• Nicole Mitchell: Mandorla Awakening II: Emerging Worlds

     

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    Músicos:

    Nicole Mitchell: flauta, electrónicos

    avery r young: voz

    Kojiro Umezaki: shakuhachi

    Renée Baker: violín

    Tomeka Reid: cello, banjo

    Alex Wing: guitarra eléctrica, laúd, theramin

    Tatsu Aoki: contrabajo, shamisen, taiko

    Jovia Armstrong: percusión

     

    Sello y año: FPE Records, 2017

    Calificación: A la marosca

     

    Cómo voy a creer que el mundo se quedó sin utopías, cómo voy a creer que la esperanza es un olvido o que el placer una tristeza (Mario Benedetti)

     

    La palabra utopía describe la idea o representación de una sociedad ideal, fantástica, imaginaria e irrealizable, paralela o alternativa al mundo actual. El término fue acuñado por el escritor y humanista inglés Thomas More en su libro de 1516 conocido como Utopía –aunque su extenso título original fue Libro áureo, no menos saludable que festivo, de la mejor de las Repúblicas y de la Nueva Isla de Utopía– y deriva de la conjunción entre los vocablos griegos ou (no) y topos (lugar); es decir, “lugar que no existe”.

    En antagonismo con el ideario utópico se encuentra la noción de distopía. Esta última expresión fue utilizada por el filósofo y economista escocés John Stuart Mills en el siglo XIX para designar un mundo imaginario indeseable en donde reinan la opresión, el sufrimiento, la injusticia y los sistemas totalitarios.

    Hoy nos toca vivir una realidad que -al conjuro del neoliberalismo, la falacia de la meritocracia y la concentración de la riqueza a favor de una elite todopoderosa– ha posibilitado un aumento exponencial de la miseria, los desastres humanitarios derivados del flujo migratorio masivo, el odio racial, la xenofobia, los fanatismos religiosos, la avaricia desenfrenada y la inhumana entronización de la industria armamentística.

    La situación de nuestra sociedad actual, pese a tener una apariencia muy próxima a la opresión distópica, no es irreversible ni es un futuro inevitable que invalida las utopías. En rigor, la ficción utópica y la distópica pueden combinarse –como ocurriera en la literatura con Nosotros de Yevgueni Zamiatin, Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell o Fahrenheit 451 de Ray Bradbury– para oficiar a modo de metáfora y de reflexión profunda sobre las opciones disponibles y los futuros posibles que tiene la humanidad.

    Esto último, como luego veremos, es la piedra angular del monumental álbum de la compositora y flautista estadounidense Nicole Mitchell titulado Mandorla Awakening II: Emerging Worlds.

    En el prolífico y venerado tránsito artístico desplegado por Nicole Mitchell conviven diversas propuestas musicales invariablemente caracterizadas por sus cualidades estéticas, la búsqueda de nuevos horizontes creativos y el pertinaz interés por temas asociados con el humanismo y la espiritualidad.

    Entre los variados proyectos que la tuvieron como protagonista en años recientes, hallamos al cuarteto Ice Crystal (con Josh Abrams, Frank Rosaly y Jason Adasiewicz), los consolidados Black Earth Ensemble (David Young, Jeff Parker, David Boykin, Tomeka Reid y Josh Abrams) y Black Earth String (Renée Baker, Tomeka Reid y Josh Abrams), el Indigo Trio (acompañada por Hamid Drake y Harrison Bankhead), el cuarteto Sonic Projections (junto a Craig Taborn, Chad Taylor y David Boykin) y los colectivos Tiger Trio (compartiendo créditos con Joelle Leandre y Myra Melford) y Artifacts (haciendo lo propio con Tomeka Reid y Mike Reed), entre otros.

    El nudo argumental de Mandorla Awakening II: Emerging Worlds se ubica en el hipotético futuro del año 2099 para describir la crónica del viaje de una pareja a través de dos civilizaciones imaginarias: la distópica Unión Mundial –una sociedad decadente, desigual e injusta– y la utópica Mandorla, lugar en donde la espiritualidad, la naturaleza y la tecnología conviven armoniosamente.

    Esa dicotomía o –como afirma la propia compositora– esa “colisión de dualidades” se traduce en un sobrecogedor alegato artístico en el que confluyen elementos provenientes de la estética del afrofuturismo (en particular heredados de la notable escritora afroamericana Octavia E. Butler, en quien Mitchell ya se inspirara para su álbum de 2008 Xenogenesis Suite), la confluencia de notación tradicional con partituras gráficas e improvisaciones guiadas y la construcción de una amplia paleta sonora en donde se yuxtaponen la música clásica contemporánea, el funk, la improvisación libre, el blues, ritmos folclóricos, música tradicional japonesa y el rock de vanguardia, entre otros géneros musicales.

    Para la concreción de este proyecto -oportunamente comisionado por el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad de Chicago-, Nicole Mitchell reformuló la alineación del Black Earth Ensemble con un formato que incluye a su líder en flauta y electrónicos, Renée Baker (Chicago Modern Orchestra Project, Anthony Braxton) en violín, Tomeka Reid (Tomeka Reid Quartet, Here in Now) en cello y banjo, Kojiro Umezaki (Silk Road Ensemble, Yo-Yo Ma) en shakuhachi, Alex Wing (David Boykin’ Expanse, Clinard Dance) en guitarra eléctrica, laúd y theremin, Tatsu Aoki (Tatsu Aoki’s Miyumi Project, Fred Anderson Trio), en contrabajo, shamisen y taiko, Jovia Armstrong (Musique Noire, JoVia ) en percusión y el poeta avery r young en voz.

    El álbum –que fuera registrado durante un concierto ofrecido por el ensamble el 2 de mayo de 2015 en la ciudad de Chicago– abre con el ominoso clima que edifica Egoes War. El andamiaje electroacústico de la pieza acumula tensión en forma gradual hasta construir una base sólida –subrayada por los notables aportes de Jovia Armstrong en percusión– sobre el que se deslizarán una poderosa e imaginativa intervención en guitarra a cargo de Alex Wing y el formidable soliloquio de Nicole Mitchell en flauta.

    En el exótico dramatismo que dibuja Sub-Mission subyacen aires de música tradicional japonesa, estratégicamente resaltados por el protagonismo adjudicado al shamisen de Tatsu Aoki y el shakuhachi de Kojiro Umezaki.

    A continuación, el violín de Renée Baker nos conduce al innegable encanto melódico del breve pero elocuente The Chalice, en cuyo transcurso sobrevendrán un formidable interludio percusivo por parte de Jovia Armstrong y la subyugante exposición solista de Tomeka Reid en cello.

    En la lejana sencillez de Dance of Many, el shakuhachi de Kojiro Umezaki y la flauta de Nicole Mitchell se entrelazarán en un hipnótico diálogo que se asemeja a una extravagante danza ceremonial.

    Listening Embrace, en cambio, configura una exuberante y arrolladora colisión de universos musicales diversos desde donde irán emergiendo los portentosos alegatos solistas de Nicole Mitchell en flauta, Alex Wing en guitarra y Renée Baker en violín.

    El carácter ritual que transita Forest Walk Timewalk va creando el clima que desembocará en la primera de las tres piezas vocales incluidas en el álbum: Staircase Struggle. La composición pergeñada por Nicole Mitchell conjuga elementos de spoken word o palabra hablada, góspel y una letra enraizada en la estética del afrofuturismo que terminarán ubicando en el centro de la escena a la potente voz y personalidad de avery r young.

    El protagonismo otorgado a la voz se prolonga en Shyny Divider pero dibujando, aquí, un entramado sonoro en donde –además de los perfiles del tema anterior– aparecerá una sutil aproximación a las raíces del blues.

    El álbum cierra con el mundo lejano e inexplorado que describe el instrumental Mandorla Island y el testimonio definitivo de esta propuesta, materializado en la pieza vocal titulada Timewrap.

    Nicole Mitchell, en compañía del Black Earth Ensemble, ha entregado una obra formidable, original e imprescindible en la que se pregunta –y nos pregunta– cómo haremos para vencer a la codicia y el egoísmo y cuándo empezaremos a comprometernos verdaderamente con nuestros semejantes para que las utopías empiecen a ser una realidad.

     

    Siempre espera una bella respuesta quien hace bellas preguntas (E.E. Cummings)

     

    Sergio Piccirilli

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