• Eduardo Elia: Solo

     

    EliaCircle, Round Trip, Speak No Evil, Una idea, Giant Steps, Toy Tune, Evidence, Peace, Wertic, Pasajero frecuente, Virgo

     

    Músico:

    Eduardo Elia: piano

     

    Sello y año: BlueArt, 2016

    Calificación: Está muy bien

     

    No hemos realizado una estadística pero, seguramente, deben ser mayoría los pianistas de jazz que en algún momento de su carrera han concretado la realización de un álbum en solitario. Al menos de aquellos que han sido (o son) líderes o referentes. Mucho se ha hablado y escrito al respecto y cada uno de los músicos tiene sus razones para llevar a cabo dicha experiencia. Hay quienes se dedican a reinterpretar standards, los que ofrecen material propio, los que versionan composiciones de otros estilos… el panorama es amplio y no permite (ni es conveniente) generalizar al respecto.

    Luego viene la manera en que el artista encara su aventura en soledad y, permítame decirlo, en general no suele haber una intención por transitar zonas de riesgo artístico, sino que, más bien, se cae en lo remanido, en lo previsible. Esto, al menos, en los últimos años donde los pianistas parecieran sentir una obligación por expresarse en soledad como si se tratara de una materia que, sí o sí, hay que rendir como sea.

    Se deduce, por supuesto, que existen álbumes extraordinarios y otros prescindibles. Yo mismo, a pesar de mis enormes reparos, tengo unos cuantos que me provocan un singular placer. Y muchos otros que, al escucharlos, hacen que me pregunte: “¿para qué?, ¿con qué necesidad?”

     

    El pianista argentino Eduardo Elia se decidió a abordar el encuentro con la única compañía de su instrumento luego de 4 álbumes: Callado (2008, en cuarteto), El yang y el yang (2011, en trío), We See (2012, a dúo con el contrabajista Cristian Andrada) y Figuras de un solo trazo (2015, nuevamente en trío). Solo fue registrado en una sesión realizada el 19 de diciembre de 2015 en el Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de Córdoba (Argentina) y fue editado por el sello rosarino BlueArt, como todas sus entregas anteriormente mencionadas.

    Alejado del onanismo interpretativo de unos cuantos, Elia apuesta a la –bienvenida- síntesis donde tal vez la excepción sea el tema de apertura, una sentida rendición de la exquisita Circles, composición de Miles Davis incluida en Miles Smiles (1967) uno de los celebrados álbumes de lo que suele denominarse el “segundo quinteto” del trompetista donde lo acompañaba un verdadero seleccionado (Shorter, Williams, Carter, Hancock). Un enfoque introspectivo, ascético y a la vez entrelazado con luminosos destellos que lo separan y distinguen del original, de tono más apagado –salvo por la trompeta asordinada del comienzo-.

    Notorio contraste es el que se produce con Round Trip, de Ornette Coleman (New York Is Now!, 1967); el desquicio free-bopiano entregado por el saxofonista con su cuarteto, se transforma aquí en un territorio mucho más cercano al espíritu monkiano desde el mismo inicio en una relectura espléndida. Speak No Evil, del álbum homónimo del saxofonista Wayne Shorter (1964), es otro gran ejemplo de cómo reversionar una gran composición respetando ciertos patrones pero con la mano izquierda forzando un slow tempo mientras la derecha parece inmersa en la búsqueda constante de una melodía –aparentemente- esquiva. Una idea, la primera de las tres piezas de Elia incluidas en el álbum, comienza de manera sutil, exploratoria, para ir luego creciendo paulatinamente en vértigo e intensidad con un generoso derroche de técnica, energía y creatividad. Breve y contundente es la rendición de Giant Steps de John Coltrane en contraposición con el espíritu reflexivo imperante en Toy Tune, que Wayne Shorter incluyera en Etcetera (1964, junto a Cecil McBee, Joe Chambers y Herbie Hancock). La síntesis regresa para una exquisita y por momentos demoníaca relectura de Evidence (Monk) y una contrastante y litúrgica Peace (Ornette Coleman).

    A continuación, otras dos composiciones de Elia. Wertic (originalmente incluida en El yang y el yang) asoma como uno de los momentos culminantes de Solo gracias a su inventiva, luminosidad y espíritu lúdico y lúcido; en tanto que Pasajero frecuente (preexistente en Figuras de un solo trazo) destila posibles vías de escape ante una situación tensa, intensa y laberíntica. El final, en tanto, es con Virgo (de Wayne Shorter, del disco Night Dreamer, 1964), delicada, refinada y con aires de réquiem.

     

    El pianista argentino Eduardo Elia brinda, en Solo, un álbum que exige del oyente un compromiso profundo que se ve recompensado por las muchas bondades existentes y sutilezas que van revelándose en las sucesivas audiciones.

    Eduardo Elia ya ha dejado de ser un pianista con un futuro auspicioso.

    Su futuro, ya llegó.

     

    Marcelo Morales

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