• Ben Goldberg: Orphic Machine

     

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    Músicos:

    Ben Goldberg: clarinete

    Carla Kihlstedt: voz, violín

    Ron Miles: trompeta

    Rob Sudduth: saxo tenor

    Myra Melford: piano

    Nels Cline: guitarra

    Kenny Wollesen: vibráfono

    Greg Cohen: contrabajo

    Ches Smith: batería

     

    Sello y año: BAG Production / Royal Potato Family, 2015

    Calificación: A la marosca

     

    La inspiración es un huésped que no visita de buena gana al perezoso (Piotr Ilich Tchaikovski)

     

    El término inspiración tiene dos usos principales de aplicación: por un lado hace referencia a la acción o efecto de inspirar –es decir, el ingreso de aire al organismo a través de la nariz-; pero además alude al peculiar estímulo que permite crear algo espontáneamente y sin esfuerzo. A pesar de la disímil apariencia de estas dos acepciones, ambas encuentran un irrefutable punto de intersección ya que la inspiración, entendida como acto de creación, puede ser descripta como el estado de “iluminación” que permite lograr cosas extraordinarias a un nivel superlativo; mientras que el proceso de inspirar -en cuanto acto de ingresar aire a los pulmones- aparece en técnicas milenarias de meditación que también conducen a un estadio del ser al que, justamente, se denomina “iluminación”.

    Más allá de esa coincidencia conceptual, podemos afirmar que la inspiración creativa está vinculada a un estímulo espontáneo que surge en el interior de la persona y eso nos podría llevar a colegir –tal vez, erróneamente- que no deviene de la voluntad ni es producto de un esfuerzo determinado o específico.

    Queda claro que la inspiración suele oficiar a modo de atajo entre las aspiraciones más profundas y los objetivos trazados; también es irrebatible que su manifestación ataca el orden natural de las cosas y genera irrealidad –en ese sentido Federico García Lorca decía: “la inspiración es pedir la luna y creer que nos la pueden poner en las manos”-  y, asimismo, resulta indudable que la inspiración se exterioriza como una fuerza que trasciende lo tangible para dar lugar a la creación de nuevas ideas. No obstante, sería una falacia creer que la inspiración sólo se produce accidentalmente o que es un acto de revelación divina y que, por lo tanto, no requiere de intervención alguna por parte de quien la recibe. En todo caso, resulta preferible pensar que la perseverancia, el esfuerzo, la valentía y la voluntad, aunque no garantizan la llegada de la inspiración, fertilizan el terreno y propician su desarrollo de manera exponencial. A esto se referían Tchaikovski cuando afirmó que “la inspiración es un huésped que no visita de buena gana al perezoso” o el genial Pablo Picasso cuando aseguraba que “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”.

    Lo cierto es que en ese inasible espacio en donde la inspiración y el trabajo parecen hermanarse, asoma la asombrosa trayectoria desplegada por Ben Goldberg y su monumental obra titulada Orphic Machine.

    En el extenso recorrido desplegado por este brillante clarinetista y eximio compositor coexisten -además del noneto que alineó para este trabajo– su sociedad con la pianista Myra Melford cristalizada en el dúo Dialogue, el New Klezmer Trio (con Kenny Wollesen y Greg Cohen), el cuarteto Go Home (en donde lo secundan Charlie Hunter, Ron Miles y Scott Amendola), los quintetos Unfold Ordinary Mind (Rob Sudduth, Ellery Eskelin, Nels Cline y Ches Smith)  y Ben Godberg Quintet, el sexteto Ben Goldberg School y el ensamble extendido Ben Goldberg’s Brainchild.

    En ese infatigable tránsito musical también se dan cita sus tríos con Scott Amendola y John Dieterich (materializado discográficamente en Short-Sighted Dream Colossus) y junto a Smith Dobson y Adam Levy en el álbum Worry Later, los grupos Invisible Guy (con Michael Coleman y Hamir Atwal) y The Out Louds (en compañía de Mary Halvorson y Tomas Fujiwara), su esencial participación en el cuarteto Tin Hat (compartiendo créditos con Rob Reich, Carla Kihlstedt y Mark Orton) y un sinfín de colaboraciones a favor de Scott Amendola Quartet, Kris Davis’ Infrasound, Vijay Anderson, Myra Melford’s Be Bread, Rob Reich, James Falzone & The Renga Ensemble, Allison Miller’s Boom Tic Boom y Todd Sickafoose’s Tiny Resistors, entre muchos otros.

    En definitiva, no sería descabellado afirmar –parafraseando a Tchaikovski y Picasso- que cada vez que “la inspiración” visite a Ben Goldberg lo encontrará trabajando.

