• Lucio Balduini: El bosque brillante

     

    BalduiniEn busca de la tierra sin mal, La rifa del viento, Fugaz, Fulgor, Tu bahía en el sueño, Superestrella, Cascada milagrosa, Plegaria para mí, Héroe explorador, Piedra lunar, Para ir

     

    Músicos:

    Lucio Balduini: guitarras, efectos

    Esteban Sehinkman: Fender Rhodes

    Mariano Sívori: contrabajo

    Daniel “Pipi” Piazzolla: batería

     

    Sello y año: Club del Disco, 2017

    Calificación: Está muy bien

     

    Son muy pocos los músicos argentinos contemporáneos que han logrado el respeto prácticamente unánime tanto del público como de sus colegas y la prensa especializada. Uno de ellos es, sin dudas, el talentoso guitarrista y compositor Lucio Balduini. Nacido en 1979 en General Roca (provincia de Río Negro), a los 17 años se trasladó a Buenos Aires y posteriormente, en 2004, viajó a Barcelona para regresar en 2006 e instalarse definitivamente en la capital argentina.

    Desde entonces participó en numerosos proyectos junto a una extensa lista de músicos de diversos estilos: Enrique Norris, Juan Carlos “Mono” Fontana, Guillermo Klein, Hernán Merlo, Liliana Herrero, Juan Cruz de Urquiza, Mariana Baraj, Andrés Beeuwsaert, Fer Isella, Sergio Verdinelli, Florencia Ruiz, Rodrigo Domínguez, Nicolás Sorín, Ramiro Flores, Melina Moguilevsky, Leo Fernández, Lucio Mantel, etc. En la actualidad forma parte de Pipi Piazzolla Trío, Mariano Sívori Sexteto y Pájaro de fuego, integra un dúo junto al también guitarrista Jorge Armani y participó del proyecto eléctrico de Escalandrum, plasmado en Las cuatro estaciones porteñas.

    Su promisorio debut discográfico como líder se produjo en 2007 con Lucecita, donde lo acompañaron Pedro Ahets Etcheberry en batería, Ariel Naón en bajo eléctrico y contrabajo y Alberto Ibarguren en kaos padd. Cinco años después llegaría el aclamado Viento divino, junto a Daniel “Pipi” Piazzolla en batería, Mariano Sívori en contrabajo y Jesús Fernández en Fender Rhodes y sintetizadores. Y otros cinco años después llegó el turno de El bosque brillante, su tercera entrega donde Lucio Balduini, que se encarga de guitarra y efectos, es acompañado nuevamente por Daniel “Pipi” Piazzolla en batería y Mariano Sívori en contrabajo, produciéndose el ingreso de Esteban Sehinkman en Fender Rhodes, en reemplazo de Jesús Fernández.

    El nuevo álbum asoma como una suerte de continuidad de Viento divino no sólo por la conformación del cuarteto sino también por las propuestas sonora y compositiva que profundizan lo enunciado en su antecesor. Balduini no se caracteriza por las estridencias sino por el entramado de atmósferas envolventes y la creación de generosos climas que posibilitan el destaque de los demás integrantes del cuarteto, todos reconocidos líderes de banda que aquí aportan sus dotes de manera no invasiva. Todo desemboca en un sólido sonido grupal con protagonismos repartidos a lo largo de las once piezas que componen El bosque brillante. Desde el inicio frippeano de En busca de la tierra sin mal queda clara la propuesta; por supuesto ayuda que la base rítmica a cargo de Daniel “Pipi” Piazzolla y Mariano Sívori es -desde el trabajo conjunto que vienen realizando desde hace 18 años en Escalandrum- de las más sólidas que puedan encontrarse hoy día. Y tampoco es azarosa la presencia del tecladista Esteban Sehinkman ya que en la actualidad tanto Balduini como Piazzolla y Sívori forman parte de su Pájaro de fuego. El conocimiento, la comprensión y la cohesión, entonces, no podían estar ausentes.

    La gran y extensa relectura de La rifa del viento (tema de Luis Alberto Spinetta incluido en Mondo di cromo de 1983) brinda uno de los momentos más subyugantes del álbum. Sabida es (y si no lo sabe, sépalo) la admiración que Balduini siente por Spinetta. Ya el título de su disco anterior, Viento divino, es la traducción de 神風 o, si prefiere, Kamikaze, título de uno de los discos más emblemáticos de la historia del rock argentino –editado en 1982- y que pertenece a (sí, adivinó) Luis Alberto Spinetta.

    La breve Fugaz oficia de inmejorable introducción para Fulgor con buenas entregas solistas de Sehinkman y Balduini; la epicidad de Tu bahía en el sueño precede a la intensa Superestrella donde sobrevuela cierto espíritu de la agrupación Invisible (que liderara en la década del ’70 imaginen quién). Cascada milagrosa difiere de la versión que figura en Transmutación (de Pipi Piazzolla Trío, 2015) donde el protagonismo recaía en Damián Fogiel y Piazzolla, en tanto aquí es Balduini quien se calza la ropa de líder. A la belleza acústica, perpetrada por Balduini en soledad, de Plegaria para mí (¿un “niño dormido”, voto a Almendra?) le suceden Héroe explorador, que contrasta con sus capas sonoras con la desnudez de su antecesor y la enérgica, reflexiva e intrincada Piedra lunar, que también formara parte de Transmutación; aquí, también con mayor presencia del guitarrista, atractivas y sincronizadas entregas de Piazzolla y Sívori y un gran final.

    El cierre es con otra composición de Spinetta, Para ir, en origen editada en Almendra II (1970). Una versión donde el líder, solo con sus guitarras, es respetuoso pero también inventivo, imaginativo, litúrgico, sensible.

    Lucio Balduini, notablemente acompañado por Daniel “Pipi” Pizzolla, Esteban Sehinkman y Mariano Sívori ofrece en El bosque brillante un álbum alejado de efectismos insulsos e innecesarios. Por el contrario, se centra en su sensibilidad, su espíritu de grupo, su pericia técnica e interpretativa, su búsqueda permanente.

    Como dijimos al inicio de este comentario, Lucio Balduini es uno de los pocos músicos argentinos contemporáneos “que han logrado el respeto prácticamente unánime tanto del público como de sus colegas y la prensa especializada”.

    Escuchando cada una de sus entregas, comienza a entenderse el por qué.

     

    Marcelo Morales

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