• John Zorn: The Song Project

     

    Zorn-Song ProjectDisco 1: Flying Blind, Sombra en el espejo

    Disco 2: The Wind in the Clouds, Perfect Crime

    Disco 3: Para borrar tu andar, Kafiristan

    Disco 4: Do Not Let Us Forget, La despedida

    Disco 5: Burn –takes 1 and 2-, Waiting for Christmas

    Disco 6: The Man in the Blue Mask, Assassin’s Bay

     

    Músicos:

     

    John Zorn: conducción

    Joey Baron: batería

    Cyro Baptista: percusión

    Kenny Wollesen: vibráfono

    Trevor Dunn: bajo

    John Medeski: órgano, piano, Fender Rhodes

    Marc Ribot: guitarra

    Sofía Rei, Mike Patton, Jesse Harris: voces

     

    Sello y año: Tzadik, 2014

    Calificación: Dame dos

     

    En 1953, como en todos los años habidos y los por haber, sucedieron hechos relevantes y otros (la mayoría) insignificantes salvo para sus protagonistas. Dentro del primer grupo citaremos sólo algunos: los escaladores Tenzing Norgay y Edmund Percival Hillary son los primeros en llegar a la cima del Everest; Camboya se independiza de Francia; asumen sus respectivos cargos Josip Broz (el “Mariscal Tito”, en Yugoslavia), la reina Isabel II (Reino Unido) y Dwight Eisenhower (USA); Fidel Castro dirige el ataque al Cuartel Moncada; aparece el primer número de la revista Playboy; se estrenan las películas I Confess (Hitchcock), Los inútiles (Fellini), Gentlemen Prefer Blondes (de Hawks, con Marilyn Monroe), From Here to Eternity (Zinnermann), El salario del miedo (Clouzot), Mogambo (John Ford), Un verano con Mónica (Bergman), The Big Hit y The Blue Gardenia (Fritz Lang). Aparecen los libros Farenheit 451 y The Golden Apples of the Sun (Ray Bradbury), Nine Stories (Salinger), Yonqui (Burroughs), El arrancacorazones (Boris Vian), Amadeo o cómo salir del paso (Ionesco), El Martín Fierro (Borges), En la masmédula (Girondo), Introducción a la metafísica (Heidegger), Los ídolos (Mujica Láinez) y Plexus (Henry Miller), mientras que Winston Churchill recibió el Premio Nobel de Literatura

    También en 1953 fallecen Iósif Stalin, Serguéi Prokófiev, Django Reinhardt, Jorge Negrete, Hank Williams, Dylan Thomas, Eugene O’Neill, Juan Carlos Cobián y Jean Epstein; y, entre otros, nacen Jim Jarmusch, Cyndi Lauper, Kim Basinger, Malcolm Young, Cristina Fernández de Kirchner, Wim Mertens, Alex Van Halen. Roberto Bolaño, Isabelle Huppert, John Malkovich, María Graña, Mike Oldfield y, el 2 de septiembre en Queens (New York), un tal John Zorn.

     

    Que tuvo a la música como protagonista debido a un entorno familiar en el cual hermanos y padre eran ávidos consumidores. Que de pequeño estudió flauta y guitarra. Que ya adolescente fue bajista en alguna banda de surf rock. Que a los 16 años, dicen, luego de escuchar el álbum For Alto de Anthony Braxton, quedó subyugado por el sonido del saxo alto. Que su primera grabación fue en 1977, Lacrosse, junto con Eugene Chadbourne, Henry Kaiser y Bruce Ackley. Que en 1995 fundó su sello propio, Tzadik, con el que no sólo editó todos sus trabajos desde entonces sino que se transformó en una suerte de faro de la cultura judía contemporánea dando, además, cabida a numerosos artistas consagrados y brindándole posibilidades a muchos otros –jóvenes- que tuvieron así la posibilidad de debutar discográficamente. Que ha conformado varios de los proyectos más interesantes de la música creativa de los últimos 40 años (Naked City, Masada –en sus distintas formaciones-, Painkiller, Moonchild, Bladerunner). Que ha superado el centenar de grabaciones propias. Que no se trata tan sólo de hablar del saxofonista, compositor, improvisador, productor, arreglador y varios etcéteras. Porque John Zorn es, digámoslo de una vez, incalificable, inclasificable, irrotulable. También es creativo, arriesgado, inquieto, molesto, incisivo, imperfecto.

    John Zorn es… un artista.

     

    Con motivo de su 50º cumpleaños, Zorn creó una serie de 12 álbumes –editados entre 2004 y 2005- bajo el título 50th. Birthday Celebration. Cada uno de ellos estaba interpretado por una agrupación determinada (Painkiller, Masada, Hemophiliac, Locus Solus, etc.) que re-elaboraba las composiciones del saxofonista. Diez años después la celebración pergeñada como festejo a los 60 años de su nacimiento, es visiblemente diferente. En lo que hasta el momento es la primera entrega, The Song Project incluye reversiones de temas de su autoría pero con una formación fija con músicos de excepción: Joey Baron (batería), Cyro Baptista (percusión), Kenny Wollesen (vibráfono), Trevor Dunn (bajo), John Medeski (órgano, piano, Fender Rhodes) y Marc Ribot (guitarra), reservándose Zorn el rol de conductor. Hay además tres cantantes de distintas extracciones: Mike Patton, Jesse Harris y Sofía Rei.

    Estamos en presencia de una agrupación integrada por líderes. Y líderes de los buenos. The Song Project ofrece una retrospectiva de composiciones zornianas de diversos proyectos pero re-arreglados instrumentalmente y con el agregado de letras aportadas, mayoritariamente, por los cantantes aquí involucrados.

