• Escalandrum: Sesiones ION

     

    escalandrumWolfgang Amadeus Mozart: Concierto para piano y orquesta N°23 en La mayor, K. 488 (Primer movimiento, Segundo movimiento), Rondo alla turca (tercer movimiento de la sonata para piano N°11 en La mayor, K. 331), Lacrimosa (de la Misa de Requiem en Re menor, K. 626), Sinfonía N°40 en Sol menor, K. 550 (Primer movimiento)

    Alberto Evaristo Ginastera: Pequeña danza (adaptación del Malambo de la Suite Estancia, op. 8), Danza de la moza donosa (de las Danzas argentinas, op. 2), Malambo para piano, op. 7, Milonga (Canción del árbol del olvido, op. 3)

     

    Músicos:

    Daniel “Pipi” Piazzolla: batería

    Mariano Sívori: contrabajo

    Nicolás Guerschberg: piano

    Damián Fogiel: saxo tenor

    Gustavo Musso: saxos alto y soprano

    Martín Pantyrer: saxo barítono y clarinete bajo

     

    Sello y año: Club del Disco, 2017

    Calificación: Está más que bien

     

    La agrupación Escalandrum es, sin dudas, un caso atípico en el seno de la música argentina de todas las épocas. El sexteto, conformado en 1999 por Daniel “Pipi” Piazzolla en batería, Mariano Sívori en contrabajo, Nicolás Guerschberg en piano, Damián Fogiel en saxo tenor, Gustavo Musso en saxos alto y soprano y Martín Pantyrer en saxo barítono y clarinete bajo, debutó discográficamente en 2000 con Bar Los Amigos, un álbum claramente orientado al latin jazz. Pero ya en el sucesor, Estados alterados (2002), comenzaría a avizorarse un espíritu inquieto, de búsqueda permanente, que iría profundizándose en cada entrega. Esta afirmación puede certificarse claramente escuchando en forma cronológica su discografía, que se completa con Sexteto en movimiento (2003), Misterioso (2006), Visiones (2008), Piazzolla plays Piazzolla (2011), Vértigo (2013), Las cuatro estaciones porteñas (2014) y 3001 – Proyecto Piazzolla -con Elena Roger- (2016).

    A diecisiete años de su conformación, y ratificando su atipicidad, Escalandrum conserva a los mismos integrantes que lo fundaron. Y cuando uno comenzaba a preguntarse si habría algo novedoso que pudiera entregar el sexteto, la respuesta llegó, en forma contundente, con su nuevo álbum: Sesiones ION, un trabajo que consta de dos segmentos claramente definidos; uno, dedicado a obras de Wolfgang Amadeus Mozart; el otro, a piezas de Alberto Evaristo Ginastera.

    Escalandrum cuenta con músicos de excepción, todos líderes de interesantes proyectos paralelos claramente diferenciados con el del sexteto. Que siempre mostró un sonido grupal claramente identificable y distintivo más allá de la propuesta ofrendada en cada disco. La génesis de Sesiones ION la hallamos en un repertorio comisionado por la Fundación Konex para su segundo Festival de Música Clásica (Mozart) y el encargado por el Ministerio de Cultura de la Nación como parte de la Celebración por el Centenario de Alberto Ginastera.

    Como queda claro desde el título, el álbum se grabó en los míticos estudios ION. La ingeniería de grabación y masterización estuvieron a cargo del inquieto Osvaldo Acedo que utilizó una técnica, digamos, artesanal, basada en los lineamientos instaurados a principios del siglo XX por el inglés Alan Blumtein; esto es, simplificando, un par de micrófonos registrando el accionar de la banda, sin retoques, sobregrabaciones ni remezclas, una suerte de paralelismo con el Dogma 95 pregonado por el cineasta danés Lars Von Trier.

    El principal responsable de la selección del material y de los arreglos ha sido el pianista Nicolás Guerschberg quien, dicho sea de paso, editara en 2016 un magnífico álbum en solo piano (Punto de fuga) y en diciembre pasado fuera el arreglador y director de la orquesta que acompañara a la cantante alemana Ute Lemper en el Centro Cultural Kirchner. Siempre ha sido un riesgo la adaptación del material clásico para un ensamble de jazz. Y, generalmente, las experiencias han sido poco satisfactorias.

    La primera de las sesiones de grabación se llevó a cabo el 12 de mayo de 2016; el inicio es con los dos primeros movimientos (de los tres que posee) del Concierto para piano y orquesta N°23 en La mayor, compuesto por el nacido en Salzburgo hacia 1786. El clima respetuoso y festivo del Allegro del primer movimiento desemboca en correctas intervenciones de Gustavo Musso en saxo soprano y Nicolás Guerschberg en piano. El segundo movimiento cuenta con otro  buen momento de Guerschberg en la introducción y de Mariano Sívori en contrabajo a posteriori, aunque el sexteto no parece encontrar los resquicios necesarios para poder soltarse convenientemente. Los arreglos en Rondo alla turca brindan espacios para lucidas intervenciones solistas y es ahí donde el sexteto muestra su reconocida solidez. La atmósfera litúrgica de Lacrimosa es encabezada con gravedad por Martín Pantyrer aunque nuevamente el grupo parece ajustarse al espíritu clásico de la partitura original. El cierre del repertorio de Mozart es con el primer movimiento de la Sinfonía N°40 en Sol menor, compuesta en 1788, y una de sus piezas más reconocibles donde, una vez más, el grupo gana cuando se despega de la literalidad, como ocurre aquí en las entregas solistas de Gustavo Musso en saxo alto y Daniel “Pipi” Piazzolla en batería.

    El 23 de diciembre de 2016 se llevó a cabo la segunda jornada de grabación, destinada al repertorio del argentino Alberto Evaristo Ginastera. Es en este segmento de Sesiones ION donde Escalandrum parece sentirse más a gusto, más cómodo, algo que se manfiesta claramente desde el inicio mismo de la vigorosa relectura de Pequeña danza (compuesta en 1841), con un particular destaque de Gustavo Musso en saxo soprano por encima de la potente y afiatada base que ofrendan Piazzolla en batería, Sívori en contrabajo y Guerschberg en piano. Distinto es el carácter en Danza de la moza donosa (1937), reflexiva, intimista, respetuosa, camerística, con una sólida entrega no invasiva de Martín Pantyrer. El Malambo para piano (1940) cuenta con una introducción de Nicolás Guerschberg que desemboca en el protagonismo de los saxos de Fogiel y Gusso, con Pantyrer sumando sutilezas para arribar luego a una destacada intervención de Piazzolla. El cierre del álbum es con Milonga (Canción del árbol del olvido, op. 3), donde el sexteto vuelve a entregar una fuerte dosis de introspección y melancolía con un bello pasaje protagonizado por Mariano Sívori en contrabajo y Nicolás Guerschberg en piano.

    Escalandrum, en su nuevo álbum Estudios ION, ha salido airoso a pesar de tratarse de una aventura riesgosa, adentrándose en un terreno escasamente transitado. Más cómodo a la hora de interpretar el material de Ginastera que el de Mozart, el sexteto sigue sorprendiendo por su cohesión y frescura, sin haber perdido un ápice de su identidad. Con este nuevo trabajo, Escalandrum ratifica una vez más su intención permanente de ampliar su horizonte creativo a nada menos que 17 años del inicio de una trayectoria tan envidiable como indiscutible.

     

    Marcelo Morales

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