• Octafonic en concierto: Inquieto con inquietudes

     

    1Jueves 4 de diciembre de 2014 – 21:00 hs.

    The Roxy Live – Buenos Aires (Argentina)

     

    Muchas veces hemos dicho desde este espacio que recurrir a las definiciones crudas, intransigentes, desangeladas del diccionario de la Real Academia Española (en adelante, RAE), puede llamar a equívocos, malos entendidos, confusión… o no. Ejemplos hay en cantidad y no es nuestra intención andar explayándonos en este momento acerca de ello. Simplemente vayamos directamente a la palabra “inquietud”. Según la RAE, la primera definición habla de “falta de quietud, desasosiego, desazón”. Luego refiere a “alboroto, conmoción”. Y, finalmente, “inclinación del ánimo hacia algo, en especial en el campo de la estética”. Como se verá, depende de qué opción se tome, el epíteto de marras puede inducirnos hacia una dirección determinada… o a la contraria.

    Y si uno empieza a investigar se puede encontrar con verdaderos hallazgos. Como muestra, téngalo en cuenta a San Francisco de Sales (1567 – 1622), que estudió Derecho y Teología, que tuvo como guía a San Francisco de Asís, que fue Obispo, a su muerte canonizado y nombrado Doctor de la Iglesia, de espíritu amable, paciente, optimista y que también debió pasar por momentos de extrema dificultad. La cuestión es que don Sales también fue escritor y, con respecto a la “inquietud”, dejó plasmadas algunas sentencias como: “La inquietud no es una simple tentación, sino una fuente de la cual y por la cual vienen muchas tentaciones (…) Es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado (…)  Proviene del deseo desordenado de librarse del mal que se siente o de adquirir el bien que se espera (…) No permitas que tus deseos te inquieten, por pequeños y por poco importantes que sean (…) Cuando sientas que llega la inquietud, encomiéndate a Dios y resuelve no hacer nada de lo que tu deseo reclama hasta que aquélla haya totalmente pasado”.

    Oh, oh…

    Un último dato: San Francisco de Sales es patrono de los escritores y periodistas. Ahora se entienden algunas cosas… como que una vez fallecido, le encontraron 33 piedras alojadas en su vesícula.

     

    2Volviendo a la RAE, yendo a lo que más nos acomoda, al adjetivo “inquieto” se lo define como “propenso a promover o efectuar cambios”. Que tiene bastante más que ver, en referencia a la “inquietud”, con una “inclinación del ánimo hacia algo, en especial en el campo de la estética”. Porque justamente queríamos (queremos) referirnos al “espíritu inquieto” o a las “inquietudes artísticas” de un tal Nicolás Sorín.

    Nacido en 1979, este tecladista, cantante, compositor, arreglador y director de orquesta (entre otras cosas), ha transitado en su prolífica trayectoria por proyectos y estilos de diversas extracciones que lo han llevado a componer música para películas, dirigir orquestas de gran prestigio y reconocimiento internacional, trabajar con figuras de la música popular internacional, liderar bandas como Malacara y Elbou, obtener una incontable cantidad de premios, reconocimientos y nominaciones y a formar parte, en la actualidad, de varias de las bandas que parecen ir marcando un nuevo destino dentro de la música contemporánea argentina como Sorín Octeto, Sehinkman 4, Fernández 4 y Octafonic.

    En el sitio oficial de la agrupación Octafonic, se afirma que el “octeto” se conformó en 2013 con músicos activos en la escena del jazz no convencional. De acuerdo, salvo por un detalle: estaríamos ante un falso octeto, si nos atenemos a que se trata en realidad de un noneto que conforman Nicolás Sorín en teclados y voz, Ezequiel Piazza en batería, Cirilo Fernández en bajo, Pedro Rossi en guitarra, Esteban Sehinkman en teclados y sintetizadores, Francisco Huici en saxo barítono, Leo Paganini en saxo tenor, Juan Manuel Alfaro en saxo alto y Mariano Bonadío en Drum Pad y percusión.

    Esta suerte de seleccionado local debutó discográficamente hace pocos meses con Monster, un álbum donde podría ponerse en duda el background jazzero de sus integrantes, habida cuenta de las direcciones estilística y sonora propuestas, mucho más cercanas al rock (mejor dicho: absolutamente inmersas en él) aunque por momentos se cuelan, a través de los arreglos y de los momentos improvisatorios, destellos que bien pueden emparentarse con el jazz contemporáneo, de vanguardia o como prefiera usted denominarlo.

    Lo cierto es que Octafonic presentó su álbum debut el pasado 4 de diciembre en The Roxy Live, ante una audiencia entusiasta y participativa que no dudó en exteriorizar sus sensaciones de manera diversa, ya sea escuchando atentamente, bailando, saltando, incluso ensayando un pogo hacia el final del concierto. Lo antedicho, más la puesta de luces, el sonido, las proyecciones en pantalla gigante, la actitud de los músicos en escena y la propuesta artística del noneto, nos llevan a una sentencia ineludible: estábamos en presencia de un espectáculo de rock. Y de los (muy) buenos.

