• Mary Halvorson: Reverse Blue

     

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    Músicos:

    Mary Halvorson: guitarra

    Chris Speed: saxo tenor, clarinete

    Eivind Opsvik: contrabajo

    Tomas Fujiwara: batería

     

    Sello y año: Relative Pitch, 2014

    Calificación: Dame dos

     

    Lo que llamamos casualidad no es ni puede ser sino la causa ignorada de un efecto desconocido (Voltaire)

     

    El logro de los objetivos trazados en la vida no se debe sólo a la casualidad sino que es fruto de la causalidad que reside tras el intento de búsqueda, la perseverancia y el sacrificio sostenidos a través del tiempo. Pese a ello, el ser humano tiende a creer por naturaleza que mucho de lo que acontece en su existencia está gobernado por lo casual y el azar. Tal vez, esa apreciación no sea tan arbitraria ni carente de sustento como parece ya que causalidad y causalidad –aun cuando expresan ideas aparentemente contrapuestas- suelen ir de la mano o pueden llegar a tener una línea fronteriza tan difusa como ininteligible.

    Ambos conceptos se fundan en la propia percepción y, por ende, son susceptibles a debate pero -poniendo negro sobre blanco- puede afirmarse que mientras la casualidad es una combinación de circunstancias imprevisibles e inevitables, la causalidad se establece sobre un principio según el cual nada puede existir sin una causa suficiente. Incluso la raíz etimológica de ambos términos facilita un mejor entendimiento de sus recíprocas diferencias, toda vez que causalidad proviene del vocablo “caos” y es referente al azar, de igual manera que causalidad deriva de “causa” y describe la razón que motiva una acción. Siempre es preferible pensar que el azar no existe y que todo obedece a una causa y no sólo debido a que eso nos hace más responsables de nuestros actos, sino también porque buena parte de lo que se adjudica a la casualidad puede ser provocado por una causa real que no hemos podido o querido develar ni comprender. No obstante, es factible colegir que existe un punto de intercepción en donde las nociones de casualidad y causalidad parecen converger de manera irrebatible e incontratable: la serendipia. Este término fue acuñado en el silgo XVIII por el escritor inglés Horace Walpole en The Three Princes of Serendip, cuento de su autoría cuyos protagonistas resolvían sus problemas mediante hallazgos fortuitos e increíbles casualidades. En su actual significado, la noción del neologismo serendipia describe todo descubrimiento o hallazgo afortunado, accidental o inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa. De todos modos, aunque la serendipia tiene un componente casual, no debe ser confundida con el azar ya que siempre es un proceso guiado –consciente o inconscientemente- por uno mismo.

    Lo cierto es que el principio de serendipia asoma subliminalmente tanto en la denominación como en la génesis del nuevo proyecto encarnado por la guitarrista y compositora Mary Halvorson titulado Reverse Blue.

    En origen este emprendimiento se constituyó para un único concierto llevado a cabo en el Blue Note de Nueva York en el contexto de la serie Spontaneus Constructions, ciclo destinado a generar nuevas colaboraciones entre músicos que no hubieran tocado juntos con anterioridad. Para dicha ocasión Halvorson convocó a Tomas Fujiwara –ambos compañeros de ruta en bandas como Thumbscrew, The Thirteenth Assembly, Tomas Fujiwara & The Hook Up, Living by Lanterns y Taylor Ho Bynum Sextet- y a dos músicos que admiraba y con quienes nunca había tocado hasta ese momento: el saxofonista y clarinetista Chris Speed (Endangered Blood, The Claudia Quintet, Human Feel, Chris Speed Trio, Yeah NO, etc.) y el contrabajista noruego Eivind Opsvik (Eivind Opsvik’s Overseas, Opsvik & Jennings, Rocket Engine, Vinnie Sperrazza Band).

