• Raphael Malfliet: Noumenon

     

    NoumenonKandy, My Name, Kort, Arcana, Samen, Rotation, Boog

     

    Músicos:

    Raphael Malfliet: bajo eléctrico

    Todd Neufeld: guitarra eléctrica, guitarra acústica

    Carlo Costa: batería, percusión

     

    Sello y año: Ruweh Records

    Calificación: A la marosca

     

    Vemos las cosas, no como son, sino como somos nosotros (Immanuel Kant)

     

    El filósofo Immanuel Kant, en su obra Critica de la razón pura, aseveraba que el ser humano no puede conocer las cosas como realmente son, sino como se nos presentan. Desde esa perspectiva -en donde la realidad no parece ser objetiva sino subjetiva- podría colegirse que sólo estamos facultados para conocer las apariencias de los fenómenos y para percibir sensaciones de la realidad. En esa idea subyace, por cierto, una contraposición manifiesta entre lo meramente sensible y lo inteligible, o entre la experiencia posible y lo que se encuentra fuera de ella. Por lo tanto, es pertinente afirmar que en la concepción kantiana existe un mundo fenoménico accesible y un espacio inaccesible e incognoscible que no es objeto de nuestros sentidos, al que el autor denomina “Das Ding an sich” (“la cosa en sí”).

    Ese pensamiento filosófico establece, además, una diferencia sustancial entre “fenómeno” –entendido como lo que está determinado por el aspecto que las cosas ofrecen a nuestros sentidos y por aquello a lo que denominamos experiencia– y la “cosa en sí” o noúmeno, definida por el ejercicio de una intuición intelectual o suprasensible que no parte de la experiencia.

    En la doctrina del idealismo trascendental pergeñada por Kant, el “fenómeno” sería la forma en que vemos el mundo; en tanto que el noúmeno (es decir, la cosa en su existencia pura e independiente de cualquier representación) es el mundo tal y como lo podemos pensar cuando no es objeto de nuestra experiencia. Ergo, nuestro conocimiento estaría limitado sólo a los fenómenos, dado que el hombre esta desprovisto de intuición metafísica para acceder al cabal conocimiento del noúmeno o de las cosas en sí mismas.

    Algunos de estos principios filosóficos parecen trasladarse al territorio de la creatividad musical en el fascinante debut discográfico del joven bajista y compositor belga Raphael Malfliet con el álbum titulado, precisamente, Noumenon.

    En el original imaginario estético elaborado por Malfliet conviven la libre improvisación, la música no idiomática, el uso aleatorio de partituras gráficas, influencias provenientes de la música clásica contemporánea –pensemos en Morton Feldman, György Sándor Ligeti y Karlheinz Stockhausen– y la búsqueda de sonidos inusuales o no convencionales mediante la utilización de técnicas extendidas, entre otras cualidades.

    Está claro que siempre vamos a la música con una expectativa pero, en ocasiones, su valoración definitiva depende mucho más de la forma en que escuchamos la obra que de la música en sí misma. En ese sentido, tal como lo sugiere el título elegido para este álbum, es posible afirmar que el conocimiento de los elementos e influencias contenidas en Noumenon ofician como su representación (“la forma en que vemos las cosas” o el mundo fenoménico), mientras que el nudo argumental propuesto por Malfliet aspira a eludir el peso de esa representación y obliga -a la manera del noúmeno kantiano– a escuchar la música de manera diferente. En otras palabras, sin expectativas, desligados de la experiencia y centrados en “la cosa en si” y no en sus apariencias.

    Raphael Malfliet nacio en Dendermonde (Bélgica) en 1990 y creció en la ciudad de Hamme, provincia de Flandes Oriental. Comenzó a tocar el bajo a los doce años y su posterior formación académica incluyó estudios en el Conservatorio de Antwerp, etapa durante la cual se convirtió en un activo músico de sesión. Después de graduarse en 2014 viajó a Nueva York para una breve estadía en la que tocó junto a músicos de la talla de Mary Halvorson, Carlo Costa, Fay Victor, Todd Neufeld, Flin Van Hemmen, Pascal Niggenkemper, Sarah Bernstein y Michael Attias, entre otros.