     

    3A las 21:30 hs. se descorre el telón y Sorín, ubicado en el centro del escenario, arremete con Waving Batons sobre una base minimalista y electrónica; una suerte de extensa intro in crescendo y con final abrupto. Una buena base a cargo de Cirilo Fernández en bajo y (especialmente) Ezequiel Piazza en batería, sostienen el espíritu lúdico de Plastic, donde la sección de caños, a cargo de Francisco Huici en saxo barítono, Leo Paganini en saxo tenor y Juan Manuel Alfaro en saxo alto, brinda una coloratura contrastante con la potente guitarra eléctrica de Pedro Rossi y los aportes vocales de Mariano Bonadío con un megáfono. Esteban Sehinkman en sintetizador y Ezequiel Piazza en batería comandan el inicio de Mistifying. El ataque de los saxos produce una explosión sonora. La atmósfera disco tiene correlato con la actitud festiva de varios integrantes sobre el escenario, saltando, tirando serpentinas, motrando un carácter (a veces demasiado) extrovertido. Lo importante es que Octafonic está sonando de manera impecable sostenido en la solidez de Sehinkman, Fernández y Piazza. El final se pega (y bien) con Love y sus interesantes arreglos, coronados en un final complejo y de gran factura. Whisky Eyes confirma que Sorín es, más que un simple cantante, un gran intérprete. Un pasaje que simula una coda da lugar a un descontrol sonoro que desemboca en un potente y sincronizado final.

     

    4Octafonic interpreta a continuación dos temas que no están incluidos en Monster pero que forman parte del repertorio habitual de la banda: Adiós, con una atmósfera circense “alla Peter Gabriel” y una buena conjunción entre los saxos y Ezequiel Piazza y Burning Whole, de comienzo ascético con un buen protagonismo de Sorín en teclados y voz, que luego adquiere un carácter épico, y que cuenta con un hiperkinético y ubicuo Rossi en guitarra (que en este tema siguió revoleando su tupida cabellera aunque –extrañamente- no saltó).

    Para Full Moon, los músicos se colocan máscaras de ovejas (salvo Sehinkman, que utilizó una de lobo); la base disco muta a un clima con reminiscencias floydeanas. Cuando se retorna al dancing, la gente aúlla de felicidad. La secuencia se repite cada vez con más violencia. Una vez más, final abrupto y preciso.

     

    5La banda suena afiatada; las luces y el sonido son típicos de una banda de rock. Sorín canta con personalidad y posee una buena presencia sobre el escenario. Esto último queda de manifiesto también en You Can Take, donde aparece una necesaria calma; una intensa balada comandada por los teclados de Esteban Sehinkman, con buena apoyatura del trío Paganini – Alfaro – Huici. El sosiego desaparece por un momento dando paso a una secuencia frenética (breve) que desemboca en una nueva calma hasta su culminación.

    El trío de saxos a cargo de Huici, Alfaro y Paganini, protagoniza un segmento que parece (una vez más) surgido del minimalismo asociado a Philip Glass y que termina oficiando de preámbulo para una exquisita versión de I’m Sorry, cuya melodía es comandada por Nicolás Sorín, con destaques de los bronces y de Piazza en batería y una gran apoyatura visual desde las proyecciones. El gran momento tiene su continuidad con lo que la mayoría de los asistentes esperaba: Monster (el tema), con el video oficial de fondo y la gente participando activamente coreando, haciendo palmas, saltando, bailando y hasta protagonizando un mini pogo mientras Ezequiel Piazza vuelve a mostrar sus bondades y el guitarrista  Pedro Rossi ofrenda un solo pirotécnico que recibe su merecida ovación. El final oficial del concierto es energizante y esplendoroso. Pero habría más.

     

    Dos fueron los bises (los temas que faltaban de Monster (el CD): Wheels Come Rolling, con una buena entrega de Cirilo Fernández en bajo, con la banda pasando de la (tensa) calma a un grunge tormentoso y Over, con una excelsa performance de la base rítmica, con Hernán Rúpolo (de Connor Questa) como guitarrista invitado y otro final potente con los saxos desatados y con destellos de música balcánica. Ahora sí, final.

    6Octafonic, la banda liderada por Nicolás Sorín, debutó discográficamente en 2014 con Monster. El disco fue presentado oficialmente en The Roxy Live con un concierto adrenalínico que mostró las muchas bondades individuales de los músicos, que –así y todo- supieron priorizar la propuesta grupal por encima del lucimiento individual.

    Luego de liderar varios proyectos y de ser parte activa de muchos otros en carácter de músico, cantante y compositor, Nicolás Sorín ha demostrado ser poseedor de un espíritu inquieto que lo ha llevado –justamente- a poder plasmar sus inquietudes artísticas, que no son pocas.

    Y esto, muy a pesar de lo afirmado por San Francisco de Sales, es magnífico.

     

    Marcelo Morales

     

    Nota: Se agradece el aporte fotográfico de Pablo Astudillo

    Notas Relacionadas o de Interés: