• Guillermo Roldán

     

    Guillermo Roldan rotativa La curiosidad es un instinto natural que en los seres humanos se manifiesta mediante una serie de mecanismos del comportamiento psicológico, cuyos efectos impulsan al individuo a buscar información e interactuar en su hábitat con las personas que lo rodean para obtener el conocimiento que no posee. El acto de la curiosidad también implica un aspecto emocional que termina engendrando la inquietud de investigación, el aprendizaje y la exploración e involucra el irrefrenable deseo de acceder a un conocimiento determinado a través de la experiencia empírica.

    La curiosidad –además de permitir que la persona acceda a una información que de otro modo no tendría– aumenta de manera exponencial el interés por comprender aquello que se desconoce, fortalece la vocación investigativa y alienta la creatividad.

    La curiosidad puede ser incentivada y estimulada de diversas formas pero no es algo que pueda aprenderse. Muy por el contrario, la curiosidad es una condición que con el desarrollo evolutivo natural y el paso de los años tiende a ir olvidándose y perderse, casi hasta desaparecer por completo.

    En mayor o menor medida, todos llegamos al mundo con deseo de aprender y por eso –como afirmó el psicólogo estadounidense Abraham Maslow- “a los niños no hace falta enseñarles a ser curiosos”. En efecto, la curiosidad es la actitud típica de la infancia porque durante esa etapa no existen prejuicios y todo consiste en explorar, formular preguntas y sentir interés por el mundo circundante sin otro objetivo que aprender y disfrutar.

    Por todos los medios posibles debe intentar conservarse la curiosidad en la vida adulta –aunque la tendencia natural vaya en la dirección contraria-, no sólo porque es el combustible que impulsa a la creatividad y lleva al desarrollo de diferentes métodos de investigación sino, también, porque es una insoslayable manifestación de rebeldía ante las imposiciones externas que pueden hacernos perder el interés por nuestra libertad y autonomía creativa. Tal vez por ello –es decir, la evidente contraposición entre lo que suele suceder y lo que debería suceder- el gran Albert Einstein aseguraba que “es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación reglada”, del mismo modo que el notable escritor Vladimir Nabokov llegó a afirmar que “la curiosidad es insubordinación en su más pura forma”.

    Cuando la desprejuiciada curiosidad del niño nos acompaña en la adultez, oficia a la manera de motivación interna para el aprendizaje y la investigación; pero, además, empuja a realizar actividades, llevar adelante proyectos o asumir una profesión determinada, no por los resultados que vayan a obtenerse con ellas, sino porque la actividad en sí misma es su principal recompensa.

    Esto último y buena parte de lo anterior –como iremos comprobando luego- se expresan con indisimulable vivacidad en la concepción de vida y el ideario artístico de nuestro entrevistado en el día de hoy: el destacado bajista Guillermo Roldán.

    Guillermo Roldán nació en Punta del Este (Uruguay) en 1977 y desde hace algunos años a la fecha se ha ido convirtiendo en uno de los músicos más requeridos y con mayor proyección de la escena jazzística de la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

    Durante su formación temprana estudió bajo con Mincho Garramone y Willy González. Más tarde se acercó al lenguaje del jazz en forma autodidacta para luego tomar clases de armonía e improvisación con Enrique Norris. Roldán también mantiene una consolidada labor en el campo pedagógico ya que ejerce la docencia como profesor de bajo desde hace veinte años y de ensamble desde hace once.

    nuclearEn su prolífico trayecto musical ha tocado en dúo con Carlos Campos, trabajó en distintos formatos –en dúo, cuarteto y sexteto- junto a Nicolás Chientaroli y estuvo asociado en diferentes propuestas musicales con Ada Rave, Enrique Norris, Sebastián Groshaus y Rodrigo Núñez, entre otros.