    A partir de la fuerte conexión musical lograda por los cuatro integrantes de esa eventual colaboración, el proyecto (serendipia mediante, es decir, encontrando algo inesperado mientras se buscaba otra cosa) continuó su curso hasta materializarse en el álbum que motiva este comentario.

    El segundo aspecto relacionado a Reverse Blue que obedece a un hallazgo aparentemente fortuito reside en el nombre que da título al proyecto. Según nos explica Mary Halvorson, su padre acostumbra entregarle periódicamente anotaciones en donde colecciona posibles títulos de canciones. De la revisión de esas notas que incluían millares de nombres (recordemos que la serendipia “es un proceso guiado”) surgió la coincidencia que las dos palabras que más veces se repetían eran, justamente, “reverse” y “blue”.

    En adición a estos detalles, hay en Reverse Blue una propuesta estética que expresa –una vez más- la asombrosa capacidad de Halvorson para dotar a cada uno de sus proyectos de un temperamento sonoro propio, integrando las diferentes sensibilidades musicales de sus circunstanciales colaboradores y manteniendo los rasgos estilísticos que la caracterizan.

    Eso se traduce en una propuesta cohesiva, reposada y a la vez tensa, versátil y con marcadas referencias al jazz tradicional pero visto desde la perspectiva de lo contemporáneo. Todo ello se manifiesta aquí a través de un enfoque mucho más próximo al cuerpo colectivo de trabajo que a los designios de un líder excluyente (de hecho, el álbum incluye cinco composiciones de Halvorson, dos de Opsvik, otras dos pertenecen a Fujiwara y una corresponde a Speed) y desarrollado en función de atender los intereses comunes a sus cuatro integrantes.

    La apertura, con el intrincado Torture’s Reverse Delight, nos ofrece un aquilatado desarrollo melódico, sutiles armonizaciones y una dinámica ascendente –acentuada por un estratégico riff en guitarra de impronta heavy- que alcanza su clímax en las exposiciones solistas de Chris Speed en saxo tenor y Marry Halvorson en guitarra.

    En Reverse Blue hallamos una elaborada y sugerente construcción armónica de tono camerístico con el clarinete de Speed y la guitarra de Halvorson ocupando el centro de la escena al amparo de los coloridos matices y precisos aportes del tándem integrado por Opsvik y Fujiwara.

    Insomniac’s Delight –pieza perteneciente a Tomas Fujiwara- transita un delicioso carácter en tempo moderado, para luego evolucionar mediante un crescendo rematado magníficamente por la vigorosa exposición solista de Mary Halvorson en guitarra.

    A continuación Eivind Opsvik aporta Rebel’s Revue, composición de su autoría de notable factura e intensa dinámica con epicentro en una secuencia alternada de unísonos y contrapuntos entre la guitarra de Mary Halvorson y el clarinete de Chris Speed.

    Luego se suceden la ascética desnudez de Hako, la inquietante belleza barroca de Ego Man –que incluye un acrisolado interludio a dúo entre la batería de Tomas Fujiwara y el saxo tenor de Speed- y las contrastantes intensidades de Old Blue. Los aletargados movimientos de Ordered Thoughts Ceased adjudican al contrabajo de Eivind Opsvidk un rol protagónico. En tanto que la versión ofrecida de Really Ok –pieza de Chris Speed extractada del álbum homónimo de 2014- asoma como la referencia más explícita al jazz tradicional.

    El álbum concluye en la climática exploración y las sutiles variaciones de la inquietante composición de Opsvik Resting on Laurels.

    Mary Halvorson en Reverse Blue ofrece –como es habitual en ella- una prueba de su talento, creatividad y vocación por descubrir nuevos horizontes.

    Las causas de esa infatigable búsqueda tal vez deban permanecer ocultas pero, afortunadamente, sus beneficiosos efectos siguen llegando a nuestros oídos.

     

    Las causas están ocultas. Los efectos son visibles para todos (Ovidio)

     

    Sergio Piccirilli

     

     

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