• Bathysphere: Bathysphere

     

    bathysphereSounding Line, Funnel, Chip Log, Boter, Bathychord, Coelacanth, White Sea

     

    Músicos:

    Jorrit Dijkstra: saxo alto, lyricon, sintetizador análogo
    Pandelis Karayorgis
    : piano
    Tony Malaby
    : saxo soprano, saxo tenor
    Seth Meicht
    : saxo alto, saxo tenor
    Charlie Kohlhase
    : saxo tenor, saxo barítono
    Taylor Ho Bynum
    : corneta
    Forbes Graham
    : trompeta
    Daniel Rosenthal
    : trompeta
    Jeb Bishop
    : trombón
    Jeff Galindo
    : trombón
    Josiah Reibstein
    : tuba
    Nate McBride
    : contrabajo
    Jef Charland
    : contrabajo
    Luther Gray
    : batería
    Andrew Neumann
    : electrónicos análogos

     

    Sello y año: Driff Records, 2015

    Calificación: Dame dos

     

    El mar siempre ha sido cómplice de la inquietud humana (Joseph Conrad)

     

    Desde tiempos inmemoriales el mar despertó curiosidad y ejerció especial fascinación en los seres humanos. A lo largo de la historia, el mar ha sido cuna de civilizaciones, fuente de intercambio cultural, comercial y científico y un eslabón esencial en el desarrollo evolutivo de la vida planetaria.

    A partir del momento en que el hombre tuvo capacidad para recorrer los mares con sus primeras embarcaciones –pensemos en las principales civilizaciones que se desarrollaron a orillas del Mediterráneo, como la fenicia, la griega y la romana- también comenzó a sentirse intrigado por los misterios que el mar albergaba bajo el manto de agua de su superficie y, por ello, se vio impulsado a crear las condiciones que le permitieran la exploración submarina.

    En la historia de las exploraciones subacuáticas se fueron sucediendo la primigenia mención de Aristóteles (hallada en su tratado De partibus animalium) sobre la existencia de una especie de tubo para respirar bajo el agua, las experiencias de buceo con rudimentarios aparatos de respiración durante la Edad Media, los buscadores de perlas del Golfo Pérsico del siglo XI (citados por el científico persa Al-Briuni) provistos con bolsas hechas con vientre de carnero llenas de aire, el aparato sumergible diseñado por William Bourne en 1578 y la invención a comienzos del siglo XVII del primer submarino tripulado atribuida al holandés Cornelis Drebbel.

    En esa cadena de inventos destinados a la exploración submarina asoma la batisfera (en inglés, bathysphere). Este ingenio sumergible tripulado fue el primero que se utilizó para explorar las profundidades marinas y, además, permitió que sus inventores –los estadounidenses William Beebe y Otis Barton– obtuvieran en 1934 el récord mundial de descenso para la época al alcanzar los 923 metros de profundidad.

    Bathysphere es, justamente, el nombre del álbum y de la nueva agrupación encabezada por el saxofonista y multi-instrumentista holandés Jorrit Dijkstra y el pianista griego Pandelis Karoyorgis, en compañía de un elenco estelar que incluye a algunos de los representantes más conspicuos de la comunidad jazzista bostoniana y las invalorables participaciones del trombonista Jeb Bishop, el cornetista Taylor Ho Bynum y Tony Malaby en saxos tenor y soprano.

    Pandelis Karayorgis nació en Atenas y actualmente reside en Boston, ciudad en la que ha desarrollado el cuerpo principal de su obra. En ese tránsito artístico afloran, entre otros proyectos, el liderazgo del Pandelis Karayorgis Quintet (junto a Dave Rempis, Keefe Jackson, Nate McBride y Frank Rosaly), las diferentes alienaciones del Pandelis Karoyorgis Trio, la banda System of 5 (con Jeff Galindo, Matt Langley, Jef Charland y Luther Gray) y el cuarteto Construction Party que completan Forbes Graham, Luther Gray y Dave Rempis.

    Jorrit Dijkstra, por su parte, dejó en 2002 su Holanda natal para radicarse en Estados Unidos. Desde allí supo desplegar un prolífico trayecto musical que comprende sus álbumes en solitario (el más reciente es Never Odd and Even de 2015), el liderato del ensamble Pillow Circles y el sexteto The Flatlands Collective, la participación en el cuarteto Bolt, sendos dúos con el trombonista Jeb Bishop (en 1000 Words de 2014) y el baterista John Hollenbeck (Sequence en 2005) y una extensa lista de aportes a favor de luminarias de la música creativa como Gerry Hemingway, Herb Robertson, John Butcher, Willem Breuker, Barre Phillips y Anthony Braxton, entre otros.

    El enlace artístico entre Karayorgis y Dijkstra involucra, además del álbum que motiva este comentario, a Matchbox (cuarteto que completan Nate McBride y Curt Newton, cristalizado en el álbum homónimo de 2015), el espacio común que ocupan en The Whammies (ensamble en donde recrean la obra del legendario Steve Lacy y que aparece documentado en los álbumes Play the Music of Steve Lacy de 2012, Play the Music of Steve Lacy, Vol.2 en 2013 y Play the Music of Steve Lacy, Live de 2014) y las responsabilidades compartidas como directivos del sello discográfico Driff Records.

    Ambos músicos, en Bathysphere, se “sumergen en las profundidades”–literal y metafóricamente hablando– de nuevas estrategias composicionales y de improvisación para un ensamble de quince piezas, con una alineación tímbrica signada por la particular inclusión de dos sintetizadores análogos y la profundidad de tonos que proveen los dos contrabajos, los dos trombones, la tuba, el lyricon y un saxo barítono.

    La denominación del combo que conducen Dijkstra y Karayorgis, como ya dijimos, alude al sumergible creado por William Beebe y Otis Barton (el arte de la cubierta del álbum es copia fiel de una portada de la revista National Geographic en la que se hizo referencia al récord de inmersión alcanzado por la batisfera en 1934) pero la terminología náutica también aparece reflejada en los títulos –y algunos conceptos– de varias de las piezas incluidas en este trabajo.

    La apertura, con Sounding Line (título que guarda relación con el instrumento de navegación conocido como sonda y que se utiliza para determinar la profundidad y naturaleza del fondo marino), da inicio con un encantador preludio en piano por parte de Pandelis Karayorgis para luego evolucionar en capas de líneas melódicas y bloques de improvisación, desde donde van aflorando las aquilatadas exposiciones solistas de Jeb Bishop en trombón y Daniel Rosenthal en trompeta.

    En la obertura de Funnel converge un rango dinámico e instrumental completo, para luego desembocar en una definición melódica de gran factura reforzada por profundos fragmentos orquestales e improvisaciones colectivas que aspiran –y logran- simbolizar la oscuridad abisal del fondo oceánico.

    Chip Log (nombre que hace referencia al instrumento náutico utilizado para determinar la velocidad de la nave con relación al agua) ofrece un complejo entramado de texturas y bloques yuxtapuestos con improvisaciones abiertas de cohesiva exposición, en donde sobresalen principalmente los aportes instrumentales de Charlie Kohlhase en saxo barítono y Josiah Reibstein en tuba y un sorpresivo cierre en sintetizador.

    El singular encanto de Boter (palabra en holandés equivalente a butter en inglés y “manteca” en español) oficia a la manera de un homenaje solapado para  Quentin “Butter” Jackson –músico que fue trombonista de la banda del inolvidable Duke Ellington- y permite el especial destaque solista de Tony Malaby en saxo tenor.

    La extensa Bathychord (palabra que significa contrabajo, en griego) abre con un dueto entre los contrabajos de Nate McBride y Jef Charland que, tras la notable intervención del piano de Pandelis Karayorgis y con el posterior ingreso a pleno del ensamble, da curso a un colorido desarrollo armónico y múltiples cambios de climas, texturas y dinámicas desde donde se desprenden las notables intervenciones de Jeff Galindo en trombón y Jorrit Dijkstra en saxo alto.

    En los agitados y vibrantes trazos de Coelacanth (el celacanto  o colelacanth es un pez prehistórico que habitó las profundidades marinas) fluye libremente una destacada secuencia de solos encarnados en los saxos de Jorrit Dijkstra y Seth Meicht, la trompeta de Forbes Graham y la batería de Luther Gray.

    El cierre del álbum con White Sea –nombre turco y arábigo otorgado al Mar Mediterráneo– transita un difuso e inquietante sendero textural constituido por la unión de dos líneas estructurales superpuestas que propician la construcción de un introspectivo paisaje sonoro.

    En síntesis: sumergirse en las profundidades de la propuesta pergeñada por Pandelis Karayorgis y Jorrit Dijkstra en Bathysphere, implica descubrir un territorio sonoro que –al conjuro de composición e improvisación– abre nuevos caminos en la música contemporánea para ensambles orquestales.

     

    No hay tesoros en la superficie; el que quiere perlas, debe sumergirse (John Dryden)

     

    Sergio Piccirilli

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