    En la actualidad integra la sobresaliente agrupación Salgado y Asociados, lidera el Cuarteto Instantáneo – ensamble de improvisación que completan la pianista Tatiana Castro Mejía, el cornetista Enrique Norris y el trombonista Francisco Salgado- y encabeza el Guillermo Roldán Trío en compañía de la mencionada Castro Mejía y el baterista Hernán Rodríguez.

    Con este último proyecto, justamente, cristalizó en 2014 su elogiado debut discográfico como líder por intermedio del álbum titulado Nuclear.

     

    Guillermo Roldán comparte en esta entrevista sus ideas, proyectos e inquietudes y nos cuenta –con inocultables sinceridad y entusiasmo– cómo transformó la curiosidad para el aprendizaje de nuevos conocimientos y su vocación por la música en una forma de vida.

     

    ¿Cómo empezó tu vinculación con la música? Me refiero al primer acercamiento, los primeros recuerdos…

    Mi primer vínculo con la música es en la infancia. Los dibujos animados que pasaban por la televisión -La pantera rosa, Fantasías animadas de ayer y hoy,  Bugs Bunny y otros- tenían temas, composiciones y sonidos que me causaban gracia, bienestar. No era una casa, mi hogar, en donde se escuchaban discos determinados. Sin embargo, mi padre tenía sus casetes en el auto y en los viajes sonaba a menudo Nat King Cole… Me di cuenta de semejante influencia recién hace algunos años. No fui inmediatamente consciente de eso. También me llamaba la atención y me gustaba mucho el ritmo en las bandas sonoras de películas…

     

    ¿En qué momento pasaste de ese primer acercamiento a entender que la música podía ser tu verdadera vocación?

    A los quince años tuve la suerte de que mi viejo me comprara el primer bajo que tuve. Mis amigos tenían sus grupos y, por ese entonces, a mí la música ya me conmovía, así que quise investigar de qué se trataba ese “mundo de tocar”…. No obstante, una vez que terminé la secundaria, comencé a estudiar paralelamente una carrera terciaria: Derecho. Lo hice durante cuatro años pero, en cierto momento, me di cuenta de que la música era el camino y el modo profesional que quería exclusivamente en mi vida.

     

    GuillermoOne¿Sientes que esa vocación fue un llamado interno casi sobrenatural y enteramente innato o consideras que ha sido un descubrimiento realizado a través del tiempo y más emparentado con un proceso racional y consciente?

    Lo inconsciente estuvo y estará siempre en mi vida ligado a la música. No sé si fue innato, pero el placer del sonido estuvo presente en mí desde niño. Y en un momento, siendo más adulto, sentí y pensé que quería vivir tocando y dando clases de música. Eso es lo que hago con pasión desde que tengo dieciocho años.  El “llamado interno” es la elección de la música y el instrumento que uno toca, por supuesto. Eso es una cuestión de absoluta sensibilidad, claro.

     

    ¿Consideras entonces que tu desarrollo profesional como músico deriva mucho más de un proceso aleatorio y más relacionado con lo emocional que de la secuencia lógica “interés – aprendizaje del objeto de interés – exposición de lo aprendido”?

    Mi actual vida musical está enfocada en tocar la música que me conmueve, la que siento. Y cuando hablo de música también me estoy refiriendo a posibilidades estilísticas. Estudié muchos estilos diversos pero no siento que todos ellos me representen. Por supuesto, cada uno fue objeto de interés pero también pude dilucidar qué me aportaban en lo que a estilos se refiere y, a partir de eso, empezar a decidir los aspectos estéticos de la música que toco. También hubo cuestiones academicistas que fueron concretas y estudiadas. Y cuando provenían de profesores, han sido de manera ordenada. No obstante, lo emocional es el eje. Ésa es la pauta que me guía para saber qué música quiero tocar. Si me conmueve, lo quiero hacer, quiero ser parte de ello.

     

    ¿Es decir que en lo que haces lo emocional está siempre presente pero también hay algo allí que deriva de la investigación y la elaboración?

    Lo emocional es lo fundamental para decidir qué música quiero abordar. A algunos estilos, lenguajes y estéticas, los estudié de manera más académica o investigativa; pero otros provienen desde un lugar, en principio, más intuitivo. Las dos variantes han estado presentes.

     

    ornetteLo que acabas de decir me recuerda un pasaje de la entrevista que le hice hace algunos años a Ornette Coleman… En esa ocasión él hizo referencia a este tema afirmando que uno se casa con una mujer porque la ama y no porque después de estudiarla en un laboratorio llega a la conclusión: “OK, debo casarme con este espécimen” (risas). Eso me da pie para preguntarte: ¿cómo haces para conjugar el trabajo de “laboratorio” con el amor por la música?

    El trabajo de laboratorio hace que, ante una música, tome determinada premisa. Luego, esa decisión consciente puede provocar una sensación -disfrutable o no- que me hará variarla o dejarla de lado.  En un contexto de improvisación puede ocurrir también que la única premisa sea no tener ninguna y escuchar lo que está sucediendo sonoramente. Otras veces uno piensa en un instrumento o un registro sonoro específico (y, fundamentalmente, ¡quién lo tocará!) y en la combinación que puede resultar factible de ensamblar con él. Lo cierto es que esa inquietud de “laboratorio” –curiosidad, en definitiva- puede suceder o no y, en otros casos, puede suceder y generar más inquietudes. Eso es lo maravilloso de tocar. Uno, constantemente, es estimulado por lo que proyecta –el “laboratorio”- o por lo inesperado. Siento a esas dos posibilidades parte de la música que me gusta vivenciar.

     

    Hablando de la música que te gusta vivenciar…. En la actualidad tienes en curso diferentes bandas y proyectos coexistiendo en tu trayectoria. ¿Qué te impulsa a expresarte simultáneamente en contextos musicales diversos?

    La variedad estética de cada uno. Cada uno de ellos transita una sonoridad, repertorio, lenguaje estético y ensamble que los distingue. Y eso es un estímulo para el desarrollo tanto de la imaginación como también de la función que, cómo músico y bajista, tengo en ellos.

     

    salgado y asociadosHablemos de algunos de esos proyectos. Un buen punto de partida es comenzar con tu experiencia en Salgado y Asociados… ¿Cómo llegaste a la banda y qué sientes que le aportaste?

    A Francisco (Salgado) lo conozco desde hace diez años y hemos compartido mucha música, desde tocar standards en boliches y restaurantes a tocar free. Cuando empezó a armar el grupo nos llamó a Sebastián Groshaus y a mí y armó un encuentro en donde probó algunas ideas. Luego armó el grupo que de un quinteto paso a sexteto y luego a la formación actual en septeto. Cada tema de él es muy inclusivo ya que, si bien dirige y escribe, hay muchísimo en cada tema que requiere que toquemos lo que escuchamos en el momento “más allá de lo escrito”-como diría Miles Davis- o incluso más allá de lo pautado, si es que surge de lo que se está improvisando. Es un grupo en donde integro la sección rítmica y eso ocupa una parte muy importante de la música que hacemos… Un grupo muy  estimulante, con una energía que disfruto muchísimo y que –como ya dije- siempre da lugar a imaginar y a proponer también.

     

    Cuéntame, ¿cómo fue que tu dúo con Tatiana Castro Mejía se transformó en el álbum a trío materializado en “Nuclear”?

    Bueno, con Tatiana (Castro Mejía) nos conocimos en una jam de free que había hace unos años. Allí tocamos juntos en algunas ocasiones; después de eso surgieron las ganas de juntamos a tocar y lo hicimos con regularidad en dúo. Tocábamos música de (Thelonious) Monk y Ornette Coleman en los ensayos. Así fuimos conociéndonos y, también, familiarizándonos en esas músicas. En un momento dado nació la inquietud de llamar a Hernán Rodríguez, que es un baterista con un estilo que a los dos nos gustaba, y la música se empezó a tocar y proyectar con los tres a partir de allí. Tocamos muchísimo. Probamos y nos encontramos con posibilidades de ensamble, funciones y sonoridades que hicieron que la música que aparece en el disco fuera madurando y encontrando su propia estética. Salvo la impro “Hombre Lobo”, que fue grabada en la sesión  sin pauta alguna. Ahí está eso del “laboratorio”… Tocar y probar, tocar y sorprenderse con lo inesperado de uno y de los demás… una constante usina de posibilidades. Se habla de riesgo en la música pero el único riesgo es no tocar. ¡El resto es aventura y ser curioso! (exclama)

     

    TrioTwoA mi modesto entender “Nuclear” aspira -y logra- expresar de dónde vienen los miembros del trío en términos musicales y, de algún modo, eso se halla implícito en el título de álbum. Me gustaría saber si coincides con el concepto y, muy especialmente, que me digas qué podemos esperar en el futuro de este proyecto. Dicho de otra forma… Ahora que sabemos de dónde vienen, ¿nos dirán a dónde van?

    Es absolutamente así, lo viste muy claro .También  a “nuclear” lo usé como verbo para expresar que el trío, a la hora de tocar, siempre resulte una unidad. Anhelamos esa conexión.  La música que tocamos es de otros compositores, de nuestro núcleo musical. Seguimos investigando a (Thelonious) Monk y también improvisamos colectivamente en ciertos pasajes de algunos temas para que se pueda escuchar una versión diferente a la grabada en el disco.  Lo venimos presentando a menudo y hay algunas cosas que hemos comenzado a investigar que se irán desarrollando naturalmente, con los ensayos y los conciertos.

     

    El otro vértice del triángulo –y a decir verdad no puedo precisar si se trata de un triángulo escaleno, equilátero o isósceles (risas)– que expresa tu actual ideario musical es el Cuarteto Instantáneo… ¿Cuál fue la génesis del proyecto y qué representa para ti?

    InstantaneoOneEl Cuarteto surgió tras una invitación que provino del programa Radiomontaje de FM La Tribu a fines de 2014. Me invitaron a tocar con Tatiana (Castro Mejía) pero les dije que iría en cuarteto con (Enrique) Norris y (Francisco) Salgado. ¡Le copamos el estudio! (enfatiza) Y, de paso, aproveché la ocasión para desarrollar algo que quería hacer desde hace tiempo: armar un grupo de improvisación, de música no compuesta, sino creada en el momento. De inmediato pensé en invitar a esos músicos en particular, por la sonoridad que se puede lograr y porque tienen una imaginación fascinante. Cada uno de nuestros conciertos es inesperado en un noventa por ciento, cuando existe alguna pauta en cierto pasaje, y si no es un cien por ciento creado en el momento. Cada instrumentista puede asumir el rol que le plazca. Son instrumentos muy amplios y con frecuencias acordes a ese calificativo. El trombón y la corneta (con o sin sordina, con sopapa), el piano da para hacer todo y el bajo es un instrumento de una frecuencia maravillosa y que me resulta, constantemente, explorable. No tengo la menor idea de lo que va a pasar cuando voy a tocar con el cuarteto ya que todo es ahí y –como denota el nombre del grupo- en el instante. Que no haya batería también hace que usemos nuestra imaginación y que busquemos ser percusivos con lo que nos brindan nuestros respectivos instrumentos.

     

    ¿Cuánto de ese lenguaje de improvisación se aprende siguiendo la ruta académica y cuánto se adquiere a través de la experimentación escénica?

    Mi génesis con esta posibilidad es escénica. Iba todos los miércoles a la jam de free que organizaba mi amiga Ada Rave y allí siempre rotaban los músicos e instrumentistas; pero como muy pocas veces había bajistas, yo tocaba casi siempre. La ruta de aprendizaje a veces es ésa. Tocar y escuchar mucho. Tocando y escuchando tocar a los demás te permite adquirir un montón de ideas y, también, te otorga nuevas posibilidades, porque cada músico con el que uno toca tiene su propia visión. Siempre aprendemos cuando sabemos y queremos escuchar lo que se nos comparte. La ruta académica es importantísima pero no cubre todo lo que brinda y representa la inmensa cantidad de músicos que uno pueda conocer tocando. Las dos son importantes, como también lo es… y ya que hablaste de un “tridente” (risas): estudiar, formarse, tocar y escuchar música. ¡Ésos son mis tres delanteros!

     

    Y de esos tres delanteros, ¿cuál es el que está primero en la tabla de goleadores hoy?

    monkHay una frase de Monk que está buenísima… a mí me encanta. En cierta ocasión estaba en una sesión de grabación, creo que haciendo Ugly Beauty, y cuando termina de tocar el ingeniero  le pregunta “Monk, ¿quieres que lo grabemos?” Entonces Monk le dice: “¿Cómo? ¿No estabas grabando lo que acabo de tocar?” Y el ingeniero responde: “pensé que estabas practicando”. Allí Monk se pone furioso y le dice la frase en cuestión: “Cada vez que tocas estás practicando” (Every time you are playing, you are practicing). En síntesis, el delantero –como dicen en el fútbol– es dúctil, entra y sale del área, se mueve… Sin las tres patas, la mesa se derrumba.

     

    En analogía con aquella frase de Carl Jung que afirma que “nacemos originales y morimos copias”, podemos colegir que resulta inevitable perder frescura y capacidad de asombro a medida que vamos adquiriendo conocimientos y acumulando experiencia. En ese sentido -y después de tanta experiencia acumulada, tanta práctica y tanto tránsito por el “laboratorio”-, me gustaría saber: ¿cómo haces para reciclar la energía creativa y para mantener viva esa capacidad de asombro?

    Si algo sé, es que sé muy poco… Hay un montón de músicos inquietos, curiosos, generosos a quienes no conozco. Para mi “todo recién empieza” (enfatiza). La palabra “carrera” en la música no la siento ni me identifica pero sí: trayecto. Y el camino es largo… Te repito que el riesgo es no tocar, porque el asombro está ahí, agazapado y dispuesto a envolverte en cualquier momento. Y entonces, creces. Una vez le pregunte a Víctor Galíndez (Campeón Mundial de Boxeo nacido en Argentina) cómo hacía para entrenar cuando no tenía ganas y él me respondió: “Lo importante es estar bien del espíritu”. Hace quince meses que fui padre por primera vez. Mi hija escucha música y la baila, no pregunta qué es ni quién es… Simplemente escucha y se emociona. Por eso busco, firmemente, escuchar con la certeza de cuando era un niño. Mientras sea un buen compañero musical, sea consecuente con mi sensibilidad hacia lo que me gusta, siga siendo curioso por lo creativo, entonces, estaré espiritualmente sólido y me proyectaré. Eso es lo que quiero: estar atento y fortalecer.

     

    GuillermoThreeDostoyevski aseguraba que el secreto de la existencia humana no sólo está en vivir, sino también en saber para qué se vive. Trasladado ese concepto al territorio musical: ¿se puede ser músico o intentar serlo sin antes preguntarse “por qué” o “para qué”? Y si te lo preguntaste… ¿cuál fue la respuesta?

    ¡Y sí! Esa pregunta de “¿adónde vamos ahora?” o para qué estoy dispuesto a tocar ahora, es constante. A partir de tal interrogante e inquietud es que uno proyecta lo que se quiere abordar, una estética determinada. Y aquí el “porqué” de ser músico: uno puede desarrollar la imaginación y estar atento para que ella fluya, se comparta y se nutra de la interacción con los demás músicos que conocemos y los muchos que hay por conocer. Y, también, porque en algunas situaciones –que me suceden cada vez más a menudo- llego a un estadio, una dimensión que es fascinante y a la que logro transitar mediante esta hermosa manifestación artística.

     

    Nota: La foto de Guillermo Roldán que aparece en la portada es gentileza de Laura Tenenbaum

     

    Sergio Piccirilli

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