    Independientemente de los resultados artísticos del álbum, no sería justo soslayar la exquisita presentación del mismo. Estamos en presencia de una edición limitada que incluye 6 vinilos simples acompañados de un libro de 32 páginas que contiene una completa información de cada uno de los temas, con las letras, los autores, cuál y de dónde fue la versión original reinterpretada, liner notes a cargo de Jesse Harris y una serie de fotos en colores a cargo de Eleonora Alberto.

     

    The Song Project da inicio con Flying Blind, que cuenta con letras y voz de Mike Patton sobre la música de Batman, que apareciera originalmente en Naked City (1989). El espíritu aguerrido del original, con la portentosa interpretación de Patton y cierto aire a Henry-Mancini-haciendo-trash dan como resultado dos minutos furibundos, salvajes, impecables. El lado B del primer single (o track 2, para no complicarla), Sombra en el espejo, trae a la exquisita vocalista argentina Sofía Rei, quien se encargó de ponerle palabras a Besos de sangre, que cuenta con dos versiones en Filmworks XXIII – El General (2008). La cantante deslumbra en esta suerte de bolero con aires de flamenco que contrasta febrilmente con el tema de apertura del álbum. Jesse Harris realiza su primer aporte en la hipnótica, jazzística y adictiva The Wind in the Clouds, cuya música corresponde a Tamalpais, de Alhambra Love Songs (2009), con Medeski (notable), Dunn y Baron “haciendo-las-veces-de” Burger, Cohen y Perowsky. Hay, además, sutiles intervenciones de Wollesen en vibráfono y Baptista en percusión. Perfect Crime (con letra de Sean Lennon, el impecable liderazgo vocal de Mike Patton y coros de Sofía Rei) recrea Dalquiel, de Book of Angels Volume 10: Lucifer (2008). A diferencia del original de Bar Kokhba (donde destacan Erik Friedlander en cello y Mark Feldman en violín) aquí la responsabilidad principal recae en un gran Marc Ribot quien asume el protagonismo en una atmósfera que remite a Tom Waits y –en algún punto- a Joe Jackson. En Para borrar tu andar (La flor del barrio, de The Gift, 2001, con letra de Sofía Rei) los roles de los cantantes se invierten. La argentina vuelve a brindar una performance exquisita donde, tal vez por los buenos oficios –una vez más- de Ribot, el grupo parece haberse trasladado a una “Cuba postiza” atravesada por aires klezmer e hispánicos.

    Reaparece Jesse Harris (con Rei en coros) para Kafiristan (Towards Kafiristan, de The Concealed, 2012). Indisimulable “jazz judaico” donde a la cálida interpretación del cantante hay que sumar destacados momentos de Medeski en piano y Wollesen en vibráfono. Con Do Not Let Us Forget (The Zapata Rail, desde O’o, de 2009) regresan el vigor del rock y cierto desquicio de la banda y de Mike Patton, con Medeski en el rol de Jamie Saft y los demás haciendo de sí mismos ya que todos participaron de la grabación de O’o. La exquisita La despedida (Tears of Morning, Filmworks XIX: The Rain Horse, 2008) logra algo a priori muy difícil: mejorar el –casi perfecto- original incluyendo ese guiño a Silvio Rodríguez. Sofía Rei compuso y canta admirablemente “Una multitud llega a la plaza, que hoy es templo y funeral y se mezclan bombos y guitarras en las notas de La Maza”, en medio de las sutiles entregas de Baron con escobillas, Dunn en contrabajo y Medeski en Fender Rhodes.

    En las dos tomas de Burn (Osaka Bondage, de The Torture Garden, 1990), Patton toma el lugar del cantante nipón Yamatsuka Eye de manera que nadie lo extrañe. Grandes entregas de Baron y Ribot. En Waiting for Christmas (Mountain View, de Alhambra Love Songs, 2009) se destaca una vez más Jesse Harris, con el aporte en coros de Sofía Rei. “Zorn quería una canción de Navidad”, afirma el cantante en el booklet. El clima, distendido, festivo, es extraordinario, con todos (sí, todos) brillando intensamente. The Man in the Blue Mask (Of Wonder and Certainty, The Dreamers, 2008) tiene versos escritos por Harris interpretados por el multifacético Patton (aquí, pareciendo inmerso en la piel de un tal Lou Reed –recordar “The Blue Mask”-). Pero el líder de Faith No More canta mejor y la banda que lo acompaña es un lujo. El final del álbum es con Assassin’s Bay (Our In-House Dostoievsky, Filmworks XXIV: The Nobel Prize Winner, 2007) con letra y voz líder de Patton, los coros de Harris y Rei y un magnífico aporte de Medeski, haciendo honor a la versión original en solo piano a cargo de Rob Burger.

     

    A riesgo de ser redundante, permítame decir que John Zorn lo hizo de nuevo. Alejado estilísticamente de algunos proyectos (Naked City, Cobra, Painkiller, etc.) que lo han hecho merecedor de un sitial de privilegio en la música creativa contemporánea del presente milenio (y del anterior también), ha sabido elegir con pericia a los músicos –y aquí se incluye a los cantantes- adecuados para llevar adelante este The Song Project que marca otro momento distintivo de su apasionante trayectoria. Situado en el rol de conductor, ha confiado y delegado el aspecto poético y brindado libertades reflejadas no sólo en el aspecto instrumental sino también en el hecho de que, por ejemplo, tres de las composiciones hayan sido escritas e interpretadas en castellano.

    Con lo antedicho y para finalizar, no queda más que agregar que The Song Project es una obra artística magnífica en su concepción, realización y presentación.

     

    Marcelo Morales

     

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