo.

    Y Daniel Rosenboom, en Fire Keeper, demuestra que es uno de ellos.

     

    A nadie le faltan fuerzas, lo que a muchísimos les falta es la voluntad (Víctor Hugo)

     

    Sergio Piccirilli

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