• Mary Halvorson: Meltframe

     

    meltframeCascades, Blood, Cheshire Hotel, Sadness, Solitude, Ida Lupino, Aisha, Platform, When, Leola

     

    Músico:

    Mary Halvorson: guitarra

     

    Sello y año: Firehouse 12 Records, 2015

    Calificación: Dame dos

     

    No hay reto más grande que el desafío de mejorarse a uno mismo (Michael Staley)

     

    Un reto es aquel objetivo difícil de llevar a cabo y que, por su naturaleza, se constituye en estímulo y desafío para quien lo afronta. Nadie puede dudar que detrás de cada desafío exista una oportunidad para crecer y desarrollarse. Sin embargo algunos, en lugar de aceptar esos retos que impone la vida misma, prefieren evitarlos o eludirlos limitando así la posibilidad de extraer todo su potencial interior.

    Nada hace suponer que sea posible acceder a un estadío de la vida en donde no existan problemas ni obstáculos, en donde no haya resistencia para alcanzar lo que deseamos; pero aún así, muchos parecen empeñados en alejarse de los desafíos y los retos para permanecer lo más cerca posible de su zona de confort. Está claro que aquél que no tiene sueños, metas y proyectos por llevar adelante, no encontrará muchos desafíos en la vida; pero tampoco podrá aspirar a hacer algo que nunca hizo ni irá más allá de donde ha ido hasta ahora.

    En cambio, la confianza en uno mismo combinada con poder de decisión y el convencimiento de que el logro de los objetivos no reside en la ausencia de desafíos sino en la habilidad para afrontarlos, dará lugar a un proceso de vida cuyo único destino es hacer uso de nuestra libertad. Libertad para crecer, experimentar, aprender, crear y, en definitiva, para dejar de ser –como decía Michel Foucault- “sujetos sujetados” y empezar a ser sujetos libres y autónomos, para dejar de ser pensados por otros para pensar por nosotros mismos, para dejar el camino que otros construyeron y empezar a construir el propio.

    Esos principios de autonomía y la habilidad para afrontar nuevos desafíos están vivamente representados en todo el trayecto artístico desarrollado por la guitarrista Mary Halvorson y también afloran, enfáticamente, en su más reciente trabajo titulado Meltframe.

    Uno de los anhelos esenciales de todo músico con auténticas pretensiones artísticas es lograr un lenguaje propio; y Halvorson, además de haberlo obtenido, ha sabido manifestar un paradigmático potencial para la innovación y una prolífica e infrecuente capacidad para recorrer –con similar idoneidad y compromiso- diversos territorios estéticos.

    En el devenir de su tránsito creativo fue amalgamando los proyectos en donde oficia como líder (Mary Halvorson Trio, Quintet & Septet y Reverse Blue), las propuestas cooperativas (Thumbscrew con Tomas Fujiwara y Michael Formanek; Secret Keeper en sociedad con Stephan Crump; People junto a Kevin Shea; Sifter con Kirk Knufke y Matt Wilson) y los invalorables aportes realizados a favor de diferentes agrupaciones de indiscutible vigencia, tales como Ches Smith and These Arches, Tomas Fujiwara & The Hook-Up, Anthony Braxton’s Diamond Curtain Wall Trio & Quartet, Ingrid Laubrock’s Anti-House, Tom Rainey Trio, Taylor Ho Bynum Sextet, Mike Reed’s Living by Lantern, Marc Ribot and the Young Philadelphians, Tomeka Reid Quartet y Jacob Garchik’s Ye’ Olde, entre otras.

    El término desafío suele asociarse con la rivalidad y la competencia pero también puede estar direccionado hacia la búsqueda de la superación personal. En ese sentido, el excepcional bailarín Mihahil Baryshnikov, en cierta ocasión, dijo: “No intento bailar mejor que otro. Sólo intento bailar mejor que yo mismo”. Este concepto, trasladado al ámbito musical, parece describir a la perfección las aspiraciones evolutivas que anidan en el ideario artístico desplegado en toda la discografía de Mary Halvorson. Y, por cierto, su nuevo álbum no es la excepción a la regla.