    Y en Orphic  Machine, “la inspiración” ha sido un huésped que llegó para quedarse.

    Este cuerpo de trabajo, debido a sus características estructurales y el extenuante proceso de elaboración que demandó, es el proyecto composicional más ambicioso e importante que Ben Goldberg emprendió en toda su vida artística.

    En esencia, Orphic Machine es una obra que le fue comisionada por el Chambers Music America / New Jazz Work y que se funda en el tratado del prestigioso poeta, crítico y educador estadounidense  Allen Grossman (1932-2014) titulado Summa Lyrica: A Primer of the Commonplaces in the Speculative Poetics. Pieza literaria a la que se considera uno de los mayores aportes realizados a la estructura de la poética moderna y en donde Grossman –con quien Goldberg cursó literatura durante su juventud– elabora una guía sobre los lugares comunes en la poesía especulativa.

    Ben Goldberg, en Orphic Machine, amalgama un reciente interés en la música vocal (el antecedente más cercano es su aproximación a los textos de e. e. Cummings realizada junto a Tin Hat en el maravilloso álbum The Rain is A Handsome Animal) con formas musicales que aceptan predominancia del groove y el contrapunto e incluyen a la improvisación en el desarrollo del proceso compositivo.

    El álbum abre con el atemporal encanto de Reading. El primer segmento otorga protagonismo a Carla Kihlstedt para que la natural expresividad de su voz dote de vida a los textos –sucintos y doctrinales a manera de aforismos- pergeñados  originalmente por Allen Grossman. Luego de un sobrio y preciso solo en contrabajo a cargo de Greg Cohen, la pieza toma un curso instrumental ascendente que alcanza su clímax en el luminoso solo de Myra Melford en piano.

    El evanescente temperamento y la belleza de su línea melódica hacen de la sugerente Line of Less Than Ten un paradigma de la sutileza y el buen gusto. Todo resaltado por otra hechizante entrega vocal de Kihlstedt, las aletargadas frases de la trompeta de Ron Miles, un estratégico interludio a cargo de los vientos y una alucinada coda envuelta por las infinitas sonoridades que imparte la guitarra de Nels Cline.

    El instrumental Bongoloid Lens recorre los perímetros del blues mediante un notable ejercicio contrapuntístico para luego desembocar –tras un magnífico solo de clarinete de Ben Goldberg- en los coloridos aportes finales de Ches Smith en batería.

    La episódica inmensidad de Immortality confronta con sorprendente desenvoltura los sugestivos textos de Grossman encarnados en la deliciosa voz de Carla Kihlstedt, una convincente aproximación al groove, ideas orquestales emparentadas a Duke Ellington, resoluciones en contrapunto, las sucesivas apariciones solistas de Ben Goldberg en clarinete, Kenny Wollesen en vibráfono y Rob Sudduth en saxo tenor y una faz conclusiva con epicentro en la imaginativa guitarra de Nels Cline.

    El exuberante lirismo de la bellísima The Inferential Poem parece trazar una imaginaria bisectriz entre el vals y el jazz orquestal e incluye –entre otros muchos aciertos- una conmovedora labor vocal de Carla Kihlstedt.

    El añoso romanticismo de la breve How to Do Things With Tears es decorado por un fino contrapunto entre el clarinete de Ben Goldberg y la trompeta de Ron Miles. En tanto que los exquisitos trazos de Care integran la ingenua ternura de su motif central con una resolución en blues que permite el lucimiento de la guitarra de Nels Cline.

    The Present  es un delicioso encuentro de bolero, tango y habanera en cuyo trascurso asoma una memorable aportación solista a cargo de Myra Melford en piano y un acabado remate orquestal de indubitable temperamento barroco.

    La pieza instrumental What Was That enlaza la tradición de las grandes bandas de jazz con el contrapuntismo y posibilita el destaque solista de Kenny Wollesen en vibráfono, Ron Miles en trompeta y, muy especialmente, de Ches Smith en batería.

    El cierre es con la composición que da título al álbum y en cuyo episódico transcurso se suceden un preludio a piano solo, el groove, el formato canción, una breve aproximación al blues y un espectacular remate emparentado con el rock psicodélico.

    Ben Goldberg concentró en los setenta y cinco minutos que dura Orphic Machine, meses de labor compositiva, años de dedicación a la lectura de la obra de Allen Grossman y toda una vida entregada al arte. Y lo hizo de forma magistral mediante un trabajo que refleja inteligencia, talento y el firme convencimiento de que el artista, en lugar de sentarse a esperar la llegada de la inspiración, debe ir en su búsqueda.

     

    No se puede esperar a la inspiración, hay que ir a buscarla (Jack London)

    Sergio Piccirilli

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