    A partir de esa experiencia empezó a enfocarse en conectar su interés por la música clásica contemporánea con la libre improvisación y se abocó a explorar nuevas posibilidades sonoras en el bajo eléctrico mediante el uso del arco y la incorporación de técnicas ampliadas.

    En su actual trayecto artístico asoman –además del proyecto que aquí reseñamos– el trío de cantautores Human Show que completan sus compatriotas Jennik Verlinden y Tchi Ann Liu, una propuesta cooperativa interdisciplinaria con el baterista Stijn Demuynck y la bailarina Anya Seno denominada Moriaki y el trío de música de cámara que integra con la cellista Elisabeth Fügemann y el clarinetista Leonhard Hühn.

    Malfliet, para la concreción de Noumenon, conformó un trío que alinea al notable baterista y percusionista italiano Carlo Costa (Carlo Costa Quartet, Natura Morta, Carlo Costa’s Acustica y Earth Tongues) y al experimentado guitarrista estadounidense Todd Neufeld (Tyshawn Sorey’s Koan & Oblique, Rema Hasumi’s Utazata, Sergio Krakowsky Trio, Lee Konitz Quartet, etc.).

    El trío se reunió por primera vez en 2014 para explorar diferentes posibilidades de improvisación colectiva pero, un año después, dio inicio a un prolongado período de ensayos para la elaboración de un lenguaje común que permitiera interpretar las composiciones de Malfliet. El resultado de ese proceso aparece cristalizado en el asombroso mundo sonoro y la inquietante belleza que describe Noumenon.

    Desde la apertura del álbum con el extenso Kandy, el trío nos transporta a un subyugante paisaje sonoro en donde convergen de forma muy personal algunos principios de la música indeterminada, enarbolados otrora por Morton Feldman –ritmos flotantes, dinámicas lentas, espectros tonales difusos, patrones asimétricos– y ciertos aspectos asociados a los improvisadores reduccionistas –sonidos controlados con escasa variación interna, sensación de proporción temporal, etc.- en equidistancia con un fuerte componente visual adjudicado a la música que parece recoger influencias de la pintura abstracta o que recuerda, vagamente, al incomparable tratamiento de la imagen implícito en la obra cinematográfica de Andréi Tarkovsky. En un contexto de introspectiva reflexión y sin protagonismos absolutos, irán confluyendo libremente los singulares aportes de Raphael Malfliet en bajo eléctrico (alternando el uso del arco y el pizzicato con técnicas ampliadas), los múltiples e inesperados matices provistos por Carlo Costa en batería y percusión y las intensas exploraciones sónicas que imparte la guitarra de Todd Neufeld.

    My Name, en contraste con el tema inicial, desarrolla una inclasificable exploración sonora al conjuro de distorsiones, grabaciones de campo e instrumentos preparados.

    En la breve Kort –pieza cuya autoría pertenece a Malfliet y Neufeld– entregan un delicado y ascético alegato con epicentro en el reposado diálogo que mantienen la guitarra acústica de Todd Neufeld y el bajo de Raphael Malfliet.

    Arcana, por su parte, evoluciona a partir de los imaginativos impulsos percusivos de Carlo Costa para luego ingresar en una atmósfera hipnótica y de extraña belleza en la que abundan las dinámicas espaciosas, los profundos silencios y una concepción global del sonido asociada al expresionismo abstracto.

    Samen –la segunda composición compartida por Malfliet y Neufeld– ofrece un relato conciso y austero del que aflora una relajada sensación de equilibrio entre la racionalidad y el flujo creativo.

    En la parte final del álbum se suceden los episódicos y evanescentes trazos que dibuja Rotation y el subyugante tránsito experimental de la pieza (co-escrita por Malfliet y Costa) titulada Boog.

    Raphael Malfliet en Noumenon, su debut discográfico, ha entregado una obra original, diferente e innovadora.

    Y lo hizo con la autoridad propia de quien está convencido que sus sueños pueden transformar la realidad.

     

    Tenemos que obligar a la realidad a que responda a nuestros sueños, hasta abolir la falsa frontera entre lo ilusorio y lo tangible, hasta descubrir que el paraíso estaba a la vuelta de todas las esquinas” (Julio Cortázar)

     

    Sergio Piccirilli

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