    Meltframe, el primer registro de Halvorson en solo de guitarra, es un paso hacia una dirección hasta ahora inexplorada en su producción discográfica, ya que siempre ha estado involucrada en proyectos de desarrollo grupal o colectivo. El proceso creativo de este cuerpo de trabajo le demandó a su realizadora varios años de elaboración e implicó, por las razones ya apuntadas, un cambio radical de mentalidad y el desarrollo de nuevos enfoques y estrategias interpretativas.

    En el diseño estético de esta nueva propuesta, Mary Halvorson ha decidido relegar su rol como compositora para ofrecer una personal recreación de diez piezas pertenecientes a otros autores. Esa selección de canciones no fue aleatoria ni ajena a los intereses de la intérprete, ya que cada una de ellas aparece íntimamente ligada a recuerdos y gustos personales que, en definitiva, terminan haciendo visible una parte inmanente de su ideario musical.

    La fortaleza sonora y el visceral enfoque expresados en la recreación de Cascades de Oliver Nelson –tema con el que abre Meltframe- conllevan un reconocimiento implícito a The Blues and the Abstract Truth de 1961, álbum que Halvorson ha venido escuchando desde su adolescencia.

    La encantadora desnudez  y el temperamento espacioso en la aproximación a Blood de Annette Peacock, no se aposenta en los contenidos de su versión original sino en la interpretación ofrecida por la pianista Marilyn Crispell –junto a Paul Motian y Gary Peacock- en Nothing Ever Was Anyway, The Music of Annette Peacock de 2000.

    Luego Mary Halvorson hace propia la partitura de Chelshire Hotel para manifestar su admiración por el guitarrista y compositor francés Noël Akchoté, músico al que descubrió a través de la versión de este mismo tema incluida por el inolvidable Sam Rivers en Configuration de 1996.

    Las incorporaciones de una ascética interpretación de Sadness de Ornette Coleman –cuyo original proviene del histórico Town Hall, 1962 y que también contó con versiones posteriores en los álbumes An Evening with Ornette y Live at the Tivoli– y el aletargado rumbo interpretativo adoptado para la lectura de la imperecedera Solitude –el clásico de Duke Ellington de 1934- obedecen a que ambas piezas se encuentran entre las composiciones preferidas por Halvorson de esas figuras icónicas de la historia del jazz.

    En los delicados trazos de Ida Lupino –tema de Carla Bley originalmente incluido en el álbum de Paul Bley Turning Point grabado en 1964 y editado en 1975- se materializa, con sorprendente naturalidad, la adaptación para guitarra de una canción concebida para ser ejecutada en piano.

    Aisha es una composición de McCoy Tyner que, en origen, formó parte del disco de John Coltrane Ole Coltrane de 1961, cuya inclusión en Meltframe está motivada en que es un tema que Halvorson solía escuchar con frecuencia junto a su padre. La versión aquí ofrecida establece un sugerente juego de contrastes entre la intimidad estructural que domina la pieza y las periódicas inserciones de una abrasiva figura musical que sigue la impronta del heavy-metal.

    El repertorio comprendido en Meltframe se completa con dos piezas pertenecientes a compositores contemporáneos –y colegas de Halvorson en diferentes proyectos- como Platform de Chris Lightcap (extractado de Deluxe de 2010) y When, de Tomas Fujiwara (proveniente del ultimo registro de Tomas Fujiwara & the Hook-Up titulado After All is Said). En ambos casos con versiones sobresalientes y de enorme fortaleza sonora.

    El cierre llega con una emotiva y sutil reinterpretación de Leola, composición de Roscoe Mitchell que formó parte del álbum Nine to Get Ready de 1999.

    Mary Halvorson, en Meltframe, se asegura un sitial de privilegio en la historia reciente de la música para solo de guitarra pero, además, ratifica su habitual capacidad para superar con éxito cada uno de los desafíos que afronta.

     

    Detrás de cada logro hay otro desafío (Madre Teresa de Calcuta)

     

    Sergio Piccirilli

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